Historia de Estados Unidos

Estrategia y tácticas en la lucha contra los ataques racistas y fascistas (III)



La siguiente es la última de tres partes de segmentos escogidos de una discusión entre socialistas que ocurrió el 6 de mayo de 1975 sobre la estrategia y las tácticas en la lucha contra el fascismo. Fue liderada por Farrell Dobbs. Las palabras iniciales de Dobbs en esa discusión se publicaron en la Parte I y la Parte II.

Dobbs fue líder de las huelgas de camioneros en Minneapolis en 1934, organizador de la campaña por sindicalizar a los camioneros en todo el Medio Oeste, y participó en las labores de socialistas por concretar un ala izquierda en el sindicato de los Teamsters. Fue secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP, por sus siglas en inglés) desde 1953 hasta 1972, y fue candidato del partido a la presidencia en 1948, 1952, 1956 y 1960.

La introducción completa de esta serie de tres partes puede encontrarse en la Primera parte.

Los extractos a continuación, publicados para información de nuestros lectores, incluyen una contribución a la discusión del líder socialista George Novack y el resumen final de Dobbs.

— Los editores de Panorama-Mundial

*

Una estrategia para combatir los ataques racistas y fascistas (Tercera Parte)

(Esta fue la última de tres partes. Los otras pueden encontrarse en la Primera parte y la Segunda parte.)

George Novack en 1949

George Novack: La posición básica del partido sobre esta cuestión se formuló en una resolución sobre la cacería de brujas capitalista adoptada en el Pleno de febrero de 1950 del Comité Nacional del SWP…. [Véase la publicación en inglés Education for Socialists [Educación para Socialistas], La lucha contra el fascismo en Estados Unidos.]

Acerca de la cuestión que se planteó sobre cómo responder cuando alguien nos pregunta si los racistas o los fascistas tienen derecho a hablar en el campus, mi opinión es que esta cuestión debe ser invertida. Nuestra preocupación como socialistas y antirracistas en este caso no es si este individuo o aquel individuo tiene derecho a hablar.

Nuestra preocupación es el abuso de este derecho por parte de fascistas y racistas para racionalizar y fomentar la eliminación de los derechos de las masas negras, el abuso de este derecho para incitar a la violencia contra los negros en Boston o en otros lugares. Pongamos la pregunta en un marco adecuado y sobre el eje correcto. Este problema debe verse a la luz de nuestras tareas a largo plazo.

Hay tres grandes escenarios de lucha social en este país: las fábricas, las comunidades de las nacionalidades oprimidas y las minorías nacionales, y los campus. La Alianza de la Juventud Socialista, como organización estudiantil, enfoca su atención en los campus. Hay diez millones de estudiantes universitarios y cientos de miles de profesores en un país que pudiera ser la república democrática más antigua del mundo.

La gente en este país es muy sensible con respecto a sus derechos democráticos, y conforme crecen sus expectativas son cada vez más sensibles. Por eso pueden reaccionar a los ataques contra nuestros derechos. No podemos ponernos en la posición de defender la anulación de los derechos democráticos de nadie en particular.

Este país está dividido en clases, y las clases compiten entre sí. En esta contienda, contrarrestamos la reunión de los fascistas o los racistas en un campus reivindicando una movilización en su contra. Aquí lo que tenemos es que se contraponen los derechos democráticos de dos bandos. Las fuerzas en conflicto apelan a los mismos derechos democráticos, codificados en la misma constitución democrático-burguesa.

Ese es el terreno sobre el que se define inicialmente y formalmente el conflicto. Ahí es donde salen a relucir las realidades concretas de la lucha de clases, que a veces conducen a combates físicos. Si eso ocurre, todo forma parte de la lucha. No nos gustan las aventuras ni las fomentamos. Simplemente, cuando fuerzas opuestas se enfrentan, a veces se produce una pelea. Eso forma parte del proceso por el cual se determina la relación de fuerzas en un campus, en una ciudad, y en la nación.

Sin duda queremos ponernos en una posición donde la relación de fuerzas cambie a favor de nuestra clase y sus aliados. Queremos que los fascistas, los racistas y los sexistas se sientan intimidados y tengan miedo de hacer su trabajo sucio. Pero no queremos que eso se convierta en restricciones a los derechos democráticos, porque eso le puede imponer restricciones a nuestra abogacía o a la de cualquier fuerza progresista. Haremos lo que tenemos que hacer sin entregarnos a peroratas contra los derechos democráticos de nadie….

