Palestina/Israel

Viviendo en los escombros de la ciudad de Gaza



El siguiente artículo fue publicado por primera vez por Drop Site News el 5 de octubre de 2025.

La autora, Huda Skaik, es una escritora palestina y estudiante de literatura inglesa, y vive en Gaza. Es miembro de We Are Not Numbers (“No somos números”, o WANN por sus siglas en inglés). Fundada en 2015, “WANN desarrolla las habilidades de comunicación de los jóvenes palestinos que viven bajo la ocupación o como refugiados”, según el sitio web de la organización. Skaik también es colaboradora de The Intercept, The New Arab, The Nation y otras publicaciones.

Skaik nos ofrece un relato como testigo presencial de la vida de los palestinos en la Ciudad de Gaza desde que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron una invasión terrestre de la ciudad más grande de Gaza a mediados de septiembre.

“Mientras los ojos del mundo se vuelven hacia la propuesta de Trump [ver El Plan Trump-Netanyahu para Gaza], aquí lo que vivimos se siente como la eliminación misma de Gaza”, señala Skaik. “Incluso cuando el clamor por un alto al fuego se acentúa en el extranjero, aquí en la Ciudad de Gaza vivimos en un extraño limbo, suspendidos entre la esperanza y la aniquilación”.

Dos años después del ataque liderado por Hamas el 7 de octubre de 2023, la ofensiva israelí ha matado a más de 68 mil palestinos, más del 80% de ellos civiles y más del 30% de ellos niños. Ha herido a más de 170 mil personas, de las cuales 40 mil sufrieron lesiones catastróficas. Aproximadamente el 11% de la población del territorio ha muerto o sufre de heridas graves. El número de muertos no incluye a las miles de personas que se cree que están enterradas bajo los escombros. Ocho de cada 10 acres de las tierras de cultivo han sido arrasadas. La guerra ha destruído la mayoría de los edificios del territorio y ha causado condiciones generalizadas de desnutrición y hambruna. 

El último ataque de las FDI contra la Ciudad de Gaza ha exacerbado el ya obsceno número de muertos y el desplazamiento masivo de palestinos al sur de Gaza, como explica Skaik.

“Si el plan de Trump se convierte en un instrumento para forzar el fin verdadero, verificable e inmediato a los ataques israelíes, y para liberar a los presos de ambos lados y obtener acceso humanitario, entonces hay una pequeña posibilidad de poder iniciar el trabajo casi imposible de reconstrucción”, agrega Skaik. “Si el plan fracasa, Gaza será completamente destruida y la gente será masacrada”.

Publicamos este artículo para la información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, el texto y las fotos a continuación son del original (en inglés). La traducción es de PanoramaMundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

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Viviendo en los escombros de la ciudad de Gaza

‘Mientras los ojos del mundo se vuelven hacia la propuesta de Trump, aquí lo que vivimos se siente como la eliminación misma de Gaza”.

POR HUDA SKAIK

5 DE OCTUBRE DE 2025. Post invitado

CIUDAD DE GAZA — La Ciudad de Gaza es una ciudad fantasma. La oscuridad, el humo y las sombras se ciernen sobre ella, iluminadas solo por el rojo resplandor de las explosiones. La ciudad se asemeja a escenas de películas apocalípticas —historias del fin del mundo, de catástrofes humanas, de guerras globales. Las casas están abandonadas, las calles están vacías y la muerte nos rodea.

Barrio de Al-Rimal en la Ciudad de Gaza el 4 de octubre de 2025. (Foto: Khamis Al-Rifi)

Todas las mañanas, nuevos folletos caen del cielo como nieve, con órdenes de que abandonemos Ciudad de Gaza y nos dirijamos hacia el sur. La mayoría de los residentes ignoran los folletos. Algunos niños los recogen, no para leerlos, sino para quemarlos como combustible para cocinar, para hervir el poco de arroz o de lentejas que puedan tener. La ironía es insoportable: los mismos papelitos que exigen nuestra partida ahora mantienen nuestras pequeñas fogatas.

Cada día, la supervivencia es más difícil, más pesada. Las tareas básicas son luchas insuperables. Los precios siguen subiendo y casi no hay nada que comprar. Las olas de personas desplazadas que llenaban las carreteras se han reducido a un hilo.

Para ir a buscar agua, hay que caminar largas distancias cargando bidones pesados, arriesgándose a los bombardeos de tanques y balas de cuadricópteros en el camino. La leña para cocinar es inasequible, ya que 1 kg (unas 2.2 libras) cuesta alrededor de $2, y solo es suficiente para calentar una tetera de té.

