Un blanco central de la creciente ocupación de Washington en Minneapolis, Minnesota, es la comunidad somalí.
“Hombres y mujeres armados, con la cara encubierta, recorren nuestras calles y nos perfilan”, dijo el imán Yusuf Abdulle, citado en el artículo a continuación, refiriéndose a los agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza. “Pensábamos que habíamos dejado todo eso atrás, pero ahora este momento en América nos recuerda de nuevo a la guerra civil somalí”.
La violencia y el terror de esa guerra en los años 90 obligaron a muchos somalíes a trasladarse a Estados Unidos como refugiados.
El presidente estadounidense Donald Trump ha justificado el despliegue masivo e inédito de agentes de ICE en las Ciudades Gemelas vilipendiando a la comunidad somalí, llamándola “basura” y afirmando: “Bandas de somalíes recorren las calles buscando ‘presas’“.
En sus diatribas racistas y su alarmismo, Trump ha intentado criminalizar a toda una comunidad sin pruebas. “Gran parte del fraude de Minnesota, hasta el 90%, es causado por personas que entraron ilegalmente en nuestro país desde Somalia”, dijo.
Un enorme esquema de fraude que involucró programas de asistencia gubernamental durante la pandemia ha sido objeto de acciones legales por el gobierno federal desde 2021; aunque el cabecilla de la operación es blanco, la mayoría de los aproximadamente 100 acusados son de ascendencia somalí.
Sin embargo, estos individuos son una porción infinitesimal de la comunidad somalí de unas 108 mil personas en Minnesota, de las cuales el 80% vive en las Ciudades Gemelas — la mayor concentración de somalíes en Estados Unidos. La gran mayoría de estas personas, alrededor del 95%, son ciudadanos nacidos o naturalizados en Estados Unidos; muchos de los restantes cuentan con residencia legal o con protección como refugiados.
“La verdad es que la comunidad somalí es querida y lleva mucho tiempo entretejida en el lienzo de muchos barrios y comunidades de Minnesota”, dijo Heidi Altman, la directora de estrategias del Centro Nacional de Justicia para Inmigrantes. Lo comprueba la respuesta de los residentes de Minneapolis, que han salido en masa para proteger a sus vecinos somalíes.
Ante las amenazas y la violencia de ICE en las últimas semanas, la comunidad somalí no se ha mantenido pasiva. El artículo que sigue, publicado por primera vez en The Intercept el 17 de enero de 2026, describe cómo los somalíes forman parte de esta lucha más amplia para defender a los inmigrantes y los derechos democráticos en las Ciudades Gemelas.
Publicamos el artículo que sigue para la información de nuestros lectores. El titular, subtítulo, texto, fotos y gráficos que aparecen a continuación son del original en inglés. La traducción es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Desde el seno de la resistencia que lideran los somalíes contra el asalto de Trump a Minneapolis
Los somalíes están luchando, desde haciendo sambusas caseras para los manifestantes hasta patrullando a pie en busca de ICE.
Por Fatima Khan y Meghnad Bose
17 de enero de 2026

Kamal Yusuf no habla inglés. Eso no le ha impedido involucrarse mientras los agentes de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos inundan su barrio de Minneapolis, que alberga a una numerosa población de inmigrantes.
Durante las últimas dos semanas ha estado en la calle buscando activamente cualquier presencia de ICE.
De las 8 AM a las 6 PM Yusuf recorre a pie el barrio Cedar Riverside, conocido popularmente como West Bank, en un frío cortante y sobre hielo resbaladizo. En cuanto ve a agentes de ICE, informa inmediatamente a un chat de [la plataforma] Signal y silba durante varios minutos sin pausa.
Yusuf, con su chaleco naranja neón y su gorro negro que dice “QUE SE JODA ICE”, no es una presencia discreta.
“Pero soy ciudadano. Necesito hacer esto por mi comunidad”, dijo, hablando el domingo con The Intercept por medio de un amigo que hizo la traducción.
“Nos dimos cuenta que no podemos luchar contra el gobierno federal. Pero podemos unirnos y patrullar el barrio, mantener a ICE fuera”.
Las únicas pausas que Yusuf toma son en mezquitas o en el West Bank Diner, un restaurante que le regala té y sambusas, un sabroso pastel somalí, a cualquiera que forme parte de la patrulla.
La creación de nuevas patrullas para vigilar a ICE y redes de respuesta rápida, el miedo a irse a trabajar o salir de casa, el ver cómo sus espacios comunitarios compartidos quedan desiertos y sus tiendas se quedan vacías — estas son las experiencias de los residentes somalíes en las Ciudades Gemelas que hablaron con The Intercept sobre cómo es vivir bajo asedio en sus propias ciudades natales.
Aunque muchos de los residentes del estado están siendo afectados por la represión migratoria del presidente Donald Trump, los somalíes en particular saben que son blanco de la administración y de los miles de agentes federales de inmigración desplegados en Minnesota.
El chat de Signal de Yusuf incluye a ocho miembros fundadores somalíes entre los cientos de voluntarios que conforman un grupo de patrulla creado el mes pasado tras la escalada de las fuerzas de Trump.
