La masiva resistencia al intento de la administración Trump de aterrorizar a inmigrantes y a otros trabajadores en Minnesota puso de manifiesto cuestiones estratégicas y tácticas en la lucha por defender los derechos democráticos, y le aplicó los frenos al avance de Trump hacia el gobierno de un solo hombre.
Con la intención de aprovechar lo que podemos aprender de la historia de la clase trabajadora, para así propiciar decisiones más consideradas y disciplinadas en las luchas de hoy, Panorama-Mundial publicó la serie de tres partes Estrategia y tácticas en la lucha contra los ataques racistas y fascistas.
Como seguimiento, publicamos los materiales que siguen tomados del boletín Education for Socialists del número titulado The Fight Against Fascism in the USA [La lucha contra el fascismo en EEUU]. Los documentos son de la tercera sección del boletín, titulada “Protestas contra el Partido Nazi Americano”. Incluyen una breve introducción, una carta de 1960 que James P. Cannon le escribió a Tom Kerry[1] cuando ambos eran líderes del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP por sus siglas en inglés); dos puntos relacionados tomados del periódico Militant; y una carta de 1961 que Joseph Hansen — en ese momento el editor del Militant — le escribió a Larry Trainor.
Publicamos estos materiales para la información de nuestros lectores. Los titulares y el texto que siguen son del original. Las fotos y las notas son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Protestas contra el Partido Nazi Americano
Con el declive del macartismo,[2] los grupos fascistas y de un fascismo incipiente fueron relegados por el momento a la periferia lunática de la política estadounidense, aunque ocasionalmente acapararon titulares por participar en luchas contra la integración racial de las escuelas en el Sur.
Uno de los grupos fascistas más exóticos de este periodo fue el Partido Nazi Americano, fundado en 1956 por George Lincoln Rockwell, un exoficial del ejército. Identificándose abiertamente con Hitler y el movimiento fascista alemán, ni siquiera los sectores más reaccionarios de las masas estadounidenses le brindaron a Rockwell su apoyo. Rockwell intentó ganarse un poco de publicidad apareciendo en varios eventos públicos en 1960 y 1961. El resultado fue una serie de protestas que el SWP [Socialist Workers Party] apoyó y ayudó a impulsar.
La experiencia del macartismo y la repugnancia generalizada que suscitaban las políticas antidemocráticas del estalinismo[3] llevaron al SWP a oponerse más enfáticamente a las restricciones oficiales a los derechos legales de los nazis. Esas restricciones solo podían ampliar el arsenal represivo del gobierno contra los disidentes antifascistas y de la clase trabajadora. Para actuar eficazmente contra el fascismo la táctica clave seguía siendo organizar frentes unidos y la acción de masas.
Los materiales a continuación tienen que ver con dos incidentes. La carta de James P. Cannon y los dos artículos del Militant a continuación bregan con el intento de Rockwell de organizar una manifestación en el parque Union Square en Nueva York el 4 de julio de 1960 y las acciones judiciales a las que dieron lugar.
La carta de Joseph Hansen a Larry Trainor se refiere a una manifestación antifascista en Boston el 16 de diciembre de 1960. Trainor fue líder y activista del SWP durante 40 años hasta su muerte en 1975.
Rockwell fue asesinado en 1967 por el líder de una escisión de su grupo nazi.
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Carta de James P. Cannon a Tom Kerry, 23 de junio de 1960
Querido Tom,
Anoche supe por radio y televisión que el alcalde [Robert] Wagner le negó al risible grupo “nazi” americano un permiso para celebrar una reunión en Union Square; y que dijo que la gente “los sacaría de la ciudad a pedradas”. Después, el reportaje de televisión mostró la escena frente al tribunal donde trataron de acosar al líder nazi americano. Me inquieta este pequeño y peculiar episodio y me pregunto con cierta ansiedad hasta qué punto, si del todo, estuvimos involucrados en él y cómo el periódico [el Militante] va a bregar con lo ocurrido en su reportaje.
