“En el debate presidencial televisado a nivel nacional del 10 de septiembre [de 2024], visto por 67 millones de personas, el candidato republicano Donald Trump declaró: ‘En Springfield, se están comiendo los perros. La gente que entró se está comiendo a los gatos. Se están comiendo, se están comiendo, las mascotas de la gente que vive allí. Y esto es lo que está ocurriendo en este país'”, informó un artículo de Panorama-Mundial el 22 de septiembre de 2024.
“Esta declaración reprobable, salvaje y completamente falsa fue dirigida principalmente a los trabajadores haitianos que se han trasladado a Springfield en el pasado reciente. Es un ejemplo de una técnica política conocida como la ‘Gran Mentira’. Consiste en amplificar una falsedad una y otra vez con la intención de persuadir a un gran número de personas de que la mentira es la verdad”, continuó el artículo de Panorama-Mundial.
“El gobernador republicano de Ohio, Mike DeWine, le dijo a ABC News el 15 de septiembre [de 2024] que esta afirmación es ‘una basura que simplemente no es cierta'”.
Desde entonces, Trump fue elegido para un segundo mandato en la Casa Blanca. En el año transcurrido desde su investidura, la administración Trump ha convertido la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en el ejército privado de matones del presidente. Ha desatado agentes enmascarados y fuertemente armados de ICE y de la Patrulla Fronteriza por todo el país para aterrorizar a los inmigrantes y socavar los derechos democráticos de todos.
Esta ofensiva antiinmigrante ha incluido la revocación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para muchos refugiados, entre ellos 350 mil haitianos que residen legalmente en Estados Unidos.
“Las autoridades de Ohio habían advertido que, una vez que eso sucediera, los agentes de ICE podrían irrumpir en Springfield, una ciudad de alrededor de 60 mil habitantes donde hasta una cuarta parte de la población es haitiana, y empezar a detener a la gente”, señalaba la columna del New York Times reproducida abajo.
Sin embargo, con el apoyo de la mayoría de sus vecinos, los haitianos en Springfield resisten este asalto frontal contra la clase trabajadora.
Esto ocurre “en un momento en que en todo el país está creciendo la resistencia contra ICE, incluso en Springfield, un lugar sin mucha infraestructura progresista”, informó el artículo del Times. “Aquí, esa resistencia no se organiza por barrio, como en Minneapolis, sino a través de una red de iglesias negras, blancas e hispanas”.
Publicamos el artículo que sigue para la información de nuestros lectores. El titular, el texto y las fotos que aparecen a continuación son del original (en inglés). La traducción es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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En Ohio logré atisbar la nueva resistencia
3 de febrero de 2026

Columnista de opinión, escribiendo desde Springfield, Ohio
La jueza Ana Reyes no tuvo que ir muy lejos para descubrir la hostilidad que la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, siente contra los haitianos. Sólo tuvo que leer su muro en las redes sociales. “Recomiendo una prohibición total de viajes para todos los malditos países que han estado inundando nuestra nación con asesinos, sanguijuelas y adictos a las prestaciones”, escribió Noem en X en diciembre. Añadió: “NO LOS QUEREMOS. NI UNO”.
Reyes, jueza del Tribunal Federal de Distrito en Washington, citó la publicación de Noem al principio de una dura opinión emitida la noche del lunes [2 de febrero de 2026] que le prohibía a la administración anular el Estatus de Protección Temporal para los haitianos, al menos por ahora. Ese estatus estaba previsto a expirar el martes [3 de febrero], dejando sin papeles de la noche a la mañana a más de 350 mil haitianos que ahora viven y trabajan legalmente en Estados Unidos.
Las autoridades en Ohio habían advertido que, una vez que eso ocurriera, los agentes de ICE podrían irrumpir en Springfield, una ciudad de unos 60 mil habitantes donde hasta una cuarta parte de la población es haitiana, y empezar a detener a la gente. Muchos haitianos aquí han vivido aterrorizados, algunos con temor a salir de sus hogares. Pero Noem, en su sadismo adulador, sin querer ayudó a darles un respiro, dándole al tribunal pruebas irrefutables del racismo de sus decisiones. “Los demandantes acusan que la secretaria Noem hizo la decisión de anular de antemano y lo hizo por su hostilidad hacia los inmigrantes que no son blancos”, escribió Reyes. “Lo cual parece ser bastante probable”.
El respiro podría no durar mucho tiempo. La administración de Donald Trump seguramente apelará la decisión. Dado que el Tribunal Supremo ya le ha permitido a la administración cancelar el T.P.S. para los venezolanos, la suerte de los haitianos no es muy prometedora. Tanto Trump como JD Vance han estado condenando a los refugiados que viven en esta pequeña ciudad postindustrial desde la campaña presidencial, y es poco probable que se detengan ahora.
