En la ceremonia de graduación del 2 de mayo de 2026 en la Universidad de Michigan (U de M), en Ann Arbor, Michigan, el profesor de historia Derek Peterson pronunció un discurso de cinco minutos en el que celebró a muchos de los que han luchado por la justicia social en la universidad.
Al final de su discurso, Peterson también elogió a los “activistas estudiantiles a favor de Palestina, que en estos últimos dos años han abierto nuestros corazones a la injusticia e inhumanidad de la guerra de Israel en Gaza”.
La reacción al discurso de Peterson fue previsiblemente rápida. El rector de la universidad, Domenico Grasso, pidió disculpas por las declaraciones de Peterson, y el discurso fue condenado por organizaciones y medios judíos a favor de Israel.
Sin embargo, líderes de la Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP) y de la Federación Americana de Profesores (AFT), así como otros académicos y grupos judíos, rápidamente se declararon en defensa de Peterson. Publicamos a continuación, en orden cronológico, cuatro de estas respuestas, que se suman al artículo en Forward del 8 de mayo que apareció en Panorama-Mundial el 11 de mayo.
La primera es una declaración que los líderes de los sindicatos AAUP y AFT emitieron el 5 de mayo.
La segunda es un artículo publicado el 6 de mayo por Shamai Leibowitz, profesor adjunto israelí-estadounidense de hebreo en el Centro de Lenguas Extranjeras del Instituto de Lenguas del [departamento de] Defensa, con sede en Monterey, California.
La tercera es una carta al director publicada en la edición del 14 de mayo de The Washington Daily. Alan Wald, el profesor emérito H. Chandler Davis Collegiate en la Universidad de Michigan en Ann Arbor, fue el autor.
Hay una declaración al final de la carta de Wald que merece mención: “La sugerencia de que los judíos de todo el mundo son cómplices de lo que está ocurriendo en Gaza fomenta las teorías conspirativas antisemitas. Es una falsedad que se agrava aún más cuando se combina con la idea de que suprimir y criminalizar las opiniones políticas disidentes se está llevando a cabo a favor de los intereses de ‘la comunidad judía'”.
El último artículo es una declaración del 15 de mayo del Consejo Académico de Jewish Voice for Peace (JVP).
Publicamos estos materiales para la información de nuestros lectores. Los titulares y el texto a continuación son de los originales. Las fotos y la traducción son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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A continuación la declaración del 5 de mayo de los líderes de la Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP) y la Federación Americana de Profesores (AFT). El texto que aparece a continuación es del original.
La AAUP y la AFT defienden firmemente la libertad académica del profesor Derek Peterson y condenan la creciente campaña de presión política e intimidación pública dirigida hacia él tras sus declaraciones en la ceremonia de graduación de la Universidad de Michigan.
Los comentarios del profesor Peterson — mesurados, con principios y claramente situados dentro de un llamado más amplio a reconocer a quienes trabajan para promover la justicia — se sitúan claramente dentro del ámbito protegido del discurso del profesorado. Los miembros del profesorado no renuncian a su derecho a hablar como académicos y ciudadanos cuando participan en foros universitarios — ya sea en aulas, espacios públicos o en espacios ceremoniales. Al contrario, estas ocasiones están entre las expresiones más visibles de los compromisos fundamentales de la universidad con la investigación seria, la reflexión ética y el compromiso con los temas más urgentes de nuestro tiempo.
Las llamadas de actores políticos y funcionarios gubernamentales de que el profesor Petersen sea investigado, disciplinado o despedido son profundamente alarmantes. Estas demandas representan una amenaza directa a la libertad académica y una inaceptable intromisión de la política partidista en la vida universitaria. Igualmente preocupante, crean un efecto disuasorio profundo: cuando los profesores ven a un colega señalado y vilipendiado públicamente y amenazado de ser castigado por valerse de la libertad de expresión protegida, el resultado previsible es la autocensura. Los académicos podrían evitar abordar temas controvertidos o políticamente sensibles, restringiendo el alcance de la investigación y el debate que las universidades existen para sostener.
La AAUP y la AFT también están preocupadas por la respuesta pública de la administración de la Universidad de Michigan, incluyendo la caracterización de las declaraciones del profesor Peterson y su sugerencia de que actuó de forma indebida. Los líderes institucionales tienen la obligación no solo de tolerar el discurso de los profesores, sino de defenderlo — especialmente frente a la presión política externa. Una institución puede no estar de acuerdo con el contenido de la expresión protegida de un miembro del profesorado, pero negarse a afirmar su derecho a la libertad académica corre el riesgo de legitimar las llamadas a la sanción, amplificar el efecto disuasorio sobre el discurso del profesorado e invitar a una mayor interferencia política.
