Historia de Estados Unidos

Estrategia y tácticas en la lucha contra los ataques racistas y fascistas (I)



Un artículo del 22 de enero de 2026 de Panorama-Mundial, Minneapolis: Protestas contra ultraderechistas y la defensa de la libertad de expresión, informó sobre la provocadora manifestación del ultraderechista Jake Lang en Minneapolis el 17 de enero. Lang estuvo allí para promover sus opiniones racistas y apoyar la invasión de las Ciudades Gemelas de Minneapolis y St. Paul y del estado de Minnesota por agentes federales desplegados por la administración Trump como parte de su represión antiinmigrante. El artículo también informó sobre una gran movilización contra Lang por parte de gente que se ha estado manifestando en contra de ICE.

“Los residentes de Minnesota han abierto un importante espacio político en su lucha contra la represión del ICE, atrayendo al activismo a muchas personas que no habían participado previamente en protestas políticas. La defensa de ese espacio, y del derecho a la libertad de expresión y de reunión, es fundamental en la lucha por los derechos de los inmigrantes y en defensa de todos los derechos democráticos que ahora están siendo atacados frontalmente por la administración Trump”, señaló Panorama-Mundial.

“La decisión de movilizarse en contra de Jake Lang fue acertada. Pero los ataques físicos contra Lang — ya fueran cometidos por gente que se opone genuinamente al terror de ICE o por agentes provocadores, que fácilmente pueden infiltrarse en estas situaciones — socavaron el espacio político y la superioridad moral que decenas de miles han logrado ganarse recientemente en las Ciudades Gemelas”.

Un grupo de contra-manifestantes el 17 de enero frente al juzgado federal en el centro de Minneapolis que se opusieron a la “Marcha contra el Fraude en Minnesota” del fascista e incitador al odio Jake Lang. (Foto: Corey Schmidt / St. Cloud Times)
Isaiah Blackwell, a la izquierda, protege a Jake Lang mientras es rociado con una pistola de agua durante su “Marcha contra el Fraude en Minnesota” el 17 de enero frente al Ayuntamiento de Minneapolis. (Foto: Alex Kormann / The Minnesota Star Tribune)

El 18 de enero, “otro incidente atrajo la atención de la prensa nacional cuando un grupo de manifestantes, entre ellos líderes del grupo Black Lives Matter Minnesota, entró en la Iglesia de las Ciudades”, también informó el artículo de Panorama-Mundial. “Mientras el pastor bautista Joshua Parnell intentaba dar un sermón, comenzaron a corear el nombre de Renee Nicole Good, quien fue asesinada a tiros el 7 de enero por un agente de ICE, y el refrán ‘¡ICE fuera!’ Los manifestantes dijeron que otro pastor de la iglesia, David Easterwood, dirige la oficina local de ICE y es el responsable de supervisar las tácticas violentas y las brutales redadas contra los inmigrantes en los últimos meses”, señaló.

“Entrar a una iglesia para interrumpir a una congregación también fue un golpe contra lo que han logrado las protestas contra ICE”, señaló Panorama-Mundial. “No solo es una violación de los derechos de los fieles; esto también socava la capacidad que se han ganado los líderes de las protestas de seguir ganándose los corazones y las mentes de un creciente número de posibles aliados entre la clase trabajadora y media, así como entre todos los que se preocupan por defender la libertad de expresión y los otros derechos democráticos”.

Estas cuestiones de estrategia y tácticas que miles de personas enfrentan en la masiva lucha por resistir las redadas de ICE en Minnesota han sido planteadas muchas veces en el pasado.

A continuación — en el espíritu de aprovechar las lecciones del pasado que nos brinda la historia de la clase trabajadora, y para elevar al máximo las posibilidades de una acción consciente y disciplinada hoy en día — publicamos aquí extractos de una discusión entre socialistas que ocurrió el 6 de mayo de 1975 sobre la estrategia y las tácticas en la lucha contra el fascismo. La discusión fue liderada por Farrell Dobbs.

