Por Aaron Ruby
El presidente estadounidense Donald Trump nunca deja de emplear el lenguaje violento de los gánsteres.
El 2 de diciembre de 2025, Trump desató otro arrebato racista, esta vez vociferando contra los somalíes, llamándolos “basura” y afirmando que Somalia “apesta”. Un día después, también difamó grotescamente a la congresista estadounidense Ilhan Omar, una política demócrata nacida en Somalia, repitiendo su falsa afirmación de que ella se casó con su hermano para obtener la ciudadanía estadounidense.
Esto tras décadas de distorsiones y mentiras sobre la piratería somalí, que de hecho fue resultado del colapso del gobierno y la sociedad somalíes, una pesadilla creada por la intervención de las familias adineradas que gobiernan en Estados Unidos y, en particular, en los países europeos. Académicos y agencias de las Naciones Unidas (ONU) aparean dicha intervención con el colapso de la autoridad estatal, la pesca ilegal por flotas extranjeras y el deshecho de residuos tóxicos tras la guerra civil en Somalia.
ANÁLISIS DE NOTICIAS
Este es un buen momento para deslindar la horrenda historia del imperialismo[1] estadounidense en Somalia, y el papel decisivo que sucesivas administraciones estadounidenses — tanto demócratas como republicanas — tuvieron en la destrucción de ese país.
La historia de la destrucción de Somalia
Hasta la independencia en 1960, lo que hoy es Somalia era, originalmente, dos colonias separadas ocupadas por imperialistas italianos y británicos, la Somalia italiana y la Somalilandia Británica.
Curiosamente, las Naciones Unidas, dominadas por Estados Unidos, permitieron que los mismos imperialistas italianos que eran los antiguos ocupantes fascistas continuaran “administrando” a la Somalia italiana como tutelaje de la ONU desde 1950 hasta 1960.
En 1969, un golpe militar llevó al poder al general Mohamed Siad Barre. El llamado Consejo Supremo Revolucionario tomó las riendas del gobierno, suspendió la constitución, prohibió los partidos políticos e identificó su gobierno como “socialismo científico”.
El régimen fue una dictadura desde el principio, pero se presentó como modernizador y “revolucionario”, en un intento de conseguir el patrocinio soviético y ofreciendo una base estratégica. No hace falta decir que el régimen estalinista[2] en Moscú no tuvo reparos en apoyar una dictadura capitalista a cambio de una base militar.
En 1974, Somalia se unió formalmente al “campo socialista”. Barre firmó un Tratado de Amistad y Cooperación con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que resultó en un significativo aumento de asesores militares soviéticos y material bélico.
Ese mismo año, el pueblo etíope se levantó y derrocó la brutal monarquía y el régimen semifeudal de terratenientes del déspota Haile Selassie.
Moscú apoyó brevemente tanto a Somalia como a Etiopía. Sin embargo, la administración del presidente estadounidense Jimmy Carter comenzó a animar a Somalia a invadir militarmente a Etiopía. El régimen de Barre lo hizo en 1977, con el pleno conocimiento y el apoyo de la Casa Blanca de Carter.
En la mayor batalla de tanques en África desde la Segunda Guerra Mundial, el ejército etíope derrotó la invasión somalí en 1978 gracias al apoyo internacionalista de Cuba.
La dictadura somalí se convierte en un régimen clientelar de Estados Unidos
En ese momento, la dictadura somalí se convirtió en un régimen clientelar de Washington. El gobierno estadounidense empujó a la autocracia de Barre, que gobernaba con brutalidad uno de los países más pobres de África, a realizar grandes compras de armas a fabricantes estadounidenses que costaron más de 40 millones de dólares. Naturalmente los acuerdos se cerraron mediante préstamos respaldados por Estados Unidos con intereses a tasas usurarias.

Sobra decir que la administración Carter anteriormente había denunciado la misma dictadura de Barre como “malvada”. Pero sólo cuando estaba bajo la influencia soviética.
El 22 de agosto de 1980, la administración Carter firmó un Acuerdo de Armas-por-Acceso a Bases con el régimen de Barre. Este acuerdo de cooperación militar por 10 años concedió a las fuerzas armadas de Estados Unidos acceso a la antigua base naval soviética en Berbera, y a otra en Mogadiscio, así como a otras instalaciones aeroportuarias.
En 1977 la deuda externa de Somalia rondaba los 300 millones de dólares, con la URSS siendo acreedora a una gran parte pero después fue mayormente cancelada. Sin embargo, debido a las armas que Carter le vendió a la dictadura y por otros préstamos similares, en 1984, bajo el dominio estadounidense, creció hasta 1,400 millones de dólares, lo que representaba más de 12 veces el valor de las exportaciones en 1983 y equivalía a más del 90% del PIB.
Según estimaciones del Banco Mundial, los salarios reales del sector público en 1989 habían disminuido un 90% en comparación con lo que eran a mediados de los años 70, y las obligaciones del servicio de la deuda representaban el 195% de los ingresos por exportación. Para 2019 la deuda externa de Somalia se había disparado hasta la increíble cifra de 5,400 millones de dólares, o el 107% del PIB, y casi el 96% de los pagos estaban atrasados.

