Algunas lecciones del movimiento en Estados Unidos contra la guerra en Vietnam
Durante el último año, millones de personas en Estados Unidos han salido a protestar en contra de los ataques de Washington contra los derechos democráticos, el terrorismo de ICE, y la guerra imperialista. Entre ellos se encuentran muchos jóvenes, junto con otras personas que nunca antes habían salido a las calles.
Estos activistas están ensayando estrategias y tácticas, y debatiendo cómo frenar el avance de Trump hacia el gobierno de un sólo hombre. Muchas de las preguntas a las que se enfrentan ya se han planteado antes, quizás de forma más notable durante el movimiento contra la guerra de Estados Unidos en Vietnam durante la década de los años sesenta y principios de los setenta.
En julio de 1959, cuando murieron los primeros soldados estadounidenses en Vietnam, el oponerse a una guerra en el sudeste asiático no formaba parte de la conciencia de la gran mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos. La clase trabajadora disfrutaba de un período de relativa estabilidad. El pequeño movimiento pacifista de la época se centraba en el tema de las armas nucleares.
La cacería de brujas anticomunista de la Guerra Fría, liderada por el senador estadounidense Joseph McCarthy, aún pesaba sobre cualquier impulso hacia la acción política y, para muchos, el que estuvieran lanzando bombas sobre “comunistas” en el extranjero no era motivo de preocupación.
El panorama comenzó a cambiar a medida que el movimiento por los derechos civiles — que se inició a mediados de la década de 1950 y se extendió hasta finales de la de 1960 — luchaba por derogar las leyes racistas denominadas Jim Crow en el Sur y por dar fin a la segregación de facto en el Norte.
Además, en 1959, el pueblo cubano se liberó del yugo de una dictadura respaldada por Estados Unidos, tomó las riendas de su destino y comenzó a construir una sociedad basada en la solidaridad humana, abriendo así el camino al socialismo en el continente americano.

Jóvenes radicalizados, algunos de ellos atraídos por organizaciones pacifistas tradicionales, irrumpieron en la escena con menos de los amarres de la histeria anticomunista que habían detenido a sus padres. Hacia 1965, el movimiento contra la guerra de Vietnam comenzó a cobrar forma.
A medida que la guerra se intensificaba y la oposición se extendía, florecieron los debates sobre cómo consolidar el movimiento. Estos debates solían centrarse en la eficacia de la “acción directa” o la desobediencia civil por un lado, y las marchas y las manifestaciones masivas por el otro, así como sobre las reivindicaciones que deberían promoverse en estas acciones.
¿Deberían los activistas pacifistas exigir una solución negociada en Vietnam que permitiera que la guerra continuara durante un tiempo — lo cual coincidía cada vez más con las tendencias del ala liberal del Partido Demócrata — o presionar para que se retiren inmediatamente las tropas estadounidenses?
¿Podrían construirse coaliciones más eficaces en torno a demandas concisas, como “Traigan las tropas a casa ya”, o creando alianzas multi-temáticas que liguen el fin de la guerra con otros objetivos, como las mejoras a los programas sociales y la mitigación de la pobreza?
¿Deberían ser los políticos demócratas y republicanos y otros miembros de las élites gobernantes el enfoque de nuestra labor en Estados Unidos, o debería ser la masa de los trabajadores y sus aliados?
¿Acción de masas, desobediencia civil o política electoral?
Si bien la estrategia de las movilizaciones masivas y la reivindicación de una retirada inmediata de las tropas estaba atrayendo a la mayor cantidad de personas a las calles, una gran parte del movimiento se impacientó. La guerra continuó prolongándose y la devastación en Vietnam, junto con las bajas de tropas estadounidenses, se agravaron.
Es importante tener en cuenta que la guerra contra Vietnam, que duró de 1960 a 1975, era hasta esa fecha la guerra continua más larga en la historia de Estados Unidos. (Actualmente, solo la supera la guerra de Estados Unidos en Afganistán, que duró casi 20 años). Murieron más de 2 millones de indochinos, así como 60 mil soldados estadounidenses. El Pentágono lanzó más bombas sobre Vietnam que en todas las guerras anteriores juntas.