Sin duda fue “una victoria famosa”. ¿Pero una victoria para qué y para quién? Desde luego que no fue una victoria para el derecho a la libertad de expresión y de reunión, garantizado por la Carta de Derechos, con la que estamos firmemente, y espero que sinceramente, comprometidos. Para nosotros, supongo, bajo cualquier condición razonablemente normal, la libertad de expresión es un principio — no solo antes de la revolución sino también después, cuando se estabiliza el gobierno obrero. Pero la libertad de expresión también es una necesidad práctica para nosotros, de especial importancia cuando luchamos como una pequeña minoría por el derecho a ser escuchados.
Desde luego que la decisión del alcalde Wagner no hace nada por sostener este derecho. Establece un precedente peligroso. Las razones que dio para negarles sus derechos constitucionales a estos chiflados “nazis” americanos, y el que haya incitado a la violencia contra ellos, son cosas que pueden esgrimir de igual manera y con la misma lógica contra nosotros o contra cualquier otra minoría. Nos veremos muy perjudicados a la hora de luchar contra discriminaciones de este tipo si sancionamos directa o incluso indirectamente este trato hacia los demás. Personas que exigen libertad de expresión y derechos constitucionales para sí mismas pero quieren negárselas a otros no reciben mucha simpatía pública cuando a ellos se les niegan sus derechos.
Eso quedó demostrado de forma bastante convincente por la indiferencia del público y en el movimiento obrero ante la persecución de los estalinistas en el periodo tras el inicio de la Guerra Fría. El historial estalinista de reclamar derechos para sí mismos y negárselos, o intentar negárselos, a sus opositores regresó a morderlos. Le dio a otros una razón, o una excusa, para permanecer al margen o incluso unirse al clamor contra los estalinistas perseguidos, alegando que “la libertad de expresión está muy bien, pero no para los comunistas”.
No creo que estos “nazis” chiflados hayan perdido nada con este fallo en Nueva York. Recibieron mucha publicidad gratuita a nivel nacional, la oportunidad de aparentar ser una minoría perseguida y motivos para pedir fondos y reclutar a adherentes. Si tuvieran una causa que pudiera atraer una semblanza de simpatía popular, se hubieran beneficiado de esta flagrante denegación de sus derechos bajo la Carta de Derechos.
Todo este episodio es obviamente una tormenta en una tetera. Tiene muy poca relación con las realidades sociales y políticas de hoy día en Estados Unidos. Pero hay un significado sintomático y deberíamos reflexionar. El problema, de una forma u otra, surgirá una y otra vez; y no deberíamos salir cada vez con una política improvisada. Tenemos que tener un lineamiento. Desde mi punto de vista, nuestro lineamiento es la libertad de expresión. Tenemos que luchar por ella y convencer a los demás de que lo decimos en serio. Con la verdad de nuestro lado, tenemos mucho que ganar cuando gozamos de la libertad de discutir, y mucho que perder si esa libertad es suprimida.
Es cierto que, a medida que se desarrolle la lucha de clases, tendremos que luchar contra los fascistas, y no solo con palabras. Pero esa no será una lucha para privar a los fascistas de su derecho a hablar y reunirse, sino una lucha defensiva para evitar que interfieran con los derechos de los trabajadores.
Fraternalmente,
s/James P. Cannon
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Wagner le regala a Rockwell una controversia
(reimpresión del editorial del 4 de julio de 1960 del Militant)
George Lincoln Rockwell, el nazi americano que aboga por el método de las cámaras de gas de Hitler para acabar con “la amenaza” de “los judíos y los negros”, anunció el 27 de junio [1960] que cancelaba sus planes de organizar una manifestación en Union Square en Nueva York el 4 de julio. Al mismo tiempo, está presionando a la Unión de las Libertades Civiles de Nueva York para que defienda su derecho a expresarse.
