Palestina/Israel

Israel no está debatiendo un estado palestino, se está preparando para expulsarlos



El artículo a continuación fue publicado por primera vez en la edición del 1 de septiembre de 2026 del diario israelí Haaretz. La autora, Amira Hass, es la corresponsal de Haaretz para los territorios ocupados — Gaza y Cisjordania, que Israel ha ocupado ilegalmente desde la Guerra de los Seis Días en junio de 1967.

“En Gaza, Cisjordania y el propio Israel, la maquinaria para hacer la vida palestina imposible ya está en funcionamiento, sentando las bases para una expulsión masiva”, advierte Hass en esta columna de opinión. “Permítanme reiterar: La existencia misma del pueblo palestino entre el mar y el río ahora está en peligro”.

Nacida en Jerusalén en 1956, hija de sobrevivientes del Holocausto, Hass se unió a Haaretz en 1989. Ha estado en su puesto desde 1993. Mientras cumplía su misión, pasó tres años viviendo en Gaza, lo que sirvió de base para su aclamado libro en inglés Bebiendo el mar en Gaza: Días y noches en una tierra sitiada. Ha vivido en la ciudad de Ramala en Cisjordania desde 1997.

Ella es “la única periodista judía israelí que ha pasado 30 años viviendo y reportando desde Gaza y Cisjordania”, como señaló el programa Democracy Now el 19 de octubre de 2023 al presentarla antes de una entrevista con Hass.

Panorama-Mundial ha publicado varias columnas de Hass en los últimos tres años.

Publicamos el artículo que sigue para la información de nuestros lectores. El titular, subtítulo, texto y fotos a continuación son del original en inglés. Las traducción y las notas son de Panorama-Mundial

— Los editores de Panorama-Mundial

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Opinión

Ocupado con otras cosas • Israel no está debatiendo un estado palestino, se está preparando para expulsarlos.

La postura de Gadi Eisenkot sobre la creación de un Estado palestino es irrelevante. En toda Gaza, Cisjordania y el propio Israel, la maquinaria para hacer la vida palestina imposible ya se ha puesto en marcha, sentando las bases para una expulsión masiva

Miembros de la familia Jabarin cargando sus ovejas y cabras en una camioneta tras ser desalojados de su hogar en la aldea al-Minya, al sur de Belén, Cisjordania, el viernes 21 de agosto de 2026. La policía israelí calificó la expulsión como un “error humano”. (Foto: Amira Hass / Haaretz)

Por Amira Hass

Haaretz, 10:13 AM • 01 de septiembre de 2026, IDT

Gadi Eisenkot,[1] el favorito electoral y líder del partido Yashar, sostiene una postura sobre el estado palestino que, en última instancia, es irrelevante. Lo que está en juego hoy no es una “solución diplomática”, sino la mera existencia del pueblo palestino entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Las fuerzas israelíes que buscan “borrarlos del mapa” no reconocen límites ni restricciones. Sus partidarios son demasiado numerosos para que podamos depender solamente de la firmeza y resiliencia de un pueblo que ya ha padecido planes de expulsión implementados por Israel.

El mundo permanece al margen. La izquierda es diminuta, débil y ronca de tanto gritar advertencias. La oposición contra Bibi [el actual Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu] oscila entre minimizar el peligro, permanecer indiferente, y apoyar abiertamente la expulsión. Las condenas ocasionales, motivadas principalmente por algo que el embajador estadounidense publicó en X, son tan útiles como un tamiz en un aguacero. Los falangistas judíos atacan constantemente y en todas partes, no solo en Qusra.[2]

El debate sobre un estado, dos estados, o una federación es más teórico que nunca.[3] Cualquier solución que se logre requiere en primer lugar reconocer el problema y ponerse de acuerdo sobre su naturaleza. Demasiados judíos en Israel han sido condicionados para creer que el problema es la mera presencia en esta tierra de un pueblo palestino con raíces, continuidad histórica y económica, capital cultural y bienes materiales, un rico patrimonio agrícola y un profundo amor por la patria.

“Borrarlos del mapa” es la solución de pesadilla que se está plasmando en realidad todos los días. Las leyes de la Knéset, las declaraciones de los políticos, las órdenes militares, los libros escolares y los batallones que operan para recobrar bienes raíces sagrados en Gaza, Cisjordania y el Néguev trabajan juntos y por separado para implementar esta “solución” con diligencia y sin temor a la condena internacional.

