El artículo a continuación fue publicado por el diario israelí Haaretz el 14 de agosto de 2025.
La autora, Amira Hass, es la corresponsal de Haaretz para los territorios ocupados — Gaza y Cisjordania — donde Israel se ha mantenido ilegalmente desde la Guerra de los Seis Días en junio de 1967.
Nacida en Jerusalén en 1956, hija de sobrevivientes del Holocausto, Hass se unió a Haaretz en 1989. Ha estado en su puesto actual desde 1993. Mientras cumplía su misión, pasó tres años viviendo en Gaza, lo que sirvió de base para su aclamado libro, Drinking the Sea at Gaza: Days and Nights in a Land Under Siege [Bebiéndose el mar en Gaza: días y noches en una tierra asediada]. Ella ha vivido en la ciudad cisjordana de Ramallah desde 1997.
Como se señaló en la introducción a una entrevista de Democracy Now [Democracia ahora] con Hass el 19 de octubre de 2023, ella es “la única periodista judía israelí que ha pasado 30 años viviendo e informando desde Gaza y Cisjordania”.
El año pasado, Panorama-Mundial publicó uno de los artículos de Hass, Los Gazatíes que se oponen a Hamás dicen ser la mayoría, el cual, como gran parte de su cobertura, se basó en sus entrevistas con palestinos.
Como residente de Cisjordania — que Israel ha convertido en un territorio similar al apartheid — Hass está en contacto regular con las personas y los eventos que describe en el artículo que sigue. Documenta la intensificación de la violencia de las fuerzas armadas de Israel (FDI) contra los palestinos en Cisjordania. Combinada con horribles ataques por los colonos de derecha, los ataques de las FDI en los últimos dos años han resultado en la muerte de casi mil palestinos, mientras que los heridos ascienden a más de 7 mil. A los palestinos de Cisjordania también se les ha prohibido cultivar sus tierras.
Esta embestida en Cisjordania a menudo se ve eclipsada en la mayoría de los medios de comunicación en Estados Unidos y otros países por la guerra genocida que Israel ha estado llevando a cabo implacablemente en la Franja de Gaza desde el grotesco ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023.
En este sentido, el artículo de Hass es muy necesario para ofrecer una imagen más completa de las políticas criminales del gobierno de Netanyahu contra el pueblo palestino en los territorios ocupados y dentro de Israel.
El anuncio el 14 de agosto del ministro de Finanzas de extrema derecha de Israel, Bezalel Smotrich, de que comenzarían los trabajos para erigir un asentamiento ya por mucho tiempo retrasado que dividiría a Cisjordania y la aislaría de Jerusalén Este, una medida que su oficina dijo que “sepultaría la idea de un estado palestino”, es otra indicación de estas políticas desastrosas, tanto para los palestinos como para los judíos.
No es casualidad que Hass destaque la conducta de Smotrich como el ejemplo a seguir para los soldados israelíes que aterrorizan a los palestinos en Cisjordania. “El comportamiento de los soldados y los oficiales subalternos está estrechamente relacionado con la política general”, enfatiza Hass. “Issam Aruri, director general de JLAC [Centro de Asistencia Legal y Derechos Humanos de Jerusalén], vincula los múltiples informes de soldados que supuestamente confiscan y roban dinero de hogares palestinos con la intención declarada del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich (en inglés), de socavar la economía de la Autoridad Palestina hasta el punto del colapso. En ese clima, el “espíritu del comandante” es suficiente. No se requiere una orden escrita”.
Panorama-Mundial publica el siguiente artículo para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, las fotos y el texto a continuación son del original (en inglés). La traducción es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Mientras tanto, en Cisjordania, cada soldado israelí “hace lo que le place”
Solamente en julio, el ejército israelí realizó más de 1,300 redadas en barrios palestinos. Los residentes sufren de hostigamiento constante, sabiendo que todos los soldados actúan con impunidad y que nadie intervendrá. “Vemos que cada soldado se comporta como un comandante, haciendo lo que le plazca, sin temor de los rangos más altos”


Por Amira Hass
14 de Agosto, 2025
Hind y Abir (no son sus verdaderos nombres), dos mujeres de diferentes partes de Cisjordania, nunca se han conocido. A principios de julio, los soldados allanaron la casa de Hind; a principios de junio, asaltaron Abir’s. De la casa de Hind, se llevaron más de 10 mil shekels (unos 3 mil dólares), dejándole un documento oficial que citaba como justificación el Reglamento de Defensa de Emergencia de 1945 de la era del Mandato Británico y la Orden 1651 de las FDI (2009) sobre disposiciones de seguridad. No proporcionaron evidencia para su afirmación de que el dinero estaba vinculado a una asociación ilegal.