“La Unión de las Libertades Civiles de Nueva York me odia”, se le cita diciendo, “pero tienen un interés importante en proteger mi derecho a expresarme. No pueden darse el lujo de proteger los derechos de comunistas y judíos y mirar para otro lado cuando a mí me niegan mis derechos”.
El alcalde Wagner es el responsable de haberle regalado esta reivindicación al admirador estadounidense de Hitler. En una audiencia judicial el 22 de junio sobre una orden judicial que les prohibía a los funcionarios de la ciudad emitir un permiso para la manifestación de Rockwell, una multitud expresó su oposición a las provocadoras declaraciones de Rockwell de forma tan enérgica que la policía intervino y expulsó al nazi de la ciudad. Aprovechando este incidente como pretexto, Wagner se negó a dar el permiso para la manifestación.
Los grupos que primero se enteraron del plan de Rockwell de organizar una manifestación nazi en Union Square no cuestionaron su derecho a la libertad de expresión. El Comité para Protestar contra la Difamación Racista, por ejemplo, no intentó impedir que Rockwell hablara. La sección local de Nueva York del Partido Socialista de los Trabajadores tampoco cuestionó su derecho a dirigirse a una multitud en Union Square. Lo que propusieron las fuerzas antifascistas fue que todos los interesados en el asunto acudieran a Union Square el 4 de julio y ejercieran también su derecho a la libertad de expresión, expresando su opinión sobre los puntos de vista racistas de Rockwell.
Conrad J. Lynn, representante del Comité para Protestar contra la Difamación Racial, lo expresó así en una carta al Departamento de Parques en la que solicitaba un permiso para un mitin público en Union Square el 4 de julio para responder a los nazis: “Creemos que las ideas malvadas deben poder expresarse siempre que la verdad sea libre para combatirlas”.
The New York Post, tras dar a conocer la manifestación nazi, cerró sus columnas a más noticias hasta que ocurrió el incidente judicial. Luego, en un editorial, defendió una política de silencio hacia los nazis como Rockwell. La lógica de este punto de vista es que los que se oponen a los aspirantes a Hitler en Estados Unidos no deberían ejercer su propio derecho a la libertad de expresión en forma de mítines — ¡ni tampoco deberían discutirlo en la prensa!
Las últimas medidas que se han tomado son declarar ilegales a los nazis estadounidenses y añadirlos a la llamada lista de “subversivos”. El juez del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, Louis L. Friedman, firmó una orden judicial temporal el 28 de junio “restringiendo” al partido y a su comandante “de participar en actividades subversivas en el Estado de Nueva York”, según la prensa. El juez también aceptó una denuncia por alteración del orden público presentada por los veteranos de guerra judíos y firmó una orden de arresto contra Rockwell si regresaba al estado.
En nuestra opinión, medidas como esas están equivocadas por dos motivos. En primer lugar, son vulneraciones del derecho a la libertad de expresión y del derecho a participar en la política. Las violaciones de ese tipo a los derechos de cualquiera, sean quien sean, inevitablemente ponen en entredicho los derechos democráticos de todos. ¿No aprendió eso a costa suya Estados Unidos en los días de las cacerías de brujas del presidente Truman y el senador McCarthy?
En segundo lugar, medidas de ese tipo son ineficaces para contrarrestar las ideas venenosas y racistas de tipos como Rockwell. De hecho, al victimizarlos, eso les ayuda a ganarse simpatía.
Creemos que la forma más eficaz de manejar estas alimañas es mantenerlas a la vista, y enfrentarlas en el foro público y mediante el ejercicio de los derechos democráticos, incluida la libertad de expresión y la libre actividad política, para así derrotarlas antes de que puedan convertirse en una amenaza seria.
El seguir cualquier otro camino es poner en evidencia que no confiamos en los derechos y las instituciones democráticas.
