Similitudes y diferencias con la crisis a la que se enfrenta Cuba hoy en día
El 18 de junio de 2026 la Asamblea Nacional de Cuba — el máximo órgano legislativo del país — aprobó una amplia serie de nuevas medidas económicas. El Comité Central del Partido Comunista de Cuba había aprobado ese mismo paquete de medidas un día antes.
Estas decisiones se toman en un momento en que Cuba se enfrenta a la crisis económica y social más grave desde la revolución de 1959. Esta apremiante situación se debe en gran medida a la implacable guerra económica que Washington lleva librando desde hace casi siete décadas. El bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba está en vigor desde 1960. Washington lo ha intensificado en repetidas ocasiones. Trump lo endureció aún más durante su primer mandato como presidente de Estados Unidos y Biden mantuvo la mayor parte de esas nuevas restricciones durante su presidencia.
Trump dio un paso cualitativamente nuevo y más beligerante el pasado mes de enero cuando impuso un bloqueo naval sobre todas las importaciones de petróleo a Cuba. Incluso en los días de la “crisis de los misiles” de octubre de 1962,[1] el bloqueo naval estadounidense se limitaba a lo que Washington consideraba “armas ofensivas”. Este bloqueo total de las importaciones de petróleo ha provocado una crisis energética sin precedentes que se traduce en apagones que duran la mayor parte del día y afectan todos los aspectos de la vida en Cuba. Una nueva oleada de sanciones amenaza ahora el suministro de alimentos.
Las medidas económicas adoptadas recientemente en Cuba incluyen prácticamente la abolición del monopolio estatal del comercio exterior, la autorización para la creación de bancos privados, la posibilidad de que las empresas privadas contraten a un número ilimitado de empleados, la flexibilización de la normativa sobre la inversión extranjera directa y la introducción de una dolarización parcial de la economía. Éstas suponen un retroceso respecto a muchas de las políticas de la Revolución Cubana y significan una apertura explícita al mercado capitalista.
En discusiones y debates en las redes sociales y en otros ámbitos en Cuba, varios partidarios de la Revolución Cubana se han referido a medidas similares adoptadas en los primeros años de la Revolución Rusa, conocidas como la “Nueva Política Económica” (NEP por sus siglas en ruso).
La introducción de la NEP a principios de la década de 1920 supuso un retroceso por parte de los bolcheviques respecto a las políticas anteriores de la Revolución Rusa de 1917. La NEP fue una respuesta a la devastación de la joven república soviética después de tres años de guerra civil, la intervención imperialista extranjera y los reveses de las luchas revolucionarias en Europa.
Aunque algunas de las medidas que se están adoptando en Cuba se asemejan a la NEP, la situación a la que se enfrenta Cuba hoy en día es muy diferente.
Como aportación a este debate, publicamos a continuación los principales extractos de un artículo sobre la NEP — escrito por Argiris Malapanis, actual redactor de Panorama-Mundial — que apareció por primera vez en el número de abril de 1994 de la revista International Socialist Review (ISR).[2] Se publicó cuando Cuba adoptó cambios económicos en la década de 1990 para reactivar la producción agrícola e industrial que había estado en declive durante el Período Especial.[3]
El artículo de la ISR que sigue a continuación presenta discursos y artículos sobre la NEP del líder revolucionario ruso V. I. Lenin, cuyos extractos más importantes aparecieron en ese mismo número de la ISR. Publicaremos esos escritos de Lenin en una segunda entrega de esta entrada.
Además, en una posdata al artículo que sigue, esbozamos las principales diferencias entre la situación política a la que se enfrentaron los bolcheviques en la década de 1920 y la situación a la que se enfrenta Cuba hoy en día.
Publicamos el artículo a continuación para información de nuestros lectores. El titular, el subtítulo y el texto que siguen proceden del original. Las fotos, la traducción y las notas son de Panorama-Mundial.
— La redacción de Panorama-Mundial
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(Esta es la primera de dos partes. La segunda se puede encontrarse en la Parte II.)