Así que el alivio que muchos haitianos sienten aquí se ve atenuado por un temor omnipresente, que probablemente se siente en las comunidades inmigrantes de todo Estados Unidos mientras esperan saber cuál va a ser la siguiente ciudad donde llegue ICE. “Para mí anoche fue como atravesar un desierto y encontrarte con un pequeño oasis”, me dijo el martes Viles Dorsainvil, director ejecutivo del Centro Haitiano de Ayuda y Apoyo Comunitario de Springfield. (Su hermano Vilbrun Dorsainvil fue una de las personas que presentaron la demanda sobre el T.P.S.) No es motivo de una gran celebración, dijo, pero al menos alivió parte de la insoportable tensión que aquejaba a su comunidad. “Solo es una pausa”, dijo.
Esa pausa llega en un momento en que en todo el país está creciendo la resistencia contra ICE, inclusive en Springfield, un lugar sin mucha infraestructura progresista. Aquí, esa resistencia no se organiza por barrio, como en Minneapolis, sino a través de una red de iglesias negras, blancas e hispanas. Se autodenominan Coalición G92, por la antigua palabra hebrea “ger”, que significa extranjero o extranjero, que aparece 92 veces en la Biblia hebrea. Uno de los fundadores es Carl Ruby, pastor de la Iglesia Cristiana Central no denominacional. Antes republicano — sigue siendo admirador del gobernador republicano de Ohio, Mike DeWine — él se describe a sí mismo como teológicamente conservador pero orientado a la justicia social.
La Iglesia Cristiana Central ha estado entrenando a la gente para salir a protestar y documentar las redadas de ICE. Al principio, sus sesiones de entrenamiento reunían a unas 30 personas. La más reciente, hace una semana y media, atrajo a doscientas. En el vestíbulo había un cubo con silbatos color naranja como los que se han vuelto omnipresentes en Minneapolis, acompañados de instrucciones sobre cómo usarlos: ráfagas cortas para avisar de un avistamiento de ICE, largas y continuas si alguien está siendo detenido.
“El grupo de pastores del que formo parte, nos reunimos y estuvimos de acuerdo que si estalla la violencia en Springfield, tenemos el deber de ir directamente al frente y pedir la paz”, dijo Ruby. Un año tras el inicio de la segunda presidencia de Trump, no es solo la América azul donde la gente se prepara para el desastre.

Detrás de la amenaza de una oleada de ICE en Springfield está uno de los aspectos más desagradables de la masiva campaña de deportación de Trump, que es hacer blanco de grupos étnicos específicos tras crueles campañas de propaganda.
Agentes federales enmascarados no descendieron en Minneapolis porque sea un centro de inmigración ilegal (la tasa de indocumentados en Minnesota está muy por debajo de la media nacional); Trump la señaló porque es el hogar de muchos inmigrantes somalíes, personas a las que llamó “basura”. Por eso también envió agentes federales a Lewiston, Maine, una antigua ciudad industrial que a menudo se celebra como un éxito migratorio por todo lo que hicieron los somalíes para revitalizarla.
También Springfield se ha revitalizado gracias a los inmigrantes. Un centro manufacturero que en su apogeo fue próspero, vio su fortuna desplomarse tanto que en el 2012 era a menudo considerada la ciudad más infeliz de Estados Unidos. En 2014, buscando frenar el descenso demográfico, la ciudad lanzó su campaña “Welcome Springfield” para atraer a inmigrantes. Haitianos, muchos de quienes habían recibido el estatus de T.P.S. tras un devastador terremoto en 2010, respondieron. Al irse creando nuevos empleos de manufactura en la ciudad, llegaron más inmigrantes. Muchos haitianos que se establecieron en Springfield tuvieron hijos. La ciudad dejó de encogerse; en 2023, hubo un pequeño aumento de población.
Sin duda, la ciudad enfrentó tensiones al absorber a todos los recién llegados. En una clínica de salud local los tiempos de espera aumentaron, y las escuelas tuvieron que contratar intérpretes y maestros certificados en criollo haitiano para enseñar el inglés como segunda lengua. Las hostilidades alcanzaron un punto crítico en 2023, cuando un conductor haitiano que se desvió por el carril equivocado provocó un accidente con un autobús escolar, causando la muerte de un niño de 11 años y enviando a más de 20 al hospital. “Todo fue una locura después del accidente del autobús escolar”, dijo Ruby. “Las reuniones de nuestro ayuntamiento se pusieron realmente, realmente feas”.
