Palestina/Israel

El autor Adam Shatz sobre ‘El mundo a partir del 7 de octubre’ (II)



El siguiente es un ensayo que apareció por primera vez en la edición del 24 de julio de 2025 del London Review of Books (LRB), una destacada revista literaria con sede en Londres, Reino Unido.

El autor del artículo es Adam Shatz, editor estadounidense de LRB. Shatz también es colaborador de publicaciones como The New York Times Magazine, The New York Review of Books, y The New Yorker. Es profesor invitado en el Programa de Derechos Humanos de Bard College en Nueva York.

En esta crítica, Shatz plantea cuestiones importantes que merecen una mayor discusión a la luz del espantoso ataque del 7 de octubre de 2023 dirigido por Hamás contra civiles en Israel, la guerra genocida que desató Israel como represalia contra toda la población de Gaza, y la nueva ola de violencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y de los colonos sionistas contra los palestinos en Cisjordania. Va directo al grano cuando describe los horrores que el régimen israelí ha impuesto a los palestinos en Gaza durante casi dos años.

“En la misma medida que el desplazamiento forzado, el asesinato, el hambre y la humillación, la promoción de la criminalidad… se ha convertido en una característica que define al gobierno de Israel en Gaza”, señala Shatz.

“El régimen de ocupación, el apartheid, la limpieza étnica y ahora el genocidio ha erosionado el capital moral de Israel, y la oposición no solo ha crecido, sino que ha comenzado a hacerse sentir en una nueva generación de activistas y políticos progresistas”, dice Shatz al concluir su ensayo.

“Aun así, es extremadamente difícil imaginar el desmantelamiento del sistema de apartheid de Israel, o imaginar que surja un desafío serio a su dominación a corto plazo. En un mundo de creciente autoritarismo y etnonacionalismo, donde el estado de derecho casi se ha desmoronado, el estado brutal y despiadado que dirige Netanyahu se asemeja más a un pionero que a un caso atípico”.

Tras la reciente guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, Shatz también examina los acontecimientos políticos en el Medio Oriente. Explica las implicaciones de la invasión israelí del Líbano el año pasado que diezmó a Hezbolá, el grupo respaldado por Irán, y que causó un número sustancial de muertos entre la población civil libanesa en general, así como el derrocamiento de la dictadura de Assad en Siria y las continuas incursiones y bombardeos de Siria por parte de las FDI desde la caída de Assad.

“Incluso sin evidencia alguna de que hubiera una intención siria de atacar, incluso en presencia de claras señales conciliatorias del gobierno de al-Sharaa, Israel ha seguido atacando los supuestos escondites de armas y ocupando partes del sur de Siria”, señala el ensayo de Shatz.

Esto es evidente en los bombardeos israelíes contra el palacio presidencial, el cuartel general militar y el ministerio de defensa de Siria en Damasco el 16 de julio de 2025, en respuesta a los enfrentamientos armados entre milicias drusas y tribus beduinas en Suweida, en el sur del país.

Bombardeo israelí de Damasco, Siria, el 16 de julio de 2025 (izquierda). El mapa muestra la ubicación de los enfrentamientos en el sur de Siria que el gobierno israelí utilizó como excusa para bombardear la capital siria. (Fotos: Fotograma del video de la BBC (izquierda); Gráfico de la BBC (derecha))

Hace aproximadamente un año, el 27 de junio de 2024, Panorama-Mundial publicó otro ensayo del mismo escritor, El autor Adam Shatz habla sobre “El declive de Israel”.

Al presentar ese artículo, Panorama-Mundial señaló que “en varios artículos anteriores hemos expresado nuestros propios puntos de vista sobre la lucha de liberación nacional palestina, la historia de la creación de Israel como un estado de asentamiento colonial, y el carácter del ataque del 7 de octubre por parte de Hamás. Entre ellos se encuentran La lucha palestina y las lecciones de SudáfricaAcerca del carácter del ataque de Hamás el 7 de octubre, Por qué la oposición al sionismo no es antisemitismo, y otros”.