Muchos activistas cuestionaban la eficacia de la estrategia de realizar movilizaciones masivas, a pesar de que esas grandes manifestaciones reflejaban un sentimiento contra la guerra cada vez más arraigado, o al menos un cuestionamiento más profundo de la política estadounidense, entre amplios sectores de la población. En todos los bandos del debate sobre estrategia y tácticas había activistas cuyo objetivo era elegir a políticos liberales y empujar al Congreso a que actuara contra la guerra.
En abril de 1970, las fuerzas estadounidenses invadieron Camboya, lo que desató una ola de protestas. Durante una de ellas, el 4 de mayo de ese año, tropas de la Guardia Nacional abrieron fuego contra manifestantes en la Universidad Estatal de Kent, en Ohio, matando a cuatro estudiantes e hiriendo a nueve. Once días después, la policía disparó más de 460 veces contra un dormitorio de mujeres en Jackson State College, una universidad mayoritariamente negra en Misisipi, matando a dos personas e hiriendo a doce.
Estos acontecimientos desencadenaron huelgas estudiantiles en todo el país y provocaron una escisión en la coalición nacional contra la guerra durante el verano. De esa división surgió, por un lado, la Coalición Nacional de Acción por la Paz (NPAC por sus siglas en inglés), que apoyaba las movilizaciones masivas contra la guerra. Por otro lado, se encontraba la Coalición Popular por la Paz y la Justicia (PCPJ por sus siglas en inglés), liderada por un grupo que se autodenominaba Colectivo del Primero de Mayo (o Tribu May Day), que representaba el ala de acción directa y que reivindicaba múltiples causas.
Ese invierno, el NPAC convocó una masiva manifestación pacífica para el 24 de abril de 1971 en Washington, D.C. El Colectivo Primero de Mayo, que había accedido a copatrocinar la marcha, comenzó a organizar la desobediencia civil con motivo de la celebración del día internacional de la clase obrera. El Colectivo Primero de Mayo anunció que le daría a Washington hasta el 1 de mayo para ratificar el “Tratado de Paz del Pueblo”, un documento que exigía una solución negociada en Vietnam, o de lo contrario paralizaría el gobierno.

En torno a estas dos protestas, veteranos pacifistas planearon la Operación Dewey Canyon III: un campamento y una serie de acciones contra la guerra por parte de veteranos de Vietnam que se llevarían a cabo la semana previa al 24 de abril. Entre la marcha del 24 de abril y los eventos del Primero de Mayo, varios grupos organizaron charlas informativas llamadas teach-ins, actividades de cabildeo y otras iniciativas.
El 24 de abril, tras la escalada de la guerra y la invasión estadounidense de Laos en febrero, se estima que 500 mil personas marcharon en Washington exigiendo la retirada inmediata de las tropas estadounidenses y el fin del servicio militar obligatorio. Un contingente de veteranos y soldados en activo encabezó la marcha. Ese mismo día, hasta 350 mil personas se manifestaron en San Francisco con las mismas consignas.
Una semana después la Tribu May Day reunió a unas 40 mil personas en Washington comenzando el sábado 1° de mayo, con el plan de bloquear puentes y vías de acceso a la capital del país entre el 3 y el 5 de mayo para “paralizar al gobierno”. Alrededor de 12 mil de los que se quedaron en Washington para participar en las acciones directas fueron arrestados.
Relato de un testigo presencial, líder del movimiento contra la guerra
Fred Halstead fue un líder del movimiento contra la guerra de Vietnam desde sus inicios y una figura central en la Coalición Nacional de Acción por la Paz. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, Halstead se unió al Partido Socialista de los Trabajadores (SWP por sus siglas en inglés) en 1948, a la edad de 21 años. Se convirtió en un hábil cortador en la industria textil de Los Ángeles y participó activamente en el movimiento obrero.
