Lenin explica que la NEP se instituyó como una retirada temporal
A principios de la década de 1920 los bolcheviques dieron un paso atrás respecto a las políticas anteriores de la Revolución Rusa de 1917. Esto llevó el nombre de Nueva Política Económica (NEP por sus siglas en ruso). Se inició en respuesta a la devastación que sufría la joven república soviética después de tres años de guerra civil, la intervención imperialista extranjera y los reveses que habían sufrido las luchas revolucionarias en Europa.
En discusiones y debates en las redes sociales y en otros foros en Cuba sobre una serie de medidas económicas adoptadas en el país caribeño el 18 de junio de 2026, varios partidarios de la Revolución Cubana han hecho referencia a la NEP.
Aunque algunas de las medidas que se están adoptando en Cuba se asemejan a la NEP, la situación a la que se enfrenta Cuba hoy en día es muy diferente.
Un artículo sobre la NEP, incluido en la primera entrega de esta contribución al debate, resume esa política y las razones por las cuales fue instituida en la Rusia soviética. La introducción a dicho artículo esboza las circunstancias que llevaron al Partido Comunista de Cuba y a la Asamblea Nacional del país a adoptar las recientes medidas económicas. La posdata a ese artículo esboza las diferencias entre la Rusia soviética de principios de la década de 1920 y la Cuba actual. Esos materiales pueden consultarse en la Parte I.
A continuación publicamos, para información de nuestros lectores, extractos importantes de los discursos del líder revolucionario ruso V. I. Lenin sobre la NEP. Los titulares y el texto que figuran a continuación proceden de las fuentes originales. Los subtítulos, las notas y las fotos son de Panorama-Mundial.
— La redacción de Panorama-Mundial
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(Esta es la segunda de dos partes. La primera puede encontrarse en la Parte I.)
Informe sobre la táctica del Partido Comunista Ruso
A continuación se incluyen extractos de un informe que Lenin presentó ante el Tercer Congreso de la Internacional Comunista el 5 de julio de 1921. El documento completo, titulado «Informe sobre la táctica del Partido Comunista Ruso», puede encontrarse en las Obras Completas de Lenin.
Puede encontrar una versión digital del informe completo aquí. Use la fecha para encontrarlo.
Por V. I. Lenin
Una vez finalizada la guerra civil, nuestra tarea pasó a ser, en todo caso, distinta. Si el país no hubiera estado tan arruinado como lo estaba después de siete años de guerra incesante, tal vez habría sido posible una transición más fácil hacia una nueva forma de alianza entre el proletariado y los campesinos. Pero la mala cosecha, la escasez de piensos, etc., agravaron más aún ya duras condiciones reinantes en el país.
Como consecuencia de ello, las privaciones de los campesinos se hicieron insoportables. Debíamos hacer ver inmediatamente a las grandes masas campesinas que, sin desviarnos en absoluto de la senda revolucionaria, estábamos dispuestos a modificar nuestra política de manera que los campesinos pudieran decirse: “los bolcheviques quieren mejorar ahora mismo y a todo trance nuestra insoportable situación”.
Así pues, se produjo el cambio de nuestra política económica: en lugar de las requisas se implantó el impuesto en especie. No se ideó de golpe. En la prensa bolchevique pudieron verse durante meses diversas propuestas; pero no se llegó a trazar un proyecto que prometiese realmente el éxito. Mas no es eso lo que importa. Lo importante es que modificamos nuestra política económica, ajustándonos exclusivamente a las circunstancias prácticas y a una necesidad dictada por la situación.
La mala cosecha, la escasez de piensos [forraje] y la falta de combustible tienen, claro está, una influencia decisiva en toda la economía, incluida también la campesina. Si el campesinado se declara en huelga, no obtenemos leña. Y si no disponemos de leña, las fábricas tendrán que parar. Por lo tanto, en la primavera de 1921, la crisis económica resultante de la pésima cosecha y de la escasez de piensos alcanzó gigantescas proporciones.
Todo eso fue consecuencia de los tres años de guerra civil. Era menester mostrar a los campesinos que podíamos y queríamos modificar con rapidez nuestra política para aliviar al instante su penuria. Nosotros decimos constantemente — en el II Congreso se dijo lo mismo — que la revolución requiere sacrificios.