Cómo trazaron los bolcheviques una trayectoria para mantener la alianza entre los obreros y los campesinos
Del comunismo de guerra a la Nueva Política Económica a principios de la década de 1920
Por Argiris Malapanis
Tanto en su composición como en su programa, el Partido Bolchevique era un partido de la clase obrera. Los obreros bolcheviques ayudaron a liderar la insurrección que derrocó al zar en febrero de 1917 y llevó al poder a un gobierno encabezado por el Partido Cadete burgués (los demócratas constitucionales). Ese régimen representaba los intereses de los capitalistas, los terratenientes y los imperialistas extranjeros. Fue derrocado por una insurrección armada de obreros y soldados organizados en soviets (consejos de obreros y campesinos) en octubre de 1917, lo cual llevó a los bolcheviques al poder.
Al llegar al poder, el gobierno de obreros y campesinos le dio fin a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial.
Declaró, el primer día de la revolución, que las propiedades de los grandes terratenientes se distribuirían entre los campesinos. En aquel momento, alrededor del 80% de la población del país se dedicaba a la agricultura. La clase obrera industrial solo contaba con 4 millones de personas.
Bajo la monarquía, 100 millones de campesinos se ganaban a duras penas la vida en unos 380 millones de acres de tierra, con asignaciones promedio de 19 acres por familia. Sin embargo, los terratenientes ricos — 30 mil en total, con asignaciones medias de 5 400 acres cada uno — poseían tanta tierra como 50 millones de campesinos pobres. Fue por eso que la distribución de la tierra gozó de una inmensa popularidad entre los campesinos.
Para fomentar el aumento de la producción agrícola, el Gobierno soviético proporcionó ayuda en forma de aperos, fertilizantes y otros productos de primera necesidad.
Esta postura consolidó una alianza entre los trabajadores de las ciudades y del campo, sin la cual la revolución no habría podido sobrevivir.
El Gobierno liderado por los bolcheviques concedió libertad de elección a todas las nacionalidades. Podían permanecer en la Unión Soviética o separarse pacíficamente si así lo deseaban. En la mayoría de los casos, se unieron a la federación soviética.
El régimen revolucionario tomó medidas para mejorar radicalmente la situación de la mujer.
En los primeros días de la revolución, el gobierno también promulgó decretos en defensa de los derechos de los trabajadores. Entre ellos figuraban la abolición del trabajo infantil, la garantía de la jornada de ocho horas y del seguro médico y de desempleo, la prohibición de los cierres patronales y la concesión de un mayor control sobre la industria a los consejos obreros electos.
Los comunistas trataron de apoyar las luchas obreras en otros países y de extender la revolución. Esto se consideraba la condición previa para defender y hacer avanzar la revolución rusa.
Guerra civil y “comunismo de guerra”
En respuesta a estas y otras políticas del Gobierno soviético, estalló una guerra civil en la cual los capitalistas y las antiguas fuerzas zaristas se enfrentaron a los trabajadores y los campesinos. Ejércitos invasores de más de una docena de países imperialistas respaldaron la contrarrevolución capitalista.
En respuesta, el gobierno de los obreros y campesinos utilizó su poder para profundizar la lucha revolucionaria, lo que condujo a la expropiación de la clase capitalista y a la nacionalización de la industria y el comercio mayorista a finales de 1918. Esto sentó las bases para el establecimiento de una economía planificada y el monopolio estatal del comercio exterior.
Aunque durante la guerra civil los campesinos se unieron a los bolcheviques y a los obreros revolucionarios contra los terratenientes y el zar, en su mayoría no se adhirieron a la perspectiva socialista de los bolcheviques. Por lo tanto, la alianza militar tuvo que ir acompañada de una alianza económica. En las condiciones de la guerra civil, esto adoptó la forma de requisas obligatorias de los excedentes de cereales de los campesinos para alimentar a la clase obrera urbana. Además, el gobierno revolucionario se apoyó en la creciente militarización de la mano de obra en las fábricas y en el transporte.
A finales de 1920, los invasores extranjeros y los ejércitos contrarrevolucionarios habían sido derrotados. En las nuevas condiciones posteriores a la guerra civil, la alianza entre trabajadores y campesinos ya no podía mantenerse con los mismos métodos. Ya no eran sostenibles las políticas del “comunismo de guerra” aplicadas por el Gobierno soviético desde mediados de 1918 hasta principios de 1921 como medidas necesarias de defensa y supervivencia.