En 1953, durante la cacería de brujas anticomunista, se mudó a Detroit y consiguió trabajo como tapicero en la industria automotriz. Allí se involucró en el movimiento por los derechos civiles, recabando apoyo para el boicot de autobuses de Montgomery. En 1968, ya conocido en los círculos pacifistas, Halstead se postuló a la presidencia de Estados Unidos como candidato del SWP.

Halstead desempeñó un papel fundamental en los debates previos a la manifestación del 24 de abril de 1971 y fue el principal organizador de la misma, además de testigo presencial de las actividades del Primero de Mayo una semana después. En la columna “Algunos comentarios sobre las acciones del Primero de Mayo”, escrita unas semanas después de estos sucesos, Halstead ofreció sus observaciones sobre las protestas, destilando lecciones para el movimiento y tratando de alcanzar a los más amplios sectores de la población estadounidense.
Estas lecciones — solo algunas de las muchas que Halstead aborda con mayor profundidad en su libro en inglés Out Now! A Participant’s Account of the Movement in the United States against the Vietnam War (¡Fuera Ya! Relato de un participante del movimiento en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam) — serán de interés para muchos. Como contribución al debate sobre estrategia y tácticas en las luchas de hoy, Panorama-Mundial publica aquí el comentario de Halstead.
La columna que sigue apareció por primera vez en la revista International Socialist Review de julio-agosto de 1971. El titular y el texto que aparecen a continuación son del original. Los subtítulos, las fotos, la traducción y las notas son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
*
Algunos comentarios sobre las acciones de emergencia (May Day)
Revista Internacional Socialist Review, julio-agosto de 1971
Por Fred Halstead
Un problema con las manifestaciones de la Tribu May Day realizadas en Washington del 3 al 5 de mayo es que inicialmente fueron anunciadas más como un plan de batalla que como una manifestación. Sin embargo es cierto que, de cierto modo, las manifestaciones contra la guerra — incluso las no violentas — se asemejan a las batallas militares en una guerra civil.
No me refiero aquí a las similitudes obvias y superficiales, como el hecho de que por un lado se despliega un cierto número de policías o soldados, y por el otro un cierto número de manifestantes. Tampoco me refiero al pintoresco mapa de Washington de la Tribu May Day que marca los puntos clave donde se ha de bloquear el tráfico. El resultado inmediato de cualquier confrontación en esas circunstancias nunca está en duda.
Pero con o sin confrontación las manifestaciones masivas se asemejan a las batallas de una guerra civil donde cada una pone a prueba fuerzas y voluntades; los resultados inmediatos dependen en gran medida de los preparativos previos y el contexto social; y los efectos de las acciones son de índole molecular. Es decir, afectan la esencia misma de la sociedad, y sus efectos pueden ser profundos y mucho más generalizados que los que afectan directamente a las personas involucradas.

Son estos últimos efectos los que resultan cruciales para los socialistas revolucionarios cuando evalúan los resultados de una o varias manifestaciones contra la guerra. Son estos factores los que suelen pasar por alto quienes critican las grandes manifestaciones por considerarlas repetitivas o por ser una pérdida de tiempo y dinero, o quienes exigen acciones más “reales” y menos “simbólicas”. Son estos efectos los que no suelen tener en cuenta quienes preguntan: “¿De qué sirvió? La guerra sigue, ¿no es así?”.
La guerra sigue, pero el país ya no es el mismo
Desde luego, la guerra continúa, pero el país ya no es el mismo que antes de una manifestación masiva que resulta efectiva, tampoco la guerra misma, ni la capacidad que tienen los guerreristas para imponer su voluntad.
Las preguntas serias que hay que plantearse son las siguientes:
¿Cuántas nuevas fuerzas se han sumado a las actividades contra la guerra como resultado de la acción? ¿Cuántas mentes se han abierto? ¿Cuántos han cambiado de opinión? ¿Cuántos jóvenes que se enfrentaban al reclutamiento asistieron a esta manifestación, o conocen a alguien que lo hizo, y qué efecto tendrá esto en las fuerzas armadas? ¿Cuántos soldados participaron, vieron la manifestación o supieron de ella, y qué efecto tendrá esto en ellos, e incluso en las batallas en Vietnam?
