El siguiente artículo fue publicado originalmente en el diario israelí Haaretz el 12 de octubre de 2025.
Ofrece un análisis convincente del alto al fuego que entró en vigor en Gaza el 10 de octubre después de que Hamás aceptara, en gran medida, el plan Trump-Netanyahu para Gaza.
Publicamos este artículo para la información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, el texto y las fotos que siguen son del original. La traducción es de Panorama-Mundial.
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Análisis – El alto al fuego en Gaza devuelve a Israel y a Hamás al punto de partida: contener el conflicto hasta el próximo estallido
Mientras los israelíes se preparan para una mezcla de celebración y luto con el regreso de los rehenes, vivos y muertos, los palestinos se enfrentan a una valoración más profunda sobre su destrozado movimiento nacional y la ausencia de liderazgo o visión de lo que viene después

Por Jack Khoury
12 de octubre, 2025
El acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás no marca el final de la guerra en Gaza, sino el comienzo de una nueva etapa, quizás la más compleja hasta ahora: dar forma al día después.
Eso no sucederá de inmediato. Estos no son días para el pensamiento estratégico a largo plazo, sino para breves momentos de alivio. En Israel las emociones van a dispararse. Habrá celebraciones por la liberación de los rehenes vivos y un profundo dolor cuando se devuelvan los cuerpos de otros.
Una vez que la ola inicial de emociones se desvanezca, surgirá de nuevo el espinoso asunto de establecer una comisión estatal de investigación sobre los fracasos que llevaron a la masacre del 7 de octubre y la consiguiente guerra en Gaza.
Del lado palestino la situación es mucho más complicada. Mientras que los residentes desplazados regresan a sus hogares y se vuelve claro el alcance de la destrucción, Hamás trata de elaborar una narrativa que justifique el acuerdo que se vio obligado a aceptar.
La organización prefiere hacer caso omiso del hecho de que acordó liberar a todos los rehenes a cambio de una retirada solo parcial de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza, que ahora es mucho más pequeña de lo que era en la víspera del ataque del 7 de octubre.

Hamás tampoco puede señalar la liberación de ninguna figura destacada con importancia simbólica, como Marwan Barghouti o Ahmad Sa’adat, entre los 2 mil prisioneros y detenidos palestinos que serán liberados. Cualquier cosa que pueda verse como un logro moral o simbólico para Hamás está ausente del acuerdo.
La organización ahora enfrenta a una rendición de cuentas, tanto interna como con el pueblo palestino. Hamás debe decidir si quiere seguir siendo un movimiento de resistencia o evolucionar para convertirse en un actor político que finalmente podría unirse a la OLP.
Fatah y la Autoridad Palestina enfrentan una prueba similar. No está claro si alguno de los dos comprende completamente la profundidad de la ruptura nacional. ¿Están realmente dispuestos a reconstruir las instituciones nacionales palestinas, o continuarán luchando por el control y el poder a expensas de un pueblo que se queda sin ninguna capacidad para influir en las decisiones políticas?
Los palestinos se enfrentan una vez más a la pregunta histórica que ha vuelto una y otra vez desde 1948: ¿ahora qué, y a dónde vamos? Esa pregunta se hizo después de 1967, después de la guerra civil en Jordania en 1970, después de la expulsión de la OLP de Beirut en 1982 y después de las dos intifadas. Después de cada capítulo sangriento, ha surgido la misma pregunta existencial sobre el futuro del proyecto nacional palestino.
Pero esta vez la pregunta se siente más urgente. Dos años de guerra devastadora han desmantelado casi todos los componentes del sistema político palestino. No hay una OLP que funcione ni un liderazgo capaz de articular una visión unificadora.
Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la comunidad internacional están delineando un plan para lo que viene después. Incluye la creación de un consejo internacional para supervisar la reconstrucción de Gaza. Entre los nombres mencionados se encuentran el ex primer ministro británico Tony Blair y varios diplomáticos árabes veteranos, pero ningún socio palestino legítimo.

Incluso se espera que la cumbre planeada por el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sissi y Trump se lleve a cabo sin un liderazgo palestino definido. Cuando los objetivos se reducen a un alto al fuego, la reconstrucción, y el socorro humanitario, hay pocas perspectivas de un verdadero avance político.
Al final de cuentas, el acuerdo entre Israel y Hamás es principalmente un acuerdo para el intercambio de rehenes y prisioneros y la entrada de ayuda humanitaria a Gaza. No brinda solucioones a las cuestiones más amplias de gobernanza, seguridad, o futuros acuerdos políticos.
Ese fracaso es responsabilidad de todas las partes: Israel, Hamás, la Autoridad Palestina y la comunidad internacional. Todavía no está claro si Israel completará su retirada de Gaza o cuál será el papel futuro de Hamás en el enclave. Nada en el acuerdo sugiere el inicio de un proceso político. Después de otra ronda más de negociaciones, las partes han vuelto al mismo lugar: gerenciar el conflicto hasta el próximo estallido.
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Categories: Palestina/Israel
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