Editorial

Trump les dice a los generales: El ejército de Estados Unidos debe luchar contra el “enemigo interno”


Otra escalada importante del descontrolado abuso de poder del presidente de Estados Unidos



En una importante escalada de su descontrolado abuso de poder, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aplaudió el uso de la fuerza militar como fuerza policial en las ciudades de Estados Unidos, diciéndoles a los generales y almirantes que es importante sofocar “al enemigo interno”.

“San Francisco, Chicago, Nueva York, Los Ángeles, son lugares muy inseguros y vamos a enderezarlos uno por uno”, dijo Trump a cientos de altos oficiales militares estadounidenses reunidos en un salón en la base del Cuerpo de Marines en Quántico, Virginia, el 30 de septiembre.

“Estamos bajo una invasión interna. No es diferente a un enemigo extranjero, pero es más difícil en muchos sentidos porque no usan uniformes. Al menos cuando usan un uniforme uno puede eliminarlos”, declaró Trump dando un paso importante — y muy peligroso — hacia la consolidación del gobierno de un solo hombre.

“El mes pasado firmé una orden ejecutiva para brindarle capacitación a una fuerza de reacción rápida que pueda ayudar a sofocar disturbios civiles”, continuó. “Esto va a ser algo importante para la gente en esta sala porque se trata del enemigo interno, y tenemos que manejarlo antes de que se salga de control”.


EDITORIAL


Trump dijo que le había sugerido al secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, quien justo antes de que el presidente subiera al podio en Quántico había concluido un discurso de una hora, que algunas ciudades estadounidenses serían buenos “campos de entrenamiento para nuestro ejército”.

Los altos líderes militares fueron convocados a una reunión el 30 de septiembre de 2025 en la base del Cuerpo de Marines en Quántico, Virginia, donde Trump les dijo que el ejército estadounidense se usará para luchar contra el “enemigo interno”. (Foto: Kevin Lamarque / Reuters)

En junio, Trump envió marines y a la Guardia Nacional a Los Ángeles en respuesta a las protestas que estallaron allí después de un aumento en las redadas y deportaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). En agosto, la Casa Blanca envió 2 mil soldados de la Guardia Nacional a Washington, D.C., para “disuadir el crimen”, y el mes pasado Trump firmó una orden ejecutiva para enviar a la Guardia a Memphis, Tennessee, por motivos similares. A principios de octubre, funcionarios de la Casa Blanca notificaron al gobernador de Illinois que las tropas de la Guardia Nacional están federalizadas y serán enviadas a Chicago.

En todos los casos, excepto en Memphis, las tropas se envían a pesar de las objeciones de los funcionarios estatales y locales. Y, en la mayoría de los casos, las estadísticas muestran que la delincuencia ha disminuido en estas ciudades durante el año pasado.

Aunque el presidente tiene algunos poderes para usar tropas federales como una fuerza policial nacional, la Ley Posse Comitatus de 1878 limita tales despliegues a casos en los que existe una autorización específica del Congreso, o si las acciones están “expresamente permitidas por la Constitución”. El envío de la Guardia Nacional sin una solicitud del gobernador de un estado está reservado para casos de “una rebelión o peligro de una rebelión contra la autoridad del Gobierno de Estados Unidos”.

En Quántico, Trump también señaló a Portland, Oregón, describiéndolo como una “zona de guerra”, una ciudad “en llamas”.

El 28 de septiembre, Hegseth ordenó que se enviaran 200 soldados de la Guardia Nacional de Oregón a Portland, bajo autoridad federal, para enfrentar lo que la Casa Blanca ha descrito como una anarquía desenfrenada. El despliegue es para “proteger propiedades federales” donde las protestas están “ocurriendo o es probable que ocurran”, dijo Hegseth.