De la casa de Abir, se llevaron joyas de oro y dinero en efectivo, sin dejar ninguna documentación. El testimonio de múltiples fuentes indica que estos no son incidentes aislados.
Ambas mujeres tienen hijos que alguna vez recibieron o reciben actualmente salarios de la Autoridad Palestina: uno era empleado, el otro trabaja en los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina. Ambas mujeres se negaron a ser entrevistadas o a dar un testimonio detallado por la misma razón que escuchamos repetidamente de los investigadores de campo de organizaciones de derechos humanos como el Centro de Asistencia Legal y Derechos Humanos de Jerusalén (JLAC, con sede en Ramallah) y la ONG israelí Yesh Din – Voluntarios por los Derechos Humanos: el temor a sufrir represalias por parte de los soldados una vez que sus nombres se hagan públicos.
Esas represalias, creen ellas, podría incluir otro allanamiento, violencia más dura o acoso contra ellos y sus familias en los puestos de control del ejército. Algunos dicen que “saben que esto le sucedió” a un vecino o pariente. Incluso si estos relatos no han sido verificados, los rumores mismos tienen un efecto escalofriante.
El miedo tiene sus raíces en una percepción generalizada entre los palestinos del comportamiento de los soldados, especialmente desde el 7 de octubre de 2023: actúan como les place, sin restricciones. El ejército ha intensificado las redadas en centros de población y hogares, y el número de puestos de control con hombres armados ha aumentado. Las largas esperas en las colas de vehículos se han vuelto más comunes, lo que aumenta la exposición de las personas al estado de ánimo y la hostilidad de los soldados.

En términos de la atención pública que generan – tanto israelí como palestina – estas incursiones ocupan un rango bajo, eclipsadas por el desastre en curso en Gaza y la destrucción y las expulsiones en los campos de refugiados de Jenin y Tulkarem. Sin embargo, las redadas siguen siendo una parte importante de la realidad diaria que el gobierno israelí impone a la fuerza. Cada una, ya sea considerada sola o junto con otras, está vinculada a las decisiones políticas y militares más amplias de las autoridades israelíes.
Un residente de 60 años de la ciudad de Ya’bad describió dos días a fines de junio cuando los soldados ocuparon varios edificios residenciales, irrumpieron en 113 hogares y – según el testimonio – robaron dinero en efectivo y pertenencias sin dejar la “factura” que a veces reciben los palestinos.
“En el pasado, todos los soldados escuchaban al oficial y actuaban de acuerdo con sus órdenes”, comentó un residente de 60 años de la ciudad de Ya’bad después de los dos días a fines de junio en los que los soldados ocuparon varios edificios residenciales, irrumpieron en 113 hogares y – según el testimonio – robaron dinero en efectivo y pertenencias sin dejar la “factura” que a veces reciben los palestinos. “Hoy”, continuó, “vemos que cada soldado se comporta como un comandante, haciendo lo que le plazca, sin temor de los rangos más altos. En ese entonces, podíamos iniciar algún tipo de diálogo con el oficial. Hoy, eso es imposible”.
Los residentes mayores del campo de refugiados de Balata llegaron a una conclusión similar. Su impresión se alinea con lo que ha encontrado Yesh Din, que dice que hoy en día “no hay nadie a quien llamar” en el ejército cuando llegan informes sobre el comportamiento de los soldados que deberían considerarse inaceptables incluso según los propios estándares de las FDI. “No hay nadie a quien recurrir en el terreno, solo después del hecho. Nadie ve como su responsabilidad el detener algo o intervenir en tiempo real”, dice el abogado Roni Pelli de Yesh Din.
