Política Mundial

La conquista de Washington en Venezuela (I)

Respuesta a la declaración del Partido por el Socialismo y la Liberación de que ‘la revolución bolivariana sigue en pie’



(Esta es la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse en la Parte II.)


Por Pete Seidman y Yvonne Hayes

El 3 de enero de 2026, fuerzas militares de Estados Unidos bombardearon Venezuela y secuestraron al presidente del país, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Ese día en un editorial, Panorama-Mundial condenó inequívocamente este ataque a la soberanía del país. “¡Abajo con la agresión imperialista de Estados Unidos en Venezuela! ¡Liberad para Maduro y Flores! ¡Ni una gota de sangre por petróleo!”, concluyó el editorial, demandas que seguimos reivindicando hoy en día.

El ataque estadounidense, explicó Perspectiva-Mundial, no se trataba sobre si “Maduro es o no es un ‘representante legítimo’ del pueblo venezolano, una persona ‘cruel’ o un ‘capo de la droga'”. Se llevó a cabo para permitir que las empresas estadounidenses puedan tomar control de los vastos recursos petrolíferos del país, de mantener la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental y de permitir que las grandes empresas estadounidenses puedan hacer frente a la creciente competencia de China… todo esto a costa de los trabajadores de las Américas”.

Un edificio de apartamentos en Catia la Mar, Venezuela, tras los ataques estadounidenses del 3 de enero de 2026. (Foto: The New York Times)

De hecho, a las pocas horas de su abrumadora redada, el presidente estadounidense Donald Trump y su secretario de Estado Marco Rubio se jactaban de que Washington ahora “gobernaría el país” y “recuperaría el petróleo que nos pertenece”.


ANÁLISIS DE NOTICIAS


Tras ese ataque, muchos analistas esperaban que Trump nombrara a María Corina Machado para gestionar esta piratería. Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz por su papel en la dirección de la oposición a Maduro en las elecciones de 2024, buscó con descaro la aprobación de Trump para encabezar un nuevo gobierno en Venezuela. Como parte de esa misión, Machado le entregó servilmente su Premio Nobel a Trump, quien se había indignado por no haberlo ganado él mismo (¡tras ordenar un asalto militar estadounidense contra otro país!).

Sin embargo, Trump descartó a Machado, diciéndole a los periodistas que es una persona “muy amable”, pero que “no tiene ni el apoyo ni el respeto dentro del país” para servir como presidenta.

La administración Trump, en cambio, decidió que la forma más eficaz de llenar el vacío de dirección creado por el secuestro de Maduro era darle la luz verde a la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez para que asumiera el cargo. A Trump y compañía no les molesta su retórica “antiimperialista”. Incluso pueden haberla encontrado útil para apaciguar cualquier disturbio que pudiera ocurrir tras su asalto al país sudamericano. Washington apostó — poseyendo información que no era fácilmente accesible al público en ese momento — que la administración Rodríguez actuaría como un dócil régimen de transición, permitiendo a las grandes empresas estadounidenses aprovechar al máximo los beneficios del petróleo y otras riquezas de Venezuela al menor costo político.

Mientras que Maduro y Flores enfrentan cargos falsos en la ciudad de Nueva York, Delcy Rodríguez, exjefa del Ministerio de Petróleo y de Finanzas de Venezuela; su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional; y Diosdado Cabello, el ministro del Interior, fueron los favoritos de Washington para gerenciar el gobierno de Venezuela.

En las semanas transcurridas, Delcy Rodríguez y compañía han demostrado lo acertada que fue la apuesta de Trump y Rubio.

¿Cómo defender la soberanía de Venezuela y a su pueblo trabajador?

Entre los que en Estados Unidos se oponen al asalto de Washington en Caracas y a sus amenazas en las Américas — codificadas en el llamado Corolario Trump a la Doctrina Monroe,[1] existen criterios contrapuestos sobre lo que ha ocurrido en Venezuela y sobre el carácter del actual gobierno del país.

Tras la redada y el secuestro de Maduro por Estados Unidos, Manolo De Los Santos, director ejecutivo del Foro del Pueblo en Nueva York y uno de los investigadores del Instituto Tricontinental de Investigación Social, expuso su perspectiva en el artículo del 4 de enero La revolución venezolana sigue en pie: desmontando la operación psicológica de Trump. Fue publicado inicialmente por el diario internacional People’s Dispatch y fue reimpreso inmediatamente por Liberation, el periódico del Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL).