Es natural que cada revolución origine enormes sacrificios a la clase que la lleva a cabo. La revolución se distingue de la lucha ordinaria porque toman parte en el movimiento diez, cien veces más personas, y en este sentido cada revolución implica sacrificios no sólo para unos cuantos, sino para toda la clase. La dictadura del proletariado en Rusia ha acarreado a la clase dominante, al proletariado, sacrificios, miseria y privaciones como jamás se habían conocido en la historia, y es muy probable que en cualquier otro país las cosas sigan el mismo derrotero.
Cabe preguntar: ¿Cómo repartiremos estas privaciones? Somos poder estatal. Hasta cierto punto, estamos en condiciones de repartir las privaciones, de distribuirlas entre las clases, y, por lo tanto, de mitigar relativamente la situación de algunos sectores de la población. ¿Con arreglo a qué principio debemos actuar? ¿Con arreglo al principio de la justicia o de la mayoría? No. Debemos proceder con un criterio práctico. Debemos hacer la distribución de modo que se mantenga el poder del proletariado. Este es nuestro único principio.
Al comienzo de la revolución, la clase obrera se vio obligada a padecer penurias sin cuenta. Hago constar ahora que nuestra política de abastecimiento obtiene cada año mayores éxitos. Y es indudable que, en general, la situación ha mejorado. Pero, incuestionablemente, los campesinos de Rusia han salido ganando con la revolución más que la clase obrera. De esto no puede caber la menor duda.
Ya he dicho que la escasez de piensos y la mala cosecha dieron origen en la primavera de 1921 a una tremenda indigencia del campesinado, que en nuestro país constituye la mayoría. Sin unas buenas relaciones con las masas campesinas no podemos subsistir. De ahí que nuestra tarea haya consistido en acudir en su ayuda inmediatamente. La situación de la clase obrera es agobiante en extremo. Sus sufrimientos son terribles. Sin embargo, los elementos más esclarecidos en el terreno político comprenden que, en beneficio de la dictadura de la clase obrera, debemos realizar los mayores esfuerzos para ayudar a los campesinos a todo trance. La vanguardia de la clase obrera lo ha comprendido; pero en el seno de esta vanguardia hay quienes no pueden entenderlo, quienes están demasiado extenuados para entenderlo. Han visto en ello un error y han empezado a emplear la palabra “oportunismo”.
Han dicho que “los bolcheviques ayudan a los campesinos. Los campesinos, que nos explotan, reciben todo cuanto quieren, mientras los obreros pasan hambre”. Eso venían a decir. Pero ¿es oportunismo eso? Ayudamos a los campesinos porque sin una alianza con ellos es imposible el poder político del proletariado y es inconcebible que este poder se sostenga. Lo decisivo para nosotros ha sido precisamente esta razón de la conveniencia y no la de una distribución justa.
Ayudamos a los campesinos porque esto es absolutamente necesario para que retengamos el poder político. El principio supremo de la dictadura es mantener la alianza entre el proletariado y los campesinos, para que el proletariado pueda conservar el papel dirigente y el poder estatal.
El único medio que hemos encontrado para ello es el paso al impuesto en especie, consecuencia inevitable de la lucha. El próximo año implantaremos por primera vez este impuesto. Prácticamente, este principio no ha sido ensayado todavía. De la alianza militar debemos pasar a la alianza económica, y, hablando en teoría, la única base posible de esta última consiste en establecer el impuesto en especie. En ello reside la única posibilidad teórica de llegar a colocar una base económica realmente sólida de la sociedad socialista.
La fábrica socializada proporciona a los campesinos sus artículos, y los campesinos dan a cambio de ellos trigo. Esta es la única forma posible de existencia de la sociedad socialista, la única forma de edificación socialista en un país donde los pequeños campesinos constituyen la mayoría o, cuando menos, una minoría muy considerable. Los campesinos darán una parte a título de impuesto, y otra a cambio de los artículos de la fábrica socialista o mediante el intercambio de mercancías.
Libertad de comercio, libertad para el capitalismo
En este punto abordamos la cuestión más difícil. El impuesto en especie implica, como es lógico, la libertad de comercio. El campesino, después de hacer entrega del impuesto en especie, tiene derecho a trocar libremente lo que le quede de su cereal.