También expresamos nuestros puntos de vista recientemente sobre el ataque imperialista contra Irán en el editorial No a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Panorama-Mundial publica la reseña que sigue para información de nuestros lectores. El título, el texto y la segunda nota al final son del original. Las fotos, los subtítulos y las notas [2] y [5] al final son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos este último ensayo de Shatz en dos partes, la segunda de las cuales sigue.

— Los editores de Panorama-Mundial

*

(Esta es la segunda de dos partes. La primera puede encontrarse en Parte I).

Vol. 47 Núm. 13 · 24 julio 2025

El mundo a partir del 7 de octubre

Por Adam Shatz

En Los árabes y el Holocausto, publicado en 2010 y recientemente reeditado, Gilbert Achcar, un académico marxista de origen libanés, dijo al referirse a la Nakba de 1948: “No puede realmente decirse que el ‘despojo’ de los palestinos… ha sido excepcionalmente extenso o cruel”. Si lo comparamos con los estándares del ejército francés en Argelia, ‘el ejército israelí no se acerca’. Como admite Achcar en su nuevo libro, La catástrofe de Gaza, ahora no sería posible escribir estas líneas sobre Israel.[1] La catástrofe de los últimos dos años supera con creces la de la Nakba, y “merece el nombre árabe más fuerte para la catástrofe: Karitha”.

Las consecuencias de esta Karitha ya se están sintiendo mucho más allá de Gaza: en Cisjordania, donde los soldados y colonos israelíes han ejecutado una campaña acelerada de desplazamiento y asesinatos (más de mil palestinos de Cisjordania han sido asesinados desde el 7 de octubre); dentro de Israel, donde los ciudadanos palestinos están sujetos a niveles crecientes de ostracismo e intimidación; en la región circundante, donde Israel se ha establecido como una nueva Esparta; y en el resto del mundo, donde la incapacidad de las potencias occidentales de condenar la conducta de Israel, y mucho menos darle fin – todo demuestra que ese orden basado en reglas que dicen defender no es más que una farsa.

Después de la guerra de 1967, Isaac Deutscher recordó una frase alemana, “Man kann sich totsiegen”, “puedes ganar hasta la muerte”. Lo mismo ocurre con las guerras de Israel hoy, y en gran medida por las mismas razones. “A menos que Israel decida expulsar por la fuerza a cientos de miles o incluso millones de palestinos a Egipto o Jordania”, me dijo Yezid Sayigh, un analista palestino con sede en Beirut, “no puede superar el principal obstáculo para la colonización total, el hecho de que los palestinos todavía están allí, en Gaza y Cisjordania. Es decir: Israel se ha embarcado en una trayectoria para la cual no hay más solución que una solución final, y las soluciones finales no son fáciles de implementar.

No creo que Israel vaya a poder hacer lo que Hitler llegó a hacer, pero estamos más cerca de esa situación que nunca, y en Cisjordania los colonos están emergiendo como los gauleiters[2] de un orden nuevo y mucho más brutal”. Como lo ve Sayigh, “en un mundo donde la derecha y la extrema derecha van en aumento en todas partes”, a Israel le ha resultado más fácil evadir las críticas desde que descubrió que en Occidente, América Latina e India tiene un número creciente de admiradores de su modelo de etnonacionalismo, discriminación racial y de siempre recurrir a la fuerza bruta. Añade que tampoco se ha enfrentado a mucha oposición del “centro” liberal, que ha gerenciado el crecimiento de “un marco legal altamente restrictivo para la disidencia y la protesta pública, no solo con respecto a Palestina, sino también con respecto a la militarización de la policía y los crecientes poderes del ejecutivo sobre el judicial”.

