Palestina/Israel

El Proyecto de Eliminación: El desmantelamiento de la vida palestina en Cisjordania por parte de Israel (1)



A continuación presentamos el resumen ejecutivo del Proyecto de Eliminación: El Desmantelamiento Sistemático por Israel de la Vida Colectiva Palestina en Cisjordania. El informe fue publicado en inglés por B’Tselem el 14 de septiembre de 2026.

Fundada en 1989, B’Tselem es una organización israelí independiente que documenta violaciones a los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados por Israel: Gaza y Cisjordania. La organización tiene su sede en Jerusalén y una oficina en Washington, DC, conocida como B’Tselem USA.

“El proyecto sionista-israelí demuestra las características clave del colonialismo de asentamientos: establecer la soberanía judía-israelí en un espacio habitado por una población palestina autóctona, mientras socava la existencia palestina mediante la marginación, la expulsión, el despojo y la fragmentación”, explica el informe de B’Tselem.

“Definir el proyecto sionista-israelí como colonialismo de asentamiento no niega los vínculos históricos, religiosos y culturales de los judíos con ese espacio, la presencia continua de una comunidad judía en él, ni la larga historia de persecución, desplazamiento y violencia contra los judíos. La cuestión que se plantea con respecto al proyecto sionista-israelí no es si existe un vínculo judío con ese territorio, sino las formas en que el proyecto sionista trató de establecer una soberanía judía-israelí exclusiva en un territorio donde han vivido y siguen viviendo los palestinos”.

Khallet al-Mafatih, Colinas del Sur de Hebrón, Cisjordania, 23 de marzo de 2026. Colonos israelíes se robaron el rebaño de esta familia palestina con ayuda de policías y soldados, y al día siguiente el ejército desplazó a la familia extendida por la fuerza. Aquí se ve a miembros de la familia Mahariq desalojando sus casas y cargando sus pertenencias en preparación para irse. (Foto: Nasser Nawaj’ah / B’Tselem)

Panorama-Mundial ha cubierto recientemente algunos de estos temas en Israel no está debatiendo un Estado Palestino, está preparándose para expulsarlos y La limpieza étnica de Cisjordania sigue avanzando.

Sin embargo, el informe de B’Tselem ofrece un esquema más completo e histórico del esfuerzo sistemático del gobierno de Israel y de todo su aparato represivo para eventualmente evacuar a todos los palestinos de los territorios ocupados, y quizás incluso de Israel propiamente dicho.

Publicamos el informe que sigue para la información de nuestros lectores. El titular, subtítulo y texto a continuación son del original. Las fotos y la traducción son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos el resumen ejecutivo de este informe en dos partes, la primera de las cuales sigue.

— Los editores de Panorama-Mundial

*

(Esta es la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse en la Parte 2.)

El Proyecto de Eliminación

El desmantelamiento sistemático de la vida colectiva palestina en Cisjordania por parte de Israel

Septiembre de 2026

Resumen ejecutivo (Parte 1)

Al publicarse este resumen, Cisjordania se encuentra sometida a una ofensiva israelí de gran envergadura que está desmantelando, de forma sistemática y a un ritmo cada vez más acelerado, los cimientos de la existencia palestina. Desde la formación del actual Gobierno a finales de 2022, y con una intensidad aún mayor desde octubre de 2023, Israel ha intensificado drásticamente su ofensiva contra todos los ámbitos que afectan la vida de los palestinos en Cisjordania.

La posibilidad de ir al trabajo, llevar a los niños al colegio, asistir a la universidad, recibir atención médica o servicios municipales, reunirse con familiares y conocidos, cultivar la tierra que les pertenece, irse de vacaciones o asistir a eventos culturales, así como cientos de otras actividades cotidianas que conforman la vida diaria, se ven sometidas a constantes ataques israelíes y, en ocasiones, se les niega por completo. Por encima de todo esto se cierne una amenaza constante a la vida y a la integridad física. En cualquier momento los palestinos pueden verse expuestos a la violencia de soldados o milicias armadas de colonos, ser detenidos y encarcelados, sufrir abusos y humillaciones y, en ocasiones, incluso ser asesinados. Tal y como muestra el informe, este ataque multifacético, dirigido contra los palestinos tanto a nivel individual como colectivo, ha convertido la vida de unos 3.5 millones de personas en una lucha constante contra la opresión y el despojo impuestos por el régimen israelí.

