El masivo bombardeo que los gobiernos de Estados Unidos e Israel desataron contra Irán el 28 de febrero de 2026 ha sumergido al Medio Oriente en una guerra regional. Teherán está respondiendo con misiles y drones dirigidos contra objetivos estadounidenses e israelíes, así como refinerías de petróleo y otras instalaciones en países vecinos que apoyan directa o indirectamente el asalto injustificado de Washington.
Tras su reciente éxito en Venezuela y embriagadas por la seductiva idea de imponer su voluntad por medio del poder militar, las familias superricas que gobiernan Estados Unidos — junto a sus aliados israelíes — han provocado una conflagración sangrienta que se está ampliando. Mientras dice que está creando un mundo “mejor”, su “presidente de la paz” y sus secuaces han abierto un capítulo nuevo y más peligroso.
Esto es una guerra imperialista que sacude al Medio Oriente y amenaza la paz mundial, que además retrasa las perspectivas de que el pueblo iraní pueda finalmente liberarse del régimen opresor de Teherán.
EDITORIAL
Es una guerra por el petróleo.
Tercero en la lista tras Venezuela y Arabia Saudí, Irán se encuentra sobre una de las mayores reservas de petróleo del mundo. El tomar control de estas enormes reservas pondría al ejército de Estados Unidos en mejor posición para enfrentar una futura guerra con China — el principal contendiente de Washington.

Todo esto es a costa de las clases trabajadoras y medias en Irán y en toda la región.
Hasta ahora la Casa Blanca ha guardado silencio sobre el petróleo y sobre China — sus motivaciones no declaradas para atacar a Irán. Pero las caprichosas justificaciones de los bombardeos que han ofrecido el presidente estadounidense Donald Trump y sus altos cargos del gabinete indican que todos mienten descaradamente sobre sus verdaderos objetivos o, en el mejor de los casos, no saben si podrán alcanzarlos, ni cómo ni cuándo.
La justificación cambiante de la guerra
El lunes 2 de marzo en su primer acto público desde que comenzó el ataque, Trump nunca mencionó una parte clave de su justificación inicial para la guerra: deponer al régimen clerical iraní.
En cambio, alegó que Irán “pronto” tendría misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar objetivos dentro de Estados Unidos — sin aportar ninguna evidencia de que tales capacidades existan.
En un anuncio a medianoche en las redes sociales durante el primer fin de semana de la guerra, Trump había descrito el ataque contra Irán como un esfuerzo por devastar a los gobernantes en Teherán para que el pueblo iraní pudiera tomar el control. Para el lunes, en palabras del secretario de guerra estadounidense Pete Hegseth, ya se había convertido en “no se trata de las llamadas guerras de cambio de régimen”.
Hegseth les dijo a los periodistas del Pentágono que el gobierno iraní estaba construyendo misiles sofisticados y otras armas convencionales para ocultar sus planes para un arma nuclear. “Irán nos apuntaba a la cabeza con un arma convencional, tratando de mentir para poder construir una bomba nuclear”, afirmó. (No importa que su jefe insistiera en junio de 2025, que el Pentágono ya había “destruido” las instalaciones nucleares de Teherán.)
Increíblemente, Hegseth también le dijo a los medios: “No fuimos nosotros los que empezamos esta guerra, pero bajo el presidente Trump, la vamos a concluir”, afirmando que Irán “libró una guerra salvaje y unilateral” durante “47 largos años” aunque el liderazgo del país no lo “haya declarado abiertamente”.
En realidad, en medio de las conversaciones en curso con líderes iraníes en febrero, la Casa Blanca decidió abruptamente desplegar la marina estadounidense y aviones de guerra contra Irán en una operación conjunta con Israel, aunque ninguno de los dos enfrentaba una amenaza inminente desde Teherán.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ofreció una tercera justificación para hacer la guerra. Washington, dijo, sabía que Israel iba a atacar Irán, lo que provocaría contraataques contra las fuerzas estadounidenses y posibles bajas, y decidió atacar primero para minimizar el riesgo.
Teorías conspirativas antisemitas
La ultraderecha en Estados Unidos ya está usando este argumento para difundir teorías conspirativas antisemitas (un artículo en inglés).
El supremacista blanco Nick Fuentes, por ejemplo, ha sido muy abierto al respecto. “Estadounidenses van a morir en ataques terroristas y en bombardeos con misiles para que Israel pueda expandir sus fronteras en todas direcciones”, declaró Fuentes. “Trump, Vance y Rubio nos traicionaron”.
Si a la Casa Blanca no le va bien en esta guerra, declaraciones de ese tipo en los extremos de la política de derecha podrían convertirse hoy día en una ola de odio contra los judíos.
Como lo explicó un boletín del 3 de marzo del grupo Jewish Currents, la declaración de Rubio “les tiende una trampa a los judíos estadounidenses para que asuman la culpa si la guerra sale mal, como parece que va a ocurrir. Aunque los judíos de izquierda y los progresistas han tratado de establecer una distinción entre Israel y los judíos en la imaginación de los estadounidenses, las instituciones judías convencionales han hecho todo lo posible por confundir el asunto, fusionando la crítica de Israel con el antisemitismo”. La mayoría de los grupos judíos “convencionales”, como la Liga Antidifamación, se apresuraron a apoyar la guerra de Trump contra Irán.
Esta guerra y sus justificaciones, siempre cambiantes, en realidad están dirigidas por un solo hombre: Donald Trump. Un presidente totalmente impredecible, que confía solamente en sí mismo como su mejor asesor y que no piensa en las consecuencias ni se preocupa por ellas (a menos que puedan afectarlo personalmente).
Una entrevista de Trump en Axios (en inglés) el 5 de marzo ofreció otra ejemplo de esta realidad. Aunque Hegseth lo había negado — seguramente a instancias de su jefe — Trump volvió a usar el “cambio de régimen” como justificación. Dado el asesinato del líder supremo iraní Ali Jamenei en un ataque israelí del 28 de febrero, Trump le dijo a Axios que él tenía que estar personalmente involucrado en la selección del próximo líder iraní — tal como lo hizo en Venezuela.
Un día después, Trump fue aún más lejos, “dejando que sus asesores y aliados en el Congreso trataran de seguirle el ritmo y en ocasiones contradiciendo al presidente”, como dijo el New York Times. En una publicación en las redes sociales del 6 de marzo, Trump declaró que no aceptaría nada menos que la “rendición incondicional” por parte de Irán. Tras la sumisión de Teherán, meditó, vendría “la selección de un GRAN y ACEPTABLE Líder(es)”.

