La reseña del libro en inglés Out Now! A Participant’s Account of the Movement in the U.S. to End the Vietnam War [‘¡Fuera Ya!’ – El relato de un participante sobre el movimiento en Estados Unidos contra la guerra en Vietnam] por Fred Halstead, que apareció recientemente en Panorama-Mundial, no es solo un relato. Es un análisis de los elementos que tuvieron que aglutinarse para crear uno de los movimientos sociales más poderosos en la historia de Estados Unidos, uno que ayudó al pueblo vietnamita a propinarle a Washington su primera derrota militar en la época imperialista.
Como socialista revolucionario y uno de los líderes centrales del movimiento contra la guerra en Vietnam, Halstead estaba convencido de que la clase trabajadora era fundamental para frenar la maquinaria bélica de Estados Unidos. Sin embargo, tras la cacería de brujas de los años 50 y la relativa estabilidad económica de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, movilizar el poder sindical contra la guerra en el sudeste asiático parecía un desafío insuperable en ese momento.
“No fueron las actitudes a favor de la guerra por parte de la base lo que mantuvo a la mayoría de los sindicatos fuera del movimiento contra la guerra”, escribe Halstead. “Fue la burocracia. Y durante los años 60 las condiciones objetivas para romper ese control burocrático no eran favorables”.
Sin embargo, señala que había cambios ocurriendo “en las márgenes, en las grietas y fisuras”. Para 1970, comenzaba a crecer de manera importante la participación sindical.
Halstead escribe:
“Las circunstancias especiales que hicieron posible el inicio de la participación de los sindicatos en el movimiento contra la guerra cabían aproximadamente en tres categorías, a veces combinadas. Estas eran (1) sindicatos donde la membresía y el liderazgo incluían grandes porcentajes de minorías nacionales oprimidas, cuya perspectiva había sido afectada por el movimiento por los derechos civiles; (2) sindicatos con una historia radical y un liderazgo que aún conservaba ciertas características de esta tradición y que, en ese grado, desafiaban la norma general de la dirección de los sindicatos en Estados Unidos, al menos en lo que respecta a la histeria anticomunista y la política exterior; (3) sindicatos donde gran parte de la membresía y el liderazgo acababan de salir de la universidad y ellos mismos habían sido parte de la radicalización estudiantil. Estos últimos incluían sindicatos de trabajadores del bienestar social y, en ciertas áreas, maestros”.
Halstead señala que, además, el movimiento obrero contenía “una fuerte dotación de líderes sindicales que como individuos alguna vez fueron radicales. No todos habían rechazado por completo todas las ideas de su juventud… De vez en cuando alguna figura de ese tipo, que por una u otra razón se sentía segura de no sufrir represalias de parte de los altos mandos de la AFL-CIO, tomaba una postura contra la guerra”.
Halstead explica que la historia personal del pacifista radical A.J. [Abraham Johannes] Muste lo puso en la posición de aprovechar esta realidad tan bien como cualquiera. Muste [1885-1967], dice Halstead, se destacó entre los líderes del movimiento que pudieron unificar a la “banda indigna, ‘irrelevante’ y de ninguna manera homogénea” que empuño la bandera contra la guerra de Vietnam a principios de los años 60 y reunió a un movimiento compuesto de personas con muchas ideas y creencias diferentes. La médula de este relato se encuentra en las raíces y la experiencia de Muste como parte de la clase trabajadora.
Panorama-Mundial publica a continuación extractos del libro Out Now! que brindan una perspectiva sobre lo que llevó a Muste a convertirse en uno de los líderes clave del movimiento contra la guerra en los años 60. Lo hacemos en un esfuerzo por sacar a la luz las lecciones del pasado para quienes hoy luchan por la justicia social.
El texto a continuación es del original. Los subtítulos, las fotos, notas y la traducción son de Panorama-Mundial.
—Los editores de Panorama-Mundial
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Extractos del libro Out Now!
Capítulo 10: “El 15 de abril de 1967”
Por Fred Halstead
Muste [nacido en 1885] comenzó su vida de activista como predicador pacifista cristiano, pero entre 1919 y 1936 estuvo profundamente involucrado con el movimiento obrero, parte de ese tiempo como marxista.
En 1919 se trasladó con un grupo de cuáqueros a Lawrence, Massachusetts, para ayudar allí con una amarga huelga de 30 mil trabajadores textiles. Entre otras cosas, él quería presentar algunas ideas sobre la lucha no violenta de masas. Cuando llegaron la huelga estaba en mal estado y Muste pronto se encontró elegido el secretario ejecutivo del comité de huelga. Fue brutalmente golpeado por policías rompehuelgas cuando encabezó una marcha, pero se sobrepuso y la huelga se ganó. Fue una de las primeras victorias del sindicalismo industrial en una industria de producción en masa.