Colonos israelíes llegan a una casa palestina en construcción en el pueblo de Qusra, en Cisjordania, el mes pasado [agosto de 2026]. Los héroes de las milicias de colonos declaran abiertamente que la expulsión es su objetivo. (Foto: Jaafar Ashtiyeh / AFP)

La política israelí tiene como objetivo hacer la vida insoportable para los palestinos dondequiera que vivan, para que su emigración pueda describirse como un acto de libre voluntad. Dentro de Israel mismo, las autoridades le dan libertad total a las organizaciones criminales árabes para armarse y matar a ciudadanos palestinos en sus hogares. En Cisjordania, esas mismas autoridades israelíes le dan carta blanca a los “batallones de Dios” para armarse, matar y expulsar, mientras el ejército oficial continúa sus redadas día y noche. En la devastada y sedienta Gaza, el gobierno y el ejército cultivan milicias armadas de colaboradores criminales, mientras pilotos israelíes siguen lanzando misiles de venganza y represalia que cobran la vida de más niños todavía. Todos estos despliegues atizados por la testosterona están interconectados.

Al mismo tiempo, Israel está destruyendo o restringiendo severamente la capacidad de los palestinos de ganarse la vida. En Gaza esa misión ha sido cumplida. Una población de “muertos en vida” que viven de la ayuda que reciben, dos millones de personas cargando el peso de unas 74 mil tumbas frescas, familias y recuerdos, talentos y profesiones, y ahorros evaporados, está hacinada en aproximadamente 150 kilómetros cuadrados de tierra arrasada. La creatividad, el ingenio y la ayuda mutua quedan eclipsados por la magnitud de la destrucción y porque Israel les prohíbe reconstruir y recuperarse.

En Cisjordania el Ministerio de Finanzas[4] está apretando la soga financiera al cuello de aproximadamente tres millones de personas y de la Autoridad Palestina. El robo sistemático de ingresos se agrava con las campañas de destrucción del ejército en ciudades y campamentos de refugiados, así como por otros métodos empleados para impedir que los palestinos cultiven y desarrollen sus tierras: retenes, prohibiciones burocráticas, cercas y pastores israelíes judíos.

Dentro de Israel mismo, la “judaización de Galilea y Negev[5] fue y sigue siendo el código para robarles tierras y recursos a los ciudadanos palestinos de Israel. La discriminación contra ellos en asignaciones, subsidios y empleo, junto con las prohibiciones de construcción y las demoliciones, siempre han tenido un papel destacado en la política oficial dentro de la Línea Verde.

Permítanme reiterar: La mera existencia del pueblo palestino entre el mar y el río está ahora en peligro. Son demasiadas las fuerzas activas que están creando ese peligro: el poder y las capacidades militares de Israel; el culto al servicio militar en todas las circunstancias y bajo cada gobierno; la obediencia como valor; las armas y los ataques militares como modus operandi predeterminado; la normalización del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) entre los soldados y de soldados que mueren por suicidio; la atracción de una carrera militar y las puertas que esta abre; el señuelo de tener una villa asequible en una comunidad excluyente de Galilea o en un suburbio de colonos en Samaria; las mentiras de la propaganda oficial y no oficial; la indiferencia ante el infierno en la tierra que Israel ha creado en la Franja de Gaza; la negación de 60 años de ocupación y un gobierno impuesto a la fuerza; la respuesta Pavloviana, “Pero el 7 de octubre”;[6] la sinergia entre el ejército, el gobierno, los rabinos y las milicias con sus kipás en Cisjordania; la ecuanimidad ante la destrucción del Líbano; el hacer caso omiso de la ocupación de más partes de Siria; la normalización del discurso sobre la expulsión; los sistemas de justicia y educación viciados por el racismo secular y el religioso; y el ejército de carceleros que abusan de miles de prisioneros palestinos, tanto bajo órdenes como porque les da la gana.

Juntas, estas fuerzas y otras similares están creando la infraestructura material, ideológica y psicológica en el seno de la sociedad israelí-judía para desatar otra expulsión masiva de los palestinos y para lo que bien podría acompañarla: una masacre masiva.