La AAUP y la AFT instan a la Universidad de Michigan a afirmar inequívocamente que el profesor Peterson no enfrentará ninguna sanción por su discurso protegido, a rechazar los esfuerzos externos para dictar los términos de la expresión académica y a volver a comprometerse con los principios de la libertad académica y la gobernanza compartida que son fundamentales para su misión.
En un momento en el que el discurso del profesorado es cada vez más el objeto de ataques políticos, las universidades deben mantenerse firmes. La AAUP y la AFT apoyan al profesor Peterson y a todos los miembros del profesorado que ejercen sus derechos y responsabilidades para hablar, enseñar y abordar los asuntos urgentes de nuestro tiempo sin temor a represalias.
Randi Weingarten, Presidenta de la AFT
Todd Wolfson, Presidente de la AAUP
Terrence Martin, Presidente de la AFT-Michigan, Vicepresidente de la AFT
Julie Boland, Presidenta del capítulo AAUP de la Universidad de Michigan–Ann Arbor
Daniel Birchok, Presidente de la Universidad de Michigan–Flint AFT-AAUP Local 5671
Emily Luxon, Presidenta del capítulo AAUP de la Universidad de Michigan–Dearborn
Fecha de publicación: 5 de mayo de 2026
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El siguiente artículo fue tomado del original.
La única ofensa del profesor de Michigan: humanizar a los palestinos
Por Shamai Leibowitz 05/06/2026
SILVER SPRINGS, Maryland. (Especial para Informed Comment; Reportaje) — Soy un judío estadounidense-israelí y veterano de las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel]. Pero según la administración de la Universidad de Michigan, soy alguien que necesita ser protegido de la verdad.
El 2 de mayo, la Universidad no se limitó a censurar el discurso de graduación de este año. Reaccionó a la mención de la humanidad de los Palestinos como una herejía radiactiva que debía ser borrada del registro como si se hubiera cometido un crimen.
Estas declaraciones “escandalosas” fueron pronunciadas por el profesor Derek Peterson, un distinguido historiador. Durante su intervención, Peterson sugirió que la grandeza de la Universidad no reside tanto en su marcador deportivo sino en su búsqueda de la justicia. Rindió homenaje a una lista de pioneros: Sarah Burger, que allanó el camino para la admisión de las mujeres; Moritz Levi, el primer profesor judío, que abrió las puertas a generaciones de estudiantes judíos; y el Movimiento de Acción Negra, que luchó por la inclusión de las personas negras.
Después, se atrevió a alabar a una coalición de estudiantes judíos, cristianos y musulmanes que protestaron contra la peor catástrofe humanitaria provocada por el hombre en este siglo. En concreto, elogió a los activistas estudiantiles a favor de Palestina por abrir nuestros corazones a la “injusticia y la inhumanidad de la guerra de Israel en Gaza”.
Por este acto de empatía, el presidente Domenico Grasso emitió una disculpa humillante en nombre de la administración por los comentarios “hirientes e insensibles”. Fue una clase magistral de falta de carácter institucional. Honrar a profesores judíos es encomiable. Honrar a los estudiantes negros es noble. Pero sugerir que los palestinos también poseen derechos humanos dignos de defenderse — eso, desde la perspectiva de esta administración, es herejía.
Se necesita un profundo nivel de bancarrota moral para hacer la vista gorda ante la campaña israelí de matanzas masivas y destrucción que un consenso global de organizaciones de derechos humanos — entre ellos los grupos israelíes B’Tselem y Physicians for Human Rights Israel, así como la Asociación Internacional de Estudiosos del Genocidio — han calificado como comisión de genocidio. El verdadero escándalo, aparentemente, no es la matanza en sí, sino la posibilidad de que algunos donantes hubieran visto interrumpido su almuerzo de graduación al escuchar esos crímenes mencionados en voz alta.
La ironía es asombrosa. Los líderes universitarios supervisan una institución supuestamente dedicada a la verdad. Sin embargo, reaccionan a un llamado a la empatía con la misma represión reflexiva que uno podría esperar de una universidad blanca del sur en la era de la segregación, aterrorizada por la idea “subversiva” de que los afroamericanos deberían tener derechos iguales.
