El 16 de enero, el presidente de Estados Unidos Donald Trump anunció con arrogancia imperial la creación de una “Junta de Paz”, nombrándose a sí mismo como su presidente, para supervisar la gobernanza en Gaza. Esta junta está compuesta principalmente por altos diplomáticos estadounidenses, entre ellos su yerno, Jared Kushner.
El general de división Jasper Jeffers, comandante de las Operaciones Especiales de Estados Unidos en el Medio Oriente, fue nombrado líder de una “Fuerza Internacional de Estabilización”, cuyo despliegue en Gaza fue autorizado por las Naciones Unidas, para ocupar y desmilitarizar el enclave por varios años para poder reconstruirlo.
“El anuncio del presidente Donald Trump sobre la creación oficial de la Junta de Paz de Gaza no es simplemente una nueva iniciativa diplomática”, señala el periodista palestino israelí Jack Khoury en el artículo publicado a continuación, que apareció por primera vez en la edición del 18 de enero del diario israelí Haaretz. “Es una declaración con un significado mucho más profundo: la restauración de un protectorado internacional — y sobre todo estadounidense — sobre el pueblo palestino”, explica.
“La junta anunciada por Trump, junto con la Junta Ejecutiva y la Junta Ejecutiva de Gaza que la acompañan, no incluye representantes palestinos — ni elegidos, ni nombrados, ni siquiera ‘ampliamente aceptados'”, señala Khoury.
“Setenta y ocho años después de la Nakba[1] y el fin del Mandato Británico,[2] los palestinos se encuentran una vez más viviendo bajo un mandato — esta vez uno estadounidense, envuelto en el lenguaje de ‘paz, reconstrucción y estabilidad'”, escribe Khoury.
Tras dos años de la masacre que Israel ha desatado contra los palestinos en Gaza en respuesta al grotesco ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, más de 71 mil de los aproximadamente 2.1 millones de palestinos han muerto en el enclave, y la mayor parte de Gaza ha quedado reducida a escombros por los incesantes bombardeos israelíes.
Incluso mientras continúan los asesinatos, con cientos más de palestinos muertos debido a los ataques israelíes en curso desde que entró en vigor el actual, frágil alto al fuego el 10 de octubre de 2025, Trump afirma que Gaza forma parte de una creciente lista de guerras que él alega haber terminado.
Además, como señala Khoury, el 17 de enero el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu “expresó objeciones a la identidad de los miembros del Comité Ejecutivo de Gaza [que Trump anunció]. La implicación es clara: hasta que no sean eliminadas las ‘cuestiones de seguridad’ de Israel y ese país permita que el Comité Ejecutivo de Gaza y el comité tecnocrático funcionen con normalidad, podrían pasar semanas o incluso meses — tiempo suficiente para vaciar de contenido cualquier decisión de verdadera importancia”.
Publicamos el artículo a continuación para la información de nuestros lectores. Es una evaluación concisa, franca y precisa de los enormes desafíos a los que se enfrenta hoy el pueblo palestino. El titular, subtítulo, texto y fotos a continuación son del original. La traducción es de Panorama-Mundial.
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Análisis | El mandato Trump: ¿Quién necesita que los palestinos dirijan sus propias vidas en Gaza?
Setenta y ocho años después de la Nakba y el fin del Mandato Británico, y tras generaciones de soñar con la autodeterminación e intentar hacerla realidad, los palestinos enfrentan un nuevo marco de gobernanza estadounidense — sin ningún palestino a bordo
Por Jack Khoury
02:38 AM • 18 de enero de 2026, IST [Hora estándar de Israel]
El anuncio del presidente Donald Trump sobre la creación oficial de la Junta de Paz de Gaza no es simplemente una nueva iniciativa diplomática. Es una declaración con un significado mucho más profundo: la restauración de un protectorado internacional — y sobre todo estadounidense — sobre el pueblo palestino.
Setenta y ocho años después de la Nakba y el fin del Mandato Británico, los palestinos se encuentran una vez más viviendo bajo un mandato — esta vez uno estadounidense, envuelto en el lenguaje de “paz, reconstrucción y estabilidad”.
La junta anunciada por Trump, junto con la Junta Ejecutiva y la Junta Ejecutiva de Gaza que la acompañan, no incluye representantes palestinos — ni elegidos, ni nombrados, ni siquiera “ampliamente aceptados”.
Estos organismos están destinados a establecer políticas, elaborar planes y tomar decisiones con consecuencias muy serias. Aún si algunas de esas decisiones se transmiten formalmente a un comité tecnocrático en Gaza, eso sería simplemente la transmisión de instrucciones. Los miembros de ese comité, aunque sean palestinos de Gaza, no ejercerán ninguna influencia verdadera. Son funcionarios, no los que toman las decisiones. Cualquier intento de desviarse de la línea dictada desde arriba podría resultar en su sustitución inmediata. Así es como funciona un mandato, y así es como funciona un sistema sin soberanía.
En los pasillos de la Autoridad Palestina en Ramala, los funcionarios intentan proyectar que todo funciona normalmente. El presidente Mahmoud Abbas y su círculo — principalmente su adjunto, Hussein al-Sheikh, y el jefe de inteligencia, Majed Faraj — pueden hablar de sus consultas y contactos con Tony Blair y Nikolay Mladenov. La semana pasada se apresuraron incluso a darle la bienvenida a la creación del comité tecnocrático y a elogiar a Trump, aunque comprenden que su propia influencia es marginal. Esta medida se está fraguando sobre sus cabezas, sin ellos, y el presidente estadounidense no los ve como verdaderos socios.