Esto debe poner nerviosa a la mayoría de las familias adineradas que gobiernan Estados Unidos. Trump no es el que hubieran elegido para liderar su imperio. Pero no pudieron encontrar una mejor alternativa y están atrapados con él. No le importan sus opiniones, y no le tienen en alta estima. Pero la mayoría de ellos, o los grandes medios empresariales que controlan, no criticarán abiertamente su inicio o gestión de la guerra a menos que salga mal.
Como lo expresó El segundo mandato de Trump: El gobierno de un solo hombre y el peligro del fascismo incipiente, publicado por Panorama-Mundial hace un año, “estos tambores de guerra expansionistas, los intentos de acaparamiento de recursos que recuerdan la época colonial y el proteccionismo agresivo, podrían conducir a nuevas guerras y posiblemente a otra conflagración mundial. Esto es más probable en un mundo que es cada vez más inestable, en el que las fuerzas ultraderechistas ya han ascendido al poder, o están tocando a sus puertas, en un número creciente de países del ‘primer mundo’, o más exactamente, imperialistas”.
Competencia por el suministro mundial de petróleo
El asesinato de Jameneí, el ataque contra otros altos funcionarios del gobierno iraní y la ampliación de los bombardeos estadounidenses, que ahora han alcanzado instalaciones civiles así como instalaciones militares, desmienten las proclamaciones de la administración Trump de querer “ayudar” al pueblo iraní.
El “cambio de régimen” que Trump está considerando no tiene nada que ver con liberar al pueblo iraní de las garras de un régimen represivo. Al igual que en Venezuela, la “Operación Furia Épica” tiene que ver con el petróleo.
Y, al igual que en Venezuela, el imperialismo estadounidense busca obtener una ventaja frente a China. Antes de los ataques estadounidenses, Pekín compraba más del 80% del petróleo enviado desde Irán, además de comprar más de la mitad de las exportaciones de petróleo de Venezuela. En conjunto, este petróleo representa alrededor del 17% de las importaciones de petróleo por China, una parte importante del total que necesita.