Esta libertad de cambio implica libertad para el capitalismo. Lo decimos abiertamente y lo subrayamos. No lo ocultamos en absoluto. Mal nos irían las cosas si se nos ocurriera ocultarlo.
La libertad de comercio implica libertad para el capitalismo; pero, a la vez, una nueva forma del mismo. Significa que, hasta cierto punto, creamos de nuevo capitalismo. Y lo hacemos sin ningún rebozo. Se trata del capitalismo de Estado. Ahora bien, el capitalismo de Estado en una sociedad en la que el poder pertenece al capital y el capitalismo de Estado en un Estado proletario son dos conceptos distintos.
En un Estado capitalista, el capitalismo de Estado significa que es reconocido y controlado por el Estado en beneficio de la burguesía y contra el proletariado. En el Estado proletario se hace eso mismo en beneficio de la clase obrera con el fin de mantenernos frente a la burguesía, todavía fuerte, y combatirla. De suyo se comprende que debemos otorgar concesiones a la burguesía extranjera, al capital extranjero.
Sin la menor desnacionalización entregamos minas, bosques y yacimientos de petróleo a capitalistas extranjeros para recibir de ellos artículos industriales, máquinas, etc., y, por lo tanto, restablecer nuestra propia industria.
Como es natural, en la cuestión del capitalismo de Estado no todos hemos tenido el mismo criterio desde el primer momento. Pero a este respecto hemos podido comprobar con gran alegría que nuestros campesinos han madurado, que han comprendido plenamente el significado histórico de la lucha que estamos desplegando en estos momentos. Campesinos muy sencillos de los lugares más remotos han llegado hasta nosotros y nos han dicho: “¿Cómo? ¿Hemos arrojado a nuestros capitalistas, que hablan en ruso, para que ahora vengan capitalistas extranjeros?” ¿Acaso esto no indica el desarrollo que han alcanzado nuestros campesinos?
A un obrero orientado en el sentido económico no es preciso explicarle por qué esto es necesario. Estamos tan arruinados por los siete años de guerra que el restablecimiento de nuestra industria requiere muchos años. Tenemos que pagar por nuestro atraso, por nuestra debilidad, por lo que ahora estamos aprendiendo, por lo que debemos aprender. Quien desea estudiar, debe pagar por la enseñanza. Debemos explicar esto a todos y cada uno, y si lo hacemos ver de una manera práctica, las grandes masas de campesinos y de obreros estarán de acuerdo con nosotros, pues, siguiendo ese camino, mejorará de inmediato su situación, ya que esto permitirá restablecer nuestra industria.
¿Qué nos mueve a hacer esto? No estamos solos en nuestro planeta. Existimos en medio de un sistema de Estados capitalistas… Por un lado están las colonias, pero no pueden ayudarnos aún; y por otro están los países capitalistas, pero son enemigos nuestros. Resulta un cierto equilibrio, claro que muy malo. Pero, con todo, debemos tener en cuenta este hecho. No debemos perder de vista este hecho si queremos subsistir. O victoria inmediata sobre toda la burguesía, o pago de un tributo.
Reconocemos con toda franqueza y no ocultamos que, en el sistema del capitalismo de Estado, el arrendamiento de empresas en régimen de concesión implica un tributo al capitalismo. Pero ganaremos tiempo, y ganar tiempo significa ganarlo todo, sobre todo en una época de equilibrio, cuando nuestros camaradas del extranjero preparan a fondo su revolución. Y cuanto más a fondo la preparen, más segura será la victoria. Pero, mientras tanto, tendremos que pagar un tributo.
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La NEP y las tareas de los comités de instrucción política
A continuación se incluyen extractos de un informe que Lenin presentó ante el Segundo Congreso Nacional de los Comités de Instrucción Política del Partido Comunista, el 17 de octubre de 1921, titulado “La Nueva Política Económica y las tareas de los comités de instrucción política”. Aparece en las Obras completas de Lenin.
Puede encontrar una versión digital del informe completo aquí. Use la fecha para encontrarlo.