¿Cuántos trabajadores participaron, vieron o se enteraron de la manifestación y qué efecto tuvo en su actitud hacia los intentos del gobierno de sacrificarlos en aras de la guerra? ¿Estarán más o menos dispuestos a aceptar, por ejemplo, que sus salarios sean congelados? ¿Más o menos dispuestos a declararse en huelga en defensa de sus propios intereses? ¿Más o menos dispuestos a apoyar a los trabajadores que se oponen a la guerra?
Es cierto que no hay forma de obtener respuestas cuantitativas precisas a estas interrogantes, pero ciertas cosas deberían ser obvias. Por mencionar solo dos: Cuando se inició el movimiento masivo contra la guerra en 1965, el número de tropas estadounidenses en Vietnam aumentaba constantemente.
El gobierno se esforzó mucho por convencer al pueblo estadounidense de que la oposición a esta escalada era ineficaz o se limitaba a un pequeño sector de la población. Si lo hubiera logrado, no hay razón para pensar que el número de tropas, si fuera decidido desde un punto de vista puramente militar, se hubiera limitado a 500 mil. ¿Por qué no uno o dos millones si los reclutas y la población civil no fueron capaces de hacer oír su oposición?
A pesar de que Nixon[1] y su predecesor nunca abandonaron la esperanza de derrotar a los vietnamitas, han salido más tropas estadounidenses de Vietnam de las que han regresado. Esto es una muestra del proceso interno que se está desarrollando en este país.
Una segunda valoración es el hecho de que el movimiento sindical, a pesar de tener un liderazgo conservador y en parte partidario de la guerra, ni invoca ni acepta de otros el argumento de que la guerra sea razón suficiente para cancelar las huelgas.
Las manifestaciones masivas afectan los pilares del poder real
Estos son indicios de cómo las manifestaciones masivas contra la guerra afectan los pilares del poder real, independientemente de si paralizan el tráfico o no.
Desde esta perspectiva, las multitudinarias manifestaciones en Washington y San Francisco el 24 de abril — y las inéditas manifestaciones de los veteranos de Vietnam[2] en Washington inmediatamente antes del 24 de abril — fueron tremendamente efectivas. Desde la misma óptica, la efectividad de las acciones patrocinadas en Washington por la Tribu May Day del 3 al 5 de mayo es cuestionable.
Sin embargo, las acciones del Primero de Mayo fueron de gran envergadura y no pueden considerarse acciones aisladas por un puñado de ultraizquierdistas. Quienes representábamos la postura de los socialistas revolucionarios en el movimiento pacifista no apoyamos las acciones de May Day principalmente por dos razones: primero, las demandas políticas eran confusas y ambiguas en lo que respecta a la retirada inmediata de Vietnam. Segundo, la táctica anunciada — paralizar la ciudad de Washington — estaba condenada al fracaso desde el principio.
Tal y como se había anunciado, las manifestaciones tenían como objetivo hacer cumplir el “Tratado de Paz del Pueblo”, que exige fijar una fecha futura para la retirada de las fuerzas estadounidenses de Vietnam.
El tratado de hecho toma esencialmente la misma postura que la ofrecida por el Gobierno Revolucionario Provisional de Vietnam del Sur en las negociaciones de París. Pero para el movimiento pacifista en Estados Unidos las reivindicaciones vinculadas a fases coyunturales específicas de las conversaciones de París[3] no son necesariamente más efectivas como demandas que la consigna “¡Fuera ya!”.
De hecho, son menos efectivas si lo que se busca es apelar a la gran mayoría del pueblo estadounidense. Después de todo, las conversaciones de París también incluyen las demandas de Nixon para los vietnamitas, algunas de las cuales se han concedido en el “Tratado de Paz”. Una de las grandes lecciones que el pueblo estadounidense está aprendiendo hoy es que no tiene derecho a decidir sobre los gobiernos de otros pueblos.