De Los Santos caracterizó la evolución de la política en Venezuela, comenzando con la elección de Hugo Chávez como presidente en 1998, como una revolución que conducía a la nación hacia lo que Chávez llamó el “socialismo del siglo XXI”. De Los Santos argumentó que este proceso — la “revolución bolivariana”[2] — sigue vivo bajo el liderazgo de Rodríguez. Esta afirmación contradice la realidad, como vamos a demostrar en este artículo.

Ansioso por encontrar una explicación para la prisa con que Rodríguez negoció con Washington en lugar de organizar una resistencia contra el ataque yanqui, De Los Santos argumentó que las debilidades de su política eran en realidad fortalezas que evitaban una confrontación más violenta; no una traición al pueblo venezolano, sino parte de un retroceso necesario para preservar el “poder estatal revolucionario” y “asegurar el espacio político y evitar la aniquilación total”.

De Los Santos argumentó que, en la antesala del ataque del 3 de enero, la administración Trump se enfrentó a “el poder de la resistencia popular organizada” junto al ejército profesional, creando un “escenario en el que cualquier invasión terrestre degeneraría en una guerra popular prolongada”. Combinados con el “rechazo público generalizado a la intervención militar, que abarca todo el espectro político” en Estados Unidos, estos factores obligaron a Washington a retroceder y aceptar a Rodríguez como la legítima sucesora de Maduro, afirmó De Los Santos.

De Los Santos insistió en que “hay una renuencia” por parte de Estados Unidos “a llegar hasta una guerra para cambiar el régimen”, citando los ejemplos de Irak y Afganistán, donde dijo que los estrategas yanquis aprendieron a buscar el “camino de menor resistencia”. Eso implica usar campañas de bombardeos, secuestros y colaboración con líderes locales con los que los invasores pueden colaborar, en lugar de costosas intervenciones militares que también causarían muchas bajas estadounidenses. En Caracas, esa trayectoria los condujo a Rodríguez en lugar de a Machado.

Pero hubo otra lección que los imperialistas estadounidenses sacaron de su desastrosa ocupación de Irak. Allí, las fuerzas de ocupación estadounidenses aniquilaron por completo el aparato estatal existente del partido Ba’ath, pero nunca lograron instalar un régimen clientelar fiable para llenar el vacío político.

De Los Santos afirmó que “las masas, el partido y el Estado venezolanos estaban preparados para contrarrestar una invasión estadounidense a gran escala con una guerra popular de resistencia descentralizada”. Eso crearía una situación aún más desfavorable para Washington que la que enfrentó en Irak hace dos décadas tras una intervención militar masiva.

Sin embargo — según la mayoría de las fuentes — cuando llegaron los helicópteros estadounidenses para capturar a Maduro y explotaron bombas sobre varios otros objetivos hubo una sorprendente falta de resistencia tanto por parte de las fuerzas armadas venezolanas como de la población.

De Los Santos intentó justificarla con una evaluación muy sombría de la capacidad que tiene hoy el pueblo trabajador, o de un país, de resistir los ataques imperialistas.

“Ningún país del planeta tiene actualmente la preparación ni la capacidad para impedir la fuerza abrumadora y brutal de una operación especial estadounidense como la llevada a cabo”, afirmó. “Ninguna nación, por muy justificada moralmente, movilizada popularmente o capaz militarmente que esté, puede actualmente igualar la fuerza letal concentrada y de alta tecnología de la maquinaria bélica estadounidense en este sentido”.

En otras palabras, De Los Santos bien podría estar diciendo: “El pueblo trabajador está condenado al fracaso”.

Se necesita un análisis objetivo

“Se requiere un análisis concreto para acabar con la desinformación, comprender el equilibrio objetivo de fuerzas y trazar un camino a seguir”, dijo De Los Santos. Pero parece que fue incapaz de seguir sus propios consejos.

De Los Santos sugiere que quienes discrepan de su valoración del equilibrio de fuerzas en Venezuela, o de su visión sobre el carácter de clase del “proceso” que se está desarrollando allí ahora, simplemente están siendo engañados por la guerra psicológica y la campaña de desinformación de la administración Trump. “Ningún socialista debería tener una reacción instintiva de aceptar la propaganda burguesa”, advirtió.