Por V. I. Lenin
Camaradas: En este informe o, para ser más exacto, en esta charla, me propongo examinar la nueva política económica y las tareas de los comités de instrucción política relacionadas con esa política, tal y como yo las interpreto…
En aquel primer período, en el que acabábamos de dar el primer paso para organizar el Poder soviético y de salir de la guerra imperialista, hablábamos de nuestras tareas de organización de la economía con muchas más prudencia y cautela que en la segunda mitad de 1918 y a lo largo de los años 1919 y 1920…
A comienzos de 1918 confiábamos en el advenimiento de un período determinado que posibilitara la construcción pacífica. Cuando se hubo concertado la paz de Brest,[1] parecía que el peligro se había alejado, y creíamos que podíamos emprender la construcción pacífica. Pero nos equivocamos, pues en 1918 se cernió sobre nosotros un verdadero peligro militar: la sublevación checoslovaca y el estallido de la guerra civil que se prolongó hasta 1920.
Debido en parte a los problemas de la guerra que nos abrumaron y a la terrible situación en que se hallaba la República entonces, al acabar la guerra imperialista, cometimos el error, por estas y otras circunstancias, de decidirnos a pasar directamente a la producción y a la distribución comunistas. Creímos que, con el sistema de contingentación, los campesinos proporcionarían la cantidad necesaria de cereales que nosotros podríamos distribuir por empresas industriales y, de esa manera, tendríamos una producción y una distribución comunistas.
Una retirada estratégica
Parecimos olvidarnos de eso cuando en el fragor de la guerra civil tuvimos que dar los pasos necesarios para organizar la economía. En el fondo, nuestra nueva política económica estriba en que sufrimos una gran derrota en ese terreno y emprendimos una retirada estratégica. Nos dijimos: “Antes de que nos hagan trizas definitivamente, retrocedamos y rehagámoslo todo de nuevo, pero con mayor solidez”. Desde el momento que los comunistas plantean conscientemente el problema de la nueva política económica, no puede caber la menor duda de que hemos sufrido una derrota muy grave en el frente económico.
Y así las cosas, es desde luego inevitable que parte de la gente se desanime mucho, sea casi presa del pánico y que, con motivo de la retirada, el pánico empiece a cundir en ella. Eso no se puede evitar. Cuando el Ejército Rojo retrocedía, empezó a forjar su victoria, corriendo delante del enemigo. Algunos sufrieron cada vez y en todos los frentes ese período de pánico.
Pero siempre, tanto en el frente de Kolchak como en el de Denikin, en el de Yudénich, en el de Polonia y en el de Wrangel,[2] toda vez que nos asestaban un rudo golpe (y a veces más de uno), acreditábamos la veracidad del proverbio: “de los escarmentados se hacen los avisados”. Cuando nos daban un escarmiento, comenzábamos a avanzar lentos, con regularidad y cautela.
Claro que las tareas del frente económico son mucho más arduas que las del frente militar, aunque existe una semejanza general entre los esquemas elementales de la estrategia de ambos. Al intentar pasar directamente al comunismo en la primavera de 1921, sufrimos en el frente económico una derrota mucho más grave, mucho más importante y peligrosa que las que nos infligieron Kolchak, Denikin o Pilsudski.
Esta derrota se manifestó en que nuestra política económica perdió en sus altas esferas el contacto con la base y no logró elevar las fuerzas productivas, lo que se tenía por tarea fundamental e impostergable en el Programa de nuestro Partido.
El sistema de contingentación [expropiación] en el campo, esta manera comunista de abordar directamente las tareas de organización de la economía en la ciudad, entorpecía el ascenso de las fuerzas productivas y fue la causa principal de la profunda crisis económica y política con que tropezamos en la primavera de 1921. Por eso hubimos de hacer lo que, desde el punto de vista de nuestra pauta, de nuestra política, no podemos calificar de otro modo que de grandísima derrota y retirada.