Es fácil satirizar los absurdos racistas y las contorsiones lingüísticas de la administración Trump cuando les da la bienvenida a los agricultores sudafricanos blancos como si fueran “refugiados” de un “genocidio” anti-blanco (incluso mientras continúa financiando una guerra genocida); o cuando Stephen Miller, señalando la presencia de “todas las banderas extranjeras” en una manifestación en Los Ángeles contra las deportaciones, llama a la ciudad “territorio ocupado”. Pero ni la administración Trump ni la extrema derecha tienen monopolio en el abuso de la palabra “antisemitismo”. Como escribe Mark Mazower en un estudio que va a aparecer próximamente llamado Sobre el antisemitismo: una palabra en la historia, después del 7 de octubre “nadie quería ser llamado antisemita y, sin embargo, de confiar en los expertos, había antisemitas en todas partes, como si Manhattan fuera Berlín en la víspera de la Kristallnacht”.[3]

La falsa fusión del anti sionismo con el antisemitismo

No ha habido otra palabra en los últimos años que ha hecho una contribución tan desmesurada al ataque a la libertad académica e intelectual, o a los actos de represión, arrestos y deportación. “Lo que fue sorprendente en ese momento”, escribe Ross Barkan sobre las protestas a favor de palestina después del 7 de octubre en Fascismo o genocidio: cómo una década de desorden político fracturó la política estadounidense, “fue lo mucho que todo había cambiado desde [las protestas de Black Lives Matter de] 2020. En poco más de tres años, las instituciones más influyentes en el mundo académico, las artes, y las finanzas multinacionales habían pasado de doblar la rodilla ante jóvenes activistas entusiasmados, a tratar de silenciarlos y aplastarlos. La diferencia, obviamente, fue la causa que estos activistas habían asumido”.[4]

A principios del siglo XX, y hasta mediados de siglo, la lucha contra el antisemitismo era una causa liberal de izquierda, aliada con otros movimientos que combatían el etnonacionalismo y la discriminación racial, así como los derechos civiles. Hoy está ya bien encaminada, particularmente en Estados Unidos, pero también en partes de Europa Occidental, a ser anexada por una derecha autoritaria que quiere desmantelar la democracia en favor del etnonacionalismo. No es de extrañar que los mayores admiradores de Israel sean Trump, Fidesz en Hungría y Rassemblement National de Francia. El anti-antisemitismo ahora sirve el propósito que alguna vez tuvieron el antisemitismo (y el anticomunismo).

El CEO de Tesla y SpaceX, Elon Musk, hace el saludo nazi mientras habla durante el desfile inaugural de Trump en el Capital One Arena, en Washington, DC, el 20 de enero de 2025. (Foto: Angela Weiss / AFP)

Trump y sus aliados continúan cultivando estrechos vínculos con antisemitas de verdad (Nick Fuentes, Kanye West, Andrew Tate y otros), mientras que líderes judíos como Jonathan Greenblatt de la Liga Antidifamación no ven motivo de preocupación cuando Elon Musk hace el saludo a Hitler, y aplauden el intento de deportar a Mahmoud Khalil, Mohsen Mahdawi y otros activistas estudiantiles. Tradicionalmente, las organizaciones judías a favor de Israel se han convertido en apéndices cruciales de un movimiento que busca despojar de la nacionalidad y luego deportar a los disidentes nacidos en el extranjero, a menudo con falsas acusaciones de antisemitismo.

La cuestión de Palestina ahora ocupa un lugar casi tan prominente en la política estadounidense como lo hizo la cuestión judía cuando las democracias europeas se enfrentaron a la amenaza del fascismo. Al igual que la cuestión judía, se ha visto enredada con otras preocupaciones: el antirracismo, la libertad intelectual, la ciudadanía, el derecho de reunión, el cosmopolitismo, la justicia social, y la oposición al autoritarismo de derecha y al neoliberalismo.

La ejemplo más elocuente del creciente impacto de Palestina en la política estadounidense es la victoria de Zohran Mamdani en las primarias demócratas para alcalde de Nueva York. Mamdani, un progresista musulmán de 33 años, realizó una campaña brillante, enfatizando lo inasequible que se ha vuelto la ciudad para los trabajadores. Al respaldar a Brad Lander, un progresista judío, ganó el 56 por ciento de los votos en la ronda final, derrotando decisivamente a Andrew Cuomo, el antiguo gobernador de Nueva York, quien, a pesar de haber caído en desgracia tras las acusaciones de acoso sexual, fue respaldado por gran parte del establishment de Nueva York.