“Cuando ICE empezó a aparecer en nuestros barrios”, dijo Abdi Rahman, de 28 años y miembro fundador de la patrulla vecinal en West Bank, “nos dimos cuenta de que no podemos luchar contra el gobierno federal. Pero podemos unirnos y patrullar el barrio, mantener a ICE fuera, atenuar, mantener a algunos de estos lunáticos de derechas fuera de nuestro barrio”.
Un hogar en Minnesota
La comunidad somalí en las Ciudades Gemelas está oponiendo resistencia a ICE, recaudando recursos e intentando proteger a sus miembros más vulnerables de ser arrestados.
“Les compramos la comida y los dejamos quedarse en sus hogares”.
En las últimas dos semanas se han difundido en internet vídeos de ciudadanos estadounidenses de ascendencia somalí enfrentándose a ICE. La mayoría de los somalíes en las Ciudades Gemelas son ciudadanos o residentes permanentes, pero los muchos que no lo son se encuentran vulnerables a las incoherencias del gobierno federal.
“Los no ciudadanos han dejado de salir por completo. Les compramos la comida y los dejamos quedarse en sus hogares”, dijo Rahman.
El momento actual recuerda a los disturbios que asolaron a Minneapolis en 2020, dijo Rahman, después de que la policía asesinara a George Floyd. “La comunidad somalí también se unió entonces, y realmente nos ayudó a mantenernos a salvo”.
Rahman acababa de terminar su propia patrulla en un día de 2 grados — templado para los estándares de enero en Minneapolis. Como residente de West Bank, el pasearse por el barrio de más de 10 mil familias le inculcó a Rahman un sentido de pertenencia.
“Por eso odio que Trump cuestione si pertenecemos aquí o no”, dijo. “Soy un verdadero minnesotano. ¡Esto ni siquiera es lo que yo considero frío!”
“Soy un verdadero minnesotano. ¡Esto ni siquiera es lo que yo considero frío!”
Para muchos residentes somalíes de las Ciudades Gemelas, las diatribas racistas y la represión de la administración Trump no son la primera adversidad que han experimentado — ni la primera vez que se proponen perseverar.
Mahmoud Hasan, un activista comunitario al que todos llaman BBC, estaba en un campo de refugiados tras huir de los conflictos civiles en Somalia en los años 90. Se ganó su apodo porque, viviendo en el campo, aprendió inglés estrictamente viendo la BBC, y practicaba hablando como un presentador de noticias.
“Huimos de una guerra civil”, dijo Hasan. “Somos más resistentes de lo que piensan”.
La respuesta a la represión
Los somalíes de Minnesota han estado bajo ataques casi constantes por parte de los niveles más altos de la administración Trump durante meses. En diciembre, los medios de comunicación de derechas comenzaron a enfocarse en un escándalo de larga data que involucraba a guarderías acusadas de defraudar al gobierno. Muchas de las afirmaciones hechas por el youtuber de derechas Nick Shirley — que tiene un historial anti-inmigrante y se apoyó en una fuente que ha hecho comentarios anti-musulmanes — han sido desacreditadas.
“Su país apesta, y no los queremos en nuestro país”, dijo Trump en una diatriba que fue intolerante incluso para los estándares del presidente. “Vamos en la dirección equivocada si seguimos trayendo basura a nuestro país”.
El 17 de diciembre, mientras ICE y otros agentes federales inundaban Minnesota, un grupo de líderes somalíes se unió para formar SALT, la Mesa de Liderazgo Somalí Americana, un acrónimo elegido como referencia al hecho que la sal derrite el hielo [refiriéndose a ICE]. El grupo buscó unirse porque los fundadores vieron el ataque contra sus compatriotas en Minnesota como un riesgo para toda la comunidad.
“Este momento en América nos recuerda de nuevo la guerra civil somalí”.
“Hombres y mujeres armados, con la cara encubierta, recorren nuestras calles y nos perfilan”, dijo el imán Yusuf Abdulle, cofundador de SALT. “Pensábamos que habíamos dejado todo eso atrás, pero ahora este momento en América nos recuerda de nuevo a la guerra civil somalí”.
“Pero estamos luchando”, dijo Abdulle, que también es director de la Asociación Islámica de Norteamérica, que incluye a cerca de 40 centros islámicos en todo el país. “No hemos llegado tan lejos, no hemos hecho nuestra vida aquí, para volver a ser instigados y abusados de esta manera”.

Cuando Renee Nicole Good fue asesinada a tiros por el agente de ICE Jonathan Ross la semana pasada, los líderes de SALT organizaron una protesta en la que mujeres somalíes mayores repartieron té y sambusas caseras.
“Renee murió por nosotros, murió protegiéndonos”, dijo Jamal Osman, un somalí estadounidense y vicepresidente del Ayuntamiento de Minneapolis. “Trump nos está señalando, pero nuestros aliados aquí hacen todo lo posible para protegernos”.
Los ciudadanos viven con miedo
Los somalíes en Minnesota son abrumadoramente ciudadanos. Casi el 58 por ciento de ellos nacieron en Estados Unidos, según informa la Oficina del Censo. De los somalíes nacidos en el extranjero en el estado, el 87 por ciento son ciudadanos estadounidenses naturalizados, según CNN.