Es muy difícil encontrar comida decente, que por sí es extremadamente escasa porque los pasos fronterizos están cerrados y los comerciantes ya no pueden traer mercancías desde el sur por el cierre de la carretera costera principal.

Los pocos vendedores que hay se reúnen en áreas como la intersección de Al-Saraya en el barrio de Al-Rimal, en el oeste de la Ciudad de Gaza. Los escasos artículos disponibles en los puestos del mercado son inasequibles y poco saludables, en su mayoría alimentos azucarados como Nutella, galletas, queso, papas fritas y fideos que no le proporcionan suficiente proteína al cuerpo.

Los productos enlatados son aún más escasos y caros. Apenas 250 gramos de café ahora cuestan $38 en el norte, mientras que la misma cantidad cuesta $16 en el sur. Hace mucho tiempo que no hay disponibilidad de los alimentos que nutren nuestros cuerpos, como verduras, frutas, huevos, pollo y carne.

Intersección de Al-Saraya en el barrio Al-Rimal de la ciudad de Gaza. 4 de octubre de 2025. (Foto: Khamis Al-Rifi)

Los productos de limpieza son extremadamente raros, especialmente papel higiénico y toallas sanitarias. La medicina es casi imposible de obtener, dejando a los enfermos y ancianos indefensos. La mayoría de los trabajadores de la salud han abandonado la Ciudad de Gaza con sus familias, y es difícil encontrar atención médica. El hospital de Al-Shifa apenas funciona.

Quedan pocos periodistas. La cobertura desde la ciudad de Gaza se ha reducido porque muchos reporteros han huido, y los que quedan operan bajo una especie de coraje racionado: moviéndose solo cuando es necesario, y asumiendo riesgos medidos contra una reserva de recursos cada vez más escasos.

Desde el mes pasado, la ocupación israelí ha intensificado sus ataques nocturnos para asustar a la gente y despejar el camino para sus tropas. Nos bombardean para proteger a sus soldados y cometen masacres. Todas las noches hay bombardeos y ataques implacables, que incluyen aviones no tripulados, aviones de combate, ataques aéreos, fuego de artillería, helicópteros y explosiones de robots cargados de explosivos y controlados a distancia, con el ejército israelí destruyendo barrios enteros a medida que avanza. Los robots nivelan enormes cuadras de la ciudad — una táctica que se utiliza por primera vez durante esta operación terrestre en la Ciudad de Gaza. No están muy lejos. La supervivencia se ha convertido en un riesgo diario. Anticipamos la llegada de la muerte en cualquier momento, y cada instante puede ser el último.

Los ataques se intensifican cada día. Escucho proyectiles de fuego de artillería que golpean los distritos occidental y oriental, drones que zumban en el aire, bombardeos y ataques aéreos, balas de helicópteros y cuadricópteros Apache, y tanques que avanzan. Y se oyen las explosiones de los robots a control remoto. Las fuerzas de ocupación siguen emitiendo advertencias de desplazamiento en edificios residenciales a los que luego atacan, sembrando el pánico y dejando a las personas sin hogar.

Por la noche, la ciudad se ahoga en una profunda oscuridad — un paisaje vacío y espectral iluminado solo por llamaradas imponentes. Permanece en silencio, excepto por los sonidos del genocidio mientras laboran por borrarnos a nosotros y a nuestra ciudad. En estas horas, es imposible descansar o dormir. Cada explosión trae consigo otra pregunta: ¿Será nuestro edificio el siguiente? ¿Los tanques rodearán nuestro vecindario? ¿Va a colapsar nuestra casa por el próximo proyectil? ¿Nos despertaremos atrapados? ¿Nos veremos obligados a desplazarnos, dejando todo atrás?

Cada noche, despierta, me siento en mi colchón y ante mi pequeña mesa, y trato de estudiar para mis exámenes finales y entregar mis tareas. Pero me encuentro contando los segundos entre el estruendo de las explosiones y el traqueteo del fuego de los tanques. El suelo tiembla a medida que las fuerzas israelíes avanzan más cerca de mi vecindario de Al-Rimal y me pregunto si esta noche será la noche en que nos alcancen. La preocupación es constante, como una presión en mi pecho que no desaparece. Cada noche parece más larga y oscura que la anterior. Así son las noches para los que aún permanecemos en la Ciudad de Gaza — interminables y cargadas de miedo.