La resistencia esporádica a estas políticas se convirtió en una revuelta abierta. A finales de 1920 y principios de 1921 se produjeron huelgas en algunas fábricas, revueltas campesinas en algunas zonas rurales y — en marzo de 1921 — un motín de las tropas, compuestas en su mayoría por campesinos y pequeños burgueses, en la guarnición de Kronstadt, cerca de Petrogrado (San Petersburgo).
Impuesto en especie
Las condiciones del campesinado se habían vuelto demasiado miserables, y la causa militar que tenían en común ya no servía para mitigar el creciente resentimiento contra la requisa de alimentos. Así pues, a principios de 1921, los bolcheviques sustituyeron su política anterior por un impuesto en especie sobre el excedente de cereales de los campesinos; es decir, el Estado solo se quedaba con una determinada parte del excedente, establecida por ley, para su distribución en las ciudades. Los campesinos podían quedarse con el resto para el consumo de su familia o para venderlo en el mercado.
Junto con esta política hacia el campesinado, Lenin y los bolcheviques también propusieron medidas para ayudar a reactivar la producción industrial. Esto incluía el arrendamiento de fábricas, minas, bosques y yacimientos petrolíferos nacionalizados a capitalistas extranjeros y a algunos empresarios que aún quedaban en la propia Rusia. Esto se combinó con una ambiciosa propuesta para llevar la electrificación a todo el país, tanto a las zonas urbanas como a las rurales. Estas medidas marcaron el inicio de la NEP en Rusia. Los bolcheviques sometieron este importante cambio en sus tácticas al debate y la votación ante los delegados del Tercer Congreso de la Internacional Comunista en 1921.
Lenin, León Trotsky y otros líderes bolcheviques explicaron que esta política era un retroceso necesario pero temporal. Por encima de todo, la NEP partía de la existencia en la Unión Soviética de una dirección comunista de la clase obrera que trabajaba por fortalecer la alianza entre obreros y campesinos, aumentar la producción y la distribución de alimentos y otros productos agrícolas, y reactivar la producción industrial lo más rápidamente posible, con el fin de sentar unas bases más sólidas sobre las que organizar los siguientes pasos en el avance hacia unas relaciones de producción e intercambio socialistas.
Un factor clave que llevó a los bolcheviques a adoptar la NEP fue la coyuntura política mundial que existía a principios de la década de 1920. A nivel internacional, Lenin y los bolcheviques reconocieron y analizaron el hecho de que el auge revolucionario de antes de la guerra había alcanzado su punto álgido. Asumieron las consecuencias políticas de las derrotas de los levantamientos de la clase obrera en Alemania, Hungría, Italia y otros lugares de Europa.
El fracaso a la hora de extender el ejemplo dado por los bolcheviques y el retroceso en la lucha revolucionaria en esos países, reforzado por una represión sangrienta, significaba que la posibilidad de una extensión de la revolución mundial quedaba temporalmente pospuesta. Sin embargo, la solidaridad con la República Soviética y la oposición a la guerra contra ella seguían siendo altas entre los trabajadores de Europa y otras partes del mundo.
Lucha contra las consecuencias negativas de la NEP
Los bolcheviques eran muy conscientes de los peligros de una mayor diferenciación y polarización de clases que la NEP inevitablemente iba a generar. Estas políticas agravaron las desigualdades sociales y contribuyeron a generar nuevas capas explotadoras, especialmente campesinos ricos y comerciantes e intermediarios que especulaban con los precios, a quienes los trabajadores y los campesinos pobres llamaban con desdén “hombres de la NEP”.
Las empresas industriales del Estado, presionadas para recortar sus costos, despidieron a trabajadores y aumentaron las tasas de desempleo en las ciudades.
El lograr que la columna de beneficios del libro de cuentas presentara buenos resultados se convirtió en la consideración primordial para muchos directores de fábrica — independientemente de si estas cifras reflejaban una mejor organización del trabajo o una utilización más eficiente de los recursos, y descontando las necesidades y prioridades sociales más amplias. Los esfuerzos por impulsar el control y la gestión de los obreros en las fábricas se enfrentaron a mayores obstáculos.