La maquinaria del partido demócrata de Nueva York y el New York Times, que de manera poco convincente ha estado publicando artículos sobre Mamdani disfrazados de reportaje, lo encuentran desagradable debido a sus convicciones socialistas democráticas, pero el foco principal de sus ataques han sido su oposición a la ocupación por Israel y porque critica la guerra en Gaza.

Desde las últimas semanas de la campaña, Mamdani se ha visto denunciado como antisemita, yihadista, y partidario de los ataques del 11 de septiembre, porque habló del “apartheid” y el “genocidio” en Palestina, y porque se negó a decir que apoyaba el “derecho de Israel a existir como un estado judío”. (Dijo que apoya su derecho a existir como “un estado con igualdad de derechos”, una posición que, desde una perspectiva sionista conservadora, equivale a pedir que los judíos sean arrojados al mar).

“Zohran el ‘pequeño Muhammad’ Mamdani es un antisemita, socialista y comunista que destruirá la gran ciudad de Nueva York”, escribió Andy Ogles, un congresista republicano de Tennessee, en X. “Necesita ser DEPORTADO”. Trump, quien también despreció a Mamdani en las redes sociales, dijo que investigaría el asunto. El grupo kahanista[5] Betar, que le ha entregado a la administración Trump una lista de estudiantes pidiendo que sean deportados, instó a los judíos a evacuar la ciudad de inmediato.

Cuando Mamdani fue atacado, los centristas “liberales” de su propio partido no se encontraban por ninguna parte, y algunos se hicieron eco de las invectivas republicanas. Sin embargo, se mantuvo firme, apoyado por un equipo que incluía a izquierdistas judíos y musulmanes. Entre los demócratas judíos él fue la segunda opción, una señal alentadora de que, para una buena parte de los neoyorquinos judíos, el anti sionismo de Mamdani no es un problema.

De hecho, incluso puede ser una ventaja, ya que, como escribió recientemente Peter Beinart, el apoyo a Israel se ha convertido en “un símbolo de la timidez y la falta de autenticidad de las élites del partido”. Según Gallup, solo uno de cada tres demócratas tiene una opinión favorable de Israel. Si bien los líderes del partido – en particular el senador Chuck Schumer y el congresista Hakeem Jeffries de Nueva York, quienes dudaron al principio en defender a Mamdani contra las acusaciones de antisemitismo y aún no han respaldado su candidatura a la alcaldía – se oponen a imponer condiciones a la ayuda militar que Estados Unidos le brinda a Israel, casi la mitad de los votantes demócratas piensan que debería reducirse.

Simpatizantes de toda la ciudad de Nueva York asistieron a la fiesta en la última noche de la campaña electoral de Zohran Mamdani el 24 de junio de 2025. “El ejemplo más elocuente del creciente impacto de Palestina en la política estadounidense es la victoria de Zohran Mamdani en las primarias demócratas para alcalde de Nueva York”, dice Shatz. (Foto: Julius Constantine Motal / The Guardian)

Una dinámica similar puede observarse en el Reino Unido, donde una sólida campaña de solidaridad con Palestina está ejerciendo presión renovada sobre el gobierno laborista. Aquí también se ha visto una represión cada vez más feroz de la disidencia y la protesta. [El grupo] Palestine Action ha sido clasificado como una organización terrorista, y el dúo Bob Vylan se enfrenta a una investigación criminal por liderar un canto de “Muerte a las FDI” en Glastonbury – mientras tanto, el gobierno continúa suministrando a Israel las piezas de repuesto para los aviones F35 que usa para bombardear Gaza.

El genocidio de Israel en Gaza no puede interpretarse como una victoria palestina

En cuanto a la gente de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este – por no mencionar a los ciudadanos palestinos de Israel – no está claro, casi dos años después, si sus inmensos sacrificios en la guerra van a ayudarlos a alcanzar la estadidad o la libertad. Achcar dice que el ataque del 7 de octubre fue “el desacierto más catastrófico en la historia de la lucha anticolonial”.