¿Estaba Chávez — seguido por Maduro y ahora Rodríguez — liderando una revolución social encaminada al establecimiento del socialismo en Venezuela? ¿Es ahora necesario o posible hacer concesiones y aceptar retrocesos para proteger los intereses de los trabajadores y campesinos de ese país? ¿Es cierto que la “Revolución Bolivariana” señala el camino a seguir — en Venezuela o en otros lugares?

Para responder a estas preguntas es útil revisar los últimos 25 años del “proceso bolivariano”, para comprender mejor el carácter de clase del Estado venezolano y la relación de fuerzas entre la clase capitalista en Venezuela, los trabajadores y campesinos del país, y el imperialismo estadounidense hoy en día.

Las reformas bajo Chávez

En 1998 Chávez, un joven radical y oficial del ejército, fue elegido presidente tras un periodo de protestas masivas contra un programa de austeridad impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La trayectoria de Chávez no fue inusual. En los países semicoloniales las tomas de poder por oficiales militares radicales en entornos de mucha pobreza — ya sea mediante elecciones o golpes militares — a menudo han llevado, en un principio, a reformas sociales importantes, pero no a esfuerzos por derrocar el capitalismo.

A raíz de esta resistencia popular y tras una victoria electoral con una mayoría del 56%, el gobierno de Chávez promulgó una reforma agraria, logró una reducción de la pobreza de un 20 % en pocos años, y lanzó una campaña de alfabetización que enseñó a leer y a escribir a 1.5 millones de personas. Con la ayuda de misiones médicas cubanas, nuevas clínicas llevaron atención preventiva y de urgencias a muchos que rara vez, o quizá nunca, habían visto a un médico.

Médicos cubanos, parte de la misión Barrio Adentro, realizan visitas domiciliarias en La Yaguara, Venezuela. (Foto: La Red)

Estos avances para los trabajadores y campesinos se registraron cuando el petróleo en el mercado mundial gozaba de altos precios, mientras que un mayor control estatal sobre los recursos petrolíferos del país[3] incrementó los ingresos estatales.

Este periodo se describe con más detalle en el artículo de Panorama-Mundial en septiembre de 2024 titulado Las elecciones en Venezuela: ¿Un fraude anunciado?

A pesar de los avances sociales descritos anteriormente, ese artículo señalaba que: “Bajo la administración de Chávez, la propiedad privada de los medios de producción permaneció en gran medida intacta, y el poder económico permaneció firmemente en manos de las familias más ricas del país. Su régimen nacionalista, sin embargo, entró cada vez más en conflicto con la mayoría de la clase capitalista venezolana. El enfrentamiento se convirtió en una colisión en el otoño de 2001”.

En ese momento el gobierno de Chávez promulgó leyes que, de implementarse plenamente, hubieran reducido las ganancias y el poder de la oligarquía financiera. Esas medidas incluían la reforma agraria, protección para los pescadores independientes, un mayor control estatal sobre los recursos petrolíferos del país, y la asignación de fondos estatales para viviendas asequibles y otros programas sociales.

“La nueva administración también provocó la ira de Washington y de la burguesía local por cultivar lazos políticos y económicos más estrechos con Cuba revolucionaria”, señalaba el artículo de Panorama-Mundial en 2024.

“Alentados por estas aperturas, los trabajadores y campesinos lucharon por tierras, empleos, y más derechos democráticos. Estas luchas alarmaron a la mayoría de los capitalistas venezolanos y a sus patrocinadores estadounidenses.

“En 2001, la oposición antichavista organizó cazerolazos, grandes concentraciones de protesta para exigir la renuncia del presidente. En 2002 también protagonizó un golpe militar que sacó a Chávez del poder durante dos días, pero esto fue revertido por la oposición popular.

“A esto le siguió en 2003 una ‘huelga’ en el monopolio petrolero estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA), instigada por ejecutivos de la empresa que trabajaban codo a codo con los altos burócratas sindicales que controlaban el sindicato de trabajadores petroleros en ese momento; cierres patronales en otras industrias con el objetivo de paralizar la producción para acelerar una crisis económica; ataques armados contra edificios gubernamentales; y un referéndum para destituir a Chávez en 2004.

“Washington y otros gobiernos imperialistas respaldaron estos esfuerzos y luego le impusieron sanciones perjudiciales a Venezuela que afectaron en gran medida a los trabajadores del país.