Dobbs fue el autor de Rebelión Teamster, Poder Teamster, Política Teamster y Burocracia Teamster. Esta serie de cuatro tomos recoge las experiencias de Dobbs como líder de las huelgas de camioneros de Minneapolis en 1934, como organizador de la campaña para sindicalizar a los choferes de camiones en todo el Medio Oeste y como participante en la labor de socialistas por construir un ala izquierdista en el Sindicato de los Teamsters. Dobbs fue secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP, por sus siglas en inglés) desde 1953 hasta 1972, y fue candidato del partido a la presidencia en 1948, 1952, 1956 y 1960.

La discusión surgió tras un incidente en la Universidad Estatal de San Francisco en marzo de 1975. Un profesor invitó a un miembro del Partido Nacional Socialista del Pueblo Blanco, un grupo fascista que buscaba imitar a las tropas de choque de Hitler, a dirigirse a una clase de oratoria.

Grupos ultraizquierdistas organizaron una pequeña manifestación beligerante que obligó a cancelar la charla.

La mayoría de la comunidad universitaria reaccionó con hostilidad a la manifestación, ya que los estudiantes la vieron como una violación de la libertad de expresión. Aprovechando esta situación, la administración universitaria hizo un esfuerzo (que finalmente fue infructuoso) de expulsar a varios grupos radicales y socialistas del campus.

La sección universitaria de la Alianza de la Juventud Socialista (YSA por sus siglas en inglés) publicó un volante en el que se oponía a las victimizaciones y criticaba las desafortunadas tácticas elegidas por los grupos ultraizquierdistas. En línea con una política que la YSA había adoptado en una reunión de su Comité Nacional en 1974, el volante sostenía que los fascistas no tenían derecho a hablar en la universidad.

Este incidente en San Francisco provocó una reconsideración por parte de la dirección de la YSA sobre si en realidad era acertado el oponerse a los derechos democráticos de los fascistas. Descubrieron que el SWP, junto con los líderes bolcheviques V.I. Lenin y León Trotski, desde hace mucho tiempo sostenían que las reivindicaciones que buscan negar el derecho a la libertad de expresión socavan la defensa de los derechos democráticos cuando llega la hora de enfrentar los ataques fascistas.

En el proceso de reevaluar la postura de la YSA sobre este punto, algunos líderes de la YSA propusieron sostener una conversación al respecto con Farrell Dobbs y otros líderes del partido. El resultado fue el fragmento de la discusión que presentamos a continuación. La transcripción completa de ese intercambio, junto con otros documentos, puede encontrarse en el boletín de Educación para Socialistas (en inglés) La contra-movilización: Una estrategia para combatir los ataques racistas y fascistas.

Publicamos estos extractos para la información de nuestros lectores. Entre ellos las palabras de Dobbs para iniciar la discusión en 1975, una contribución al debate por el líder del SWP George Novack, y el resumen final de Dobbs. Debido a la extensión de estos materiales, los publicamos en tres partes, la primera a continuación. La traducción y las fotos son de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

*

Una estrategia para combatir los ataques racistas y fascistas (Primera Parte)

(Esta es la primera de tres partes. Las demás pueden encontrarse en la Parte II y la Parte III.)

Farrell Dobbs

Farrell Dobbs: Creo que deberíamos empezar por abstraernos por el momento de la situación inmediata y analizar la lucha contra el fascismo en un sentido más amplio y fundamental. En el proceso de esa discusión más amplia, abordaremos el problema inmediato. Nos conviene dedicar un poco de tiempo a analizar los aspectos más amplios, generales y básicos de la lucha contra el fascismo. Me refiero a los conceptos estratégicos de esa lucha y de algunos lineamientos generales sobre las tácticas que surgen de estos conceptos.

Fundamentalmente, ¿a qué te estás enfrentando? Los buenos generales siempre son muy cuidadosos en tratar de percibir con la mayor precisión posible cuál es la situación del bando contrario y cómo el enemigo evalúa la situación. Siempre es muy importante que los líderes de una fuerza de combate — que de eso estamos hablando ahora, de una fuerza de combate — sepan cómo prepararse para el combate y también cómo no entrar en combate de forma imprudente y precipitada.