La documentación sobre los derechos humanos, y el discurso público que la rodea, tienden a centrarse en incidentes individuales de daños concretos. Este informe adopta una perspectiva más amplia, analizando estas diferentes violaciones en su conjunto. Examina la realidad en Cisjordania como un sistema complejo con una lógica subyacente, que se aplica a través de diferentes prácticas por parte de diversos actores israelíes que actúan al mismo tiempo y en coordinación entre sí. Vistas de esta manera, las acciones de Israel en Cisjordania no son simplemente una serie de violaciones aisladas de los derechos individuales y colectivos. Más bien, forman parte de un mecanismo integral de eliminación. En este contexto, “eliminación” significa un daño sostenido a las condiciones materiales, sociales y políticas que hacen posible la existencia colectiva palestina — la tierra, las instituciones, la lengua, la cultura, los lazos sociales, el liderazgo, la memoria compartida y la historia — así como a la posibilidad de poder imaginar y mantener un futuro compartido.

El proyecto de eliminación de Israel en Cisjordania está reconfigurando el territorio y las condiciones de vida en su interior, de modo que el control y la presencia israelíes se vuelvan continuos, arraigados y permanentes, mientras que la existencia palestina se vuelve fragmentada, vulnerable y dependiente.

Este informe muestra cómo Israel está aplicando este mecanismo de eliminación a través de cinco ámbitos principales:

la violencia y la intimidación, las restricciones de movimiento, el estrangulamiento económico, la destrucción social y política, y la limpieza étnica y la apropiación territorial. Estos cinco ámbitos operan simultáneamente y se refuerzan entre sí. Las restricciones de movimiento y el estrangulamiento económico perjudican los medios de subsistencia, los lazos sociales y la capacidad de los palestinos para mantener sus instituciones y participar en la vida política. El consiguiente daño político y social debilita la capacidad de los palestinos para defender sus derechos y mantener sus vínculos con la tierra.

En conjunto, facilitan la expansión del control israelí sobre el territorio y el desplazamiento de los palestinos del mismo, desgarrando comunidades y devastando los hogares, los medios de subsistencia, la memoria colectiva y la contigüidad geográfica. La violencia es el medio central de coacción que hace posible todo el sistema y acelera su funcionamiento.

El informe se basa en el conjunto de información acumulada por B’Tselem a lo largo de décadas de documentación de las violaciones israelíes de los derechos humanos de los palestinos en Cisjordania, en un análisis de la política del régimen israelí, y en aproximadamente dos mil testimonios recopilados en los últimos años de palestinos que viven en Cisjordania, así como en el análisis de documentos oficiales, legislación, resoluciones gubernamentales y otros informes. El informe establece vínculos entre las diferentes violaciones, examina la lógica que las une y los mecanismos que las hacen posibles, y presenta una visión general de la realidad que el régimen israelí está creando en Cisjordania.

La lógica de la eliminación y el marco del régimen

Para comprender la realidad que se está configurando actualmente en Cisjordania, es necesario examinar las raíces ideológicas y las estructuras de gobierno sobre las que se basa este mecanismo israelí de eliminación. El término “lógica de la eliminación”, acuñado por el historiador australiano Patrick Wolfe, describe cómo un proyecto colonialista de asentamiento actúa para reducir, desmantelar y eliminar la existencia indígena como colectividad vinculada a la tierra. La eliminación puede llevarse a cabo mediante acciones directas destinadas a reducir la presencia indígena, como el asesinato, la expulsión y el confinamiento en pequeños enclaves. Sin embargo, también puede adoptar la forma de un mecanismo continuo que utiliza medidas legales, urbanísticas, económicas y geográficas para impedir el retorno de los refugiados, despojar a la población de sus tierras, fragmentar las comunidades, controlar la circulación y atacar las instituciones sociales y políticas. Estas medidas actúan conjuntamente para destruir las condiciones necesarias para que la población indígena mantenga su existencia colectiva en la tierra.

El proyecto sionista-israelí pone de manifiesto las características fundamentales del colonialismo de asentamiento: el establecimiento de la soberanía judío-israelí en un espacio habitado por una población indígena palestina, al tiempo que se socava la existencia palestina mediante la marginación, la expulsión, el despojo y la fragmentación.

El libro PALESTINA: Cien años de colonialismo y resistencia de Rashid Khalidi traza un siglo de la guerra colonial contra los palestinos, librada primero por el movimiento sionista y después por Israel, pero respaldada por el imperialismo británico y el estadounidense. Khalidi reseña los episodios más sobresalientes en esta campaña colonial, desde la Declaración de Balfour en 1917 hasta la destrucción de Palestina en 1948; desde la invasión israelí del Líbano hasta el estéril “proceso de paz”.