La creciente enemistad racial y cultural en Springfield fue precisamente lo que alimentó el trumpismo. En julio de 2024, días antes de que Trump eligiera a Vance como su compañero de fórmula, Vance denunció la inmigración haitiana en Springfield en la Conferencia Nacional de Conservadurismo, diciendo que la ciudad había sido “abrumada”. Pronto, un grupo neonazi llamado Blood Tribe [Tribu de la Sangre] empezó a vilipendiar a los haitianos de Springfield en el Internet. En agosto, durante el festival anual de jazz y blues en Springfield, una docena de ellos marcharon hacia la ciudad con máscaras, banderas con esvásticas y armas semiautomáticas.
En el Internet, como informó Brandy Zadrozny para la NBC News, los neonazis avivaron rumores de que los haitianos se estaban comiendo los patos que atrapaban en los parques de la ciudad. Esos rumores se transformaron en cuentos ficticios de que los haitianos se comían a las mascotas domésticas, algo que Vance amplificó. “Informes ahora demuestran que hay gente que ha tenido a sus mascotas secuestradas y devoradas por personas que no deberían estar en este país”, publicó en X el 9 de septiembre. Al día siguiente, Trump se hizo viral durante su debate con Kamala Harris cuando dijo: “Se están comiendo a los perros, la gente que ha entrado, se están comiendo a los gatos”. Pronto las instituciones de la ciudad se vieron inundadas con amenazas de bombas.

La elección de Trump fue una catástrofe para los haitianos de Springfield y sus aliados, y estaban llenos de temor al contar los días para el 3 de febrero. La semana pasada, el superintendente escolar de Springfield envió un mensaje al personal del colegio advirtiendo sobre una “iniciativa federal para hacer valer la ley migratoria, que estaba previsto que podría comenzar el 4 de febrero”. El gobernador DeWine dijo que había recibido mensajes contradictorios del gobierno federal. La gente se esforzó para prepararse para las incursiones, sin saber si llegarían o cuándo.
El domingo por la noche, Rose Goute, un restaurante haitiano, estaba casi desierto. “La gente se queda en casa”, dijo Jean Philistin, un hombre de 50 años que estaba allí recogiendo comida para llevar. “La gente tiene miedo”. Dijo que él tenía menos miedo que muchos otros porque se hizo ciudadano hace unos años, aunque no estaba seguro de cuánto importaría. “Lo peor es que, como tienes acento, o porque eres negro, pueden detenerte sin motivo”.
Philistin había sido ingeniero civil en Haití y ahora trabaja remodelando casas. Tiene dos hijos adolescentes, ambos nacidos en Estados Unidos. “No sé por qué odian a mi comunidad”, dijo con tristeza.

Aunque algunos residentes de Springfield claramente le dieron la bienvenida a ICE, hay un grado notable de oposición. El lunes por la mañana, una manifestación de oración por los inmigrantes haitianos en la Iglesia Bautista Misionera St. John, en el centro, reunió a más de mil personas. Tres veces los bomberos tuvieron que pedirle a la gente que se marchara porque el santuario estaba demasiado lleno. En el vestíbulo, los voluntarios repartían silbatos color naranja. Ruby me dijo que estaba seguro de que algunos asistentes habían votado por Trump.
“Amar a mi prójimo, proteger al desconocido, se ha convertido en un acto controvertido de resistencia, de riesgo y rebeldía”, dijo desde la tribuna Casey Rollins, abuela católica y destacada defensora de la comunidad haitiana de Springfield. Describió cómo trabajaba con las familias para establecer poderes notariales y acuerdos de custodia de emergencia en caso de que los padres fueran arrestados y sus hijos se quedaran atrás. Muchos se habían mostrado reacios, dijo: “No podían aceptar la idea de que pudieran verse obligados a separarse de sus hijos”. Pero la urgencia de la inminente crisis se volvía innegable. “Espero que no lo vayamos a necesitar”, dijo. “Recemos para que esto no sea necesario”.
Por ahora, gracias en parte a la descarada hostilidad étnica de Noem, las plegarias de Rollins tuvieron respuesta. Pero la gente en Springfield parece darse cuenta de que el respiro es temporal.
Unas horas después de la manifestación del lunes por la mañana, pasé por la Iglesia Cristiana Central de Ruby. Allí conocí a Marjory Wentworth, una poeta y autora que se había convertido en parte esencial de las labores de la organización proinmigrante en Springfield. Le preocupaba que, independientemente de la decisión de la jueza Reyes, sería solo cuestión de tiempo antes de que ICE llegara. “Lo que quiero decir es, ¿a quién le tenemos más miedo, a la Tribu de la Sangre o a ICE?” preguntó. Era una pregunta retórica, porque la respuesta era obvia: “ICE, absolutamente”.
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Categories: Inmigración / Refugiados