La guerra en el Medio Oriente ya se ha extendido hasta involucrar a la mayoría de los países de la Península Arábiga, excepto Yemen, así como el Líbano y Chipre. El 4 de marzo, las fuerzas de la OTAN interceptaron un misil que, según se informa, procedía de Irán y se dirigía hacia Turquía. Entre las potencias de la OTAN, Francia, Grecia y el Reino Unido han desplazado activos militares más cerca de la zona de guerra.
Pero la competencia subyacente entre Estados Unidos y China amenaza con desatar un conflicto militar mucho más amplio y devastador en el futuro.

Detrás del odio que Washington le ha tenido a Irán durante 47 años
Para la consternación del imperialismo estadounidense, las reservas de petróleo de Irán han estado fuera de su alcance desde que el Shah Mohammad Reza Pahlavi fue depuesto por un auge revolucionario de los trabajadores y los campesinos iraníes, así como de estudiantes y otros jóvenes, en 1979. Desde ese momento, bajo el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter, Irán ha sido una espina en el costado de Washington.
Durante los primeros años de la revolución iraní la clase trabajadora logró avances significativos. Las shoras — consejos de trabajadores elegidos democráticamente — presionaron por el control obrero de la producción en las fábricas; los campesinos confiscaron propiedades y exigieron una reforma agraria; las mujeres lucharon con éxito por afianzar nuevos derechos políticos y económicos.
“Sin embargo, faltaba algo en Irán que le impedía a los trabajadores completar su victoria y tomar el poder en sus propias manos. No existía un partido revolucionario, compuesto en su mayoría de trabajadores y campesinos experimentados en las luchas de los oprimidos y explotados, y que gozara del respeto de las masas”, como señala el artículo que acompaña a este editorial: Revolución y contrarrevolución en Irán: El origen del régimen clerical.
Eventualmente “Esto le permitió a las fuerzas burguesas organizadas en torno al ayatolá Ruhollah Jomeini establecer un régimen capitalista estable”.
En el otoño de 1980, el ejército de Irak invadió territorio iraní con el respaldo de Washington y sus aliados, que se habían visto frustrados por el desenlace de la revolución iraní un año y medio antes. La conducta del régimen de Jomeini durante esa guerra, que se prolongó durante casi ocho años, desempeñó un papel fundamental en el derrocamiento final de la revolución iraní.
“Para 1988, cuando terminó la guerra con Irak”, explica el artículo mencionado arriba, “los clérigos que dirigían Teherán habían consolidado un régimen teocrático sobre el cadáver de la revolución de 1979. Desde entonces han gobernado de manera dictatorial”.
El régimen del ayatolá Ali Jamenei — quien sucedió a Jomeini tras su muerte en 1989 — ha estado marcado durante décadas por el autoritarismo y la represión. Hizo retroceder el movimiento obrero iraní, ya debilitado durante la década de la guerra entre Irán e Irak, y lo mantuvo a raya encarcelando y matando repetidamente a miles de opositores.
Otra característica del gobierno de los clérigos ha sido su vehemente antisemitismo, avivando las llamas del odio hacia los judíos en el Medio Oriente, tanto con retórica como con ayuda material a fuerzas nacionalistas burguesas — como Hamás o Hezbolá que afirman representar o apoyar la lucha del pueblo palestino por la autodeterminación — pero que en realidad la hacen retroceder. Este odio hacia los judíos es una de las excusas que los gobiernos de Estados Unidos e Israel han utilizado de forma constante como justificación para sus acciones contra Irán.
Más recientemente, el régimen de Jamenei mostró su verdadero rostro durante las protestas que comenzaron el 28 de diciembre de 2025. Inicialmente provocadas por una inflación abrumadora, especialmente de los alimentos y el combustible — y causada en gran medida por las draconianas sanciones impuestas por Estados Unidos, así como por la corrupción gubernamental — los manifestantes dirigieron cada vez más su ira hacia el ayatolá. En respuesta, Teherán desató una represión feroz, disparando perdigones metálicos a corta distancia contra las multitudes y amenazando con la pena de muerte a cualquiera implicado en las protestas.