Definir el proyecto sionista-israelí como colonialismo de asentamiento no niega los vínculos históricos, religiosos y culturales de los judíos con ese espacio, la presencia continua de una comunidad judía en él, ni la larga historia de persecución, desplazamiento y violencia contra los judíos. La cuestión que se plantea con respecto al proyecto sionista-israelí no es si existe un vínculo judío con ese territorio, sino las formas en que el proyecto sionista trató de establecer una soberanía exclusiva judía-israelí en un territorio donde han vivido y siguen viviendo los palestinos.

La Nakba fue la primera manifestación a gran escala de esta lógica de eliminación. Entre 1947 y 1949, cientos de miles de palestinos fueron expulsados o huyeron de sus hogares, se convirtieron en refugiados y se les impidió regresar a su patria. Cientos de comunidades palestinas fueron destruidas y despobladas. Sus bienes fueron saqueados, tanto a título privado como institucional, y sus tierras se pusieron a disposición de los asentamientos israelíes.

En 1967, con la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza, Israel amplió su control e impuso un régimen militar directo sobre millones de palestinos. Expropió tierras, estableció asentamientos, restringió la planificación y el desarrollo palestinos y fragmentó el territorio. Los Acuerdos de Oslo no interrumpieron este proceso. Aunque establecieron la Autoridad Palestina y le transfirieron competencias limitadas, los acuerdos dejaron a Israel al mando de aspectos clave del espacio y la vida palestinos, dentro de un marco en el que la colonización, el despojo y la fragmentación espacial continuaron y se agravaron.

El apartheid es la estructura de régimen que organiza y preserva la supremacía judía y el control sobre los palestinos en todo el territorio comprendido entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, donde un único régimen israelí otorga derechos, protecciones, recursos y poder político de manera diferente a los judíos israelíes y a los palestinos.

El régimen israelí impone en todo el territorio que controla (territorio soberano israelí, Jerusalén Este, Cisjordania y la Franja de Gaza) un régimen de apartheid. Un principio organizador está en la base de una amplia gama de políticas israelíes: promover y perpetuar la supremacía de un grupo —los judíos— sobre otro: los palestinos. B’Tselem rechaza la percepción de Israel como una democracia (dentro de la Línea Verde) que simultáneamente sostiene una ocupación militar temporal (más allá de ella). B’Tselem llegó a la conclusión de que se ha cumplido el estándar para definir al régimen israelí como un régimen de apartheid tras considerar la acumulación de políticas y leyes que Israel ideó para afianzar su control sobre los palestinos. (Gráfico: B’Tselem)

En Cisjordania, la distinción institucional entre ambos grupos es especialmente marcada: Los colonos israelíes están sujetos al derecho civil israelí y disfrutan de plenos derechos políticos, servicios públicos y protección estatal, mientras que los palestinos que viven en el mismo espacio están sujetos al régimen militar y a la ley marcial, y no pueden participar en la determinación de las políticas y leyes que rigen casi todos los aspectos de sus vidas.

La fragmentación de la colectividad palestina en diferentes grupos jurídicos y espaciales es otro aspecto de este régimen, que a su vez genera geografías palestinas fragmentadas y formas de vida tanto individuales como colectivas.

El proyecto de eliminación en Cisjordania, descrito detalladamente en este informe, opera dentro de la estructura de este régimen mediante un proceso doble: Israel desmantela la existencia palestina al tiempo que reorganiza el espacio para ampliar e institucionalizar el control y la presencia israelíes.

La tierra y los recursos pasan a estar bajo control israelí; los asentamientos, los puestos de avanzada y las granjas se expanden; y los sistemas jurídicos, de planificación, de infraestructuras y de financiación establecen una presencia israelí contigua y permanente.

Ambos procesos están entrelazados: el desmantelamiento de la existencia palestina permite la expansión del control y la presencia israelíes, mientras que dicha expansión afianza y agrava el desplazamiento y la fragmentación de la población palestina.

Aunque el “Proyecto de Eliminación” no es nuevo, desde que el actual Gobierno israelí asumió el poder a finales de 2022, y más aún desde octubre de 2023, se ha acelerado e intensificado.

Las autoridades, la financiación estatal y el poder político han pasado a manos de actores comprometidos con la expansión de los asentamientos, el avance de la anexión y el desplazamiento de los palestinos; los recursos se canalizan hacia los asentamientos, incluidas las granjas y los puestos de avanzada, mientras que la alineación entre las instituciones estatales, el ejército, el movimiento de los colonos y las milicias de colonos se ha vuelto más estrecha y más abierta.