Durante un tiempo, Muste fue secretario general del Sindicato Amalgamado de Trabajadores Textiles. Entre 1921 y 1933 fue director del Brookwood Labor College, una escuela para organizadores sindicales para la cual algunos sindicatos de la AFL otorgaban becas, aunque la universidad era independiente de la AFL [Federación Americana del Trabajo].
Durante este periodo se convirtió en vicepresidente de la Federación Americana de Maestros. Más importante aún, ayudó a formar a un número significativo de los organizadores que más tarde fundaron los sindicatos industriales del CIO [Congreso de Organizaciones Industriales].
Muchos de sus estudiantes luego giraron hacia la derecha al sentirse cómodos como parte de la burocracia sindical, mientras que Muste se había movido hacia la izquierda, aunque generalmente mantuvo relaciones cordiales con ellos, al menos a nivel personal. En 1929 Muste ayudó a fundar la Conferencia para la Acción Laboral Progresista (CPLA), cuyos miembros llegaron a ser conocidos como Musteites. Su estrategia era trabajar dentro de la AFL en un programa de sindicalismo industrial militante que incluía la oposición a la discriminación racial.
El gran debate dentro del movimiento sindical de la época era si continuar con la política dominante de la AFL, de organizar solo ciertos oficios calificados en sindicatos gremiales separados por oficio, o si sería mejor organizar a todos los trabajadores de una industria — incluso los trabajadores no calificados o semi-calificados de la producción en masa — en un sindicato único. Al optar por el segundo curso, el CPLA sentó algunas bases para el surgimiento del CIO.
Los Musteitas también participaron activamente, en plena Gran Depresión, en la organización de ligas de desempleados. En 1934, mediante una estrategia de unidad entre los desempleados y los huelguistas en la planta de Auto-Lite en Toledo, Ohio, el CPLA lideró la primera huelga victoriosa en la industria automotriz. (Sam Pollock, uno de los líderes del CPLA en esa huelga, más tarde se convirtió en presidente del [sindicato de trabajadores de la carne] Cleveland Meat Cutters. Fue uno de los pocos dirigentes sindicales que asistió a la conferencia que dio origen a la Movilización de la Primavera de 1967.)
Los días de Muste como marxista revolucionario
También fue en 1934 cuando los trotskistas lideraron las exitosas huelgas de los Teamsters de Minneapolis.[1] En parte basados en estas experiencias, los musteitas y trotskistas fusionaron sus organizaciones en diciembre de 1935 para formar el Partido de los Trabajadores de Estados Unidos. Para ese entonces, Muste se consideraba a sí mismo un marxista revolucionario y, en efecto, había dejado de lado tanto su religión como su filosofía pacifista, aunque seguía siendo practicante de la acción directa masiva y no violenta — al menos, lo más no violenta que fuera posible.
En este periodo, Muste participó en varias luchas sindicales importantes. A principios de 1936, en la huelga del caucho de la Goodyear en Akron, él fue en parte responsable de la exitosa primera implementación de la técnica de la huelga de brazos caídos — tomada de Francia — en el escenario sindical de Estados Unidos.
Pero Muste se sintió perturbado cuando la mayoría del recién formado Partido de los Trabajadores votó a principios de 1936 por disolver la organización y buscar la membresía en el Partido Socialista de Norman Thomas. Se desanimó por las derrotas de la revolución en Europa y quedó convencido de que el movimiento revolucionario no podía detener la inminente guerra mundial. En ese estado de ánimo retomó las raíces de su propio carácter y en julio de 1936 sufrió una reconversión religiosa que duraría el resto de su vida.
El regreso al pacifismo y a la iglesia
Muste dejó el movimiento trotskista y regresó al pacifismo y a la iglesia; pero siguió siendo socialista y, como siempre, siguió considerando a sus antiguos camaradas sin rencor.
Se convirtió en secretario industrial de la agrupación Fellowship of Reconciliation (FOR) y por un tiempo en director del Presbyterian Labor Temple en la ciudad de Nueva York. En 1940 se convirtió en secretario ejecutivo de la FOR. En esta función, ayudó a quienes fueron encarcelados por oponerse a la Segunda Guerra Mundial y contribuyó al desarrollo de diversas organizaciones y causas, incluyendo el Congreso de Igualdad Racial, originalmente un proyecto del personal de la FOR.