Los héroes de las milicias de colonos declaran abiertamente que la expulsión es su objetivo. Reconocen claramente la disposición que grandes segmentos de la sociedad israelí-judía tienen para participar en su ejecución, ya sea activa o pasivamente, directa o indirectamente. Por medio de sus provocaciones y crímenes diarios, cometidos a plena luz del día y solo hechos posibles por el apoyo institucional, los falangistas buscan constantemente provocar un acto palestino de rabia y venganza que “tenga éxito”, para que pueda ser explotado como la cerilla que encienda una nueva guerra santa.

Los falangistas judíos y las organizaciones de derecha que los impulsan cuentan con una movilización amplia, que incluye a los líderes, votantes y simpatizantes de Yashar y del partido liberal demócrata,[7] para una guerra que ya podría dársele el lema: “Un pueblo, un ejército, una tierra depurada de árabes”.


NOTAS

[1] Gadi Eisenkot es el líder del partido Yashar, favorito para las próximas elecciones de Israel según encuestas recientes que le dan un 22% de apoyo entre los votantes israelíes. Likud, el partido de derecha que lidera el actual bloque gobernante, ocupa el segundo lugar con un 21% de apoyo. Las elecciones legislativas para la Knéset, el parlamento del país, están programadas para el 27 de octubre de 2026. Eisenkot es un antiguo general del ejército que fue jefe del estado mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) de 2015 a 2019 y ministro sin cartera en el gobierno israelí de 2023 a 2024.

[2] Desde principios de agosto decenas de colonos israelíes han rodeado casas palestinas en la cima de una colina (Monte Ras al-Ain) en el pueblo de Qusra, en Cisjordania, al sureste de la ciudad de Nablus y a unos 40 millas al norte de Jerusalén. Los colonos cortaron los suministros de agua, la electricidad y el cableado eléctrico, armaron tiendas de campaña y bloquearon caminos para atrapar a familias dentro y obligarlas a abandonar sus tierras. Colonos enmascarados atacaron repetidamente la aldea con piedras, incendiaron campos cercanos y vandalizaron o saquearon propiedades. Algunas de las casas atacadas pertenecen a familias palestino-norteamericanas.

El ejército israelí declaró el área como zona militar cerrada e instaló nuevas rejas metálicas y barricadas alrededor de las casas sitiadas, que residentes y grupos de derechos humanos dicen de hecho institucionalizaron el asedio. Convoyes humanitarios y activistas que intentan entregar alimentos básicos, medicinas y agua a las familias atrapadas han sido bloqueados o rechazados repetidamente por las fuerzas militares.

Soldados israelíes y oficiales de la Policía Fronteriza de pie frente a la casa sitiada en Qusra, frente al agua y la comida que activistas de solidaridad israelíes intentaban entregar, el viernes 14 de agosto de 2026. (Foto: Itai Ron / Haaretz)

La violencia y el asedio en Qusra han generado críticas internacionales. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, derramó lágrimas de cocodrilo al condenar las acciones de los colonos. Pero los residentes locales reportan que los soldados en el terreno no han logrado detener a los colonos. El asedio, que lleva casi un mes, sigue en curso.

[3] Para más información, vea Palestina/Israel: Edward Said sobre ‘La solución de un solo Estado’.

[4] El actual ministro de finanzas de Israel es Bezalel Smotrich, un ultraderechista y líder del Partido Sionista Religioso de extrema derecha. También es ministro en el Ministerio de Defensa, con poderes de supervisión sobre la administración civil y los asentamientos en Cisjordania. Es uno de los principales defensores de la expansión de los asentamientos israelíes y de la eventual anexión por Israel de ese territorio ocupado.

[5] Galilea es la zona más septentrional de Israel, limitada al norte por el Líbano, al oeste por el mar Mediterráneo y al este por el Valle del Rift del Jordán. El Néguev es la zona más meridional de Israel, una región árida y semiárida, que cubre más de la mitad de la superficie total del país (aproximadamente 12 mil kilómetros cuadrados); se extiende desde Beersheba — su capital y su ciudad más grande — en el norte hasta Eilat, en la costa del Mar Rojo.

[6] Esto es una referencia al grotesco ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023.

[7] Los Demócratas son un partido sionista liberal en Israel. Según encuestas recientes ocupa el cuarto lugar en las próximas elecciones del país, con alrededor del 11% de apoyo entre los votantes elegibles. La alianza de centro-derecha Together (Beyachad), que fue fundada en abril de 2026 por los antiguos primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid, ocupa el tercer lugar con un apoyo del 12% del electorado.


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