En junio de 2001, se promulgó una ley de reforma agraria que aumentó la capacidad de los arrendatarios sin tierra para obtener tierras y reforzó el poder del estado para convertir grandes fincas ociosas en producción alimentaria. (Foto: Venezuelanalysis)

“Pero con una protesta popular tras otra, los trabajadores se movilizaron y derrotaron todos los intentos de la clase capitalista venezolana y de sus partidarios en el extranjero de derrocar a Chávez”.[4]

A medida que los precios del petróleo dejaron de subir y empezaron a sufrir caídas bruscas empezando en 2007, los ingresos estatales de Venezuela disminuyeron. También se agudizaron los conflictos entre la clase capitalista y la agenda social del gobierno.

Chávez rechaza la ‘trayectoria cubana’

“Al mismo tiempo el Movimiento Quinta República liderado por Chávez, que en 2007 se fusionó con otras organizaciones para formar el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), rechazó el camino cubano hacia un futuro genuinamente socialista”, señalaba el artículo de 2024 en Panorama-Mundial.

“El PSUV se negó a dirigir a los trabajadores del país para poner fin al dominio de los capitalistas, establecer un gobierno de obreros y campesinos, nacionalizar los medios de producción, y reorganizar a la sociedad en base a la solidaridad humana y la igualdad social”, continuó.

“En cambio, el PSUV promovió ‘el socialismo del siglo XXI’. Esto no era sino un eufemismo para la idea de mantener las relaciones económicas capitalistas, ahora moduladas por un mayor control estatal sobre algunas industrias privadas, y caracterizadas por una creciente concentración del poder gubernamental en manos del jefe de Estado — el presidente.

“El papel cada vez más autoritario del gobierno se hizo evidente en 2006. Ese año, Chávez fue reelegido presidente de Venezuela con el 63% del voto popular. Un año antes, su partido había ganado el control total de la Asamblea Nacional del país después de que la oposición boicoteara las elecciones legislativas, así como del Tribunal Supremo y la mayor parte del poder judicial, además del Consejo Nacional Electoral.

“Tras estas victorias arrolladoras, Chávez promulgó una ‘ley habilitante’ que le permitía gobernar por decreto, con poderes prácticamente dictatoriales, durante un máximo de 18 meses. También planteó la idea, en repetidas ocasiones, de formular una reforma constitucional que le permitiera tratar de reelegirse indefinidamente, perpetuando su poder de por vida.

“Estas son las características de un régimen bonapartista,[5] aunque en este caso con un barniz de izquierda. Son lo opuesto a fortalecer el poder político de los obreros y campesinos”.

El régimen de Maduro: una caricatura matona del chavismo

Maduro, un estrecho aliado de Chávez, asumió el cargo de presidente después de que su predecesor perdiera su batalla contra el cáncer. Maduro elevó entonces el autoritarismo del gobierno a otro nivel. Empezando seis meses después de su elección en 2013, y apoyándose en una serie de leyes habilitantes, gobernó por decreto durante la mayor parte de su presidencia durante los siguientes 12 años.

Hugo Chávez y Nicolás Maduro a finales de 2007. (Foto: Matilde Campodónico / AP)

El 4 de febrero de 2026 el grupo Tempest, un “colectivo socialista revolucionario” según su página web, publicó una entrevista con Federico Fuentes, un activista de larga data de solidaridad con Venezuela que vivió en Caracas durante varios años durante el gobierno de Chávez como corresponsal de Green Ve. También es colaborador de Venezuelanalysis.

“En algún momento durante el gobierno de Maduro, entre 2015 y 2017, quedó claro que el sector de la sociedad para el que gobernaba estaba cambiando”, señaló Fuentes. “Una combinación de circunstancias y decisiones lo llevó a romper con la mayoría pobre y la base obrera que habían apoyado al gobierno de Chávez y formaban la columna vertebral de la revolución bolivariana. En cambio, consolidó una nueva base entre el ejército, las fuerzas de seguridad y la nueva clase capitalista”.

A diferencia de Chávez, “el gobierno de Maduro fue indudablemente un gobierno pro-capitalista”, continuó Fuentes. “Representaba tanto los intereses de la nueva clase capitalista, que se había enriquecido gracias a sus conexiones con el Estado ‘bolivariano’ (la llamada burguesía bolivariana que Chávez denunciaba), como a la clase capitalista tradicional. El gobierno de Maduro finalmente se ganó el apoyo de Fedecámaras[6] [la cámara de comercio del país], mientras que el director de la Bolsa de Valores de Caracas dijo, tras las elecciones presidenciales de 2024, que el gobierno, y no la oposición, mejor representaba la estabilidad económica.