Una cosa es que el PRG [Gobierno Revolucionario Provisional],[4] que se encuentra bajo presión y que tal vez sienta la necesidad de hacer ciertas concesiones, intente que Nixon acepte abandonar su país, incluso en una fecha futura, dentro de muchos meses. Otra muy distinta es que los estadounidenses que se oponen a la guerra aprueben la continua violación de la soberanía vietnamita por parte de Estados Unidos.
El movimiento pacifista estadounidense no puede hacer menos que exigir la retirada inmediata de Estados Unidos de Vietnam. No necesita hacer nada más para satisfacer plenamente cualquier deseo de los vietnamitas respecto al papel de Estados Unidos en esta guerra.
El Tratado de Paz del Pueblo, sin embargo, posee una cualidad que lo hizo particularmente atractivo para los organizadores de las acciones de May Day. El líder de May Day, Rennie Davis, explicó este punto repetidamente cuando se convocaron las acciones. Señaló que la postura declarada de muchos pacifistas en el Congreso — tal como se refleja en documentos como la enmienda McGovern-Hatfield[5] — es muy similar a la propuesta del Tratado de Paz. Los políticos liberales que han respaldado el “tratado” han explicado esto diciendo que exige concesiones tanto de los vietnamitas como de Washington y, por lo tanto, no compromete a Washington a una retirada unilateral.
¿Apelar a la clase dominante o a la masa del pueblo estadounidense?
Parece claro que las demandas políticas de las acciones que propone May Day estaban diseñadas para atraer a un sector de la clase gobernante, en lugar de a la mayoría del pueblo estadounidense, que simplemente desea que la guerra termine cuanto antes. [Para un análisis más profundo de esta cuestión, véase el artículo en inglés “¿Qué es lo que está mal con el Tratado de Paz del Pueblo?” en la Revista Socialista Internacional de junio — El editor de ISR.]
Por extraño que parezca, las tácticas elegidas para las acciones de[l grupo] May Day están dirigidas al mismo público, al menos según lo anunciado por los organizadores de la Tribu May Day. El llamado a la acción era una amenaza: si el gobierno no detiene la guerra, los manifestantes lo van a paralizar bloqueando Washington. Detrás de toda esa escalada de la retórica y el lenguaje de corte izquierdista se esconde un claro intento de captar la atención de la clase gobernante, y no de movilizar a las masas del pueblo estadounidense.
Por supuesto, esta postura no carece de lógica. La clase dominante es una fuerza que podría detener la guerra si así lo decidiera. Pero ni la amenaza ni el fallido intento de “bloquear a Washington” han logrado que la clase dominante cambie de opinión.
Desde el punto de vista práctico, los efectos más profundos de las manifestaciones de la semana anterior son más poderosos.
Las acciones de[l grupo] May Day involucraron a un número considerable de personas, especialmente considerando que se trataba de manifestaciones de desobediencia civil. Doce mil personas fueron arrestadas. Las autoridades adoptaron una actitud característica del papel que jugó Estados Unidos en Vietnam: en algunos cruces, sobre todo en los alrededores de la Universidad George Washington, consideraron a toda la población como enemiga y detuvieron a todo aquel que encontraron a su paso.
Tres factores explican la participación sin precedentes en este tipo de acciones. Primero, la profunda indignación moral contra la guerra, que sigue en aumento. Segundo, la influencia de los pacifistas organizados, como el Grupo de Acción No Violenta y el Proyecto Cuáquero. Se volcaron en capacitar a miles de manifestantes y lograron establecer un clima de no violencia disciplinada. Eso permitió la participación de muchas personas que no se hubieran quedado para una manifestación caótica. Tercero, el legado de la manifestación del 24 de abril. La Coalición Popular por la Paz y la Justicia ofreció una serie de actividades para cubrir el período entre el 24 de abril y las manifestaciones del Primero de Mayo.