Sin embargo, la manera tan agresiva en la que ICE hace blanco de algunos ha hecho que incluso los ciudadanos tengan miedo de aventurarse a salir. Saadia Saman, una ciudadana empleada en un almacén de Minneapolis, no había ido a trabajar durante tres días después de que las operaciones de ICE se intensificaran a principios del nuevo año.
Horas después de que Good fuera asesinada, agentes federales se aglomeraron frente a un colegio cercano y se apoderaron violentamente de un traductor al español. Una de las hijas de Saman, una alumna del 10º curso, estaba allí y volvió a casa llorando.
La noche siguiente, Saman, vestida con un delantal amarillo, repartía comida gratis y chocolate caliente en una vigilia cerca del lugar del tiroteo mortal de Good.
“No somos basura. Somos buena gente. Somos somalíes”, le dijo Saman a The Intercept en el memorial. “¿Ven que estamos ayudando a la comunidad de Minneapolis?”
Aunque ya sale de su casa, Saman dijo que se ha estado desplazando con su pasaporte estadounidense y su tarjeta de la Seguridad Social.
“En caso de ICE…”. dijo, quedándose en silencio.
Saman no es la única. En las Ciudades Gemelas, muchos ciudadanos somalíes y residentes permanentes han empezado a llevar sus papeles — especialmente los taxistas, cuyos trabajos los mantienen en público.
“Hemos empezado a llevar nuestros pasaportes en todo momento, por miedo a que algún agente de ICE nos pare, incluso a quienes somos ciudadanos”, dijo Mustafa Mohamed Abdile, miembro de la junta de la Asociación de Conductores de Uber/Lyft de Minnesota. “Nos preocupa ICE, y también nos preocupan los pasajeros que puedan apoyar a ICE”.
A un conductor, Abdi, que pidió ser identificado solo por su nombre de pila por miedo a represalias, un cliente blanco de mayor edad le preguntó de dónde era “originalmente” — y repitió invectivas de los vídeos virales de derechas en YouTube al enterarse de que Abdi era somalí. “‘Los somalíes se llenan los bolsillos con millones usando dinero de la asistencia social del gobierno'”, recordó Abdi que decía el hombre.
Abdi se rió.
“Si fuera así”, le dijo al hombre, “no te llevaría 10 millas por estos caminos resbaladizos tan tarde en esta fría noche por solo 15 dólares”.
Vida pública apagada
A pesar del gran número de ciudadanos en la comunidad, la vida pública de los somalíes en Minnesota se ha retirado a espacios privados.
En el sur de Minneapolis, el Karmel Mall — conocido informalmente como el centro comercial somalí — solía tener una multitud bulliciosa. Sin embargo, el sábado por la noche el centro comercial tenía un aspecto desierto, como todo el mes pasado.
“Abrimos nuestras tiendas todos los días, pero la gente apenas viene”, dijo Abdul, un tendero que vende perfumes, y quien le pidió a The Intercept que no usara su apellido por miedo a represalias. “No hubiera tenido tiempo de hablar contigo si hubieras venido hace unos meses, estaría tan ocupado con clientes. Ahora, está todo desierto”.

Copropietaria de un café somalí en un barrio racialmente diverso del sur de Minneapolis, Duniya Omar ha notado que tiendas y restaurantes gestionados por inmigrantes cierran con candado y cierran sus contraventanas. En su cafetería también, el flujo de clientes se reduce a un goteo.
“Hace una gran diferencia económica”, dijo Omar, que vive en Minneapolis desde que tenía cinco años. “Nuestro negocio se ha visto afectado, al cien por cien”.
Los somalíes locales se han organizado para atraer negocios a su comunidad.
Abdi Mohamed, cineasta somalí-estadounidense, dijo: “Hubo un evento en el que invitamos a la gente al centro comercial somalí y a visitar nuestros negocios, comer en nuestros restaurantes — para tener no solo esa solidaridad sino también ese apoyo económico, porque la gente sufría tras la campaña de acoso y del insulto del presidente de llamarnos ‘basura’”.
Reactivar la vida pública para la comunidad somalí pudiera resultar una tarea difícil. Si incluso los ciudadanos se sienten temerosos, los que no son ciudadanos entre los somalíes de Minnesota siguen siendo agresivamente atacados por las políticas de la administración Trump.
El martes, la administración anunció que le pondrá fin al Estatus de Protección Temporal, o TPS, para los somalíes en marzo, de hecho obligando a miles de somalíes a abandonar el país a menos que un tribunal suspenda la revocación de su estatus protegido.
Los somalíes son solo el nuevo blanco de la retórica anti-inmigrante, dijo otro taxista somalí, que pidió no ser identificado por su nombre por miedo a represalias.
“Antes, era la ‘gente haitiana comiéndose los gatos y los perros‘. Eran ‘Los mexicanos que son todos violadores, todos criminales.’ Ahora somos nosotros”, dijo el conductor. “¿Quién va a ser mañana?”
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Categories: Inmigración / Refugiados, Política en Estados Unidos
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