En 1953 dejó el personal activo de la FOR, convirtiéndose en secretario emérito. Muste tenía muchas diferencias profundas con el Partido Comunista, pero defendió contundentemente sus libertades civiles durante la cacería de brujas y fue atacado por ello por el director del FBI, J. Edgar Hoover.
En los años 50 volcó sus energías en la campaña contra las armas y las pruebas nucleares, participando personalmente en las primeras acciones de desobediencia civil que llamaron la atención sobre esa amenaza, y eventualmente ayudó a fundar tanto al grupo SANE como el Comité para la Acción No Violenta.
Muste también tuvo cierta influencia con Martin Luther King, Jr., quien había alcanzado notoriedad nacional como líder del boicot a los autobuses de Montgomery en 1956. Bayard Rustin, entonces protegido de Muste que también trabajaba en la oficina nacional de un sindicato exclusivamente negro, la Hermandad de Porteros de Vagones Nocturnos [del ferrocarril de pasajeros], había sido el contacto en Nueva York de E.D. Nixon, el portero del vagón cama que originó el boicot y convenció a King de ser su portavoz. A través de Rustin, Muste fue consultado sobre muchas de las estrategias que dieron origen al movimiento moderno por los derechos civiles. En 1963, el propio King declaró: “Diría inequívocamente que el énfasis actual en la acción directa no violenta en el campo de las relaciones raciales se debe más a A.J. que a cualquier otra persona en el país”.
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El 11 de febrero de 1967, [Muste] murió de un infarto a los ochenta y dos años.
Hubo mucha emoción y algunas lágrimas entre quienes lo conocieron y trabajaron con él, pero poca angustia porque en la vida y la muerte de A.J. no había sentido de tragedia. Tuvo una larga vida y se desempeñó bien en las tareas que se propuso.
En cuanto al papel particular que desempeñó en el movimiento contra la guerra, A.J. era insustituible. Pero cuando llegó, su muerte no desbarató a la coalición. Por supuesto, hubo problemas después que habrían sido más fáciles y quizás mejor resueltos si él aún hubiera estado allí. Pero no era una estrella, ni un gurú, ni un dinamo organizacional con todas las riendas en sus propias manos. Como todos los buenos organizadores, era un trabajador en equipo que intentaba sacar lo mejor de quienes trabajaban con él. Era indiferente a los reflectores, había acumulado poca fama y se aferraba a pocas ilusiones. Así que con su fallecimiento el movimiento simplemente continuó.
Vivió lo suficiente para desempeñar un papel crucial en la unificación del movimiento contra la guerra
Había vivido lo suficiente para desempeñar un papel crucial en unificar y ampliar el movimiento contra la guerra mientras trabajaba para mantener su impulso radical, su capacidad para atacar los problemas de raíz. Si hubiera muerto seis meses antes — antes de que se establecieran y se pusieran en marcha los Comités de Primavera y la Movilización Estudiantil — eso bien podría haber tenido un costo político mayor.
“Algunos amigos y compañeros de trabajo de A.J”., comentó [David] Dellinger[2] en [la revista] Liberación”, han estado diciendo que no se hubiera muerto cuando lo hizo si no sintiera que podía permitírselo”. En otra parte del mismo artículo, Dellinger hizo la siguiente observación sobre Muste:
“Logró trabajar creativamente con quienes compartían solo una parte de su filosofía o estrategia, sin sacrificar la integridad de sus creencias más profundas ni que le impidiera participar en las acciones que surgieron de ellas. Parte de su eminencia era que podía sentir que tenía razón sin volverse altanero ni menospreciar a quienes no podían compartir todas sus actividades o actitudes. Le bastaba que caminaran parte del camino con él y que, mientras caminaban juntos, él y ellos pudieran sondear, examinar y analizar para que cada uno pudiera aprender del otro”.
Como alguien que “caminó parte del camino” con Muste, aprecié este tributo.
NOTAS
[1] Las huelgas de los camioneros Teamsters de 1934 forjaron el movimiento sindical industrial en Minneapolis y ayudaron a allanar el camino para el CIO. El relato de esas huelgas por un líder central de esa batalla, Farrel Dobbs, puede leerse en una magnífica serie de cuatro tomos. La serie describe el papel de los líderes de esta lucha de clases y de las huelgas y las campañas de organización que transformaron al sindicato de los Teamsters en gran parte del Medio Oeste de Estados Unidos en un movimiento social combativo. Este movimiento señaló la ruta para organizar la acción política independientemente de los demócratas y los republicanos — los dos partidos de la clase dominante capitalista.
[2] David Dellinger fue un pacifista radical y un líder central del movimiento contra la guerra de Vietnam.
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Categorías:Historia de Estados Unidos
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