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No es victoria para los nazis
(reimpreso del periódico The Militant del 6 de marzo de 1961)
Por Joseph Hansen
El 14 de febrero [1961], la División de Apelaciones, en una decisión de 4 a 1, dictó un veredicto en Nueva York que fue interpretado por la prensa capitalista como una victoria para George Lincoln Rockwell, líder del partido “American Nazis” y portador de una esvástica. En realidad, los fundamentos jurídicos de la decisión favorecen a los opositores de Rockwell, los defensores de las libertades civiles y los derechos democráticos en Estados Unidos.
El verano pasado, Rockwell solicitó un permiso para celebrar una manifestación en Union Square de Nueva York el 4 de julio. El comisionado Newbold Morris se lo negó, alegando que habría un motín.
La Unión Americana de Libertades Civiles asumió el caso y lo llevó ante el juez del Tribunal Supremo estatal, Henry Epstein. Él respaldó al comisionado.
El juez Charles D. Breitel expresó la opinión mayoritaria de la División de Apelaciones al anular la sentencia de Epstein. Breitel sostuvo que era inconstitucional negarle a cualquier minoría el derecho a expresar su opinión.
“La impopularidad de ciertas opiniones”, dijo el juez Breitel, “su cualidad impactante, el que sean desagradables y hasta su impacto alarmante no son suficientes. De lo contrario, el que predique cualquier doctrina extraña podría ser detenido; el mismo antirracista podría ser reprimido si se compromete a hablar en zonas ‘restringidas’; y quien pida que las escuelas públicas acepten a todos indiscriminadamente podría ser reprimido legalmente, tan solo por decidir hablar donde la persuasión más se necesita”.
El miedo a un “motín” fue la excusa de la administración Wagner para negarle a Rockwell sus derechos democráticos. Señalaron el hecho de que muchos trabajadores neoyorquinos se preparaban para presentarse en Union Square como protesta contra las opiniones de Rockwell.
Pero la organización que inició el movimiento de protesta no le negó a Rockwell el derecho democrático a celebrar la molesta manifestación. Al contrario, reconocieron su derecho de hacerla.
Esa fue la postura adoptada por el Comité para Protestar contra la Difamación Racista, encabezado por el conocido abogado de derechos civiles Conrad J. Lynn, que solicitó un permiso a las autoridades municipales para celebrar un mitin de protesta en Union Square el 4 de julio de 10:00 a 14:00, antes de la manifestación nazi a las 15:00.
El que la ciudad le negara el permiso a Rockwell sentó un precedente peligroso que, a menos que los tribunales lo alteren, sin duda será usado en el futuro contra organizaciones que mantienen puntos de vista diametralmente opuestos a los nazis.
Cuando Rockwell se enteró de la sentencia de la División de Apelaciones, envió inmediatamente un telegrama al comisionado Morris solicitando celebrar un mitin en Union Square a las 10 de la mañana del 1 de mayo. Dijo a la prensa que tenía entre 50 y 60 “soldados” en entrenamiento en Arlington, Virginia, para la manifestación “y que deberíamos tenerlos en plena forma”.
Cuando le preguntaron sobre qué pretendía hablar, respondió: “La cuestión racial y el anticomunismo … la abrumadora participación judía en el comunismo”. Añadió que estaba programando la manifestación para las 10 de la mañana “para que todos esos pequeños judíos que intenten reunirse antes que nosotros tengan que levantarse temprano”.
Es dudoso que Rockwell consiga obtener permiso para una manifestación en Union Square antes del 1 de mayo, ya que la ciudad está apelando ahora ante el Tribunal de Apelaciones del Estado. Sin embargo, la ACLU está preparada para llevar el caso al Tribunal Supremo de EE.UU.
Si la ACLU logra finalmente ganar y Rockwell consigue finalmente un permiso para presentarse en Union Square, no hay duda de que miles de neoyorquinos irán muy temprano para ejercer su propio derecho democrático a protestar contra los provocadores esfuerzos de Rockwell de convertir a Hitler en un ejemplo a seguir para Estados Unidos.