Para combatir estas consecuencias de la NEP, los bolcheviques se esforzaron por reconstruir la fuerza del Partido Comunista entre la clase obrera industrial, ahora en resurgimiento, y por ganarse el liderazgo político del campesinado.
Una vez que la recuperación económica se puso en marcha y la alianza entre obreros y campesinos pudo arraigarse sobre una base más firme, surgieron nuevas tareas. Una vez más, Lenin lideró la batalla política. Durante el último año de su vida política activa, Lenin emprendió una lucha destinada, entre otras cosas, a combatir las consecuencias iniciales de la NEP y a revertir el inevitable retroceso temporal de la República Soviética. Esta fue una de las últimas contribuciones de Lenin al marxismo y a la política de la clase obrera.
La degeneración del Estado obrero tras la muerte de Lenin en 1924 fue el resultado de una sangrienta contrarrevolución política llevada a cabo contra la clase obrera, su vanguardia, y sus aliados, en interés de una capa social materialmente privilegiada integrada por millones de personas.
A principios de la década de 1930, Iósif Stalin emergió como el principal representante de esa casta social. Bajo la consigna del “socialismo en un solo país”, el nuevo régimen emprendió una retirada precipitada del curso internacionalista emprendido durante la época de Lenin que consistía en subordinar los intereses nacionales del Estado soviético al avance de la lucha mundial por la liberación nacional y el socialismo.
Fue tras la muerte de Lenin, y en este contexto político, que se libró la batalla sobre las consecuencias sociales de las políticas denominadas colectivamente NEP. Se trataba de una lucha entre intereses y orientaciones de clase contrapuestos.
Los representantes de la casta burocrática triunfaron, y se dedicaron a revertir la trayectoria comunista iniciada por Lenin bajo el Gobierno soviético, el Partido Comunista y la Internacional Comunista. Contrariamente a las distorsiones que durante décadas han difundido los opositores burgueses, socialdemócratas, de extrema izquierda, anarcosindicalistas y estalinistas del comunismo, las políticas de Stalin y sus herederos no fueron el resultado de la continuidad de la trayectoria política de Lenin, sino de la sangrienta derrota de esa trayectoria…
Como señaló Lenin en aquel momento, mientras la república soviética estuviera rodeada por el mundo capitalista y la revolución en Alemania y otros países capitalistas avanzados no acudiera en su ayuda, los bolcheviques tenían que pagar un tributo a la burguesía imperialista. Tenían que hacerlo para sobrevivir y ganar tiempo hasta que la extensión de la revolución mundial pudiera inclinar de nuevo la balanza de fuerzas de clase a favor de la clase obrera…
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Posdata de Panorama-Mundial
Existen similitudes entre las circunstancias que llevaron a los bolcheviques a adoptar la NEP a principios de la década de 1920 y las que enfrentan hoy los revolucionarios cubanos. Pero las diferencias son notables.
- Un equilibrio inestable
La nueva república soviética se había ganado un respiro gracias a su victoria en la guerra civil y a la derrota de la intervención imperialista a principios de la década de 1920. Lenin describió esto en numerosos informes, discursos y artículos. Un breve extracto de un discurso que pronunció el 5 de julio de 1921 en el Tercer Congreso de la Internacional Comunista (Comintern), Informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia (punto 4 de este enlace), lo deja claro:
“En los últimos años hemos asistido a una contienda abierta de la burguesía internacional contra la primera República proletaria. Toda la situación política mundial ha venido girando en torno a esta contienda, y justamente aquí se ha producido ahora el cambio. Como ha fracasado el intento de la burguesía internacional de asfixiar a nuestra República, ha surgido el equilibrio, muy inestable, por supuesto”. [Énfasis añadido.]
No existe un “equilibrio” equivalente al que se enfrenta Cuba hoy en día. Más bien parece ser todo lo contrario.