Las medidas que antes se presentaban como temporales, excepcionales o motivadas por necesidades de seguridad se llevan a cabo ahora a gran escala y de una manera más directa y abiertamente declarada.

El “Plan Decisivo”, publicado por el ministro de Hacienda israelí Bezalel Smotrich en 2017, es un documento clave para comprender la realidad actual en Cisjordania, ya que articula abiertamente la lógica de la eliminación y vincula la ideología colonialista a un plan de acción política. El plan ofrece a los palestinos tres opciones: vivir bajo la supremacía judía renunciando a sus reivindicaciones políticas, marcharse, o enfrentarse a una represión violenta si se resisten.

El ministro de finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, presenta el plan de construcción aprobado para E1 en una conferencia de prensa cerca de Ma’aleh Adumim, agosto de 2025. E1 (abreviatura de “Este 1”) es un terreno de 12 kilómetros cuadrados (4.6 millas cuadradas) en Cisjordania, un corredor estratégico ubicado inmediatamente al este de Jerusalén. Construir un asentamiento israelí allí aislaría el norte de Cisjordania del sur del territorio. Los planes de construcción para E1 habían sido retrasados por sucesivos gobiernos israelíes desde los años 90 debido a la indignación internacional. Ahora, el gobierno de Netanyahu avanza con la construcción, ignorando las protestas palestinas e internacionales. (Foto: Menahem Kahana / AFP)

Aunque el plan no se ha adoptado formalmente en su totalidad como decisión gubernamental, ni se ha promulgado como ley, los elementos centrales de su lógica se han traducido en los últimos años en políticas, asignaciones presupuestarias, delegación de poderes, y prácticas aplicadas sobre el terreno.

La actual escalada de violencia en Cisjordania se está desarrollando en paralelo al genocidio que Israel está cometiendo contra los palestinos en la Franja de Gaza.

En Gaza, la lógica de la eliminación ha adoptado su forma más extrema; en Cisjordania, se materializa de otras formas, a través de los cinco ámbitos de actuación descritos en el informe. Los dos escenarios no están desvinculados. La normalización de la matanza masiva y la destrucción colosal que Israel está infligiendo a la Franja de Gaza ha ampliado drásticamente los límites de la violencia percibida como legítima y empleada por el régimen israelí contra los palestinos. Desde octubre de 2023, las prácticas antes más infrecuentes

asociadas al asalto contra Gaza se han vuelto más habituales en Cisjordania, entre ellas los ataques aéreos, la destrucción a gran escala de zonas residenciales e infraestructuras, los desplazamientos masivos y una flexibilización de la política de uso de la fuerza.

El mecanismo de eliminación en Cisjordania

El mecanismo de eliminación que Israel opera en Cisjordania funciona por medio de cinco ámbitos de acción fundamentales: violencia e intimidación, restricciones de movimiento, estrangulamiento económico, destrucción social y política, y limpieza étnica y apropiación territorial. En conjunto, estos ámbitos restringen la capacidad de los palestinos en Cisjordania de sostener las necesidades básicas de la vida cotidiana, al tiempo que socavan las condiciones que permiten a la sociedad palestina existir como un ente político, social y territorial dotado de instituciones, derechos colectivos, y un futuro compartido.

La importancia de cada ámbito radica no solo en el daño directo que causa, sino también en su relación con los demás ámbitos y en su contribución al resultado cumulativo.

Violencia e intimidación

La violencia en Cisjordania funciona como un mecanismo central de control, desplazamiento y desmantelamiento. Sus efectos no se limitan a quienes mueren, resultan heridos, son encarcelados, golpeados o expulsados de sus hogares de forma directa. Intimida a toda la población. Reduce el margen de acción de que disponen los palestinos como individuos, familias y comunidades.

En cualquier momento, los soldados pueden irrumpir en una vivienda; colonos armados pueden llegar a una zona de pastoreo; un punto de control puede cerrarse sin explicación alguna; o una persona puede ser detenida, golpeada o asesinada. En tales condiciones, cada actividad rutinaria requiere una evaluación del riesgo. El miedo no es un subproducto de la violencia, sino parte de su funcionamiento como medio de coacción y del resultado que pretende producir.

La violencia es infligida por el ejército israelí, la policía y el Shin Bet, junto con los coordinadores de seguridad de los asentamientos, las brigadas de seguridad de los asentamientos y las milicias de colonos. Algunos actúan como ramas oficiales del Estado; otros operan con el apoyo o la protección del Estado, o dentro de una esfera de impunidad casi total.

