Inmigración / Refugiados

Minneapolis: Protestas contra ultraderechistas y la defensa de la libertad de expresión



El ultraderechista Jake Lang y unos 10 simpatizantes llegaron al Ayuntamiento de Minneapolis el 17 de enero para su planeada “Marcha contra el Fraude en Minnesota”. En lugar de encontrar a una multitud apoyando su llamado, se enfrentó a cientos de contra-manifestantes que portaban carteles que decían “¡ICE Fuera!” y “Amamos a nuestros vecinos somalíes”.

Un grupo de contra-manifestantes el 17 de enero frente al juzgado federal en el centro de Minneapolis que se opusieron a la “Marcha contra el Fraude en Minnesota” del fascista e incitador al odio Jake Lang. (Foto: Corey Schmidt / St. Cloud Times)

Lang fue acusado de golpear a policías con un bate de béisbol durante el ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio de Estados Unidos por una turba ultraderechista que, incitada por Trump a “luchar como el demonio”, intentó sin éxito revertir los resultados de las elecciones de 2020. Él fue condenado a cuatro años de prisión antes de que, junto a otros 1,500 amotinados, Trump le concediera un indulto justo después de la investidura del presidente estadounidense hace un año.

Ahora se ha aferrado a los casos de fraude en Minnesota como una causa célebre, lo que encaja perfectamente con sus opiniones racistas y anti-islámicas.

El plan de Lang era llevar a simpatizantes suyos desde el centro de Minneapolis hasta el barrio Cedar-Riverside, hogar de muchos residentes somalíes de la ciudad. Anunció que iba a quemar una copia del Corán, que además había embadurnado con tocino. Este abierto insulto anti-musulmán, junto con el plan de Lang de llevar su pancarta racista “Americanos contra la islamización” hasta el seno de la comunidad somalí, era una clara provocación.

Llamado a la contra-protesta

La contra-movilización fue convocada por la Coalición de Acción Popular Contra Trump, que reunió a grupos de justicia social y políticos. Los líderes del Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas (CAIR, por sus siglas en inglés) además de Indivisible, ambos al centro de la organización de la resistencia contra ICE, instaron a activistas a participar en la protesta frente al Ayuntamiento, pero también que mantuvieran la paciencia y la disciplina en su respuesta a Lang y que no trataran de seguir la marcha hacia el barrio Cedar-Riverside.

Jaylani Hussein, directora ejecutiva de CAIR, dijo en un mensaje de vídeo: “Animamos a la gente a que vaya al centro de la ciudad, a responder a este … odiador anti-musulmán. Sin embargo, le pedimos a la gente que no traten de seguir esa protesta hasta el centro de Cedar-Riverside”. Añadió: “Tenemos planes para asegurarnos de que, si él [Lang] viene a Cedar-Riverside, podremos defender a nuestra comunidad”.

Hussein advirtió: “Le pedimos a los musulmanes y a los somalíes estadounidenses que no acudan a las contra-protestas por miedo a que se emocionen y puedan hacer algo que probablemente no sea aceptable. Nos están provocando para que hagamos eso, así que si pueden contenerse, vengan; y si no, probablemente sea mejor evitarlo. Queremos que nuestros aliados blancos sigan allí afuera contra-protestando”.

Lang llevaba al menos una semana en las Ciudades Gemelas, a menudo provocando a quienes se manifestaban contra ICE. Llegó al Ayuntamiento, donde la temperatura rondaba los -12° C, vestido con un chaleco de camuflaje de estilo militar pero sin gorra, guantes ni bufanda. Cientos de manifestantes se situaron al otro lado de la calle tras barricadas, sosteniendo pancartas y coreando; docenas de personas más rodeaban al pequeño séquito de Lang mientras hablaba con los periodistas. Varios policías presentes en el lugar se marcharon poco después de su llegada; no había presencia policial para tratar de separar a Lang de los contra-manifestantes.

Lang se instaló en un amplio pozo de ventana por encima de la multitud. A pesar del megáfono en su mano, sus palabras quedaron ahogadas por la multitud coreando. Algunos manifestantes le lanzaron a Lang, ahora atrapado en su cornisa, bolas de nieve y globos de agua. Fue un joven negro, Isaiah Blackwell, quien finalmente intervino para proteger a Lang y luego despejó el camino para que él se marchara; varias decenas de manifestantes lo persiguieron, algunos tratando de golpearlo o darle un puñetazo cuando se alejaba, mientras otros se peleaban con los partidarios de Lang. Pero la gran mayoría de los manifestantes permaneció al otro lado de la calle en una movilización disciplinada y pacífica.

