El 14 de mayo de 2026 el Tribunal Supremo de Estados Unidos suspendió temporalmente la sentencia de un tribunal inferior que había bloqueado las recetas de telemedicina para el medicamento mifepristona en todo el país. Esta acción permite continuar usando el medicamento — que es un salvavidas para millones de mujeres que enfrentan embarazos no deseados o médicamente contraindicados, especialmente en estados que tienen limitaciones severas o prohibiciones totales sobre el aborto.
La mifepristona, tomada junto con el misoprostol, ha mitigado las consecuencias posiblemente desastrosas de la decisión del Tribunal Supremo de 2022 en el caso Dobbs contra Jackson Women’s Health Organization. La decisión Dobbs revocó el fallo Roe contra Wade, la decisión de 1973 que legalizó el aborto en los 50 estados de Estados Unidos.
Sin el derecho a controlar sus propios cuerpos y decidir si quieren tener hijos y cuándo — no solo en casos de violación o incesto, sino en cualquier momento — las mujeres nunca podrán alcanzar una igualdad genuina. La clase capitalista se beneficia con creces del estatus de segunda clase de las mujeres en la sociedad. Por eso, desde que Roe se convirtió en ley, tanto los políticos republicanos como los demócratas han socavado el derecho de las mujeres a elegir.
EDITORIAL
Antes de Roe v. Wade, la mayoría de las mujeres en Estados Unidos que buscaban interrumpir un embarazo tenían que viajar a uno de los pocos estados donde el aborto era legal o buscar atención fuera del país. La única otra alternativa era arriesgarse con un abortista clandestino que a menudo carecía de formación médica formal y no guardaba condiciones estériles.
Según el Instituto Guttmacher, en 1965 el aborto ilegal representaba el 17 por ciento de todas las muertes relacionadas con el embarazo en Estados Unidos. Y este es solo el número reportado.
Hoy en día la combinación de mifepristona/misoprostol es el método más común para interrumpir el embarazo en el primer trimestre, representando dos tercios de los abortos. Una cuarta parte de los pacientes obtiene sus recetas mediante citas por telemedicina. La píldora también se prescribe tras un aborto espontáneo para evitar complicaciones peligrosas — a veces potencialmente mortales —.
En 2021, en plena pandemia, la Administración Federal de Medicamentos (FDA) revisó sus normas para permitir que las mujeres solicitaran atención abortiva mediante la telemedicina. Mientras el año siguiente a la decisión Dobbs varios estados respondieron aprobando leyes para restringir el acceso al aborto, la guía de la FDA seguía protegiendo el derecho de toda mujer, sin importar dónde viviera, a tomar sus propias decisiones sobre su cuidado médico — y su vida —.
En 2025, el Estado de Luisiana impugnó la nueva guía de la FDA en un tribunal federal, argumentando que las justificaciones de la agencia para dispensar mifepristona remotamente se basaban en datos defectuosos o inexistentes. También afirmó que la nueva regulación había provocado numerosos abortos ilegales en Luisiana y que el estado tuviera que pagar miles en facturas de Medicaid para mujeres “perjudicadas por la mifepristona”.
Luisiana también argumentó que permitir que los proveedores recetaran mifepristona en línea violaba su derecho, según la decisión Dobbs, de regular el aborto en el estado, solicitando una resolución de emergencia para restablecer la norma requiriendo una consulta presencial. El Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito concedió esta solicitud. La suspensión del Tribunal Supremo aplaza esta sentencia mientras el caso de Luisiana continúa su curso en los tribunales inferiores. Si Luisiana prevalece, afectaría a los 50 estados, independientemente de la legislación sobre el aborto vigente en cada estado.
Más de 50 años después de que el aborto se legalizara, este derecho está siendo restringido — no por razones de “seguridad”, como afirma el estado de Luisiana — sino como resultado de un rápido giro hacia la derecha en la política burguesa que intenta empujar a las mujeres de vuelta a la cocina “donde pertenecen”.
Estas medidas se han tomado a pesar de que una sólida mayoría de la población en Estados Unidos — alrededor del 60 por ciento — está a favor del aborto legal en la mayoría de los casos.
Prohibiendo el acceso a la telemedicina para la atención reproductiva agravaría la ya creciente dificultad que enfrentan pacientes en todo Estados Unidos cuando buscan cualquier forma de atención médica hoy en día.
En promedio, pacientes nuevos en Estados Unidos enfrentan tiempos de espera de 31 días antes de ver a un médico; ese plazo es aún más largo cuando se trata de un especialista. Las mujeres que necesitan cita con un ginecólogo/obstetra tienen los tiempos de espera más largos — de casi 42 días.
Esa ventana de 7 semanas es fundamental en el inicio del embarazo, cuando la combinación de mifepristona y misoprostol es más segura. Como pueden pasar varias semanas antes de que una mujer sepa que está embarazada, y el tiempo recomendado para administrar los medicamentos es dentro de las primeras 10 semanas de gestación, la imposibilidad de conseguir una cita presencial con un médico podría obligarla a buscar una alternativa quirúrgica — más costosa, más arriesgada y ahora con mayor probabilidad de que implique viajar a cientos de kilómetros de su casa.
Las consecuencias de una prohibición al acceso por telemedicina a la medicación para inducir un aborto también recaerían especialmente sobre las mujeres de clase trabajadora, especialmente las mujeres negras, latinas, y otras mujeres de color. Las mujeres negras ya tienen tres veces más probabilidades de morir por complicaciones relacionadas con el embarazo que las mujeres blancas; el reducir el acceso al aborto solo aumentaría esa disparidad.
“La telemedicina … como vimos con el COVID… puede marcar la diferencia entre recibir atención oportuna o no recibir atención en absoluto”, dice Regina Davis Moss, presidenta y directora ejecutiva del grupo In Our Own Voice [En Nuestra Propia Voz].
Actualmente, la FDA está revisando los problemas de seguridad relacionados con la mifepristona, que cuenta con un historial de 25 años. Aunque el misoprostol puede usarse solo, no es tan efectivo y tiene efectos secundarios peores que cuando se usa en combinación con mifepristona.
Mientras tanto, la decisión del Tribunal Supremo del 14 de mayo de aplazar cualquier acción que restrinja el acceso por telemedicina a la mifepristona es, literalmente, un salvavidas.
Las protestas para exigir que dicho acceso sea permanente, antes de que este caso vuelva al Tribunal Supremo, aumentarían al máximo las posibilidades de evitar otro revés en la lucha por los derechos de las mujeres.
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Categorías:Derechos de la Mujer, Editorial