La gobernadora de Oregón, Tina Kotek, declaró que el despliegue de la Guardia Nacional es innecesario y un abuso de poder. El estado entabló una demanda para tratar de bloquearlo. El 4 de octubre, un juez federal impidió temporalmente el despliegue de la Guardia Nacional de Oregón. En respuesta Trump le ordenó a las tropas de la Guardia Nacional de California que se dirigieran a Portland.

Según los funcionarios de la ciudad de Portland, la gran mayoría de las protestas contra el aumento de la actividad de los agentes de ICE y las políticas generales de la administración Trump, aunque a veces ruidosas y bulliciosas, han sido pacíficas.

“La ciudad de Portland tiene aproximadamente 145 millas cuadradas. Esta es solo una cuadra de la ciudad”, dijo el jefe de policía de Portland, Bob Day, el 29 de septiembre. “Incluso los eventos que están sucediendo allí no alcanzan el nivel de atención que están recibiendo”, agregó, refiriéndose a la ubicación del edificio federal que ha sido escenario de protestas recientemente.

Un agente de la ley apunta con un arma a los manifestantes fuera del centro de detención de ICE en Portland, Oregón, el 4 de octubre de 2025. (Foto: John Rudoff / Reuters)

Day señaló que el pintar a Portland como un estado de anarquía está siendo impulsada por “estos clips de 30 segundos, 20 segundos, 15 segundos… de hace meses o tal vez incluso años”, refiriéndose a las protestas contra la brutalidad policial de 2020. “Lo que realmente está ocurriendo … no cuadra con esa narrativa nacional”.

Inicialmente, “Hegseth consideró enviar a Portland una fuerza élite de ataque del Ejército de Estados Unidos”, para sofocar las recientes protestas contra ICE, según un artículo (en inglés) en el diario Minnesota Star Tribune del 3 de octubre.

“Los mensajes, intercambiados casualmente el fin de semana pasado en un espacio público lleno de gente, muestran a funcionarios de alto nivel de la administración Trump discutiendo el despliegue de la 82ª División Aerotransportada del Ejército, una división de infantería que se ha desplegado en zonas de combate en ambas guerras mundiales, Vietnam y Afganistán”, informó el Star Tribune. “Los mensajes sugieren que el paso alguna vez extraordinario de enviar tropas militares a una ciudad estadounidense se ha normalizado dentro de la administración”.

El discurso de Trump en Quántico se enmarcó en el lenguaje de la lucha contra el crimen y la inmigración no autorizada. Pero es claramente una declaración de guerra contra el pueblo estadounidense, al menos contra aquellos que se atreven a expresar su oposición a las políticas de la administración.

Si bien el objetivo se ha ampliado de los inmigrantes indocumentados hasta incluir a los manifestantes, no es tan difícil imaginarse que no va a detenerse allí. Es solo un corto paso desde enviar a los marines a desbandar la “actividad de las pandillas” en un entorno urbano hasta usar a los militares como una fuerza rompehuelgas o aterrorizar a trabajadores que traten de luchar por mejores salarios o condiciones de trabajo más seguras.

El reunir a 800 líderes militares desde bases remotas de todo el mundo también fue un acto para evaluar su lealtad al presidente y el grado hasta el cual podría contar con ellos para sofocar cualquier disidencia. Instando al grupo a romper con el protocolo acostumbrado y aplaudirlo, Trump “bromeó” con los altos mandos militares allí reunidos: “Y si no les gusta lo que estoy diciendo, pueden irse de la sala. Por supuesto, pueden olvidarse de su rango, pueden olvidarse de su futuro”.

Las recientes protestas masivas, lideradas por sindicatos, y la organización comunitaria que ha ocurrido en Chicago contra el terrorismo de ICE, y contra la amenaza por parte de Trump de expandir el uso interno de las fuerzas armadas, nos ofrecen un ejemplo del tipo de resistencia que será necesaria para contrarrestar la marcha de la Casa Blanca hacia un gobierno dictatorial. Las protestas “No Kings” (No reyes) del 18 de octubre pueden ser un paso en esta dirección.


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