El comunicado oficial de la administración afirmó que la ceremonia de graduación “no era ni el momento ni el lugar” para tales declaraciones.
Esta justificación plantea la pregunta obvia: ¿Cuándo, exactamente, es el momento “correcto” para reconocer la destrucción sistemática de todos los hospitales de Gaza y la muerte de casi mil médicos, enfermeros y trabajadores de la salud? ¿Existe un periodo preaprobado durante el cual la Universidad de Michigan le permite a su profesorado denunciar el asesinato de más de 21 mil niños? ¿O existe una prueba de fuego que revisan los donantes para determinar qué atrocidades podemos nombrar?
Como abogado y activista judío que conoce este conflicto íntimamente, encuentro que la “indignación” de la Universidad es particularmente ignorante e insultante. El silenciar la verdad no nos protege. La administración no honra nuestra historia ni la idea judía de enfrentarse al poder con la verdad cuando censura a quienes reconocen estos horrores y apelan a nuestra conciencia. Lo que hace en cambio es cernir vergüenza y humillación sobre esta institución académica de renombre mundial.
Esta censura sirve como un recordatorio sombrío de que, bajo el liderazgo actual, la libertad académica y la búsqueda de la verdad terminan exactamente donde comienza la protección del dinero de los donantes. Debe ser una carga pesada para estos administradores cargar con todo ese “desconsuelo” mientras decenas de miles de seres humanos están siendo extinguidos.
Sobre el autor: Shamai Leibowitz es profesor adjunto israelí-estadounidense de hebreo en el Centro de Lenguas Extranjeras del Instituto de Lenguaje del [departamento de] Defensa. Posee una licenciatura en Derecho por la Universidad Bar Ilan y un máster en Estudios Jurídicos Internacionales de The Washington College of Law. Los sábados lee la Torá en su sinagoga en Silver Spring, Maryland. AVISO: Las opiniones expresadas en sus artículos son únicamente suyas y no representan las opiniones oficiales de ninguna institución con la que esté afiliado.
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A continuación reproducimos una carta al director publicada en la edición del 14 de mayo del diario The Michigan Daily. Fue tomada del original.
Por Alan Wald, Profesor Emérito H. Chandler Davis Collegiate
Hablo como investigador judío que lleva 50 años explorando y escribiendo sobre los activistas políticos judíos en Estados Unidos. Los activistas a favor de Palestina ya conocen este manual. El presidente Domenico Grasso lo dejó claro cuando denunció el discurso de graduación de cinco minutos del profesor Derek Peterson: “Cada persona en nuestra comunidad tiene derecho a sus propias opiniones; pero este no era ni el momento ni el lugar”.
La advertencia para el resto de nosotros es clara: en privado es posible sostener opiniones críticas sobre el Estado israelí, pero expresarlas en cualquier recinto universitario corre el riesgo de posibles castigos por políticas y definiciones fungibles y arbitrarias. La administración de la U-M ha adoptado el mismo enfoque con [el manual] Los Derechos de los Estudiantes y el Código de Conducta en lo que respecta a las protestas porque hacen lo que se supone que deben hacer: interrumpir el quehacer cotidiano.
Peterson lo hizo todo bien. Se reunió con funcionarios de la administración antes de la ceremonia, llegando a un acuerdo sobre un enfoque general de sus palabras. Peterson dejó muy claro que incluiría breves elogios a los activistas estudiantiles y una condena a la guerra en Gaza. También prometió eliminar el término “genocidio” y omitir los nombres de cualquier organización de protesta. La semana siguiente insertó una denuncia más contundente del antisemitismo, describió a los manifestantes como “a favor de Palestina” y nombró al Estado de cuyas políticas se oponía como “Israel”.
Grasso alega, en su declaración, que este puñado de palabras significa que Peterson “se desvió” de su texto aprobado hasta el punto de requerir una difamación pública de su integridad; pero es una afirmación que no encaja con lo que se entiende habitualmente como una “desviación”. Sí, Peterson amplió y concretó, pero no se desvió del enfoque que había propuesto. Tampoco es creíble que estos pequeños ajustes transformaran tanto las palabras de Peterson como para volverlas de repente “hirientes e insensibles”.
Lo que los pequeños ajustes de Peterson sí lograron hacer, de hecho, fue brindarle a Grasso una excusa conveniente para desatar a la gente en el internet. Como era de esperar, Peterson fue inundado de cientos de insultos y amenazas difamatorias alegando que había traicionado la confianza en él de manera poco profesional. Fiel a su historial, Hillel de la U-M, una organización orgullosamente sionista y profundamente vinculada al Estado israelí, intervino con la engreída de que sus declaraciones realmente “alienaron a la comunidad judía”.