Es posible argumentar con firmeza que ha hecho retroceder la lucha palestina en el futuro previsible. El [ataque llamado] Torrente Al-Aqsa unió a los judíos israelíes en respaldo a la guerra en lugar de sembrar divisiones entre ellos; terminó favoreciendo a Israel por su enorme fuerza militar, y le dio un pretexto no solo para arrasar con Gaza y expandir sus operaciones dentro de Cisjordania, sino para neutralizar el Eje de la Resistencia: Hezbolá, los hutíes, e Irán.

Según Yitzhak Brik, general de división israelí jubilado, el ala militar de Hamás en Gaza ha vuelto a la fuerza que tenía antes de la guerra, ya que ha reclutado a más combatientes de los que Israel ha matado desde el 7 de octubre. Simplemente por sobrevivir, ha “ganado”. Sin embargo, no importa hasta qué grado haya tratado Hamás de interpretar la guerra, es difícil retratar un genocidio como una victoria para su pueblo, incluso si obliga al mundo a prestarle atención a su difícil situación.

Sin embargo, la masacre del 7 de octubre dio al traste con la ilusión de que Israel iba a poder seguir subyugando a los palestinos sin provocar una respuesta – la ilusión que impulsaba el interminable “proceso de paz”. En su detallado libro sobre el fracaso de ese proceso, Mañana es ayer, Malley y Hussein Agha – antiguos asesores de Estados Unidos y los palestinos, respectivamente, describen la guerra en Gaza como “la formidable venganza del pasado”.[6]

El “regreso del pasado”, escriben, ha sido un “duro rechazo a las esperanzas que muchos tenían para el futuro”, y se incluyen a sí mismos. Pero “el problema no es tanto por qué las cosas se desenvolvieron como lo hicieron, sino porqué tantos persistieron durante tanto tiempo en pensar que podría ser de otra manera”.

Dejando de lado las cicatrices de 1948 en favor del problema aparentemente más “abordable” de las fronteras de 1967, “los diplomáticos dedicaron sus esfuerzos a lograr que los líderes palestinos e israelíes dijeran las deseadas palabras talismán, y luego les dieron la bienvenida o los excomulgaron en función de si las pronunciaron o no”. Las virtudes del proceso de paz y la inevitabilidad de un acuerdo de dos estados basado en las líneas de 1967 se anunciaron de la misma manera que las virtudes y la inevitabilidad de la “democracia liberal” después de 1989: en este dogma del “fin de la historia”, no había alternativa posible. Mientras tanto, aquellos que se negaron a pronunciar las palabras talismán (los islamistas palestinos, pero también los colonos de derecha y los judíos religiosos) se prepararon para un futuro diferente, uno que se parecía más al “ayer”.

Gente inspecciona autos destruidos que fueron incendiados el 15 de julio de 2025 durante un ataque nocturno por colonos israelíes en la aldea de Burga, al este de Ramallah, en la Cisjordania ocupada por Israel. (Foto: Zain Jaafar / Getty Images)

Para los judíos israelíes, el ataque de Hamás no solo fue impactante, sino insondable: un regreso a la violencia intercomunitaria del Mandato Británico. Pero, como escribió Walter Benjamin, el “asombro de que las cosas que hoy estamos experimentando ‘todavía’ son posibles… no es el inicio de la sabiduría – a menos que sea la sabiduría de que la visión de la historia de la cual surgen es insostenible”. En lugar de cuestionar su visión de la historia, la mayoría de los judíos israelíes se refugiaron en una visión más antigua y fatalista, e interpretaron el ataque como un pogromo, una repetición de la persecución que muchos de sus antepasados habían sufrido en Europa.