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Carta de Joseph Hansen a Larry Trainor, 6 de febrero de 1961
Boston
Querido Larry:
Sí, recibimos el artículo sobre la manifestación contra los nazis junto con los recortes y copias del folleto que se distribuyeron.
Me pareció que el artículo estaba bien escrito y ofrecía una imagen muy dramática y vívida de lo que ocurrió.
Aparte de su brevedad, la principal diferencia entre el artículo que nos fue enviado y el que publicamos es el lineamiento.
En el Militant consideramos absolutamente necesario indicar cuál es la posición del partido respecto al grupo de Rockwell. Por ejemplo, el artículo que nos fue enviado no indicaba que no nos oponemos al derecho democrático de los nazis a manifestarse. Sin embargo, el [periódico de la universidad] Harvard Crimson informó que “la mayoría de los estudiantes dijeron que sentían que los nazis tenían derecho a hacer un piquete frente al teatro, pero señalaron que su propio piquete era ‘la única forma de protestar contra lo que ellos representan’”.
Consideramos que esa es evidencia muy importante de que esa era también la actitud adoptada por la rama de Boston del SWP. El hecho de que lo haya reportado el Harvard Crimson lo hace aún más impresionante.
Quisiera llamar tu atención sobre algunas diferencias en la manera en que la rama de Nueva York bregó con los manifestantes nazis y en cómo lo hizo la rama de Boston.
En Nueva York, el SWP en ningún momento asumió el liderazgo de la contramanifestación, ni siquiera buscó dirigirla. No se distribuyeron folletos en nombre del SWP. La razón fue que, dado el tamaño del partido, sería una ilusión pensar que podemos tomar directamente el liderazgo de la lucha contra el fascismo. Nuestro papel es instar a las organizaciones de masas a participar en esta lucha.
Intentar eludir a las organizaciones de masas solo puede sembrar ilusiones en nuestras propias filas sobre nuestra verdadera fuerza y nuestro verdadero papel; y en la medida en que así lo perciban miembros de otras organizaciones, podría crear la ilusión de que el SWP se va a encargar del trabajo; que ellos no tienen que preocuparse de hacerlo.
Sí ayudamos a crear un comité que convocó una contramanifestación, y ese comité logró que actuaran algunas organizaciones grandes.
Otro punto de diferencia tiene que ver con la evaluación del grupo de Rockwell. ¿Representa el fascismo incipiente en Estados Unidos? No lo creo. En Estados Unidos los verdaderos fascistas se parecen más al alcalde Hague, al senador McCarthy, posiblemente al senador Goldwater.[4] Puede afirmarse con absoluta seguridad que en ningún caso van a llevar uniformes nazis, ni esvásticas, ni alabarán a Hitler. El imaginarse que el grupito de Rockwell representa el fascismo estadounidense ayuda a crear la ilusión de que los verdaderos fascistas, cuando aparezcan, serán identificables con la misma facilidad y también van a avivar abiertamente las antipatías más violentas (incluso las de los estadounidenses más patriotas).
Finalmente, en todo lo que hacía la rama en Nueva York, subrayábamos que los derechos democráticos de Rockwell no estaban siendo cuestionados. Al contrario. Los contra-manifestantes ejercían igualmente sus derechos democráticos.
Al margen de la cuestión de principios en este asunto, sería un gran error político dejar que nuestros peores enemigos logren ponernos en una situación en la que parezcamos negarle derechos democráticos a otros, sean quienes sean, y reclamarlos solo para nosotros mismos. La consecuencia de cometer ese error sería ponernos en posición de convertirnos en las siguientes víctimas….