Entre los judíos existe una amplia gama de perspectivas sobre la identidad judía, Israel y el sionismo. Cualquier organización o individuo que afirme hablar en nombre de “la comunidad judía”, especialmente como defensores de la política israelí y a favor de limitar la disidencia política, está jugando un juego peligroso.
La sugerencia de que los judíos de todo el mundo son cómplices de lo que ocurre en Gaza fomenta teorías conspirativas antisemitas. Es una falsedad que se agrava aún más cuando se combina con la idea de que suprimir y criminalizar las opiniones políticas disidentes se lleva a cabo en nombre de los intereses de “la comunidad judía”. Varios judíos en la Universidad se sintieron encantados de que — en contraste con las muchas declaraciones “hirientes e insensibles” sobre las protestas que se oyeron regularmente del expresidente Santa Ono, de varios regentes y de Tom Braun, ex presidente de SACUA — alguien finalmente haya expresado nuestras opiniones entre vítores entusiastas durante la graduación en la Casa Grande.
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La siguiente es la declaración del 15 de mayo del Consejo Académico de Jewish Voice for Peace (JVP), reproducida del original.
Sobre los comentarios del profesor Derek Peterson en la graduación de la Universidad de Michigan y la perjudicial respuesta del presidente Domenico Grasso
15 de mayo de 2026
El Consejo Académico de Jewish Voice for Peace le comunica su gratitud y admiración al profesor Derek Peterson, presidente saliente del senado de la facultad de la Universidad de Michigan, por sus comentarios en la ceremonia de graduación de primavera de la universidad, instando a reconocer y apreciar a los “activistas estudiantiles a favor de Palestina en Michigan que… abrieron nuestros corazones a la injusticia y la inhumanidad de la guerra de Israel en Gaza”.
Fueron palabras de fundamental decencia — y de amor. Y sin embargo, como demostró rápidamente la respuesta del presidente de la universidad ese mismo día, pronunciar estas palabras en la ceremonia de graduación fue también un acto de valentía pública, dada la hostilidad generalizada de los administradores de la educación superior hacia el profesorado y los estudiantes que dan testimonio de la humanidad de los palestinos y la injusticia del Estado israelí. En su respuesta, el presidente de Michigan, Domenico Grasso, se “disculpó” vergonzosamente por las humanas palabras de decencia y amor del profesor Peterson, difamándolas como “hirientes e insensibles”.
El Consejo Académico condena la respuesta del presidente Grasso. Esto incluye la afirmación inexacta y engañosa de que el profesor Peterson “se desvió de las declaraciones que había compartido antes de la ceremonia”. Aceptamos la palabra del profesor Peterson de que compartió con la administración su intención de condenar la guerra en Gaza y de apoyar a los estudiantes que se manifestaron. Las pocas palabras que añadió para aclarar no constituyen una “desviación” en ningún sentido razonable o honesto del término. Esto significa que el presidente Grasso manchó consciente e intencionadamente la reputación de un miembro de su profesorado de tal forma que ha puesto en peligro al profesor Peterson. Nos parece inconcebible.
La respuesta del presidente Grasso es, además, un ataque a la libertad académica. Aquí es crucial señalar que la declaración del presidente en ningún momento ofrece algo parecido a un argumento legítimo que refuten los comentarios de Peterson — es decir, no ofrece ninguna base razonada para discrepar de lo que propuso Peterson sobre los activistas estudiantiles pro-palestinos de la universidad o sobre la guerra del Estado israelí contra Gaza. De forma muy diferente, la declaración de Grasso utiliza la autoridad institucional para reprender a Peterson por haber expresado sus opiniones.
Dicho de otro modo, la declaración del presidente sancionó efectivamente el discurso de Peterson, amedrenta así las futuras expresiones de apoyo a los derechos y vidas palestinas — especialmente por parte de muchos profesores con menos seguridad y prestigio que el profesor Peterson. El presidente Grasso ciertamente tiene derecho a expresar sus propias opiniones, pero como presidente, abusa de su cargo y perjudica a la universidad cuando sanciona y amedrenta a los que dicen cosas a las que se opone (en lugar de abordar el debate de forma democrática y razonada). Seamos claros: un ataque a la libertad académica por parte de un rector universitario es de por sí un incumplimiento de una responsabilidad fundamental de ese cargo.