“El gobierno de Maduro también era decididamente anti-obrero. Sectores de la izquierda a menudo excusan al gobierno, alegando que sus decisiones políticas se deben a las sanciones. Pero esto ignora que las políticas gubernamentales llevaron a una redistribución drástica de la riqueza hacia arriba incluso antes de las sanciones. Además, incluso bajo las sanciones, no es cierto que el gobierno de Maduro no tuviera otras opciones. Desde 2018 en adelante, eligió deliberadamente trasladar el peso de la crisis a espaldas de la clase trabajadora”.

Con las continuas fluctuaciones de los precios del petróleo, el endurecimiento de las sanciones por parte de Estados Unidos y de otras potencias imperialistas, y la mala gestión de los recursos por parte de funcionarios gubernamentales corruptos, la economía venezolana se fue a pique. La inflación subió del 100% en 2015 al 80,000% a finales de 2018. La tasa de pobreza se disparó hasta superar el 80% en 2020. Estas condiciones devastadoras provocaron un éxodo masivo de Venezuela, con hasta un 25% de su población emigrando en busca de una vida mejor.

Las protestas ante el desempleo generalizado y la escasez de alimentos y otras necesidades básicas fueron reprimidas por el gobierno de Maduro. Las fuerzas de seguridad, el ejército y escuadrones de matones extralegales (los llamados colectivos) salieron a las calles para reprimir estas demandas de auxilio.

En julio de 2024, Maduro reclamó la victoria en las elecciones presidenciales. A pesar de las dudas generalizadas sobre los resultados, los procedimientos diseñados para garantizar la integridad de la votación fueron ignorados. Estallaron protestas contra esta falta de transparencia, incluso en muchos barrios obreros. El gobierno respondió con una oleada de represión, que resultó en unas 2 mil detenciones y la muerte de 23 manifestantes y transeúntes.

La represión antisindical bajo Maduro

El giro de la política económica bajo Maduro “tuvo que ir acompañado de un aumento de la represión. Fuera de Venezuela oímos hablar de la represión contra la oposición de derechas — aunque nunca de sus acciones antidemocráticas, violentas o ilegales. Pero la izquierda y las fuerzas de la clase trabajadora en Venezuela han enfrentado, posiblemente, una represión mayor”, explicó Fuentes en la entrevista de Tempest.

Trabajadores públicos protestan por mejores salarios y beneficios frente al Ministerio de Educación en Caracas, Venezuela, el 27 de marzo de 2023. El salario mensual de 130 bolívares equivale a unos 6 dólares estadounidenses. (Foto: Ariana Cubillos / AP)

“En cuanto a los derechos de los trabajadores, hay cientos de sindicalistas en la cárcel por protestar, no pueden registrarse nuevos sindicatos, las huelgas son ilegales y la negociación colectiva está prácticamente prohibida. En cuanto a la izquierda, todos y cada uno de los partidos de izquierda del país han sido despojados de su registro electoral o se les ha negado el derecho a registrarse para las elecciones. Las últimas elecciones presidenciales [en 2024] fueron las primeras desde la caída de la dictadura militar en 1958 en las que la izquierda estuvo completamente excluida de presentar candidatos.

“Cuando añadimos a esto que al pueblo venezolano se le negó su derecho a que se contaran y verificaran sus votos (posiblemente uno de los derechos democráticos más básicos, pero que algunos en la izquierda parecen querer negarle al pueblo venezolano, alegando que no ocurrió nada inapropiado en esas elecciones), percibimos hasta qué punto la democracia había sido revertida. No solo en términos de la era de Chávez (cuando la izquierda acertadamente señalaba a Venezuela como líder mundial en transparencia electoral), sino incluso en términos de los mínimos derechos democráticos burgueses.

“Hay otro componente que debe considerarse; concretamente, el uso de las fuerzas de seguridad para aterrorizar a las comunidades trabajadoras y pobres. A medida que aumentaba el descontento con el gobierno entre los sectores chavistas tradicionales, el gobierno de Maduro intensificó su vigilancia en estos barrios mediante su ‘Operación Liberar al Pueblo’ y la creación del escuadrón élite de la muerte, las FAES (Fuerzas de Acciones Especiales).