La Junta de la Paz de Trump
La Junta de la Paz
Compuesta por jefes de Estado invitados por Trump. Trump preside la junta, y sus votos y decisiones estarán sujetos a su aprobación. Los mandatos están limitados a tres años y serán renovables con su aprobación, salvo los de países que contribuyan con más de mil millones de dólares en el primer año.
La Junta Ejecutiva
Se encargará de establecer la agenda de la Junta de la Paz.
Entre sus miembros se encuentran Steve Witkoff, Jared Kushner, Marco Rubio, Tony Blair, el empresario Mark Rowan, el presidente del Banco Mundial Ajay Banga y el asesor adjunto de Seguridad Nacional de Estados Unidos Robert Gabriel.
Aryeh Lightstone y Josh Gruenbaum son asesores principales.
Oficina del Alto Representante
La Oficina del Alto Representante estará encabezada por el ex Coordinador Especial de la ONU para el Proceso de Paz en el Medio Oriente, Nickolay Mladenov. La Casa Blanca describió su papel como un “vínculo sobre el terreno entre la Junta de Paz y el Comité Nacional para la Administración de Gaza, o NCAG”.
La Junta Ejecutiva de Gaza
La Junta Ejecutiva de Gaza apoyará a la Oficina del Alto Representante.
Aunque el alcance de su autoridad no está claro, entre sus miembros se encuentra Hakan Fidan, el ministro de Asuntos Exteriores turco; Ali Al-Thawadi, el diplomático catarí; Hassan Rashad, el jefe de espionaje egipcio; Ebrahim al-Hashimy, el ministro emiratí; Sigrid Kaag, la ex enviada para el Medio Oriente ante la ONU; Yakir Gabay, el empresario chipriota-israelí; Marc Rowan; Nickolay Mladneov; Tony Blair; Steve Witkoff; y Jared Kushner.
Comité Nacional para la Administración de Gaza, o NCAG
El Comité Nacional para la Administración de Gaza es un comité tecnocrático formado por palestinos y supervisado por la Oficina del Alto Representante. El Dr. Nabil Ali Shaath, que previamente fue viceministro de transporte de la Autoridad Palestina, dirigirá el comité.
No está claro si la nueva administración disfrutará de verdadera libertad de acción o de una amplia legitimidad pública.
Al mismo tiempo, y como era de esperar, el primer ministro Benjamin Netanyahu ya ha comenzado a obstaculizar el proceso. El sábado [17 de enero], inmediatamente después del fin del Shabat, expresó su oposición a la identidad de los miembros del Comité Ejecutivo de Gaza. La implicación es clara: hasta que no sean eliminadas las ‘cuestiones de seguridad’ de Israel y ese país permita que el Comité Ejecutivo de Gaza y el comité tecnocrático funcionen con normalidad, podrían pasar semanas o incluso meses — tiempo suficiente para vaciar de contenido cualquier decisión de verdadera importancia.
También cabe señalar que Washington no tiene prisa. Trump no ha ocultado que la Junta de Paz, operando bajo su patrocinio, también pretende abordar otros conflictos en el mundo. La cuestión palestina es solo una entre varias, y no necesariamente la más urgente. Además, sigue sin definirse de dónde van a salir las decenas de miles de millones de dólares que se necesitan para reconstruir Gaza.
En la realidad de 2026, el destino de los palestinos en la Franja de Gaza no le será confiado a ningún organismo oficial palestino. La Autoridad Palestina, que esperaba regresar a Gaza por medio del “portal político”, a la misma vez está perdiendo su capacidad para gobernar en Cisjordania y enfrenta una erosión continua.
En Gaza como tal, la discusión es completamente diferente. Las preguntas ya no son quién gobernará y quién decidirá, sino cómo cubrir las necesidades más básicas: comida, medicinas, alojamiento. El sueño nacional se ha reducido a la supervivencia diaria. Cualquier oportunidad de albergar una esperanza, aunque sea bajo patrocinio extranjero, se considera un salvavidas.
Por lo tanto, es esencial distinguir entre las declaraciones dramáticas al estilo Trump y su aplicación sobre el terreno. Sin embargo, tanto si la Junta de Paz comienza a operar esta semana como si se pospone una y otra vez, la conclusión es la misma. Los palestinos, que llevan generaciones soñando con la autodeterminación y buscando cómo hacerla realidad, han perdido incluso lo que de ella quedaba. Sin una declaración oficial y sin banderas — bienvenidos a la era del mandato, edición 2026.
NOTAS
[1] La Nakba, o “catástrofe” en árabe, es un término palestino para referirse a la violencia desgarradora, las expulsiones masivas y la expropiación de tierras indígenas palestinas por parte de los ejércitos sionistas durante la guerra árabe-israelí de 1948. Una guerra que resultó en un estado de asentamiento colonial en Israel.
[2] El Mandato Británico para Palestina (1922-1948) estableció la administración del antiguo territorio otomano por parte de la corona británica, que fue encargada por la Liga de las Naciones — predecesora de las Naciones Unidas — de fomentar un “hogar nacional para el pueblo judío”. El mandato atizó el conflicto árabe-judío y condujo al aumento del asentamiento judío en Palestina; sirvió como precursor a la fundación de Israel como un estado de supremacía judía, basado en el violento despojo de la mayor parte de la población palestina autóctona.
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Categories: Palestina/Israel