Es prácticamente seguro que Trump ha ordenado al Pentágono que elabore planes para una invasión militar estadounidense de Cuba. Es aún más seguro que tal invasión se encontraría con la más decidida resistencia por parte del pueblo cubano, una certeza que probablemente hace que la clase dominante estadounidense se lo piense dos veces antes de arriesgarse a sufrir un gran número de bajas. Pero existen otras opciones militares, sin llegar al uso de tropas terrestres estadounidenses, que podrían devastar Cuba. Entre ellas se incluyen ataques aéreos como los que Washington ha lanzado contra Irán.
Mientras tanto, sin llegar a tomar medidas militares adicionales tan peligrosas, el bloqueo naval estadounidense aprieta cada día un poco más la soga al cuello del pueblo cubano. El daño al sistema sanitario cubano debido al bloqueo petrolero ya ha provocado la pérdida de vidas humanas.
- Situación internacional
También hay una diferencia importante entre la situación internacional de entonces y la actual.
Aunque él reconocía los reveses de las luchas revolucionarias en Europa a principios de la década de 1920, los cuales fueron un factor clave en la puesta en marcha de la NEP, Lenin expresó el optimismo de los bolcheviques sobre las perspectivas de las futuras luchas revolucionarias, especialmente en Oriente. En el mismo informe al tercer congreso de la Comintern citado anteriormente, Lenin dijo:
“Podemos afirmar con satisfacción que la revolución se está desarrollando en todo el mundo, y es solo gracias a ello que la burguesía internacional es incapaz de estrangularnos, a pesar de que, militar y económicamente, es cien veces más fuerte que nosotros…
El “movimiento en las colonias… Desde comienzos del siglo XX se han producido en este sentido grandes cambios, a saber: millones y centenares de millones de personas — de hecho, la inmensa mayoría de la población del orbe — intervienen hoy como factores revolucionarios activos e independientes. Y es claro a todas luces que en las futuras batallas decisivas de la revolución mundial el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, encaminado al principio hacia la liberación nacional, se volverá contra el capitalismo y el imperialismo y desempeñará, tal vez, un papel revolucionario mucho más importante de lo que esperamos. Importa destacar que, por primera vez en nuestra Internacional, hemos emprendido la preparación de esta lucha”.
Hoy en día no se vislumbran perspectivas similares en el horizonte ni para los revolucionarios cubanos ni para la clase obrera y sus aliados en todo el mundo.
En el mundo entero el movimiento obrero lleva décadas en declive.
No ha habido ninguna revolución socialista exitosa en ninguna parte del mundo desde la victoria de la Revolución Cubana en 1959. Las revoluciones populares en Irán, Granada y Nicaragua en 1979, y en Burkina Faso en 1983, lograron éxitos iniciales, pero acabaron siendo derrotadas. En los países donde en su día se había derrocado el dominio capitalista — desde la Unión Soviética hasta Europa del Este, China y Vietnam — este se ha restablecido.
En el siglo XXI, “la izquierda comenzó entonces a defender el buen funcionamiento de la democracia burguesa (sin mencionar el adjetivo, como si fuera la única forma de democracia posible) y no traspasó este estrecho marco durante aquellos años”, escribió Enrique Ubieta Gómez, editor de Cuba Socialista, la revista teórica del Partido Comunista de Cuba, en un artículo del 28 de julio. Los partidos de izquierda, “inmersos en la arena electoral, dejaron de buscar otro tipo de democracia verdaderamente popular y desestimaron, al menos en la práctica, la posibilidad de derrotar y superar al sistema capitalista”, afirmó con acierto Ubieta Gómez.
Además, ningún gobierno de ningún país — sin excepción — ha cuestionado de forma significativa las últimas medidas estadounidenses destinadas a estrangular y matar de hambre a Cuba y a su pueblo. Ni Brasil. Ni México. Ni España.
Aunque Cuba ha recibido cierta ayuda de China, Rusia y Vietnam, escribió Ubieta Gómez, “tendrá que valerse por sí misma”.
En una entrevista realizada el 30 de abril de 2026 en La Habana con Panorama-Mundial, el historiador cubano Ernesto Limia Díaz explicó que “China tampoco le da nada a Cuba gratis… China hace pequeñas donaciones, pero son donaciones simbólicas”.