Resumen de la discusión por Farrell Dobbs

Farrell Dobbs

Farrell Dobbs: Un punto específicamente sobre el derecho a la libertad de expresión. No luchamos por la libertad de expresión para los nazis. Defendemos el derecho a la libertad de expresión contra los fascistas y contra el gobierno, y no queremos entregarles instrumentos para suprimir nuestra libertad de expresión.

No defendemos la libertad de expresión para los nazis como lo hacen los profesionales de las libertades civiles. No lo vemos como un concepto que se eleva por encima de las leyes de la lucha de clases.

Nuestro objetivo es aplastar a los fascistas. Ese objetivo está dictado por su naturaleza y los métodos que usan contra nuestra clase. Los defensores de las libertades civiles pueden soñar que este conflicto se resuelva mediante intercambios educados de opiniones. La lucha contra el fascismo no se va a resolver así. O bien los trabajadores aplastan a los fascistas, o los fascistas van a aplastar a los trabajadores.

Nos oponemos a que el gobierno intente imponerle restricciones a los nazis, porque ellos recurren a esas restricciones contra nuestra clase y sus aliados. Nos opusimos al gobierno de la ciudad de Nueva York en 1961, cuando intentó impedir que Rockwell, el líder nazi norteamericano, hablara en Union Square. [Véase el documento en inglés La lucha contra el fascismo en Estados Unidos].

George Lincoln Rockwell (centro), flanqueado por otros dos miembros del Partido Nazi norteamericano, escucha el discurso de Malcolm X durante una reunión cumbre de la Nación del Islam en 1961.

Si hubiéramos guardado silencio o apoyado la acción del gobierno en ese caso, estaríamos ayudando al gobierno a sentar un precedente para usar contra las siguientes cuatro o cinco acciones por los derechos civiles o por la paz. Por las mismas consideraciones no hacemos discursos oponiéndonos a la libertad de expresión de nadie. Pero no nos hacemos las ilusiones de que la lucha contra los grupos fascistas va a resolverse mediante la libre expresión.

Es una propuesta táctica fríamente calculada. Ya mucha gente se ha unido a nuestro grupo, y espero que un número infinito se sume todavía. Como personas mayoritariamente nacidas y criadas en Estados Unidos, gravitarán hacia nosotros con todos los hábitos mentales del pragmatismo estadounidense y de la lógica formal. Podrían pensar que, como el SWP no pide que se reprima la libertad de expresión en el caso de los fascistas, el SWP aboga por el derecho de los fascistas a expresarse.

Comenzamos con los derechos de nuestra clase y sus aliados

No. Lo que nos preocupa son los derechos de nuestra clase y sus aliados. Es propio en la naturaleza de las cosas que nuestros derechos y los derechos del movimiento obrero y del movimiento negro choquen con los supuestos derechos de los fascistas — porque los fascistas ven sus derechos como una licencia para matar, una licencia para aplastar al movimiento obrero.

En segundo lugar, cuando uno habla sobre la lucha contra el fascismo, uno se refiere al combate. El objetivo de la clase dominante al intentar construir un movimiento fascista es preparar, junto a las instituciones del gobierno parlamentario, fuerzas extraparlamentarias para aplastar a la clase trabajadora y sus aliados y sentar las bases para que el capitalismo imponga una forma muy brutal de dictadura. Entre ahora y el momento en que llegue ese enfrentamiento — y va a llegar, eso es una ley histórica — la clase dominante recurrirá a todos los medios posibles, incluso la violencia más sangrienta, para perpetuar su poder y sus privilegios.

La clase dominante siempre llega al punto donde busca pasar de la democracia burguesa al fascismo por etapas intermedias, como el bonapartismo[1] o la dictadura militar.