Con la particularidad de que no podemos decir que esta retirada sea como la del Ejército Rojo, una retirada hecha en completo orden a posiciones preparadas de antemano. Por cierto, nuestras posiciones estaban preparadas con antelación, y eso puede comprobarse comparando los acuerdos aprobados por nuestro Partido en la primavera de 1921 y el que ya he mencionado, que se adoptó en abril de 1918. Las posiciones estaban preparadas de antemano, pero la retirada a estas posiciones se ha hecho (y en numerosos lugares del país se hace todavía) con mucho desorden y aun con excesivo desorden…
Objetivo de la Nueva Política Económica
La nueva política económica implica sustituir el sistema de contingentación [expropiación] por un impuesto, implica pasar en grado considerable, si bien no sabemos en qué grado concreto, al restablecimiento del capitalismo. Las empresas que se arrienden a los capitalistas extranjeros (es verdad que por ahora se han concertado muy pocos contratos de concesión, sobre todo en comparación con los que hemos ofrecido) y las empresas entregadas en arriendo a los capitalistas privados implican un restablecimiento directo del capitalismo y eso radica en la nueva política económica, pues la supresión de la contingentación significa para los campesinos la libertad de comercio con los excedentes agrícolas que les deja el impuesto, pues éste se lleva sólo una pequeña parte de los productos. Los campesinos constituyen la parte gigantesca de toda la población y de toda la economía, y por eso el capitalismo no puede menos de crecer en ese terreno de libertad de comercio.
Esto es el abecé más elemental de la economía enseñado en los rudimentos de la ciencia económica y, en Rusia, además, por todo especulador, ese tipo que nos da buenas lecciones de economía al margen de la ciencia económica o política.
Desde el punto de vista de la estrategia, el problema cardinal es el siguiente: ¿quién se beneficiará primero con la nueva situación? Toda la cuestión consiste en esto: ¿a quién seguirá el campesinado: al proletariado, que quiere construir la sociedad socialista, o al capitalista, que dice: “demos marcha atrás, eso es menos peligroso, pues vete a saber qué socialismo se han inventado”?
¿Quién vencerá? ¿El capitalista o el poder soviético?
He aquí a qué se reduce toda la guerra actual: ¿quién vencerá, quién se beneficiará primero de la situación: el capitalista, a quien nosotros mismos dejamos entrar por la puerta, y hasta por varias puertas (y por muchas otras puertas que desconocemos y que se abren sin que lo sepamos y en contra de nosotros), o el poder público proletario? ¿En qué factor económico puede apoyarse el poder?
Por una parte, en la mejora de las condiciones de vida de la población. En este sentido debemos recordar a los campesinos. Es indiscutible por completo y evidente para todos que, a pesar de la tremenda calamidad de la hambruna, y dejando por el momento a un lado esta calamidad, las condiciones de vida de la población han mejorado debido precisamente al cambio de nuestra política económica.
Por otra parte, si el capitalismo gana, aumentará la producción industrial y, al paso, se acrecentará el proletariado.
Los capitalistas ganarán con nuestra política y crearán un proletariado industrial que en nuestro país, debido a la guerra, a la inmensa devastación y al desbarajuste, se ha desclasado, es decir, desplazado de su marco de clase, y ha dejado de existir como proletariado.
Se llama proletariado a la clase que se ocupa de la producción de valores materiales en las empresas de la industria capitalista a gran escala. Dado que la industria capitalista a gran escala ha sido destruida, y las empresas industriales no funcionan, el proletariado ha desaparecido. A veces ha aparecido en las estadísticas, pero desligado de las raíces económicas.
Si se restablece el capitalismo, se restablecerá también la clase proletaria que se ocupa de la producción de valores materiales, útiles para la sociedad, en las grandes fábricas mecanizadas, y no será a base de especular o de producir encendedores para venderlos, o en cualquier otra “faena” que no es muy útil, pero que será ineludible debido al desbarajuste que reina en nuestra industria.
Todo el problema consiste en quién tomará la delantera. Si los capitalistas logran organizarse primero, nos echarán a los comunistas y ya no habrá más de qué hablar. Hay que ver estas cosas con serenidad. ¿Quién vencerá a quién? ¿Podrá el poder público proletario demostrar que es capaz, apoyándose en el campesinado, de sujetar a los capitalistas con rienda lo bastante corta para meter el capitalismo en el cauce estatal y crear un capitalismo que se subordine al Estado y lo sirva?
¿Es esta la lucha final?
