En una gran escalada de sus hostilidades contra el pueblo venezolano y el gobierno de Nicolás Maduro, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el 16 de diciembre “un bloqueo total y completo de todos los petroleros sancionados” que entran y salgan de ese país.
Esto es un acto de guerra, dirigido no solo contra Venezuela sino también contra Cuba, y una advertencia a todos los gobiernos de América Latina y el Caribe que se atrevan a enfrentarse al matón imperialista yanqui. Tras haber matado a por lo menos 95 personas en pequeñas embarcaciones frente a las costas de Venezuela y Colombia bajo el pretexto de combatir el narcotráfico — lo que no es más que asesinatos en altamar — y la incautación de un petrolero venezolano, el bloqueo del petróleo venezolano lleva a la región un paso más hacia la guerra.
Ahora es el momento de organizar, tanto en Estados Unidos como en toda la región, acciones tipo frente unido — jornadas educativas, protestas, resoluciones sindicales — exigiendo “No a la guerra contra Venezuela; alto al bloqueo; fuera del Caribe al ejército de Estados Unidos”.
EDITORIAL
Trump afirmó en un comunicado en su cuenta de TruthSocial que el bloqueo permanecerá en vigor “hasta que devuelvan a Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y otros activos que previamente nos robaron.” Esto es una aparente referencia a la nacionalización por parte del gobierno venezolano de algunas unidades de producción petrolera propiedad de empresas estadounidenses en 2007, lo cual es el derecho soberano de Venezuela y de su pueblo.
El gobierno venezolano respondió que “El presidente de Estados Unidos está intentando, de manera absolutamente irracional, imponer un supuesto bloqueo militar naval a Venezuela para robarse las riquezas de nuestra patria. Venezuela nunca volverá a ser una colonia del imperio, ni de ninguna otra potencia extranjera.”

Ahora está más claro que nunca que la hostilidad de Washington hacia Venezuela no se debe a ninguna relación con el contrabando de fentanilo, como la Casa Blanca ha afirmado repetidamente. Se sabe ampliamente que la producción de fentanilo se realiza principalmente en México utilizando materias primas de China.
En cambio, la administración estadounidense ve a Venezuela como un obstáculo para hacer valer lo que llama “El Corolario Trump de la Doctrina Monroe”.[1]
En noviembre la administración Trump publicó su documento (en inglés) de Estrategia de Seguridad Nacional (NSS por sus siglas en inglés) de 2025, el cual declaró que Trump “ha consolidado su legado como ‘El Presidente de la Paz'”, valiéndose de “una diplomacia poco convencional, el poder militar estadounidense y palancas económicas”. Las más recientes acciones belicistas en el Caribe y el Pacífico demuestran lo descarada que es esta mentira.
El documento de la NSS afirma que hoy día el objetivo de Estados Unidos es “restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” y controlar sus recursos, incluido el petróleo venezolano. Su objetivo principal es hacer frente a las crecientes inversiones y a la influencia de China en América Latina — el principal competidor de Washington en el mundo — pero eso no va a detener el comercio con China ni su creciente prestigio económico en la región.
Además de Venezuela, Cuba — durante ya mucho tiempo una diedra en el zapato de los gobernantes estadounidenses — también es blanco de esta reciente escalada. Cuba depende de Venezuela para una importante parte de sus importaciones de petróleo; el petrolero incautado el 10 de diciembre se dirigía, de hecho, hacia el puerto cubano de Matanzas.
En su cuenta en X, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel respondió apropiadamente al anuncio de Trump.
“La declaración del gobierno de los Estados Unidos es un acto de piratería y una total violación del derecho internacional. Hacemos un llamado a la comunidad internacional para que ponga fin a los dobles raseros y denuncie esta nueva barbarie”, dijo Díaz-Canel.
“La firme resistencia de Venezuela agrava la frustración y arrogancia de los yanquis, llevándoles a admitir, mediante falacias y sin vergüenza, de qué se trata todo esto: apropiarse de los vastos recursos naturales [de Venezuela]”, continuó el presidente cubano.
“El bloqueo naval con el que [Venezuela está] presionada es arbitrario e ilegítimo.”
El documento estratégico de la administración Trump afirma de forma demagógica que la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental forma parte de una visión que está “a favor de los trabajadores de Estados Unidos”. Pero su política exterior no es “a favor de los trabajadores”, como tampoco lo es su política interna, que consiste en socavar la salud, la educación, la seguridad laboral y nuestros derechos democráticos. Ese conjunto de políticas y actos enfocados en la guerra contra los trabajadores inmigrantes ha dejado claro el inconfundible avance de Trump hacia el gobierno de un solo hombre — uno que plantea el grave peligro del auge de un fascismo incipiente en Estados Unidos.
El saqueo que Washington tiene en sus mirillas no va a beneficiar a la clase trabajadora en Estados Unidos, que no tiene interés alguno en apoyar este fortalecimiento militar ni en las intervenciones que son parte inevitable de esta estrategia. Al contrario, tendremos que pagar el precio, económicamente y con nuestra sangre, para llenar los bolsillos de los capitalistas estadounidenses.
Nuestros intereses residen en fortalecer la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas en toda América, desde la bahía de Hudson en el extremo norte hasta el Cabo de Hornos, en el extremo sur del continente sudamericano, y en defender la soberanía de esos pueblos. Al hacerlo iremos cobrando más fuerza para las batallas que enfrentamos aquí en casa.
¡Ni una gota de sangre por el petróleo en Venezuela!
NOTAS
[1] Articulada por primera vez por el entonces presidente James Monroe en 1823, cuando casi todas las colonias españolas en América habían alcanzado o estaban cerca de lograr su independencia, la doctrina Monroe afirmaba que cualquier nuevo esfuerzo por las potencias europeas de controlar o influir en estados soberanos en la región sería visto como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Representaba las semillas de una política que podría resumirse diciendo que América Latina y el Caribe serían vistas como el “patio trasero” de Estados Unidos — un intento descarado de Estados Unidos de dominar económicamente el hemisferio, concentrando además el poderío militar para respaldarlo.
“El Corolario Trump de la Doctrina Monroe” fue afirmado por primera vez en el documento (en inglés) de Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 publicado por la Casa Blanca en noviembre.
Si te gustó este artículo, compárte lo con amigos y usa el enlace a continuación para suscribirte gratuitamente a Panorama-Mundial.
Anota en el espacio a continuación tu correo electrónico y haz clic en el botón SUSCRIBIRSE. Recibirás un mensaje con el enlace que necesitas usar para confirmar tu suscripción.
Categorías:Editorial, Política en Estados Unidos, Política Mundial
1 respuesta »