Los mejores saludos,
Joseph Hansen
NOTAS
[1] James P. Cannon (1890 – 1974) fue hijo de inmigrantes irlandeses a Estados Unidos con fuertes convicciones socialistas. Él se unió al Partido Socialista en 1908 y a los Industrial Workers of the World (IWW), apodados Wobblies, en 1911. Fue organizador del IWW en todo el medio oeste desde 1912 hasta 1914. Para él, como para muchos socialistas de la época, la revolución rusa de 1917 fue una inspiración, y se convirtió en líder fundador del Partido Comunista de Estados Unidos y miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista en 1922. En 1928, tras su expulsión del Partido Comunista de Estados Unidos, que se había vuelto estalinista, ayudó a fundar y a liderar la Liga Comunista de América, predecesora del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP). En 1938 fue elegido secretario nacional del recién fundado SWP y ocupó ese cargo hasta 1953, y fue el presidente nacional del partido hasta su muerte.
Tom Kerry (1901-1983) fue un líder del SWP y el secretario de organización del partido en los años 60.
[2] El boletín What Is American Fascism? Writings on Father Coughlin, Mayor Frank Hague, and Senator Joseph McCarthy [¿Qué es el fascismo estadounidense? Escritos sobre el padre Coughlin, el alcalde Frank Hague y el senador Joseph McCarthy] escrito por los líderes socialistas James P. Cannon y Joseph Hansen ofrece una descripción concisa del macartismo.
“El macartismo alcanzó su punto álgido durante e inmediatamente después de la guerra de Corea, cuando se esperaba en cualquier momento una Tercera Guerra Mundial. Cuando cesó el enfrentamiento frontal con la Unión Soviética y se extendió el periodo de prosperidad en tiempos de paz, McCarthy perdió apoyo rápidamente y fue abandonado por sus aliados en el Partido Republicano. Fue censurado por el Senado en 1954 y falleció en 1957.
“Atizó un amplio apoyo entre la clase media e incluso la clase trabajadora que acusaba al Departamento de Estado de estar infiltrado por comunistas, de que los ‘comunistas’ en altos cargos habían ‘perdido’ a China deliberadamente, y que la ‘élite’ política de Estados Unidos había traicionado al país con los ‘comunistas’. Al entrar en conflicto con los principales líderes de ambos partidos capitalistas e incluso con el ejército de Estados Unidos, infundiendo terror entre socialistas, militantes sindicales y liberales, el movimiento de McCarthy claramente evidenciaba características fascistas.
“Hoy en día, el término ‘macartismo’ se usa comúnmente para describir todas las formas de la cacería de brujas anticomunista del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como el incipiente desarrollo fascista encabezado por el senador de Wisconsin”.
[3] El estalinismo surgió como la justificación política e ideológica de las políticas de la casta social privilegiada que se consolidó en la Unión Soviética en la década de 1920. En 1917, la clase trabajadora y el campesinado de Rusia llevaron a cabo una de las revoluciones más profundas de la historia mundial. En cuestión de meses, la revolución llevó a un avance sin precedentes en el país, pasando de una monarquía semi-feudal a una república gobernada por trabajadores de la ciudad y del campo, abriendo la posibilidad de iniciar una transformación socialista de la sociedad en el antiguo imperio zarista y en todo el mundo. Pero la nueva república obrera y campesina permaneció aislada internacionalmente cuando se perdieron las oportunidades de extender la revolución en Alemania y en otros países capitalistas avanzados de Europa. Bajo la presión de la hostilidad implacable de las potencias capitalistas, un periodo de reacción comenzó en menos de 10 años. Una casta burocrática privilegiada, liderada por Joseph Stalin, aplastó violentamente la oposición a sus políticas en el Partido Bolchevique, que había liderado la revolución, y expulsó a los trabajadores y campesinos del poder político.
En su libro, La revolución traicionada, el líder bolchevique León Trotski, exiliado por el régimen de Stalin y finalmente asesinado por sus agentes, ofrece la explicación más clara y detallada de cómo y por qué esta capa social burocrática pudo tomar y mantener el poder político en la URSS.
[4] Para más información sobre el padre Coughlin, Frank Hague y Barry Goldwater, véase el boletín en inglés ¿Qué es el fascismo estadounidense? Escritos sobre el padre Coughlin, el alcalde Frank Hague y el senador Joseph McCarthy.
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