El espíritu del comandante Bezalel Smotrich
El comportamiento de los soldados y oficiales subalternos está estrechamente relacionado con la política general, dicen los palestinos que monitorean la conducta del ejército. Issam Aruri, director general de JLAC, vincula los múltiples informes de soldados que supuestamente confiscan y roban dinero de hogares palestinos con la intención declarada del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, de socavar la economía de la Autoridad Palestina hasta el punto del colapso. En tal clima, basta el “espíritu del comandante”. No se requiere una orden escrita.
Desde octubre de 2023, la mayoría de los palestinos que trabajaban en Israel han perdido sus empleos debido al endurecimiento de las restricciones de salida. Esto ha aumentado la dependencia del sostén familiar de quienes trabajan dentro de Cisjordania, ya sea en el gravemente debilitado sector privado o en el sector público. Desde abril de este año, Israel no ha transferido al erario palestino ninguna parte de los ingresos aduaneros y fiscales que recauda en sus puertos sobre los bienes destinados al mercado palestino.
“No hay nadie a quien recurrir en el terreno, solo después del hecho. Nadie ve como su responsabilidad detener algo o intervenir en tiempo real”.
El Abogado Roni Pelli de Yesh Din
Estos ingresos son una parte clave del presupuesto de la Autoridad Palestina. Desde 2019, Israel no ha transferido la cantidad total estipulada en el Protocolo de París y los Acuerdos de Oslo, dejando a los empleados del sector público con solo salarios parciales. Según la actualización económica de MAS, el Instituto de Investigación de Política Económica de Palestina, los salarios en abril y mayo alcanzaron solo el 35 por ciento de su valor original, una tasa incluso más baja de lo habitual.
La razón principal que dan para retener los fondos son los subsidios que la Autoridad Palestina paga a las familias de los presos y a los presos liberados, en virtud de una ley que Mahmoud Abbas derogó en febrero de este año. Otra razón es el dinero que la Autoridad Palestina le otorga a los residentes de Gaza, por lo que Smotrich ordenó que se dedujera una cantidad equivalente de los ingresos aduaneros.

Muchos palestinos, especialmente en las aldeas, todavía guardan dinero en efectivo en casa, según los residentes cuyo dinero fue confiscado por los soldados. Esta práctica tiene raíces culturales y sociales: desconfianza de los bancos y de las transacciones digitales, el empleo per diem, empleadores israelíes que pagan en efectivo, un mercado abierto a los ciudadanos palestinos de Israel, y miedo a las medidas israelíes que pudieran amenazar los ahorros.
Otro factor es que el Banco de Israel se niega a aceptar shekels excedentes de los bancos palestinos para convertirlos en moneda extranjera por encima de una cuota fija establecida por el Protocolo de París, que no ha sido actualizada. Los bancos literalmente no tienen lugar para almacenar todos los billetes y las monedas, por lo que limitan la cantidad de shekels que los palestinos pueden depositar en su cuenta.
Como resultado, la política del Banco de Israel – que obedece las prioridades del ministro de finanzas – les permite a los soldados que allanan hogares palestinos buscar e incautar cantidades sustanciales de efectivo. Dado que los soldados no están obligados a presentar pruebas de que el dinero está vinculado a una “asociación ilegal”, los palestinos concluyen que el único pretexto real es que un miembro de la familia era, o sigue siendo, un prisionero calificado para una recibir un subsidio.
Algunos residentes dicen que los soldados aludieron a ese vínculo cuando confiscaron dinero en efectivo en la casa. De ser cierto, los palestinos están siendo castigados dos veces por estos subsidios: una vez por medio de la apropiación de fondos públicos, y otra vez cuando se les quita el dinero que guardan en casa. Algunos de ellos han perdido sus empleos después de que se establecieran nuevos controles de tránsito en las carreteras cercanas a su lugar de trabajo, generalmente donde se construyen asentamientos y puestos de avanzada en el área. La confiscación de ahorros de los hogares agrega otra forma de castigo sin juicio.
Aun así, Ziyad Rustum, de la aldea de Kafr Malik, al este de Ramallah, un ex prisionero que dice que los soldados se llevaron dinero en efectivo y objetos de valor de su casa sin dar documentación, le dijo a Haaretz que tales incautaciones no son “nada comparadas con nuestra tierra, de la que los colonos se apoderan violentamente y que el ejército no nos permite cultivar”.