Cabe destacar también que hubo un acuerdo en Washington entre los organizadores de las acciones de May Day y la Coalición Nacional de Acción por la Paz (NPAC), que organizó la manifestación del 24 de abril. El acuerdo, en el que también participó la Coalición Popular por la Paz y la Justicia, establecía lo siguiente: por un lado, no se convocarían ni fomentarían manifestaciones de desobediencia civil ni de confrontación el 24 de abril. Por otro lado, los mariscales del orden de la NPAC no disuadirían a la gente de permanecer en Washington para participar en acciones de desobediencia civil en los días subsiguientes.
Este acuerdo se mantuvo vigente. No cabe duda de que contribuyó a la efectividad del 24 de abril, ya que todos los sectores organizados más importantes del movimiento coincidieron en que la acción se mantuviera tal como se había convocado y los posibles trastornos fueron eficazmente controlados.
Un aspecto interesante de las manifestaciones de[l grupo] May Day es que, en muchos casos, las tropas que patrullaban los recintos donde fueron detenidos los manifestantes confraternizaron con los arrestados. Incluso en algunos casos ayudaron a los detenidos a escapar.
NOTAS
[1] Richard Nixon fue presidente de los Estados Unidos desde 1969 hasta su renuncia en 1974.
[2] Esto hace referencia a la Operación Dewey Canyon III — un nombre que imitaba el código militar de la invasión estadounidense de Laos, Operación Dewey Canyon II — que fue organizada por Veteranos de Vietnam Contra la Guerra (VVAW). En los cinco días previos a la marcha del 24 de abril de 1971, los veteranos instalaron un campamento en la Esplanada Nacional, a solo unos cientos de metros del Capitolio de Estados Unidos en Washington, D.C. Unos 1,200 veteranos, vestidos con uniformes de combate, recrearon misiones de “búsqueda y destrucción” en las calles y en los terrenos del Capitolio y realizaron una marcha silenciosa, encabezada por veteranos sin piernas, frente a la Casa Blanca. Comparecieron ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y algunos intentaron entregarse como criminales de guerra.
El 23 de abril, vestidos con uniformes de combate y ropas desgastadas, unos 600 veteranos desfilaron frente al Capitolio y, uno por uno, gritaron los nombres de sus compañeros caídos, arrojaron sus medallas militares, cintas, documentos de baja e incluso un bastón a las escaleras. Según el testigo presencial Fred Halstead, “Algunos rompieron a llorar. Otros arrojaron sus condecoraciones mientras maldecían al gobierno, con el rostro desfigurado por la rabia”.
[3] Las conversaciones entre Estados Unidos, la República de Vietnam (Vietnam del Sur), la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte) y el Gobierno Revolucionario Provisional de la República de Vietnam del Sur comenzaron en 1968 en París. Continuaron hasta que se alcanzó un acuerdo en 1973.
[4] El Gobierno Revolucionario Provisional (GRP) de la República de Vietnam del Sur fue el gobierno clandestino durante la guerra que Washington llevó a cabo en Vietnam del Sur en alianza con su régimen títere. El GRP se convirtió en el gobierno oficial tras la derrota del régimen survietnamita y la retirada de las fuerzas estadounidenses en 1975. En 1976, se fusionó con el gobierno de Vietnam del Norte, lo que marcó la reunificación del país.
[5] La enmienda McGovern-Hatfield fue una enmienda que fue propuesta para un proyecto de ley de asignaciones fiscales en 1970 que habría exigido el fin de las operaciones militares de Estados Unidos en Vietnam para el 31 de diciembre de ese año, y una retirada completa de las fuerzas estadounidenses al año siguiente. Presentada por los senadores George McGovern de Dakota del Sur y Mark Hatfield de Oregón, finalmente fue rechazada con una votación de 55 a 42.
Si te gustó este artículo, compárte lo con amigas o amigos y usa el enlace a continuación para suscribirte gratuitamente a Panorama-Mundial.
Anota en el espacio a continuación tu correo electrónico y haz clic en el botón SUSCRIBIRSE. Recibirás un mensaje con el enlace que necesitas usar para confirmar tu suscripción.
Categories: Historia de Estados Unidos