Para extraer los pagos de intereses de una deuda tan inhumana e impagable, el gobierno estadounidense y el Fondo Monetario Internacional (FMI), dominado por Estados Unidos, presionaron a Somalia para que eliminara los subsidios alimentarios y eliminara los cultivos de subsistencia de los que dependía el pueblo somalí, plantando en su lugar cultivos comerciales para exportación.
Los programas de ajuste estructural del FMI y del Banco Mundial resultaron en la devaluación de la moneda, recortes de subvenciones y políticas agrícolas orientadas a la exportación, que según los académicos socavaron la seguridad alimentaria de Somalia. Esto incluía plantar algodón y plátanos, que requieren grandes cantidades de agua que Somalia simplemente no tenía.
Somalia pasó rápidamente de una precaria autosuficiencia alimentaria a tener que importar la mayoría de sus cereales básicos — a menudo por medio de importaciones comerciales y ayuda alimentaria — suministrados en gran parte por programas de “donaciones” de Estados Unidos y la Unión Europea.
Una dependencia alimentaria dominada por los imperialistas
Este patrón de dependencia alimentaria dominada por los imperialistas se ha repetido durante décadas en la mayoría de las naciones semicoloniales de África, Asia y América Latina.
Particularmente notorio fue el uso por parte de la administración Carter de la Ley Pública 480 (“Food for Peace”) para deshacerse de los excedentes de cosechas abundantes, compradas por el gobierno de Estados Unidos para subvencionar la agroindustria estadounidense y evitar precios más bajos en tiempos de mayor oferta.
A finales de los años setenta, bajo el pretexto de un “programa de ayuda extranjera y la eliminación de excedentes agrícolas”, Estados Unidos se deshizo de sus excedentes de arroz y trigo en Haití. Esto fue utilizado por administraciones posteriores para socavar y destruir aún más a los productores nacionales de arroz, que eran incapaces de competir con el arroz “gratuito” disfrazado de “ayuda” para imponer una dependencia alimentaria.
En 1985 Haití logró producir 163,296 toneladas métricas de arroz, mientras que las importaciones de Estados Unidos ascendieron a 7,337 toneladas métricas, para un total de 170,663 toneladas métricas. Pero para el año 2000, la producción local había disminuido a 130,000 toneladas métricas, mientras que las importaciones estadounidenses se dispararon a 219,590 toneladas métricas. Esa tendencia no hizo sino empeorar en detrimento del pueblo haitiano.
Desde 1995, el gobierno de Estados Unidos ha destinado más de 13 mil millones de dólares en subvenciones a la exportación de arroz.
Para 2014, Haití se veía obligado a importar de Estados Unidos el 90% de su arroz.
Al igual que en Somalia, las grandes empresas estadounidenses saturaron Haití con arroz subvencionado para socavar la producción nacional. Y, en el caso de Somalia, según una auditoría de 1987 por la Agencia para el Desarrollo Internacional, las entregas de alimentos de la Ley Pública 480 se programaron para llegar durante la cosecha, lo cual derrumbó los precios de los agricultores locales, en lugar de durante el periodo crítico de hambre cuando había escasez alimentaria.
La guerra civil en Somalia
Como resultado de tal saqueo imperialista, en 1990 la sociedad somalí había colapsado por completo, enfrentándose a la hambruna y la sequía, con el sector agrícola ya casi destruido, lo que obligó a millones de agricultores a huir del interior hacia la costa. Había poco combustible para las bombas de riego, para los camiones que transportan los alimentos, o para la refrigeración. El pueblo de Somalia vivía al día.
Barre fue derrocado en enero de 1991. Las fuerzas que derrocaron su odiado régimen — facciones rivales de la burguesía somalí — buscaban imponerse como el nuevo sheriff por medio de clanes tribales que ellos controlaban en varias partes del país, arrastrando a Somalia hacia una guerra civil. La guerra se prolongó durante la mayor parte de los años 90 y ha tenido brotes menos intensos hasta hace poco.