La calle Al-Rashid, la principal carretera costera que conecta el norte con el sur de Gaza, fue cerrada el miércoles. El ejército israelí prohibió cualquier movimiento del sur al norte. El movimiento del norte al sur — para el desplazamiento — todavía está permitido, aunque sin ninguna garantía de seguridad.

Calle Al-Rashid el 4 de octubre de 2025. (Foto: Khamis Al-Rifi)

El viernes [3 de octubre de 2025], los tanques y las tropas israelíes avanzaban hacia el barrio de Tel al-Hawa, en el oeste de la Ciudad de Gaza. Esa noche, los ataques fueron implacables y violentos. Hubo innumerables y fuertes ataques aéreos en diferentes áreas de Ciudad de Gaza. Pensábamos que ellos invadirían en la mañana.

Después de que el presidente estadounidense Donald Trump presentó su plan de alto al fuego de 20 puntos para Gaza, estableció una fecha límite para que Hamás respondiera antes del domingo [5 de octubre]. El viernes por la mañana, nos despertamos con la noticia de que Hamás había dado su acuerdo condicional a partes del plan, al tiempo que insistía en salvaguardias y más negociaciones sobre puntos clave.

En respuesta, Trump instó públicamente a Israel a “dejar de bombardear Gaza de inmediato” para que la liberación de los rehenes sea más segura —una rara instancia de presión directa de Estados Unidos sobre las operaciones militares de Israel. El ejército israelí también anunció que comenzaría “los preparativos para la primera fase” del plan de Trump.

Mientras los ojos del mundo se vuelven hacia la propuesta de Trump, aquí lo que vivimos se siente como la eliminación misma de Gaza. Lo que sucede en el terreno es algo completamente diferente. Los tanques todavía están en la ciudad y nunca se retiraron. El dron cuadricóptero sobrevolaba el área de Kanz en el vecindario de Al-Rimal, en el centro de la Ciudad de Gaza, y también en las áreas occidentales de la ciudad. También hubo bombardeos de artillería pesada el sábado alrededor de la zona universitaria en el oeste de la ciudad de Gaza, y el bombardeo continúa mientras escribo.

El ejército israelí dice que sus fuerzas ahora han virado a operaciones defensivas. Pero el sábado cometió una masacre salvaje contra la familia Abdel Aal, dejando al menos 18 mártires, la mayoría de ellos niños, muertos en un ataque aéreo contra su casa familiar en el vecindario de Al-Tuffah al este de la  Ciudad de Gaza. Más de 30 personas resultaron heridas, también la mayoría de ellos niños. Hay más de 20 personas que aún yacen bajo los escombros. Una masacre horrible, con escasa capacidad para la atención médica, y los equipos de defensa civil tienen cero capacidad de rescate en esa área.

Incluso cuando el clamor por un alto al fuego se acentúa en el extranjero, aquí en la Ciudad de Gaza vivimos en un extraño limbo, suspendidos entre la esperanza y la aniquilación. Si el plan de Trump se convierte en un instrumento para forzar un fin verdadero, verificable e inmediato a los ataques israelíes, y para liberar a los presos de ambos lados y obtener acceso humanitario, entonces hay una pequeña posibilidad de poder comenzar el trabajo casi imposible de reconstrucción. Si el plan fracasa, Gaza será completamente destruida y la gente será masacrada.

Los palestinos en Gaza están cautelosamente optimistas sobre la propuesta de alto el fuego, pero todavía hay un profundo sentimiento de preocupación. La gente del norte tiene algo de esperanza de que ya no serán desplazados al sur. Se salvarán vidas. Los desplazados hacia el sur sueñan con regresar a sus hogares en la Ciudad de Gaza y en otras partes del norte. Tienen la esperanza de que se repitan las escenas de enero de alegría y alivio, de los takbir [declaraciones islámicas de fe], cuando cientos de miles regresaron al norte.

La posibilidad de un cese al fuego no se trata de la política, sino de la supervivencia. Se trata de si las familias vivirán un día más. La única pregunta que pasa por la mente aquí es si esta vez este genocidio en curso finalmente va a terminar, o si el bombardeo se reanudará un poco después de que se detenga. Porque si se pierde esta oportunidad, es posible que Gaza no sobreviva.

Huda Skaik es escritora y estudiante de literatura inglesa y vive en Gaza. Tiene un gran interés en informar y escribir. Es miembro de WANN, y también colaboradora de The Intercept, MEE, The New Arab, The Nation, y WRMEA.


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