El 20 de febrero de 1939 la policía a caballo de Nueva York protege a una manifestación nazi de cerca de 20 mil personas en el Madison Square Garden de unos 50 mil contra-manifestantes que respondieron al llamado de movilizarse contra los fascistas frente al coliseo de ese nombre. (Foto: Murray Becker / AP)

Todo el periodo que transcurra desde ahora y ese entonces va a ser uno de movilizaciones y contra-movilizaciones que conduzcan al enfrentamiento final. Visto desde esa perspectiva, el movilizar nuestras fuerzas para la autodefensa en contra de los ataques extraparlamentarios de los fascistas puede verse como un paso en un proceso que lleve a la formación, en cierta etapa, de un ejército obrero como el que los bolcheviques forjaron en Rusia tras llegar al poder.

Lo que se avizora en la fase preliminar es que la clase dominante va a intentar movilizar a las primeras fuerzas fascistas. La vanguardia revolucionaria consciente tiene la tarea de movilizar a las fuerzas que puedan impedir que los fascistas impongan su dictadura en el momento clave. Esa crisis va a ocurrir más tarde, cuando estemos en una etapa más avanzada e intensa de la lucha, cuando la crisis capitalista se ha vuelto mucho más profunda que hoy.

Si empiezas intentando reunir apresuradamente una fuerza de vanguardia para aplastar el fascismo en el huevo, le estás haciendo el juego a los fascistas. Estás perdiendo terreno en la movilización de la clase que verdaderamente puede acabar con el fascismo, y como resultado los fascistas están ganando terreno. Ese es el problema en el que cayeron los ultraizquierdistas en San Francisco.

El alcalde Frank Hague de Jersey City, Nueva Jersey, en 1937. Lideró un régimen dictatorial contra el movimiento obrero.

Con una nueva ola de la actual radicalización, seremos testigos del inicio de un proceso que en los años treinta fue caracterizado por la aparición de una diversidad de fenómenos. Por un lado estaba el German American Bund o los Silver Shirts [las Camisas de Plata], equivalentes en aquel momento al Klan y a los nazis.

Por otro lado teníamos a Coughlin. Él era una criatura algo distinta. Frank Hague, el alcalde de Jersey City, también era una criatura diferente. Estudien este aspecto de ese periodo, con todas sus sutilezas.[2]

La clase dominante vivía aterrorizada ante la posibilidad de ver una explosión revolucionaria hasta que Roosevelt, los estalinistas, los socialdemócratas y los sindicalistas domesticados de la vieja línea como Tobin[3] lograron bloquear la radicalización política de la clase obrera. No fue casualidad que los primeros brotes de un incipiente proceso fascista comenzaron a principios de los años 30. Pelley fundó los Silver Shirts en 1932.

La polarización de la derecha a finales de los años 30

Tampoco fue casualidad que la polarización de la derecha comenzara a tomar una forma más seria cuando a finales de los años 30 parecía que la radicalización sindical se había estancado. La confusión surgió cuando la clase trabajadora fue incapaz de responder de forma independiente a la nueva depresión de 1937 a 1938. No fue una pequeña contracción económica, sino una recesión muy severa.

En esas circunstancias, Coughlin y Hague, los fascistas serios, pudieron encajar en una escena política confusa como resultado de la crisis del liderazgo de la clase obrera. El peligro fascista no se extinguió por nada de lo que haya hecho el liderazgo sindical, sino sólo cuando la trayectoria de la clase dominante la llevó a entrar en la Segunda Guerra Mundial. Entonces todas las reglas cambiaron.

¿Qué ha pasado desde entonces? Lo que tuvo lugar fue un largo periodo de guerra fría y una cacería de brujas, con estabilidad económica y con un freno en lucha de clases. Las cosas empezaron a cambiar con el viraje de la lucha negra en los años 50, la radicalización estudiantil, las luchas por los derechos de las mujeres y el movimiento contra la guerra. Con la nueva depresión económica y el inicio de una nueva manera de pensar en la clase obrera, se están viendo nuevos signos de un fascismo incipiente, interrelacionados con las acciones represivas del gobierno.

El padre Coughlin el 1 de enero de 1930, una de las figuras del fascismo incipiente en Estados Unidos en la década de 1930.

Vamos a ver más figuras como Hague y Coughlin — de forma diferente, con vestimenta distinta, pero de un tipo comparable. Recuerden, ahora tenemos a una clase dominante más desesperada que tuvo que salir de Saigón a toda prisa. Los imperialistas salieron corriendo con la cola entre las piernas, igual que los agentes especiales abandonaron el mercado durante la huelga de Minneapolis en 1934….