Amjad Atatra, alcalde de Ya’bad, al oeste de Jenin, hizo la misma observación sobre los robos descubiertos por los residentes después de que los soldados se retiraron a fines de junio, y el acceso a la tierra. “Siempre han habido confiscaciones, saqueos y violencia durante las redadas”, dijo, “pero ahora es a una escala mucho mayor”.
En los últimos dos años, agregó, el ejército se ha enfocado en bloquear el acceso a la tierra: “Tenemos 22 mil dunams [más de 5,400 acres] con olivos y parcelas para los cultivos estacionales. Durante dos años no se nos ha permitido ingresar a nuestros huertos”.
La impresión de Atatra sobre los dos días cuando su ciudad fue invadida en junio es que “los objetivos de las incursiones militares han cambiado. Antes, se podría decir que tenían razones de seguridad y militares, deteniendo a una o dos personas. Hoy en día, el ejército a menudo viene sin razón, no para arrestar sino para destruir“.
Las estadísticas de las redadas subrayan ese punto: en junio, hubo 2,117 incidentes; en julio, 1,348. En los mismos meses de 2023, hubo 705 y 673 respectivamente; en 2022, 537 y 410.

Cada incursión es mucho más que su informe estéril. Ya sea de día o de noche, puede terminar con soldados irrumpiendo en los hogares o “solo” haciendo un despliegue de dominación por una calle principal, acompañados de disparos o el lanzamiento de granadas aturdidoras y de gas – o no; soldados golpeando a miembros de la familia – o no; niños que se despiertan llorando al ver un rifle amartillado, o porque sus padres los despiertan de antemano. En todo caso, siempre es algo perturbador e interrumpe la rutina diaria.
Al director ejecutivo de Breaking the Silence, Nadav Weiman, la ostentosa naturaleza de muchas redadas (como el tomar una casa para izar allí o en las cercanías banderas israelíes) le dan la impresión de ser una exhibición deliberada de dominación, un mensaje de “más te vale tener cuidado”. La presencia militar en los vecindarios y hogares palestinos durante largas horas, dijo, se trata de “llevarles la fricción a donde están, a los palestinos”.
“Siempre han habido confiscaciones, saqueos y violencia durante las redadas. Pero ahora, es a una escala mucho mayor”.
Amjad Atatra, alcalde de Ya’bad
Los soldados no solo están presentes en los caminos utilizados por los colonos, resguardando los asentamientos o en sus cercanías; también los envían a las aldeas y los vecindarios palestinos, creando el potencial para la confrontación. El objetivo principal, dice Weiman, es que los colonos se sientan lo más cómodos posible.
Estadísticas escritas en sangre
El Grupo de Monitoreo Palestino, parte del Departamento de Asuntos de Negociaciones de la OLP, mantiene un registro diario y mensual de las redadas. Se basa principalmente en informes de los servicios de seguridad palestinos y en los informes de los medios de comunicación. Las categorías incluyen asesinatos, lesiones, arrestos, disparos, puestos de control sorpresa y controles de carreteras, confiscación de tierras, destrucción de pertenencias, asaltos a equipos médicos, daños a sitios religiosos, expulsiones, incautaciones, interferencia con las fuerzas de seguridad palestinas, construcción de asentamientos y ataques por los colonos.
En junio de 2022, el grupo registró 2,162 incidentes relacionados con la ocupación en Gaza y Cisjordania; en julio, 1,772. Desde finales de 2023, por razones obvias, las cifras se han contabilizado por separado para Cisjordania y Gaza. En junio se produjeron 3,549 incidentes de este tipo solo en Cisjordania y en julio, 3,797 incidentes.

A diferencia de los registros de la ONU, el grupo de monitoreo de la OLP también incluye en sus estadísticas los ataques de los colonos que no resultan en lesiones o daños a la propiedad. En junio de 2022, contabilizó 93 incidentes (con o sin heridos); en julio fueron 74. Un año después, los números aumentaron a 184 y 156. En junio de este año, el grupo enumeró 235 ataques de colonos y, en julio, 369 incidentes de este tipo.
En su conjunto, el número de incidentes – y los patrones que los vinculan por su tipo y gravedad – revelan la escala implacable de la invasión israelí en la vida palestina, hora tras hora, día tras día.
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Categories: Palestina/Israel
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