Editorial

Debemos oponernos a la censura por el gobierno de la cobertura de la guerra en Irán



El 14 de marzo de 2026 el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), Brendan Carr, lanzó otro ataque al derecho fundamental a la libertad de prensa. Utilizando el lenguaje con el que la administración del presidente estadounidense Donald Trump responde a todas las críticas de sus políticas, Carr escribió en su cuenta de redes sociales: “Las emisoras que publican engaños y distorsiones informáticas — también conocidos como noticias falsas — tienen ahora la oportunidad de corregir el rumbo antes de que llegue la hora de renovar su licencia”.

La FCC concede licencias para operar servicios de radio, televisión, satélite y otros medios de telecomunicaciones en Estados Unidos. Sin embargo, su alcance está enmarcado por las garantías constitucionales de la libertad de expresión y la libertad de prensa.

La amenaza de Carr es la última andanada en los esfuerzos de la administración Trump por socavar la libertad de prensa y de expresión y por censurar las noticias. Mientras Washington sigue librando su muy mal vista guerra contra Irán,[1] se intensifican estos intentos de bloquear el acceso a los hechos y a la información, proporcionando más pruebas de la marcha hacia un régimen autoritario que ha caracterizado la trayectoria de esta administración desde el primer día.


EDITORIAL


Comentando sobre la declaración de Carr, Trump dejó muy claro lo que motivó este último ataque contra los medios de comunicación. “El New York Times y el Wall Street Journal … y otros ‘periódicos’ y medios de comunicación de mala muerte en realidad quieren que perdamos la guerra”, se quejó el presidente en las redes sociales.

Al día siguiente, Trump alegó que el Wall Street Journal le estaba dando una “cobertura falsa” a la guerra en el Medio Oriente. En su cuenta de TruthSocial, Trump subió la apuesta: “En cierto modo, ¡se puede decir que esos medios que generaron [el informe] deberían ser acusados de TRAICIÓN por difundir información falsa!”

La traición, por supuesto, es un delito capital. Así que el mensaje de la Casa Blanca es, en resumen: “¡Si no informas las noticias como yo quiero, vas a perder tu licencia para operar — y quizá tu libertad, o incluso tu vida!”

Este patrón de intimidar a los periodistas que lo desafían ha formado parte del manual de Trump desde que asumió el cargo por primera vez: insultos, ofensas, amenazas de iniciar litigios, de retirar las credenciales de miembros de la prensa, y ahora las amenazas de revocar las licencias de radiodifusión.

El presidente estadounidense Donald Trump habla con periodistas a bordo del Air Force One el 15 de marzo de 2026. Su actitud combativa, ofensiva y amenazante ante las preguntas difíciles de los medios forma parte de una campaña que busca socavar la capacidad de los periodistas de descubrir la verdad. (Foto: Kevin Lamarque / Reuters)

Muchos expertos afirman que es poco probable que uno u otro medio pierda la batalla legal sobre su derecho a operar. Pero el verdadero propósito de los ataques del gobierno es el efecto disuasorio que éstos pueden tener — y han tenido — sobre las emisoras.

El presentador nocturno de la ABC Jimmy Kimmel, el programa diurno de tertulia “The View” y el presentador del “Late Show” de CBS, Stephen Colbert, han sido todos blancos de ataques en los últimos meses y, en el caso de Kimmel y Colbert, sus cadenas cedieron a la presión.

Fue el propio Carr quien amenazó a Disney Entertainment, dueña de la cadena ABC, tras los comentarios controvertidos que hizo Kimmel tras el asesinato del derechista Charlie Kirk. “Podemos hacerlo por la vía fácil o por la difícil”, dijo el presidente de la FCC en ese momento. “Estas empresas pueden encontrar la forma de cambiar su conducta para tomar medidas contra Kimmel, o habrá trabajo adicional para la FCC en el futuro”.

ABC retiró el programa de Kimmel, pero el incidente provocó tanta indignación pública —millones cancelaron sus cuentas de Disney TV, por ejemplo, y el precio de las acciones de la compañía se desplomó — que el imperio de Mickey Mouse revirtió su decisión.

No es de extrañar que en tiempos de guerra se estén intensificando estas amenazas. Como aprendieron los ricos que gobiernan Estados Unidos durante la guerra de Vietnam,[2] es fundamental controlar lo que la gente sabe sobre los hechos sobre el terreno para ganar; si pierdes el control de la narrativa en tu propio país, puedes perder la guerra.

El humo y el fuego se elevan cerca del gigantesco yacimiento de gas de South Pars tras un ataque en la provincia de Bushehr, Irán, el 18 de marzo de 2026, durante la guerra en ese país por Estados Unidos e Israel. Irán respondió con ataques a un importante centro de gas en Qatar justo al otro lado del Golfo, y con una andanada de misiles en la capital saudí, Riad, con los escombros cayendo cerca de una refinería. (Foto: Captura de pantalla de un vídeo de redes sociales)

Hoy, como entonces, es vital defender la libertad de prensa y a los periodistas que hacen el arduo trabajo de buscar la verdad. Y la defensa de la libertad de expresión va de la mano con la defensa de los derechos democráticos, tanto de civiles como de los soldados estadounidenses que se oponen a esta guerra y que quieren organizar un amplio movimiento que exija la retirada de Estados Unidos de Medio Oriente.

Panorama-Mundial apoya firmemente a los periodistas que se oponen a los intentos de Washington de sepultar la verdad; son una barrera esencial en la marcha de Trump hacia el gobierno de un solo hombre.


NOTAS

[1] Una encuesta por parte del Washington Post realizada del 6 al 9 de marzo de 2026 muestra que algo más del 40% de los adultos se oponen a la continuación de los ataques contra Irán, mientras que otro 25% afirma que su opinión sobre la guerra sigue indecisa. La encuesta realizada por Ipsos del 13 al 15 de marzo de 2026 mostraron que el 58% desaprueba de los ataques militares contra Irán y el 78% se opondría a desplegar tropas sobre el terreno.

[2] La Guerra de Vietnam marcó la primera vez que los espectadores de televisión en Estados Unidos vieron imágenes del campo de batalla a pocas horas de su filmación, y que recibieron una “cifra de los muertos” en cada emisión de las noticias de la tarde. A diario, el horror de la guerra se desplegaba en las salas de cientos de miles de estadounidenses, lo cual contribuyó a que la guerra de Washington perdiera apoyo.

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