“El resultado fue un aumento dramático en los asesinatos policiales de hombres negros y mayoritariamente jóvenes en esos barrios: de unos 1500 a 2500 al año en 2014-15 a entre 5000 a 5500 al año entre 2016 y 2018, lo que convierte a las fuerzas de seguridad venezolanas en las más mortíferas de la región en términos per cápita. Aunque no era estrictamente una operación política, esta policía represiva tuvo el efecto de aterrorizar a las comunidades que habían comenzado a salirse de la fila.

“Dado todo esto, no es de extrañar que incluso los barrios que más respaldaban al chavismo finalmente se volvieran en contra de Maduro y no salieran corriendo a defenderlo tras su secuestro”.

Con la clase capitalista controlando todavía la industria y las finanzas, y un régimen represivo cada vez más hostil a las necesidades y demandas de los obreros y los campesinos, los trabajadores venezolanos no estaban preparados para responder a la agresión de Washington el 3 de enero de 2026.

Falta de preparación para repeler un ataque estadounidense

Durante los últimos cinco meses de 2025, la concentración de la mayor fuerza militar de Estados Unidos en el Caribe desde la crisis de misiles de octubre de 1962,[7] el asesinato en altamar de más de 100 personas en pequeñas embarcaciones, y un bloqueo naval del petróleo venezolano ordenado por el Pentágono señalaba claramente que un asalto militar por Estados Unidos era probable, si no inevitable. Con cañoneros y portaaviones a solo 50 o 100 millas de la costa venezolana, incluso la inteligencia estadounidense se sorprendió por la falta de respuesta defensiva que las fuerzas especiales de Estados Unidos encontraron en las primeras horas del 3 de enero.

Marines estadounidenses asignados a la 22ª Unidad Expedicionaria de Marines (Capaz de realizar Operaciones Especiales) participan en un entrenamiento de cuerda rápida desde un MH-60S Seahawk, asignado al Escuadrón de Combate Marítimo de Helicópteros (HSC) 26, en la cubierta de vuelo del buque de asalto anfibio clase Wasp USS Iwo Jima (LHD 7), mientras navegaba en el mar Caribe el 23 de octubre de 2025. (Foto: Marinero Logan Goins, especialista en comunicaciones a gran escala / Marina de EE. UU.)

El 7 de enero, el general Javier Marcano Tábata, comandante de la guardia de honor presidencial y jefe de la unidad de contrainteligencia militar venezolana, fue destituido por Delcy Rodríguez por no proteger a Maduro de ser capturado durante la incursión estadounidense. Según se informa, Marcano Tábata fue arrestado bajo acusaciones de aceptar sobornos, darle al ejército estadounidense la ubicación de Maduro y desactivar los sistemas de defensa antiaérea.

Pero no se puede culpar a sólo una persona por la inhabilidad del ejército venezolano de montar una defensa sólida. Los avanzados sistemas de defensa aérea de fabricación rusa en Venezuela ni siquiera estaban conectados al radar durante la incursión y el secuestro, le comentaron funcionarios estadounidenses al New York Times. Venezuela no había podido darle mantenimiento ni mantener en buen estado para el combate el sistema antiaéreo ruso S-300 ni sus sistemas de defensa Buk-M2, que fueron adquiridos en 2009.  

Además, Maduro llevaba meses afirmando que 4.5 millones de venezolanos estaban armados y preparados para defenderse de cualquier ataque del imperialismo estadounidense. De Los Santos infló esa cifra a 8 millones. Sin embargo, esa fuerza no se materializó en los meses previos al 3 de enero, durante el asalto militar estadounidense, ni en las semanas posteriores.

La única defensa vigorosa que enfrentaron los invasores estadounidenses fue en el complejo presidencial de Caracas. Cincuenta personas murieron intentando proteger a Maduro y a su esposa; entre los que murieron, combatientes cubanos fueron la mayoría. Treinta y dos cubanos asignados a un equipo de seguridad dieron sus vidas defendiendo el compromiso de defender la soberanía de un país hermano y proteger a su presidente. Aproximadamente 50 civiles venezolanos más perdieron la vida durante el bombardeo estadounidense.

La elección de Chávez como presidente en 1998 abrió un periodo de movilización de la clase obrera y de los campesinos en Venezuela. Sin embargo, cuando llegó el asalto estadounidense de 2026, ya se habían erosionado casi por completo los avances que inicialmente habían logrado los trabajadores y los campesinos. Además, la represión generalizada por parte del gobierno de Maduro — un régimen capitalista que no se parecía ni siquiera a los gobiernos socialdemócratas moderados — había hecho imposible la defensa popular de la soberanía venezolana frente al asalto imperialista.