Según cálculos del gobierno iraní, la represión dejó 3 mil muertos en cuestión de días; otros estiman que es mucho mayor el número de víctimas.
El 26 de enero la Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos (HRANA), con sede en Irán, informó que 5,777 manifestantes habían muerto, así como 86 niños, y 11,009 habían resultado gravemente heridos. Otras 17,091 muertes siguen bajo investigación y 41,880 personas han sido detenidas, según HRANA.
La hipocresía de Washington
Al anunciar el inicio de “grandes operaciones de combate en Irán”, Trump se dirigió al pueblo iraní. “Durante muchos años le han pedido ayuda a Estados Unidos. Pero nunca la han recibido. Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche”, afirmó. “Ahora tienen un presidente que les da lo que ustedes quieren”.
“Así que, veamos cómo responden”, continuó Trump, con su tono arrogante y paternalista. “Estados Unidos los está respaldando con una fuerza abrumadora y devastadora. Ahora es el momento de tomar el control de su destino y de desencadenar el futuro próspero y glorioso que está cerca de su alcance. Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar”.
Sin embargo, para el pueblo iraní, el asesinato del principal clérigo gobernante y de varios otros funcionarios gubernamentales, además de la muerte de cientos, no es el regalo envuelto en una bandera estadounidense que Trump proclamó.

Aunque es de esperarse que muchos iraníes celebraran la muerte de Jamenei, el asesinato pisoteó la soberanía iraní y es una flagrante violación del derecho internacional.
En realidad, la guerra ha retrasado los esfuerzos del pueblo iraní por librarse del régimen clerical que los oprime.
La reciente oleada de protestas antigubernamentales, entre ellas manifestaciones de miles de estudiantes en varias universidades del país a finales de febrero — que son las primeras acciones de este tipo desde la represión letal de Teherán en enero — ha disminuido. Esto es de esperarse bajo los incesantes bombardeos de Estados Unidos y de Israel.
Además, el gobierno iraní ha logrado movilizar a decenas de miles de simpatizantes en muchas ciudades del país que gritan patrióticamente “Muerte a América”.

El 3 de marzo, miles de personas en la ciudad sureña de Minab, Irán, participaron en el funeral de 165 niñas y personal que resultaron muertos en un bombardeo durante la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel que destruyó una escuela primaria en la provincia de Hormozgan. Los dolientes condenaron la guerra imperialista.


De hecho, en todo el país está aumentando la indignación popular por el costo de la guerra, ya que más de 1,300 personas han muerto hasta la fecha como resultado del bombardeo estadounidense, la mayoría civiles, según Al-Jazeera.