Utilizando a las Naciones Unidas como disfraz, las fuerzas estadounidenses intervinieron en Somalia en 1992. Aprovechando una sequía histórica y una hambruna devastadora, intentaron instaurar un régimen dócil y estable bajo el dominio de Estados Unidos. Unos 37 mil “cascos azules de la ONU”, entre ellos más de 20 mil soldados estadounidenses, participaron en la invasión.
Los brutales ataques del ejército estadounidense fueron ampliamente rechazados por el pueblo somalí, culminando en el incidente “Black Hawk Down” de octubre de 1993, durante el cual murieron 18 soldados estadounidenses y 84 resultaron heridos después de matar o herir indiscriminadamente a entre 700 y 1,500 somalíes, la mayoría civiles, y un tercio de ellos mujeres y niños. Somalíes indignados arrastraron por las calles los cuerpos de soldados estadounidenses fallecidos.

A medida que iba aumentando la indignación pública, la administración Clinton se vio obligada a retirar las tropas estadounidenses en 1995.
En este contexto de un colapso del gobierno centralizado, de la agricultura, y de la economía en general, el pueblo somalí se volvió extremadamente dependiente de la pesca como fuente de alimentos.
Los capitalistas europeos y otras grandes empresas de los países imperialistas y de las potencias regionales vieron una oportunidad fácil de obtener beneficios. Comenzaron a enviar sus flotas pesqueras a aguas somalíes justo frente a la costa del país, capturando ilegalmente casi todo el pescado, superando con creces la capacidad artesanal somalí y dejando a la población local sin alimentos adecuados.
Además, actores extranjeros — especialmente empresas europeas — comenzaron a verter basura y residuos tóxicos en aguas somalíes para no tener que pagar los costes de reciclaje y la eliminación segura. Esto envenenó aún más las aguas y el suministro de alimentos. Tras un tsunami en 2004, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) confirmó que residuos peligrosos, entre ellos materiales médicos e industriales, aparecieron en las playas somalíes, lo que indica que habían sido usados como vertederos por mucho tiempo.


La costa de Somalia es de 2 mil millas [3,200 km] de longitud, y su vasta zona económica exclusiva de 200 millas náuticas — combinadas con décadas de inestabilidad política — han hecho que durante décadas sus aguas sean excepcionalmente vulnerables a la pesca ilegal por flotas extranjeras, que no es denunciada ni regulada. Análisis satelitales recientes de datos de seguimiento y reconstrucciones pesqueras describen las aguas somalíes como unas de las zonas marítimas más intensamente explotadas y menos reguladas a nivel mundial, con incursiones grandes y persistentes de buques extranjeros que ocurren con poca o ninguna supervisión y sin que nadie lo impida.

Un informe de 2005 del grupo de evaluación de recursos pesqueros Marine Resources Assessment Group para el gobierno del Reino Unido estimó que casi 700 embarcaciones extranjeras pescaban ilegalmente en aguas somalíes cada año.
Orígenes de la piratería somalí
Al carecer de un gobierno o una marina centralizados, los pescadores somalíes intentaron ahuyentar a los barcos extranjeros de pesca y los que vertían basura. Sin embargo, se enfrentaban a matones armados contratados por las compañías pesqueras. En respuesta, los pescadores somalíes también comenzaron a disparar contra los barcos y abordaron algunos para exigir que abandonaran las aguas somalíes y pagaran una compensación.
Los informes del Grupo de Monitoreo de la ONU documentan que las primeras bandas armadas somalíes inicialmente se describían a sí mismas como “guardacostas populares”, buscando disuadir la pesca ilegal, antes de que surgiera la piratería basada en rescates.
Un informe sobre la devastación de las pesquerías somalíes concluyó: “Se podría argumentar que fue el saqueo de los recursos pesqueros de Somalia por embarcaciones extranjeras ilegales lo que debería considerarse como los actos iniciales de piratería”.