Isaiah Blackwell, a la izquierda, protege a Jake Lang mientras es rociado con una pistola de agua durante su “Marcha contra el Fraude en Minnesota” el 17 de enero frente al Ayuntamiento de Minneapolis. (Foto: Alex Kormann / The Minnesota Star Tribune)

Los medios nacionales captaron inmediatamente este incidente, exagerando la violencia y pasando por alto a los cientos de ciudadanos de Minnesota tan disciplinados al otro lado de la calle que simplemente coreaban “Vete, vete, vete” y “Vergüenza, vergüenza, vergüenza”. Lang, que sí sufrió un rasguño en la parte posterior de la cabeza y quedó claramente estremecido por el encuentro, afirmó que alguien había intentado “apuñalarlo” a través de su chaleco.

La contra-protesta del 18 de enero en un servicio religioso

Al día siguiente, otro incidente atrajo la atención de la prensa nacional cuando un grupo de manifestantes, entre ellos líderes del grupo Black Lives Matter Minnesota, entró en la Iglesia de las Ciudades. Mientras el pastor bautista Joshua Parnell intentaba dar un sermón, comenzaron a corear el nombre de Renee Nicole Good, quien fue asesinada a tiros el 7 de enero por un agente de ICE, y el refrán “¡ICE fuera!” Los manifestantes dijeron que otro pastor de la iglesia, David Easterwood, dirige la oficina local de ICE y es el responsable de supervisar las tácticas violentas y las brutales redadas contra los inmigrantes en los últimos meses.

El Departamento de Justicia respondió en cuestión de horas, afirmando que estaba investigando violaciones federales a los derechos civiles “por parte de estas personas que profanaron un lugar de culto e interfirieron con feligreses cristianos”.

Según el Minnesota Star Tribune del 22 de enero, “agentes del FBI y de Seguridad Nacional arrestaron a la activista por los derechos civiles Nekima Levy Armstrong en relación con la interrupción de un servicio religioso el domingo [18 de enero]”. Ahora va a ser necesario organizar un esfuerzo de defensa para exigir que Armstrong sea puesta en libertad y que cualquier cargo en su contra sea desestimado.

Los residentes de Minnesota han abierto un importante espacio político en su lucha contra la represión del ICE, atrayendo al activismo a muchas personas que no habían participado previamente en protestas políticas. La defensa de ese espacio, y del derecho a la libertad de expresión y de reunión, es fundamental en la lucha por los derechos de los inmigrantes y en defensa de todos los derechos democráticos que ahora están siendo atacados frontalmente por la administración Trump.

Por su parte, el gobierno de Estados Unidos seguirá aprovechando todas las oportunidades para reducir ese espacio político y restringir los derechos democráticos. Trump ha dejado claro que buscará la excusa más endeble para invocar la “Ley de Insurrección” para enviar al ejército estadounidense a las Ciudades Gemelas para sofocar disturbios, afirmando falsamente que Minneapolis y St. Paul — y el estado de Minnesota — están plagados de corrupción y delincuencia. Su administración trabaja asidua e intensamente para restringir los derechos de los manifestantes, acosando tanto a los manifestantes en la calle como a funcionarios locales con acusaciones de obstrucción, incitación a disturbios y “terrorismo doméstico”.

La decisión de movilizarse en contra de Jake Lang fue acertada. Pero los ataques físicos contra Lang — ya fueran cometidos por gente que se opone genuinamente al terror de ICE o por agentes provocadores, que fácilmente pueden infiltrarse en estas situaciones — socavaron el espacio político y la superioridad moral que decenas de miles han logrado ganarse recientemente en las Ciudades Gemelas.

Entrar a una iglesia para interrumpir a una congregación también fue un golpe contra lo que han logrado las protestas contra ICE. No solo es una violación de los derechos de los fieles; esto también socava la capacidad que se han ganado los líderes de las protestas de seguir ganándose los corazones y las mentes de un creciente número de posibles aliados entre la clase trabajadora y media, así como entre todos los que se preocupan por defender la libertad de expresión y los otros derechos democráticos.

Las tácticas indisciplinadas y de confrontación socavan las posibilidades de que amplios sectores del pueblo trabajador se sientan cómodos participando en la creciente resistencia al terror de ICE, un objetivo que los organizadores de las protestas han estado laborando duro para alcanzar. Esta participación masiva es lo que se necesita no solo para presionar por el fin del asedio de ICE, sino para promover demandas más amplias como la amnistía y la legalización de todos los inmigrantes indocumentados que viven y trabajan en Estados Unidos.