‘No es genocidio, es pesticida’

El siguiente paso, deshumanizar a los palestinos de Gaza, fue fácil, ya que fue una extensión del racismo antiárabe inculcado en ellos desde una edad temprana. “Si alimentas a los habitantes de Gaza, eventualmente te comen”, publicó el comediante israelí Gil Kopatz. “No es genocidio, es pesticida”. Según una encuesta encargada por Penn State, más del 80 por ciento de los judíos israelíes ahora apoyan la expulsión de los habitantes de Gaza. La compasión por los palestinos es tabú, excepto entre un pequeño grupo de activistas radicales. Cuando Ayman Odeh, un miembro palestino de la Knesset, publicó un tuit celebrando un reciente intercambio de prisioneros, fue denunciado por querer equiparar la situación de los palestinos encarcelados y los rehenes judíos: “Tu presencia contamina la Knesset”, le dijo un colega.

La trayectoria autoritaria y cada vez más fascista de la política israelí, que es muy anterior al 7 de octubre, es horrible pero no sorprendente. Lo que es sorprendente, o al menos notable, es que la guerra haya provocado tan poca reflexión entre los políticos occidentales, que continúan aferrándose a la noción de que un acuerdo que lleve a dos estados resolverá el conflicto – y que sería posible persuadir a un líder israelí de que apoye la creación de un estado palestino.

“La guerra en Gaza nos ofreció una oportunidad para la claridad, la honestidad y la introspección”, escriben Malley y Agha, “porque fue cuando se perdió todo el control”. En cambio, “el mundo a partir del 7 de octubre se construyó sobre mentiras”, y las de Estados Unidos fueron las “más sorprendentes por ser menos necesarias”. La principal de ellas fue la mentira de que Estados Unidos estaba haciendo todo lo posible por proteger a la gente de Gaza de las mismas armas que estaba enviando a Israel.

Cientos de palestinos se refugiaban en la escuela Abu Oraiban de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Medio Oriente (UNRWA) cuando fue alcanzada el 14 de julio de 2024 por un ataque aéreo israelí, que mató al menos a 22 personas. El ejército israelí no emitió advertencia alguna a las personas desplazadas que se refugiaban allí antes del ataque. En la escuela se encontraron fragmentos de misiles Hellfire de fabricación estadounidense, incluso parte de su sistema de orientación y su motor. (Allí también se recuperaron restos de la sección de la cola de un GBU-39 fabricado por Boeing). (Foto: @Easybakeovensz)

En muchos rincones del Medio Oriente fue más el alivio que la desesperación ante la idea de decirle a Biden – o, como ellos lo ven, a Biden/Obama – adiós… Lo que más resintieron los líderes árabes… fue la vanidad moral de Estados Unidos, las inútiles expresiones de empatía y las convicciones desprovistas de valentía. Si no vas a mover un dedo por los palestinos, ten la decencia de no fingir que te importa. Pensaron que al menos con Trump sabían a qué atenerse.

Algo de lo que obtuvieron les gusta: Trump ha levantado las sanciones contra Siria, ha negociado directamente con Hamás, incluso ha jugado con la idea de retractar algunas de las sanciones contra Irán. Cuando describió a Israel e Irán como dos países “que han estado peleándose tan duro y por tanto tiempo que no saben qué diablos están haciendo”, expresó una verdad contundente, algo que fue apreciado por algunos en la región. “El hecho de que Trump no se sienta endeudado con el establishment tradicional de la política exterior significa que sus instintos no se han visto nublados por las telarañas que han afectado el pensamiento de las sucesivas administraciones demócratas y republicanas”, me dijo Malley. Pero “no ha reemplazado las creencias anticuadas con un pensamiento innovador, sino con instintos personales y caprichosos”.

Malley y Agha argumentan que, para que las negociaciones entre judíos israelíes y árabes palestinos funcionen, tendrán que incluir a “grupos poderosos que sientan que lo que se discutió estaba en desacuerdo con sus creencias fundamentales”: los que rechazan ambos campos, desde los islamistas palestinos hasta los colonos judíos y los ultraortodoxos. Creen que algo podría salir de una conversación más abierta, que no tenga un horizonte claro o una “solución”.

Estos grupos, escriben, podrían incluso encontrar una manera de coexistir en la misma tierra sin renunciar a sus aspiraciones más amplias, como lo han hecho los católicos y los protestantes en Irlanda del Norte desde el Acuerdo del Viernes Santo.