Un cambio duradero que promueva los intereses del pueblo trabajador de Irán solo puede producirse como resultado de sus propios esfuerzos, por medio de actos colectivos como las movilizaciones masivas que derrocaron a la monarquía iraní en 1979.
Trump y los de su calaña nunca van a instalar en ningún lugar un gobierno que represente los intereses de la gran mayoría: la clase trabajadora. Al mismo tiempo que emitió su llamado a que el pueblo iraní tomara “control de [su] destino”, Trump le dijo al New York Times que tenía “tres muy buenas opciones” que podrían tomar la riendas del país. Una vez más, la Casa Blanca se prepara para tomar las decisiones.
Existe un amplio precedente histórico. Washington apoyó la sangrienta monarquía del sha que gobernó Irán con mano de hierro desde 1925, durante más de medio siglo, hasta que el pueblo iraní la derrocó en 1979. El reinado de la tiranía real comenzó con un golpe militar respaldado por la CIA en 1953 que derrocó al gobierno democráticamente elegido de Mohammad Mosaddegh, por el “crimen” de nacionalizar el petróleo iraní.
Afirmaciones contradictorias: ¿una guerra cada vez más amplia, pero ‘no interminable’?
La guerra de Washington contra Irán no es popular en Estados Unidos. Casi el 60% se opone a los ataques, según una encuesta de CNN realizada inmediatamente después de que comenzaron los bombardeos. Otras dos encuestas, por Reuters/Ipsos y por The Washington Post, tuvieron resultados similares.
Estas actitudes podrían generalizarse si aumentan las bajas estadounidenses — hasta ahora son seis las reconocidas por el Pentágono.
Durante su rueda de prensa del 2 de marzo, Hegseth intentó calmar este descontento. Prometió que: “esto no es Irak…. esto no va a ser interminable”.

Sin embargo, tanto Trump como el presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, intentaron preparar al pueblo de Estados Unidos para un compromiso más largo.
Caine anunció el despliegue adicional de tropas y material estadounidense en la región. No hizo predicciones sobre la posible duración de las operaciones militares de Estados Unidos.
Trump dijo que su gobierno inicialmente “proyectó entre cuatro y cinco semanas” como la duración probable de la guerra, pero señaló que el ejército tiene “la capacidad de durar mucho más que eso”.
Trump afirmó que no descartaba el despliegue de tropas terrestres en Irán. Washington nunca ha ganado una guerra solo con bombardeos aéreos, y no es probable que lo haga ahora. La Casa Blanca también está armando a los kurdos en Irak y presionándolos, junto con los kurdos en Irán, para que tomen el control de zonas en el oeste de Irán para ayudar con el trabajo sucio del Pentágono.

A pesar de la creciente preocupación entre la población estadounidense, la mayoría de los políticos republicanos están apoyando a Trump. El Partido Republicano cerró filas la primera semana de marzo y frenó las resoluciones en el Congreso que limitarían los poderes bélicos del presidente.
Por el lado demócrata, la principal queja es que no fueron invitados a la fiesta. Protestan porque la administración Trump no buscó la aprobación del Congreso para declarar la guerra bajo la Ley de Poderes de Guerra. Pero son pocos los políticos demócratas se oponen abiertamente a la guerra en sí.
De hecho, el Partido Demócrata demostró bajo la administración Biden que es tan entusiasta como el Partido Republicano en su deseo de derrocar al régimen iraní y enfrentarse a China. La élite demócrata simplemente no está convencida de que el método de Trump sea la manera de lograrlo.
Los trabajadores, la juventud y cualquiera que se oponga a las guerras imperialistas de Washington no pueden confiar en los representantes de ninguno de los dos partidos capitalistas — los demócratas o los republicanos — para impulsar una lucha que pueda lograr que las tropas de Estados Unidos regresen a casa y que pueda ponerle fin a la masacre en el Medio Oriente.
Ahora es el momento de ampliar las protestas que surgieron tras los primeros bombardeos. Lo que se necesita es montar acciones con un frente unido — para educar e involucrar a amplios sectores de la población. Estas movilizaciones pueden enfocarse en las demandas, cada vez más amplias, de poner fin inmediatamente a los bombardeos en Irán.





Podemos señalar que el gobierno de España dio un ejemplo digno de ser imitado. Se ha negado rotundamente a permitir que aviones de guerra estadounidenses utilicen el país — inclusive las dos bases militares compartidas por España y Estados Unidos — como plataforma de lanzamiento para ataques contra Irán, a pesar de las amenazas estadounidenses de cortar todo el comercio con Madrid.
¡El ejército de Estados Unidos debe retirarse inmediatamente del Medio Oriente!
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Categories: Editorial, Política Mundial
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