- Inversión capitalista extranjera para reactivar la industria
A principios de la década de 1920, la nueva república soviética acogió la inversión capitalista extranjera a través de un sistema de concesiones para reactivar la producción industrial de Rusia que se había derrumbado durante la guerra civil. Las empresas extranjeras explotaban minas, yacimientos petrolíferos y fábricas nacionalizadas bajo la supervisión del Estado, invirtiendo capital y compartiendo beneficios, mientras que los bolcheviques conservaban el control general de la economía y su planificación.
“Sin la menor desnacionalización entregamos minas, bosques y yacimientos de petróleo a capitalistas extranjeros para recibir de ellos artículos industriales, máquinas, etc., y, por lo tanto, restablecer nuestra propia industria”, explicó Lenin en el mismo discurso citado anteriormente.
Uno de los objetivos declarados de las recientes medidas adoptadas en Cuba es precisamente atraer inversiones de capital extranjero para reactivar la producción industrial en declive. Pero no hay indicios de que esto sea factible, al menos a corto plazo.
De hecho, parece ocurrir todo lo contrario. Washington sigue endureciendo las sanciones, lo que obliga incluso a los capitalistas con sede en países que mantienen relaciones amistosas con Cuba, como España, a abandonar sus operaciones en la isla. Un ejemplo claro es la cadena española Meliá Hotels, que cerró sus 34 hoteles en Cuba el 24 de julio. Las transacciones con Mastercard y Visa también se suspendieron en Cuba el 6 de junio. El país se encuentra ahora prácticamente aislado del sistema financiero mundial.
- Producción agrícola
Casi el 80 por ciento de la población cubana vive ahora en las ciudades, un hecho demográfico que es la inversa de la Unión Soviética de la década de 1920. El nivel cultural de la población cubana actual es también mucho más elevado que el de la joven república soviética, que se caracterizaba por un analfabetismo rampante, especialmente en el campo.
Sin embargo, existe otra contradicción primordial entre entonces y ahora en lo que respecta a la producción agrícola.
Los bolcheviques tomaron medidas a través de la NEP para consolidar la alianza entre obreros y campesinos y garantizar que el cereal y otros productos alimenticios producidos por el campesinado pudieran llegar a las zonas urbanas.
Sin embargo, la Cuba actual se ve en la difícil situación de tener que incrementar rápidamente una producción agrícola que lleva casi tres décadas en declive, tal y como se expone en el reciente artículo publicado por Jacobin, Tras bloquear el combustible, Estados Unidos ahora se enfoca en el suministro alimentario de Cuba. El Programa Mundial de Alimentos estima que Cuba depende actualmente de importaciones agrícolas para cubrir entre el 70 % y el 80 % de sus necesidades, lo que la hace más vulnerable a las belicosas sanciones de Washington.
Durante un mitin celebrado el 26 de julio de 2009 en Holguín (Cuba), con motivo del aniversario del asalto al cuartel de Moncada — el acto que dio inicio a la Revolución Cubana — Raúl Castro, entonces presidente del país, subrayó en su discurso que aumentar la producción nacional de alimentos era una prioridad económica urgente para reducir la fuerte dependencia de Cuba de costosas importaciones de alimentos. Afirmó que reconstruir el sistema agrícola del país era una cuestión de seguridad nacional.
“¡La tierra está ahí, aquí están los cubanos”, dijo Castro con vehemencia, golpeando el atril. ¡Veremos si trabajamos o no, si producimos o no, si cumplimos nuestra palabra o no! No es cuestión de gritar Patria o Muerte, abajo el imperialismo (Aplausos), el bloqueo nos golpea y la tierra ahí, esperando por nuestro sudor”.
Les dijo a las decenas de miles de personas presentes en el mitin de Holguín que la mitad de las tierras cultivables de Cuba estaban en barbecho o infrautilizadas.
Parece que Cuba no ha sido capaz de avanzar mucho para hacer frente a esta vulnerabilidad en la década transcurrida desde entonces.