En un ataque violento y planeado de antemano, decenas de colonos armados acompañados por al menos un soldado asaltaron cuatro aldeas palestinas al sur de Nablus, Cisjordania, el 6 de junio de 2026. Aquí se pueden ver milicianos colonos y al soldado golpeando a palestinos. (Foto: Captura de pantalla del video de B’Tselem)

Las milicias armadas de colonos atacan pueblos, comunidades de pastores, tierras de cultivo y zonas de pastoreo utilizando armas y vehículos todoterreno suministrados por el Estado, mientras que el ejército, aunque suele estar presente, no impide la violencia y, en ocasiones, participa activamente en ella: los soldados bloquean las vías de acceso, lanzan gases lacrimógenos o disparan munición real contra los palestinos que intentan defenderse a sí mismos y a sus propiedades, y los soldados que viven en los asentamientos participan en actos de violencia rutinarios dirigidos contra las comunidades palestinas vecinas. Las líneas entre la violencia militar, la violencia estatal y la violencia civil de los colonos son difusas y los distintos actores funcionan, en la práctica, como un solo sistema.

Desde octubre de 2023, el ejército israelí ha reclutado a miles de colonos para los Batallones de Defensa Regional que prestan servicio en las zonas donde viven, mientras que otros miles se han unido a las brigadas de seguridad de los asentamientos y los puestos de avanzada. Durante todo este tiempo, B’Tselem ha documentado cómo los colonos ejercen poderes “militares”: detienen y arrestan a palestinos, exigen la presentación de documentos, derriban construcciones e imponen bloqueos a comunidades enteras. Estas prácticas ofuscan aún más la distinción entre los agentes de la violencia: los colonos armados, los soldados y otros actores oficiales.

El número de palestinos asesinados en Cisjordania ha aumentado drásticamente en los últimos años. Entre el 7 de octubre de 2023 y el 30 de junio de 2026, Israel mató a 1,087 palestinos en Cisjordania, incluida Jerusalén Este. De los fallecidos, 242 eran niños y 21 eran mujeres.

Durante este periodo, Israel también intensificó el uso de ataques aéreos, incursiones a gran escala en zonas densamente pobladas y la destrucción de infraestructuras en los campos de refugiados. La violencia letal forma parte de un aparato más amplio que incluye redadas nocturnas, allanamientos de morada, registros, detenciones, amenazas, humillaciones, vigilancia e intrusiones en espacios privados. En conjunto, estas medidas crean una rutina en la que los palestinos carecen de un espacio seguro donde puedan vivir sin que la sombra de la opresión israelí se cierna sobre ellos.

Las detenciones masivas y el encarcelamiento constituyen otro pilar fundamental del mismo mecanismo. A lo largo de décadas, Israel ha encarcelado a cientos de miles de palestinos. Las prácticas de maltrato y tortura han servido no solo como medio de castigo, sino también como herramientas de disuasión generalizada, destinadas a dejar claro a los palestinos que cualquier participación en actividades políticas o cívicas, o cualquier resistencia al régimen israelí de apartheid, puede acabar en detención sin juicio, a menudo acompañada de violencia grave.

Decenas de hombres palestinos hechos prisioneros en un camión militar israelí el 6 de diciembre de 2023. (Foto: Moti Milford / Haaretz)

Al igual que la violencia empleada por el régimen israelí, la amenaza constante de detención y encarcelamiento también tiene por objeto intimidar a los palestinos. Desde octubre de 2023, Israel ha ampliado el uso del sistema penitenciario como medio de represión e intimidación dirigido tanto a individuos como a la colectividad palestina en su conjunto, y los centros de detención y las prisiones se han convertido en una red de campos de tortura en los que todo palestino que ingresa queda condenado a sufrir abusos físicos y psicológicos continuos.

Según el seguimiento de B’Tselem, entre octubre de 2023 y junio de 2026, al menos 32 detenidos y presos de Cisjordania fallecieron en centros penitenciarios israelíes como consecuencia de la violencia, la negligencia sistémica y la denegación de asistencia médica.

De este modo, los asesinatos, la violencia, las amenazas y el encarcelamiento actúan conjuntamente para sembrar el miedo, reducir la resistencia y permitir el funcionamiento de los demás ámbitos de la eliminación.

(Esta fue la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse en la Parte 2.)


Si te gustó este artículo, compárte lo con amigos y usa el enlace a continuación para suscribirte gratuitamente a Panorama-Mundial.

Anota en el espacio a continuación tu correo electrónico y haz clic en el botón SUSCRIBIRSE. Recibirás un mensaje con el enlace que necesitas usar para confirmar tu suscripción.


Deja un comentario