El racismo anti-somalí de Trump es lo que está detrás del ataque físico a una congresista estadounidense
El 27 de enero de 2026, un hombre atacó a la congresista estadounidense Ilhan Omar cuando se dirigía a una asambléa pública en Minneapolis, ciudad a la que representa, junto con varios de sus suburbios. El atacante, usando una jeringuilla, roció a Omar con un líquido de olor fuerte antes de que fuera derribado y removido por la seguridad. El líquido resultó no ser tóxico.
No hay duda de que lo que está detrás de este odioso ataque es el racismo y la denigración incesante contra Omar y toda la comunidad somalí estadounidense en Minnesota por el presidente de Estados Unidos Donald Trump y gran parte del establishment del Partido Republicano.

EDITORIAL
Los extranjeros que entran a Estados Unidos, dijo Trump a su audiencia durante un mitin de campaña republicano el 27 de enero en Iowa, “tienen que demostrar que pueden amar a nuestro país; tienen que estar orgullosos — no como Ilhan Omar”.
La multitud abucheó al oír el nombre de la congresista demócrata de Minnesota, a quien Trump ha demonizado y deshumanizado durante años con ataques racistas basados en mentiras descaradas.
El presidente ha expresado con aborrecimiento que Omar debería “volver” a su país, refiriéndose a ella como “basura”; se ha burlado de su hiyab, llamándolo “pequeño turbante”; ha hecho afirmaciones infundadas de que ella se convirtió en ciudadana estadounidense de forma fraudulenta, después de que su familia se mudara a este país desde Somalia cuando ella tenía 8 años, casándose con su hermano; y ha intentado usar el aumento reciente de los ingresos de su marido para insinuar que ella se robó fondos públicos para enriquecerse después de “salir de Somalia con NADA”.
En un mitin en diciembre en Pensilvania, Trump se quejó de que Omar, una mujer musulmana nacida en Somalia, “no hace más que quejarse”. Y añadió, refiriéndose a Somalia, “¿Por qué solo aceptamos a gente de países de mierda?”
Un torrente de insultos como estos puede atizar la violencia física.
El hombre que atacó a Omar, Anthony Kazmierczak, había expresado en Facebook su apoyo a Trump, a Turning Point USA y a su líder Charlie Kirk, quien fue asesinado el año pasado, y a Kyle Rittenhouse, el justiciero derechista que mató a dos personas en Wisconsin durante las protestas contra la brutalidad policial allí en 2020 y que posteriormente fue absuelto en una parodia de la justicia. Kazmierczak le había dicho recientemente a un vecino que iba a asistir a un evento donde Omar hablaría y que podría ser arrestado.
El ataque contra Omar ocurrió mientras ella pedía la dimisión de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, una persona clave en la represión anti-inmigrante de Trump. La respuesta de Omar al cobarde ataque de Kazmierczak mostró su integridad, coraje y agallas.
La congresista no se escondió con miedo tras el atril. Instintivamente se lanzó contra su atacante con desafío y el puño levantado. A pesar del choque del asalto, se recompuso rápidamente y continuó su charla, desestimando los esfuerzos de su personal y del equipo de seguridad que intentaban persuadirla de que se retirara.
“Estoy hecha de ese modo”, dijo Omar con calma mientras salía de la sala comunitaria de la Urban League en Twin Cities después del evento, recordándole a una reportera de CNN que era una sobreviviente de la guerra.
Ante tal acoso racista, Omar demostró el valor de la dignidad y la firmeza. Todos los que luchan contra el terror anti-inmigrante inspirado por Trump pueden aprender de su conducta. Se mantuvo erguida y encauzó su ira en su mensaje.
Su respuesta fue tan estoica y agradablemente sorprendente que sus adversarios políticos intentaron minimizar el daño que ellos sufrieron como resultado de su conducta digna, difundiendo teorías conspirativas que decían que el ataque había sido montado. Trump, de manera increíble, afirmó hablando con ABC News que Omar, “conociéndola, probablemente se hizo rociar”.
Ella ha demostrado un tesón similar desde que fue elegida al Congreso por primera vez en 2018.
En 2023, la Cámara de Representantes votó según líneas partidistas para destituir a Omar del Comité de Asuntos Exteriores debido a su abierta oposición a las atrocidades israelíes en Gaza y Cisjordania y a las políticas estadounidenses que permitían la agresión contínua contra los palestinos. Omar reaccionó con su típico desafío.
“Voten o no, estoy aquí para quedarme”, dijo Omar en el pleno de la Cámara en ese momento. “Soy musulmana. Soy inmigrante. Y, curiosamente, de África. ¿Alguien se sorprende de que me estén atacando? ¿A alguien le sorprende que de alguna manera se me considere indigna de hablar sobre la política exterior de Estados Unidos?”
Panorama-Mundial ha dejado siempre claro que el Partido Demócrata, del que Omar es líder, representa los intereses de las clases explotadoras en Estados Unidos. Defenderla del ataque del 27 de enero y de su interminable denigración por parte de Trump y la mayoría de los funcionarios de su partido no significa en absoluto un respaldo al programa o las políticas de su partido.
Pero en lo que respecta al reciente enfrentamiento, estamos hombro con hombro con la representante Omar y con toda la comunidad somalí en Minnesota y más ampliamente.
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Categories: Editorial, Política en Estados Unidos
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