La dictadura del proletariado es una guerra encarnizada. El proletariado ha triunfado en un país, pero sigue siendo débil a escala internacional. Debe agrupar en tomo suyo a todos los obreros y campesinos, haciéndoles saber que la guerra no ha terminado. En nuestro himno cantamos “agrupémonos todos en la lucha final”, mas, por desgracia, eso es una pequeña mentira; por desgracia, ésta no es la lucha final. O ustedes logran agrupar en esta lucha a los obreros y los campesinos o no obtendrán la victoria.
Jamás ha habido en la historia una lucha como la que vemos ahora, si bien la historia conoce, desde los primeros tiempos de la esclavitud, muchas guerras entre campesinos y terratenientes. Guerras de esas ha habido muchas, pero jamás hubo ninguna de un poder público contra la burguesía de su propio país y contra la burguesía unida de todos los países.
El desenlace de la lucha depende de si sabemos organizar a los pequeños campesinos, basándonos en el desarrollo de sus fuerzas productivas y fomentando este desarrollo con el poder proletario, o de si los capitalistas vuelven a controlarlos. En decenas de revoluciones sucedió lo mismo; pero el mundo no ha conocido todavía una guerra como la nuestra.
El pueblo no ha podido adquirir experiencia en guerras como ésta. Nosotros mismos debemos forjarla y, en este terreno, sólo podemos apoyarnos en la conciencia de los obreros y los campesinos. Ese es nuestro lema y en ello estriba la grandísima dificultad de esta tarea.
No debemos contar con pasar directamente al comunismo
No debemos contar con pasar directamente al comunismo. Debemos construir estimulando el interés personal del campesino. Se nos dice que “estimular el interés personal del campesino significa restaurar la propiedad privada”. No, jamás pusimos coto a la propiedad individual de los artículos de consumo y aperos con relación a los campesinos.
Hemos abolido la propiedad privada de la tierra, y el campesino ha llevado la hacienda sin esa propiedad de la tierra, por ejemplo, en terrenos arrendados. Este sistema existe en muchísimos países. En este dominio no hay nada imposible desde el punto de vista económico. La dificultad estriba en despertar el interés personal. También debemos estimular a todos los especialistas para que estén interesados en desarrollar la producción.
¿Hemos sabido hacerlo? ¡Pues no! Creíamos que la producción y la distribución en un país que tenía un proletariado desclasado se llevarían a cabo por orden de los comunistas. Debemos cambiar de método, porque de lo contrario, no podremos hacer que el proletariado comprenda este proceso de transición.
Jamás se plantearon antes en la historia tareas como ésta. Toda vez que intentábamos cumplirla directamente, como el que dice, atacando de frente, fracasábamos. Errores de este tipo se cometen en toda guerra y ni siquiera son tenidos por errores. Si el ataque frontal no da resultado, se flanquea al enemigo, se le asedia y socava.
(Esta fue la segunda de dos partes. La primera puede encontrarse en Parte I.)
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Para más información sobre la NEP
Por V. I. Lenin
La mayor parte de los escritos de Lenin sobre la NEP pueden encontrarse en el tomo 43, el tomo 44, y el tomo 45 de sus Obras Completas. Entre los principales discursos, informes, y artículos, en orden cronológico, se encuentran:
- Informe sobre el impuesto en especie presentado al X Congreso del Partido Comunista Soviético (15 de marzo de 1921; OCL, vol. 43, pp. 74-84). (Punto 6.)
- Informe sobre el impuesto en especie en una reunión de secretarios y representantes responsables de las células del PC de Rusia de Moscú y de su provincia (9 de abril de 1921; OCL, vol. 43, pp. 147-161).
- Discurso sobre la política de concesiones ante el Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia (11 de abril de 1921; OCL, vol. 32, pp. 163-196).
- El impuesto en especie (Folleto; 21 de abril de 1921; OCL, vol. 43, pp. 201-248).
- Informes sobre las tácticas del Partido Comunista Ruso (presentados ante el Tercer Congreso de la Internacional Comunista, 5 de julio de 1921; OCL, vol. 44, pp. 33-53). (Punto 4).
- La Nueva Política Económica y las tareas de los comités de instrucción política (17 de octubre de 1921; OCL, vol. 44, pp. 162-182).
- Acerca de la importancia del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo (5 de noviembre de 1921; OCL, vol. 44, pp. 230-238).