Como decía, tenemos que ver el próximo periodo como un periodo de movilización de las fuerzas fascistas y de contra-movilización de las fuerzas de la clase obrera. Ese es el contexto en el que desarrollamos nuestras tácticas. Alguien que empiece con el concepto de que es posible derrotar al enemigo sin una batalla importante está cometiendo un gran error.

Va a haber una batalla, un enfrentamiento directo con cualquier fuerza que la clase capitalista pueda reunir para perpetuar su dominio. No vayas a salir con una escuadra de cabos pensando que, si derrotas a unos cuantos exploradores del otro bando, el verdadero ejército del enemigo va a cortar y huir y no va a presentarse al campo de batalla. Tienes que enfrentarte a ellos de poder a poder.

Tácticamente, tus acciones tienen que estar bien calculadas para ayudar a movilizar a los trabajadores y a sus aliados y obstaculizar la movilización de los fascistas. Los fascistas intentan hacer lo mismo. Intentan desarrollar un sistema de tácticas que facilite la movilización de las fuerzas fascistas y bloquee la movilización de nuestras fuerzas. Miren la línea que están tomando en [la universidad] San Francisco State. Debido a este error de los ultraizquierdistas, son capaces de engañar a mucha gente que sería materia prima para las fuerzas antifascistas.

Esto no es un juego para bobos. Esto es para jugarse todas las canicas. La pregunta es: ¿va a haber una revolución proletaria victoriosa o va a haber fascismo en el poder? Las fuerzas conscientes de ambos bandos saben que el juego es en serio.

Los grupos ultraizquierdistas no saben qué hora es

Es importante tener en cuenta todo esto en nuestras discusiones, inculcar estas lecciones a nuestros cuadros y, a través de ellos, al movimiento de masas. No tienen nada de malo los instintos de la mayoría de estos jóvenes ultraizquierdistas. El instinto está en línea con la tarea, es decir, la destrucción de las fuerzas fascistas. El problema es que simplemente no saben qué hora es.

Me recuerdan a los niños de primaria. Un número incalculable de ojos amoratados y dientes rotos porque los jovencitos no saben cómo pelear de forma inteligente. Entran corriendo moviendo los brazos como un molino de viento. Eso es lo que hacen estas personas. Pero hay mucho más en juego en esta pelea que en una pelea en el patio de la escuela.

Intentaremos educar a todos los que podamos, pero eso no es lo más importante. Lo más importante es educar a un creciente ejército de antifascistas. La cuestión que está en juego para todo luchador es: ¿Cuándo llegue la de a deveras, vas a estar preparado? Y va a llegar.

(Esta fue la última de tres partes. Los otras pueden encontrarse en la Primera parte y la Segunda parte.)


NOTAS

[1] Para una explicación histórica del bonapartismo y su reciente manifestación en la política estadounidense, véase el artículo de Panorama-Mundial titulado ¿Qué es lo que el asalto del 6 de enero de 2021 al Congreso de Estados Unidos pone en evidencia?

[2] Para más información sobre el padre Coughlin, el alcalde Frank Hague y el senador estadounidense Joseph McCarthy, vea el documento en inglés ¿Qué es el fascismo estadounidense? Escritos sobre el padre Coughlin, el alcalde Frank Hague y el senador Joseph McCarthy por James P. Cannon y Joseph Hansen. Este boletín analiza el movimiento de Justicia Social de Coughlin, el régimen dictatorial anti-obrero de Frank Hague en Jersey City, Nueva Jersey, y la cruzada anticomunista del senador Joseph R. McCarthy, señalándolas como los primeros ejemplos de un fascismo incipiente en Estados Unidos.

[3] Daniel J. Tobin (1875-1955) fue un líder sindical irlandés-estadounidense que ocupó el cargo de presidente del sindicato Teamsters durante 45 años, desde 1907 hasta 1952.


Para lectura adicional:

La serie Teamster (4 tomos)

Las huelgas de los camioneros en 1934 que impulsaron el movimiento sindical industrial en Minneapolis y ayudaron a allanar el camino para el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) quedaron relatadas en cuatro tomos por Farrell Dobbs, un líder central de esa batalla.

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