Eventualmente los capitalistas locales empezaron a hacerse cargo de estas acciones de autodefensa de los pescadores somalíes, viendo una oportunidad para ganar dinero secuestrando embarcaciones para pedir rescate.
Así, fue el saqueo colonial estadounidense y europeo del país y de sus recursos, y el afán de lucro de otras potencias regionales lo que realmente generó la piratería somalí.
Lejos de ser “criminales”, muchos de los primeros “piratas” intentaban literalmente mantener vivas a sus familias, mientras los capitalistas europeos y los regímenes del Golfo Pérsico saqueaban sus aguas y les arrojaban veneno. En los últimos años, los buques de arrastre asiáticos se han involucrado cada vez más en la pesca ilegal en aguas somalíes.
Durante décadas, fuerzas navales de Estados Unidos y de Europa han patrullado las aguas de Somalia supuestamente para detener los ataques piratas. Entre ellas se encontraba la Fuerza Naval de la Unión Europea en Somalia – la Operación ATALANTA, la primera operación militar marítima de la Unión Europea, que fue lanzada en diciembre de 2008 supuestamente para combatir la piratería. Pero en ningún momento impidieron que los buques de arrastre extranjeros invadieran aguas somalíes para privar al pueblo somalí de alimentos vitales. La única preocupación de los imperialistas europeos era el movimiento irrestricto de su comercio para obtener sus beneficios.
En 2010, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que casi 2 millones de somalíes, o el 16% de la población del país de 12.3 millones en ese momento, eran refugiados o desplazados internos debido a conflictos militares, hambrunas y el colapso económico.
Así que los comentarios racistas de Trump diciendo que Somalia está llena de “basura” son acertados en un sentido retorcido. Pero, naturalmente, el presidente de Estados Unidos oculta el historial del imperialismo estadounidense y sus aliados que sostuvieron la dictadura de Barre, reimpusieron la servidumbre por medio de la deuda, atizaron la guerra civil, lanzaron sus bombas, se robaron los recursos naturales y tiraron su basura en las aguas costeras del país, obligando a millones de somalíes — como la familia de Ilhan Omar — a emigrar.
Lo que realmente “apesta” es el imperialismo, tanto el americano como el europeo.
NOTAS
[1] El imperialismo es la etapa monopolística del capitalismo. Se hizo predominante a principios del siglo XX. En 1916 el líder bolchevique V.I. Lenin le dio a este sistema económico la definición más acertada en su famosa obra El imperialismo, la etapa más alta del capitalismo. El imperialismo se caracteriza por cinco propiedades básicas, dijo Lenin: “(1) la concentración de la producción y el capital se ha desarrollado a tal nivel que ha creado monopolios, los cuales juegan un papel decisivo en la vida económica; (2) la fusión del capital bancario con el capital industrial, y la creación, sobre la base de este ‘capital financiero’, de una oligarquía financiera; (3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, lo cual adquiere una importancia excepcional; (4) la formación de asociaciones internacionales de capital monopolista que se reparten el mundo entre sí, y (5) la completa división territorial de todo el mundo entre las mayores potencias capitalistas”.
En el segundo congreso de la Internacional Comunista en julio de 1920, un informe sobre el trabajo de la Comisión sobre Cuestiones Nacionales y Coloniales resumió así el desarrollo posterior del imperialismo: “La característica distintiva del imperialismo consiste en que todo el mundo, como vemos ahora, está dividido en un gran número de naciones oprimidas y un número insignificante de naciones opresoras, con éstas últimas poseyendo una riqueza colosal y poderosas fuerzas armadas. La gran mayoría de la población mundial… pertenece a las naciones oprimidas… Esta idea de distinguir, de dividir a las naciones en opresoras y oprimidas, es el subtexto fundamental de la tesis.
[2] El estalinismo surge como la justificación política e ideológica de las políticas de la casta social privilegiada que se establece en la Unión Soviética en la década de 1920. En 1917, la clase trabajadora y el campesinado de Rusia llevaron a cabo una de las revoluciones más profundas de la historia mundial. En cuestión de meses, la revolución llevó a un salto sin precedentes en el país, pasando de una monarquía semi-feudal a una república gobernada por trabajadores de la ciudad y del campo, y abriendo la posibilidad de llevar a cabo una transformación socialista de la sociedad en el antiguo imperio zarista y en el resto del mundo. Pero la nueva república obrera y campesina permaneció aislada internacionalmente cuando se perdieron las oportunidades de extender la revolución en Alemania y en los otros países capitalistas avanzados de Europa. Bajo la presión de la implacable hostilidad de las potencias capitalistas, la reacción se afianzó en menos de 10 años. Una casta burocrática privilegiada liderada por Iósif Stalin aplastó violentamente cualquier oposición a sus políticas en el Partido Bolchevique, que había liderado la revolución, y expulsó a los trabajadores y los campesinos del poder político.
El estalinismo sustituyó al internacionalismo, que es fundamental para el marxismo, con la idea del “socialismo en un solo país”. Empleó la brutalidad y hasta el asesinato contra defensores del marxismo en todo el mundo. Transformó a los partidos de la Internacional Comunista en apéndices sumisos del régimen de Stalin en la URSS. A lo largo de las décadas se convirtió, en nombre del comunismo y del marxismo, en la expresión acumulada de la corrupción del comunismo y del marxismo.
En su libro La revolución traicionada, el líder bolchevique León Trotski, exiliado por el régimen de Stalin y finalmente asesinado por sus agentes, ofrece la explicación más clara y detallada de cómo y por qué esta capa social burocrática pudo tomar y mantener el poder político en la URSS.
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Categories: Política Mundial
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