- La política interior y exterior de la República (Informe ante el IX Congreso de los Soviets de Toda Rusia, 23 de diciembre de 1921; OCL, vol. 44, pp. 299-349).
- Informe político al XI Congreso del Partido Comunista Soviético (27 de marzo de 1922; OCL, vol. 45 pp. 75-124). (Punto 2).
- Mejor poco, pero mejor (artículo publicado en Pravda, 2 de marzo de 1923). (Enlace).
Por León Trotsky
- Informe sobre la Nueva Política Económica Soviética y las perspectivas de la revolución mundial (presentado ante el IV Congreso de la Internacional Comunista, 14 de noviembre de 1922. (Enlace).
- Tesis sobre la situación económica de la Rusia soviética desde el punto de vista de la revolución socialista (1 de diciembre de 1922.). (Enlace).
Por Farrell Dobbs
- “Un nuevo equilibrio precario” (capítulo del libro en inglés Revolutionary Continuity, tomo 2, Pathfinder Press, pp. 155-167).
NOTAS
[1] El nuevo gobierno revolucionario de Rusia, liderado por los bolcheviques, hizo concesiones a las potencias capitalistas en 1918 al firmar un tratado de paz en Brest-Litovsk, en lo que hoy es Bielorrusia.
En 1917, mientras la Primera Guerra Mundial hacía estragos a su alrededor, los trabajadores y campesinos de Rusia llevaron a cabo una poderosa revolución, derrocando el yugo del régimen zarista y las relaciones de clase semifeudales. Agotados por años de guerra, se enfrentaban a la monumental tarea de construir la nueva república soviética bajo la amenaza de un ataque por numerosos ejércitos imperialistas apostados tanto ante sus fronteras occidentales como orientales.
Atrapada en esa tenaza, con sus tropas fatigadas y desmoralizadas, la dirección bolchevique tomó la decisión de ceder una gran cantidad de territorio y recursos en un acuerdo de paz separado entre su incipiente república y las Potencias Centrales: Alemania, Austria-Hungría, el Imperio Otomano y Bulgaria. Este tratado de hecho retiró a la Rusia Soviética de la Primera Guerra Mundial.
La dirección bolchevique puso al descubierto la cruda verdad sobre la decisión de poner fin a la participación rusa en la Primera Guerra Mundial a cambio de la cesión de territorio, calificando el tratado de “oneroso y humillante”.
El Tratado de Brest-Litovsk fue objeto de un acalorado debate y, finalmente, fue ratificado por el Partido Comunista Ruso en su VII Congreso, celebrado en marzo de 1918.
En Brest-Litovsk, los bolcheviques cedieron aproximadamente 2.6 millones de kilómetros cuadrados de territorio — que incluían alrededor del 90% de los yacimientos de carbón de Rusia, el 50% de su industria, el 64% sus minas de hierro y el granero de Ucrania.
La república soviética, sin embargo, aprovechó el respiro que le brindó el Tratado de Brest-Litovsk para forjar al Ejército Rojo, al tiempo que se preparaba para defender la conquista del poder por parte de los trabajadores y los campesinos mediante la movilización de su población y con el impulso de un movimiento de solidaridad internacional en su defensa.
Los bolcheviques no retrocedieron en la conquista del poder estatal por parte de los trabajadores y los campesinos — que tuvo lugar por medio de una revolución social que sacudió al mundo — ni en la posterior campaña por erradicar los vestigios del feudalismo y el dominio zarista. No retrocedieron en su trayectoria de consolidar firmemente el dominio de los trabajadores y los campesinos. Las concesiones de Brest-Litovsk les permitieron seguir adelante con la continua educación y la movilización de las masas trabajadoras en todas las federaciones soviéticas — y en el mundo — para defender su trayectoria revolucionaria.
[2] Alexander Kolchak, Anton Denikin y Nikolai Yudenich fueron destacados comandantes de las fuerzas contrarrevolucionarias del Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa (1918-1922). Piotr Wrangel sirvió durante el mismo período como general al mando del Ejército de Voluntarios antibolchevique. Józef Piłsudski dirigió las fuerzas polacas en la Guerra Polaco-Soviética de 1919.
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Categorías:Marxismo, Política Mundial