¿Qué tomaría para que se produjeran tales conversaciones? Los israelíes, que están más aislados pero también son más poderosos que nunca, no están dispuestos a tenerlas. Como escribió recientemente el abogado de derechos humanos Michael Sfard en Haaretz, los judíos israelíes han estado “drogados, llenos de eslóganes fanfarrones y flotando en un éxtasis militar” desde la guerra con Irán; poner fin al sufrimiento en Gaza o crear un estado palestino son las cosas más alejadas de sus mentes.

Insisten en que nunca podrán confiar en los palestinos después del 7 de octubre, mientras que los palestinos tienen aún menos razones para confiar en ellos después del genocidio que han infligido en Gaza, por no hablar de la campaña en curso y cada vez más violenta por colonizar Cisjordania, en la que decenas de miles de palestinos han sido expulsados de sus hogares, el mayor desplazamiento allí desde 1967. Incluso si israelíes y palestinos aceptaran sentarse juntos, ¿quién mediaría en esas conversaciones?

La asimetría entre las dos partes está abrumadoramente a favor de Israel, y Estados Unidos ha actuado invariablemente como su defensor en las negociaciones. Malley y Agha lo saben, por supuesto. La conclusión de su libro, en su mayoría sombrío y sin vacilaciones, se siente, a veces, como una ilusión: ¿qué y quién podría obligar a cualquiera de estas personas a hablar entre sí, especialmente después del genocidio en Gaza? Incluso si lo hicieran, ¿qué se lograría? La propuesta es, cuando menos, inoportuna. Pero la situación puede estar cambiando y, con ella, el equilibrio de fuerzas.

El régimen de ocupación, apartheid, limpieza étnica y ahora genocidio ha erosionado el capital moral de Israel, y la oposición no solo ha aumentado, sino que ha comenzado a hacerse sentir en una nueva generación de activistas y políticos progresistas. Aun así, es extremadamente difícil imaginar el desmantelamiento del sistema de apartheid de Israel, o imaginar que surja a corto plazo un serio desafío a su dominación. En un mundo de creciente autoritarismo y etnonacionalismo, donde el estado de derecho casi se ha desmoronado, el estado brutal y despiadado que dirige Netanyahu se asemeja más a un pionero que a un caso atípico.

11 de julio


(Esta fue la segunda de dos partes. La primera puede encontrarse en Parte I.)


NOTAS

[1] Saqi, 256 págs., junio, £ 16.99, 978 1 84925 091 7

[2] Un gauleiter era un alto funcionario político que gobernaba un distrito bajo el régimen de los nazis.

[3] El libro Sobre el antisemitismo será publicado por Allen Lane en septiembre.

[4] Verso, 208 págs., julio, £ 17.99, 978 1 80429 938 8

[5] La palabra “kahanista” se refiere a Meir Kahane, un rabino ortodoxo que nació en Brooklyn, Nueva York, en 1932. Kahane adoptó una ideología virulentamente racista y fundó un movimiento extremista judío y un partido político derechista en Israel llamado Kach. En 1984 ganó un escaño en la Knesset. Seguidores de Kahane han asesinado a docenas de personas y herido a cientos más en numerosos ataques violentos contra palestinos, estadounidenses y otros en Israel, en los territorios palestinos ocupados, e incluso en Estados Unidos. Como resultado, su partido Kach, la Liga de Defensa Judía (JDL por sus siglas en inglés) y sus ramificaciones fueron etiquetados como organizaciones terroristas por el gobierno de Estados Unidos. El propio Kahane fue arrestado aproximadamente 70 veces en Estados Unidos e Israel por planear y llevar a cabo ataques violentos, pero nunca recibió ningún castigo serio por sus crímenes. Algunos de sus seguidores hoy forman parte del gobierno de Israel.

[6] Mañana es ayer: vida, muerte y la búsqueda de la paz en Israel/Palestina será publicado en inglés en septiembre por la editorial Farrar, Straus.



 

1 reply »

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    Apologies in advance for typos & poor auto-corrections**; using voice recognition system.

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