La respuesta de Grasso es, además, errónea y perjudicial debido a la engañosa manera en que caracteriza los comentarios del profesor Peterson sobre los estudiantes a favor de Palestina como “hirientes e insensibles”. El punto clave aquí es que la declaración de Grasso identifica estos sentimientos como los de “muchos miembros de nuestra comunidad”. Pero dado que muchos otros debieron reaccionar de la manera opuesta a las palabras de Peterson, lo que el texto de Grasso omite es cualquier evaluación seria de por qué algunas personas considerarían las palabras de Peterson sobre la decencia y el amor como “hirientes e insensibles”.
Los supremacistas blancos, por ejemplo, suelen considerar “hiriente” que los defensores de la justicia racial se opongan a que se exhiba la bandera confederada. Sin embargo, eso no significa que debamos reconocer o aceptar esos sentimientos — o dejar de decir la importante verdad de que estos son los sentimientos, los resentimientos — de aquellas personas comprometidas con el supremacismo blanco.
Grasso, a su vez, debería reconocer, en lugar de ocultar, por qué razón alguien pudiera considerar como “hiriente e insensible” el que Peterson reconozca la humanidad y el sufrimiento palestinos. La declaración de Grasso asume que estos son los sentimientos de “muchos”, sin respaldarlo con evidencia ni especificidad, es un ardid retórico que evita ver esos sentimientos por lo que son: los sentimientos y resentimientos del odio anti-palestino, los sentimientos y resentimientos de un supremacismo etno-nacional específico (es decir, el sionismo).
La declaración del presidente Grasso es especialmente burda y descarada en su frase final: “Por supuesto, el mundo tiene injusticias; la única forma de abordarlas es trabajar juntos y no crear más división”. El comenzar reconociendo las “injusticias” en general es, en un sentido importante, negarse a reconocer la injusticia específica que los comentarios de Peterson nombraron: la guerra del Estado israelí contra Gaza.
En efecto, el comentario de Grasso encubre esta injusticia específica en el vasto conjunto de todas las injusticias del mundo, negándole así la atención que Peterson, siguiendo el ejemplo de los activistas estudiantiles, pedía. La segunda parte de esta última frase es aún peor. Hace la afirmación orwelliana de que luchar contra la injusticia depende de la total unidad social, como si la injusticia fuera algo distinto a la opresión y la explotación por parte de personas con poder. El pronunciar tal inversión de la verdad es desprestigiar la integridad intelectual que una universidad debe respaldar y defender.
Aquí deberíamos volver a la gran claridad y belleza de los breves comentarios de graduación del profesor Peterson. Sin ninguna nota de disculpa, Peterson señaló la injusticia específica de la guerra de Israel contra Gaza, pero también se aseguró de no privilegiar ni aislar esa injusticia.
No diluyó esa injusticia específica en el vasto conjunto de todas las injusticias del mundo. Más bien, la situó en el contexto de otras injusticias, pidiendo a su audiencia que recordara y reconociera la importancia de las luchas para abrir la universidad a las mujeres y los judíos. Que el presidente Grasso luego eligiera sancionar el reconocimiento del sufrimiento palestino por parte de Peterson deja claro qué injusticia él (el presidente Grasso) se sintió obligado a apoyar, con toda la autoridad de su cargo presidencial.
Repetimos, el Consejo Académico de Jewish Voice for Peace se siente agradecido e inspirado por las palabras cuidadosas y compasivas del profesor Peterson, y al mismo tiempo condena al presidente Grasso por defender tercamente la injusticia y la inhumanidad de la guerra israelí — el genocidio en curso — contra los palestinos.
El Consejo Académico de Jewish Voice for Peace es una red de académicos dedicados a promover la visión y los valores de JVP. Basándonos en nuestro compromiso compartido tanto con los valores judíos progresistas como con la liberación palestina, nos organizamos en solidaridad con la lucha por la libertad palestina en entornos educativos y académicos. Nos apoyamos en nuestras habilidades como académicos, educadores y escritores para desarrollar un análisis crítico de la censura contemporánea sobre Palestina. Nos oponemos al uso de la acusación de antisemitismo para censurar o criminalizar cualquier expresión que critique el trato que el Estado de Israel les da a los palestinos. Defendemos los derechos laborales, la libertad académica y los derechos de asociación en el seno de la educación superior, y confirmamos los valores fundamentales de Jewish Voice for Peace.
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Categories: Política en Estados Unidos