¿Cuál es la táctica de la clase dominante? ¿Cómo procede la clase dominante cuando se prepara para utilizar el fascismo? Lo que quieren en ese momento es abandonar la forma existente del gobierno burgués y virar hacia una despiadada dictadura fascista. El objetivo es aplastar las organizaciones y la capacidad de combate de la clase trabajadora, el principal opositor de la clase capitalista.

En un país dado, en el momento concreto en que la burguesía abra ese capítulo, existirán, a un grado u otro, los derechos democráticos. Nuestra situación es una en la que en los libros de leyes hay un cuerpo bastante extenso de derechos democráticos formales que las masas han podido ganar durante la historia de la lucha de clases en Estados Unidos. El enfoque de la clase dominante es empezar a imponer un deterioro de esos derechos.

Su táctica es proteger los derechos de los fascistas mientras al mismo tiempo usan a las fuerzas fascistas para intentar impedir que otros ejerzan esos derechos. Una de las fuerzas que usan para poder implementarlo es el instrumento represivo más malévolo del gobierno capitalista: las fuerzas policiales. La estructura de la policía tiene un carácter que la convierte en un caldo de cultivo para fascistas.

No solo tienen un ejército de policías capitalistas que reprime a quien se oponga al capitalismo, sino que también es un terreno de reclutamiento propicio para el fascismo mismo. No solo hay policías implementando órdenes de la clase dominante para ayudar a los fascistas. Tienes una policía que está infiltrada de fascistas. En este país, en este momento, aún no está completamente infiltrada, pero allí se encuentran muchos reaccionarios y racistas.

Entre más se profundizan y se agudizan las líneas de confrontación, más tienden las formaciones fascistas a atraer a seguidores en el departamento de la policía. Es algo importante que tener en cuenta. Poniendo a un lado que la policía no es neutral en la lucha de clases, pero sí es neutral del lado de los capitalistas, a lo que te enfrentas es a una formación que tiene muchos elementos de mentalidad fascista.

La posición de la policía

La posición de la policía es que por un lado defiende formalmente el ejercicio de los derechos democráticos de los fascistas, pero “no ve” las violaciones de los derechos democráticos de las víctimas de los fascistas. Mientras tanto, la policía va a aprovechar al máximo cualquier violación de la ley democrático-burguesa que puedan cometer los antifascistas. En cualquier tipo de confrontación entre las fuerzas antifascistas y las fascistas, la posición básica de la policía es proteger a los fascistas de cualquier manera posible y apoyar la victimización de los antifascistas.

La policía lanza gases lacrimógenos contra camioneros en huelga en Minneapolis, Minnesota, en 1934.

Cualquiera que pretenda desarrollar una estrategia y moldear tácticas para luchar contra el fascismo que no empiece por entender qué método va a usar el enemigo, puede caer en todo tipo de trampas. Estos errores perjudican a los antifascistas y ayudan a las fuerzas fascistas. También hacen las cosas más fáciles para los instrumentos represivos de la estructura gobernante que solapan a los fascistas.

Seamos un poco más específicos sobre algunos de los problemas que surgen si no entendemos la naturaleza de esta confrontación. Tomemos la demanda que algunos hacen pidiendo que el gobierno les prohíba hablar a los fascistas. Esto implica que las masas pueden confiar en que el gobierno las proteja de los fascistas. Pero eso es solo una parte del aspecto negativo de esta demanda.

Cualquiera con un mínimo de percepción puede ver inmediatamente que si confías en que el gobierno proteja a las víctimas de los fascistas, estás sembrando ilusiones sobre la disposición que pueda tener el gobierno para defender el ejercicio de los derechos democráticos que están incorporados en la constitución burguesa. Pero no podemos confiar en absoluto en que el régimen capitalista haga ese trabajo.

En el momento en que dices que el gobierno debería detener una reunión, tienes que atenerte a lo que sigue. A menos que seas lo suficientemente ingenuo como para creer que el gobierno va a actuar, aún queda la pregunta: ¿qué vas a hacer cuando el gobierno no actúe?

La lógica implícita es esta: no importa la situación ni la etapa de desarrollo, este enfoque significa que tu objetivo es impedir que los fascistas hablen. ¿Y qué tipo de problemas puede causar esa postura?