El espionaje gubernamental, disrupciones y provocaciones

La historia está llena de ejemplos del FBI y otras agencias gubernamentales intentando fomentar la violencia y la división en los movimientos por la justicia social. Han utilizado provocadores como Lang, así como agentes encubiertos que se hacen pasar por manifestantes y se infiltran en organizaciones políticas, buscando cualquier oportunidad para guiar a los activistas hacia confrontaciones y violencia innecesarias.

Martin Luther King Jr. (izquierda) y Malcolm X durante su única reunión el 26 de marzo de 1964. Ambos fueron blancos de la operación COINTELPRO del FBI. (Foto: Getty Images)

Entre 1956 y 1971 el infame Programa de Contrainteligencia del FBI (COINTELPRO) desplegó espías y agentes provocadores para desacreditar y desorganizar el liderazgo y las filas de organizaciones que luchaban por los derechos de los negros, los latinos y los pueblos nativos de Estados Unidos; el movimiento contra la guerra de Vietnam; los partidos políticos de clase trabajadora; y muchos otros que luchaban por cambios sociales. Un objetivo central era “inspirar la acción en casos donde las circunstancias lo requieran”, decía un memorando del FBI de los años 60, y explotar la frustración y la ira de muchos activistas sinceros para incitar al faccionalismo, las rivalidades, los escándalos y un declive de la disciplina.

El 17 de enero, mientras Lang huía del lugar, la gran mayoría de los contra manifestantes simplemente gritaban: “Vete, vete, vete”. Pero se podía oír a unos pocos que decían: “¡Dale una paliza!”, lo que podría jugar a favor de quienes trabajan en las sombras para socavar los derechos democráticos y los movimientos sociales que dependen de esos derechos.

Hay muchos ejemplos de cómo arrebatos indisciplinados o el ceder a la presión de actuar violentamente durante eventos públicos pueden ser contraproducentes.

Con la idea de valerse de las lecciones del pasado en la historia de la clase obrera para mejor guiar la estrategia y las tácticas de hoy, y para aumentar al máximo las posibilidades de promover acciones consideradas y disciplinadas, publicamos a continuación un artículo que describe uno de estos casos.

Publicado por primera vez en el periódico The Militant del 19 de marzo de 1962, el artículo describe un acto de agresión física contra el odiador nazi George Lincoln Rockwell mientras hablaba en San Diego State College, y cómo los funcionarios de la universidad se valieron del incidente para coartar la libertad de expresión en el campus.

El titular, el subtítulo y el texto que aparecen a continuación son del original en inglés. La traducción es de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial


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Ataque estudiantil contra un nazi es usado como coartada para restringir la libertad de expresión en el campus

 San Diego College le prohíbe hablar al editor de The Militant

Por Harry Ring

14 de marzo [de1962] — Un ataque estudiantil contra el incitador de odio nazi George Lincoln Rockwell en San Diego State College en California fue rápidamente aprovechado por los funcionarios universitarios para restringir la libertad de expresión en el campus. La primera víctima de la prohibición fue Joseph Hansen, editor de The Militant. Una reunión estudiantil en la que estaba programado para hablar ayer fue cancelada abruptamente.

Captura de pantalla del artículo original en inglés de 1962 que describe la suspensión de la libertad de expresión en el campus tras el ataque al odiador nazi George Lincoln Rockwell en el San Diego State College en California.

El ataque estudiantil del 8 de marzo contra Rockwell y la posterior suspensión de las charlas por parte de oradores externos provocaron una fuerte controversia en el campus y generaron amplia publicidad en la prensa de San Diego y en la televisión y la radio locales.

A pesar de que su reunión en el campus fue cancelada, Hansen, quien ha estado dando charlas sobre su reciente gira por América Latina, pudo compartir sus opiniones con los estudiantes y residentes de la zona. En lugar de la reunión cancelada, los estudiantes organizaron una para él en un restaurante cerca de la universidad. Ésta fue cubierta por periodistas locales que lo entrevistaron después. La cadena local ABC-TV grabó una entrevista de diez minutos en la que se le pidió que compartiera con la audiencia los temas de los que habría hablado si las autoridades universitarias le hubieran permitido dar su charla. El entrevistador continuó preguntándole sobre América Latina y sobre su apoyo a la revolución cubana.

La lucha por la libertad de expresión en el campus se desató tras la disolución de la reunión de Rockwell. Éste había sido invitado a hablar por el Comité de Acción Estudiantil, un grupo universitario activamente dedicado a cuestiones sociales, que ha buscado promover un libre intercambio de ideas patrocinando ponentes con puntos de vista diferentes y controvertidos.