Esa es la raíz de lo que ocurrió el 3 de enero. No la “fuerza letal concentrada y de alta tecnología de la maquinaria bélica estadounidense” que “ninguna nación… puede igualar” o enfrentar, como afirman erróneamente De Los Santos y el PSL.


(Esta fue la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse aquí.)


Aunque este es un artículo firmado, refleja las opiniones de todos los editores de Panorama-Mundial.


NOTAS

[1] Articulada por primera vez por el entonces presidente James Monroe en 1823, cuando casi todas las colonias españolas en América habían alcanzado o estaban cerca de la independencia, la doctrina Monroe afirmaba que cualquier nuevo esfuerzo de las potencias europeas por controlar o influir en estados soberanos en la región sería visto como una amenaza a la seguridad de Estados Unidos. Representaba las semillas de una política que planteaba, en resumidas cuentas, que América Latina y el Caribe eran el “patio trasero” de Estados Unidos — un descarado intento de dominar económicamente al hemisferio, con el poderío militar para respaldarlo.

“El Corolario Trump a la Doctrina Monroe” apareció por primera vez en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 publicado por la Casa Blanca en noviembre de 2025.

[2] La Revolución Bolivariana se refiere al proceso de reforma social en Venezuela iniciado en 1998 cuando Hugo Chávez fue elegido presidente del país por primera vez. Recibe su nombre de Simón Bolívar, un oficial militar venezolano que a principios de la década de 1820 lideró la lucha por independizar de España a la región que abarca lo que hoy son Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.

[3] La industria petrolera de Venezuela fue nacionalizada oficialmente el 1 de enero de 1976, durante la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez. Esta nacionalización estableció a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) como una empresa petrolera estatal. Poco después de ser elegido presidente por segunda vez en 1989, Pérez anunció El Gran Viraje para gestionar arcas vacías y una enorme deuda externa. Este giro incluyó medidas de austeridad dictadas por el Fondo Monetario Internacional y permitió una mayor participación de inversores privados en PDVSA. En 2007, bajo Hugo Chávez, volvió a aumentar el control estatal sobre PDVSA.

[4] Para más información sobre cómo la clase trabajadora derrotó el intento de golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2002 para derrocar al gobierno democráticamente electo de Hugo Chávez, lea Estamos luchando por defender a los trabajadores de Venezuela un informe como testigo presencial publicado en inglés en el número del 12 de agosto de 2002 del periódico The Militant.

[5] Tras el ataque al Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021 por una turba derechista que intentó revertir los resultados de las elecciones estadounidenses de 2020 por medios violentos, Panorama-Mundial explicó el término bonapartismo presentando el artículo inaugural de su contraparte en inglés, World-Outlook. La turba se inspiró en la falsa afirmación por Donald Trump de que fue una “elección robada”.

Panorama-Mundial llamó la atención de sus lectores a los escritos del estudioso marxista George Novack. Hace décadas, Novack escribió que el bonapartismo “lleva al extremo la concentración de poder en el jefe de Estado, ya discernible en las democracias imperialistas contemporáneas. Todas las decisiones políticas importantes se centralizan en un solo individuo dotado de poderes extraordinarios de emergencia. Habla y actúa no como servidor del parlamento … sino por derecho propio como ‘el hombre del destino’ que ha sido llamado a rescatar a la nación en su hora de peligro mortal”.

[6] Fedecámaras (Federación Venezolana de Cámaras de Comercio) es la organización paraguas más grande sin fines de lucro, y la más influyente, que representa a las asociaciones empresariales privadas en Venezuela.

[7] En octubre de 1962, durante lo que se conoce ampliamente como la Crisis de los Misiles de Cuba, Washington llevó al mundo al borde de la guerra nuclear al imponer un bloqueo naval a Cuba y amenazar con iniciar una guerra a menos que la Unión Soviética retirara los misiles nucleares que, a pesar de los deseos del gobierno cubano, había instalado en Cuba. El pueblo cubano y su gobierno revolucionario, con una determinación sin precedentes por defender su soberanía y su revolución socialista, bloquearon los planes estadounidenses de un asalto militar y salvaron a la humanidad de las consecuencias de un holocausto nuclear.


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