- Ayuda alimentaria
Entre 1921 y 1923, por motivos propios, Washington proporcionó una importante ayuda alimentaria a la Unión Soviética por medio de la American Relief Administration. Esto se hizo en respuesta al llamado internacional del Gobierno soviético pidiendo ayuda con el fin de paliar la hambruna que asolaba al país como consecuencia de la guerra civil y la intervención extranjera.
Sin embargo, ahora Washington está haciendo todo lo contrario. Como muestra el artículo de Jacobin citado anteriormente, las sanciones estadounidenses tienen el objetivo de mermar la capacidad de Cuba para cultivar, procesar e importar alimentos.
Aunque el Gobierno de Estados Unidos no está prohibiendo directamente los envíos humanitarios, sus sanciones draconianas y el bloqueo de combustible han creado un “efecto disuasorio”. Funcionarios de las Naciones Unidas informan de que las empresas navieras, los bancos y las aseguradoras se niegan a gestionar cargamentos destinados a Cuba por temor a las sanciones estadounidenses, lo que deja varados a miles de contenedores de ayuda.
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En conjunto, estas diferencias significan que hoy día los revolucionarios cubanos se enfrentan a retos mucho más abrumadores que los que tuvieron que afrontar los bolcheviques hace poco más de un siglo.
(Esta fue la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse en la Parte II.)
NOTAS
[1] En octubre de 1962, en lo que se conoce comúnmente como la Crisis de los Misiles de Cuba, el Gobierno de Estados Unidos — bajo la presidencia de John F. Kennedy — llevó al mundo al borde de una guerra nuclear al imponerle un bloqueo naval a Cuba y amenazarla con guerra a menos que la Unión Soviética retirara los misiles nucleares que había instalado en Cuba en contra de los deseos del Gobierno cubano.
El pueblo cubano y su gobierno revolucionario, defendiendo su soberanía y su revolución socialista con una determinación sin igual, frustraron los planes estadounidenses de un ataque militar y salvaron a la humanidad de las consecuencias de un holocausto nuclear.
[2] Ese número de la International Socialist Review se publicó como suplemento del semanario Militant del 4 de abril de 1994.
[3] Durante la década de 1990, tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), Cuba se enfrentó a su primera grave crisis económica desde la victoria de la revolución en 1959. Al verse privada del comercio a precios preferenciales con la antigua Unión Soviética, Cuba sufrió de repente una caída del 35 % en la producción económica (igual o superior al descenso registrado durante la Gran Depresión en Estados Unidos en la década de 1930). A esos años se les suele denominar el “Período Especial en tiempos de paz”.
Al mismo tiempo, Washington intensificó su guerra económica contra Cuba mientras la Revolución intentaba conseguir nuevos socios comerciales y fuentes de capital. Los enemigos de la Revolución en todo el mundo predijeron el colapso “inminente” de la república de obreros y los campesinos. Sin embargo, los trabajadores de mentalidad revolucionaria en Cuba defendieron su revolución socialista frente a estas dificultades, demostrando que el Gobierno cubano seguía siendo su Gobierno. Y continuaron tendiendo la mano a los oprimidos y explotados de todo el mundo, apoyando las luchas antiimperialistas y de liberación nacional.
Una serie de relatos por testigos presenciales, publicados por primera vez a mediados de la década de 1990 en la revista mensual Perspectiva Mundial, describen cómo la dirección revolucionaria de Cuba y la clase trabajadora del país hicieron frente a los retos del Período Especial. Estos artículos se publicaron posteriormente en forma de folleto. Pueden consultarse en los siguientes enlaces:
Asamblea Nacional debate medidas para enfrentar la severa crisis económica (pp. 8-11, número de abril de 1994).
Obreros debaten economía del país (pp.9-11, número de mayo de 1994).
Crean nuevas cooperativas agrícolas (pp. 7-11, número de junio de 1994).
Mercados agropecuarios alivian acceso a alimentos básicos (pp. 12-17, número de febrero de 1995).
Obreros debaten la economía y toman más control de la gerencia (pp. 12-16, número de marzo de 1995).
Inicio de recuperación permite a obreros encarar nuevos desafíos (pp. 17-22, número de abril de 1995).
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Categorías:Cuba/Solidaridad con Cuba, Marxismo, Política Mundial
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