Cuando Rockwell lanzaba su venenoso “mensaje” con cebos racistas y anticomunistas, uno de los estudiantes, Ed Cherry, se dirigió a la tribuna e intentó quitarle el micrófono a Rockwell. Cuando el aspirante a führer lo empujó, Cherry le dio un golpe en la barbilla. Dos de los guardaespaldas de Rockwell lo atacaron y la reunión terminó en caos.

Cherry expresó más tarde un fuerte remordimiento por su acción, explicando que había asistido a la reunión por simple curiosidad, pero que se le “desbordaron los ánimos” al escuchar cómo Rockwell vilipendiaba a los judíos, y se sintió impulsado a refutar sus calumnias. Dijo que cuando Rockwell le empujó, perdió todo el control.

Sin embargo, otros estudiantes aparentemente acudieron a la reunión con la intención de interrumpirla, y algunos llevaban un suministro de huevos. Mientras Rockwell era escoltado desde el teatro al aire libre donde se celebraba la reunión, le lanzaron los huevos. Varios cientos de estudiantes se reunieron gritando en el pasillo frente a la puerta enrejada de la oficina del periódico del campus, el San Diego Daily Aztec, donde él dio una apresurada rueda de prensa.

Cuando el automóvil de Rockwell llegó al edificio, fue acosado por los estudiantes. Más huevos fueron arrojados, rompieron una ventanilla del coche y le rompieron la parrilla de una patada.

Pero las numerosas cartas que le fueron enviadas al Daily Aztec, junto con declaraciones de organizaciones del campus, indicaban que la mayoría de los estudiantes reaccionaron fuertemente en contra de la disolución de la reunión de Rockwell. Prácticamente todos los que se expresaron enfatizaron que la libertad de expresión — ya gravemente amenazada en este país — solo puede verse aún más amenazada por los ataques a los derechos democráticos, incluso los de una figura tan aborrecible y odiadora como Rockwell.

El derecho a expresarse

El periodista Gerald Rife del Aztec declaró: “Nuestro país se basa en el principio de que cada hombre tiene derecho a su propia opinión y el derecho a expresarla. Cuando el derecho de Rockwell fue amenazado, tu derecho y el mío también fueron amenazados. Ya sea el señor un fascista, un comunista o el mismo Satanás, tiene el DERECHO de expresarse”.

Una carta firmada por 22 estudiantes expresó su admiración por quienes manifestaron su oposición a Rockwell por medio de un mitin con pancartas. Criticando a quienes causaron que la reunión terminara en el caos, la carta advertía: “Es alta la posibilidad de que cualquier otro tema controvertido sea excluido de nuestro campus”.

La advertencia resultó válida. El Aztec de ayer informó que, actuando a petición del presidente de la universidad, Malcolm Love, un comité conjunto de estudiantes y profesores votó por prohibir las reuniones abiertas en el campus hasta que se revisen “los procedimientos y las políticas” que rigen dichas reuniones. El presidente dejó claro que en la nueva política habría mayores restricciones.

Presionado

En la misma reunión de este órgano rector, el Comité de Acción Estudiantil retiró su solicitud del permiso para la reunión ya autorizada de Hansen. El retiro de la solicitud fue realizada por Allan Lachman, vicepresidente del grupo, después de que fuera llamado ante el presidente del colegio. Al anunciar el retiro de la solicitud, Lachman declaró: “Esta medida se produjo como resultado de presiones ejercidas por ciertos elementos…”.

En ese momento, se decía que el Dr. Love había acordado que, si se cancelaba la reunión abierta para Hansen, se les permitiría realizar una “cerrada”. Pero esa también fue cancelada, y la prensa local informó que Love temía que podría ocurrir un “motín” si Hansen aparecía en el campus.

El único grupo universitario que públicamente apoyó la prohibición de los oradores externos fue el de los Jóvenes Republicanos, que emitió un comunicado sobre el incidente Rockwell en el que decía: “Sin duda, este individuo fue traído al campus para allanar el camino para los miembros del Partido Socialista de los Trabajadores y los oradores comunistas. Sin duda pronto escucharemos el argumento de que si se le permite a un nazi hablar en el campus, ¿por qué no a un comunista?”

Inmediatamente después de haberle prohibido hablar a Hansen, la solicitud de los Jóvenes Republicanos para patrocinar un debate entre un republicano y un demócrata fue rechazada.


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