Supongamos por el momento que es posible montar, en la situación concreta, una acción que sea lo suficiente para limitar o suprimir el discurso fascista.

Ahora bien, es posible que se pueda aplicar la presión suficiente como para que las fuerzas gubernamentales hagan alguna cosita para limitar los derechos democráticos de los fascistas. Entonces simplemente llegas a una nueva etapa del problema. Los capitalistas siempre están buscando la manera de infringir los derechos democráticos formales de los antifascistas. Cualquier cosita que el gobierno haga para interferir con el ejercicio de los derechos democráticos de los fascistas, también harán lo mismo con la izquierda, con los antifascistas.

El juramento de lealtad de Roosevelt

En la sección de Política Teamsters que brega con las huelgas de la WPA[1], hablé del juramento de lealtad que Roosevelt les impuso a los trabajadores de la WPA para reducir la nómina. Como siempre ocurre en estos casos, el juramento le prohibía participar al Bund Germanoamericano[2] y a todas las organizaciones comunistas. Siempre golpean a la izquierda cuando golpean a la derecha.

Caravana de tres millas desde Minneapolis, Minnesota, hasta el capitolio estatal en St. Paul el 2 de junio de 1939, organizada por la Sección de Empleos Federales del sindicato de camioneros de Minneapolis. La caravana formó parte de las protestas nacionales contra casi medio millón de despidos de los programas de la Administración de Obras para el Progreso (WPA) para los desempleados. En julio de 1939, estas acciones desembocaron en una huelga nacional de aproximadamente medio millón de trabajadores de la WPA.

Luego tienden a aplicar cada vez menos la prohibición contra la derecha. Cuanto más intensa se vuelve la lucha, más inclinados estarán a usar su aparente neutralidad en la lucha de clases como tapadera para prestarle cada vez menos atención a lo que hacen los fascistas. El gobierno les va a permitir que hagan lo que les dé la gana, mientras aplican su autoridad cada vez más para limitar los derechos de la izquierda.

Así, incluso si el gobierno hace algo que de casualidad limite los derechos de los fascistas, lo único que ocurre en última instancia es que los gobernantes obtienen un nuevo pretexto para atacar a las fuerzas anticapitalistas. Dirán piadosamente que están actuando de manera perfectamente justa contra los “extremistas” de ambos bandos de la controversia.

Así, si le exiges al gobierno que suprima los derechos formales de los fascistas, te estás creando todo un nuevo conjunto de problemas tácticos. El gobierno no hace nada que realmente detenga el ataque de los fascistas, así que sigues bregando con el problema esencial de luchar contra los fascistas. Sin embargo, ahora tienes el problema adicional de luchar por defender algunos de tus propios derechos ante las nuevas restricciones que el Estado democrático-burgués supuestamente ha adoptado contra los fascistas. Como le dijo Napoleón a uno de sus generales, otra victoria como esa y estaremos de vuelta en París.

¿Por qué es incorrecto exigir que se les impida hablar a los fascistas?

Esa táctica de exigir que se les impida hablar a los fascistas te pone en desventaja de otras maneras. Aquí pueden convertirse en un problema dos categorías de la población en general.

Hay personas en la sociedad capitalista que ven las libertades civiles como su profesión. No sólo creen en la Carta de Derechos, sino que creen en ella como si fuera una especie de objeto místico que se sitúa por encima de las realidades de la lucha de clases. Se alza ante sus ojos como una causa primera sin causa, tan alejada y tan inmaculada por todas las confusiones y los conflictos de la sociedad de clases como Dios lo está de las realidades de la vida terrenal.

Si exiges que el gobierno suprima la libertad de expresión de los fascistas o declaras que tu intención es suprimirla, automáticamente pones a los defensores de las libertades civiles en el otro bando. Eso no va a cambiar aunque tus verdaderos objetivos en la lucha sean defender tus derechos democráticos contra los fascistas. Te creas un nuevo problema táctico.

Para poner otro ejemplo, ¿no es cierto que si luchas en un campus para apoyar la demanda de que los fascistas no puedan hablar, también impides que se eleve la conciencia de los mismos estudiantes a los que intentas convencer? Parte del proceso de radicalización es que no quieren que nadie les diga a quién escuchar o qué pensar.

Si insistes en que los fascistas no pueden hablar, corres el riesgo de antagonizar a los estudiantes. Corres el riesgo de convertirlos — no en el último análisis sino en un sentido formal en ese momento dado — en aliados de los fascistas. Se están radicalizando y a menudo es posible reclutarlos al movimiento revolucionario, pero en cambio terminan sintiéndose arrinconados hacia una posición que los deja muy confundidos. Terminas creando otro problema táctico para ti mismo.

Lo que implica el tener confianza en que el gobierno tenga la capacidad de oponerse a los fascistas y de proteger los derechos democráticos es solo el error más evidente cuando uno exige impedir que los fascistas hablen. Se crean problemas que hacen más difícil movilizar una oposición masiva que sea cada vez más amplia.

Entonces, ¿cómo deberíamos abordar el problema? Permítanme referirme aquí a la manera en que abordamos la organización de la guardia para la defensa del Sindicato en Minneapolis en 1938. No dijimos ni una palabra sobre privar a los fascistas de su derecho a la libertad de expresión. No le dijimos ni una palabra a las autoridades estatales ni federales pidiéndoles que hicieran algo para impedir que los fascistas hablaran.

Nuestras intervenciones se enfocaron en explicarles a los trabajadores por qué no podían confiar en ninguna rama del aparato estatal para protegerse de los fascistas, y por qué para hacerlo debían confiar únicamente en ellos mismos. Fue con esos lineamientos que nos propusimos educar a los miembros del Local 544 y al resto del movimiento sindical.

¿Cómo organizó la guardia la defensa del Sindicato? ¿Dijimos que no vamos a dejar que hablen los fascistas y que si se reúnen, vamos a disolver su reunión? No. No fuimos nosotros quienes dijimos eso. Fue el organizador de las Camisas de Plata. Lo dijo en un comunicado citado en la prensa de St. Paul la mañana después de colarse a St. Paul para celebrar una reunión, protegidos por la policía. Tenían miedo de celebrar una reunión en Minneapolis. Lo que dijo fue que los líderes del 544 dicen que no podemos tener una reunión en Minneapolis.

Eso fue lo que dijo. Lo que nosotros dijimos fue que estamos organizando una guardia de defensa sindical, y la guardia va a comportarse de tal manera que les va a quedar bien claro a los fascistas que no pueden operar en Minneapolis sin presentar batalla. Simplemente eliminamos todo ese asunto de la libertad de expresión porque eso no venía al caso.

No se trata de si uno está a favor o en contra de la libertad de expresión para los fascistas. Esas personas no están tratando de difundir una idea ni de convencer a alguien de una nueva manera de pensar en el ámbito académico. Se están organizando para cometer actos de violencia contra otros con el fin de destruir los derechos fundamentales de los trabajadores. Quieren convertir a los trabajadores en víctimas de una nueva y aún peor forma de este sistema capitalista en decadencia. Y eso no es una cuestión académica.


(Esta fue la primera de tres partes. El resto de los comentarios iniciales de Dobbs puede encontrarse en la Parte II. La Parte III incluye una contribución a la discusión por George Novack y los comentarios finales de Dobbs.)


NOTAS

[1] La Administración de Obras para el Progreso (WPA, por sus siglas en inglés) fue un programa para crear empleo y construir infraestructura creado en 1935 durante la Gran Depresión por el presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt. A lo largo de sus ocho años de existencia, la WPA empleó a aproximadamente 8,5 millones de personas para trabajar en la construcción de escuelas, hospitales, carreteras y otras obras públicas. La WPA también empleó a decenas de miles de actores, músicos, escritores y otros artistas en proyectos culturales.

[2] El Bund Germanoamericano, fundado en 1936, fue una organización pro-fascista organizada para promover una visión favorable de la Alemania nazi. Su membresía estaba restringida a ciudadanos estadounidenses de ascendencia alemana. Fue disuelta con la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial en 1941.


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