Cuba/Solidaridad con Cuba

El cangrejo, el vampiro, y la diferenciación social en Cuba


“Los privilegios son los sepultureros de los derechos colectivos”



El siguiente artículo fue escrito por Michel Torres Corona, conductor de 32 años del programa de televisión cubano Con Filo. Es muy conocido en su país por ser un firme defensor de la Revolución Cubana.

Torres Corona es director del grupo editorial Nuevo Milenio y colabora con diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. El artículo que sigue se publicó por primera vez el 9 de julio de 2026 en la revista digital uruguaya Mate Amargo.

Torres Corona abordó una polémica muy difundida en Cuba, desencadenada por la participación de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 41 años, en las conversaciones de Cuba con el Gobierno de Estados Unidos celebradas en mayo. Conocido como Raulito o “El Cangrejo”, Rodríguez Castro es nieto de Raúl Castro,[1] uno de los principales líderes de la Revolución Cubana y expresidente de Cuba. Rodríguez Castro es coronel del Ministerio del Interior de Cuba y ha formado parte del equipo de seguridad de su abuelo.

Muchos cubanos cuestionaron u objetaron a la participación de Rodríguez Castro en conversaciones de tan alto nivel porque no ocupa ningún cargo electo ni ningún otro cargo oficial en el Gobierno cubano y porque su conducta pública lo convierte en “un símbolo de los fiesteros adinerados, de esos que vestían ropa de diseño y joyas llamativas, imitando los gestos de la clase adinerada del Norte”, en palabras de Torres Corona.

La polémica se amplificó cuando el diario USA Today publicó un artículo el 6 de julio de 2026, basado en entrevistas con Rodríguez Castro realizadas en La Habana.

“Nunca me ha interesado la política. Nunca ha sido mi vocación”, declaró Rodríguez Castro al diario estadounidense. Pero, añadió, “puedo negociar con cualquier persona designada por Estados Unidos. Si se me da la oportunidad, claro que con Trump”. (“Por supuesto, con Trump.”) También afirmó que “si en algún momento la revolución necesita que dé un paso al frente, lo haré”.

El reportaje de USA Today forma parte de los esfuerzos de Washington por sembrar divisiones dentro de la dirección cubana, y entre el Gobierno cubano y el pueblo trabajador, para intentar encontrar personas con las que la clase dominante de Estados Unidos pueda colaborar, personas que aspiren a la moral y los valores capitalistas.

“Hoy en día, este guardaespaldas, antes prácticamente desconocido, se ha convertido en una figura clave en las conversaciones de Cuba con Estados Unidos, a pesar de que nunca ha ocupado un cargo público”, afirmaba un artículo en la portada del New York Times del 11 de agosto, refiriéndose a Rodríguez Castro, en otro intento de promover los objetivos de Washington. “Su nombre incluso ha surgido como alguien a quien la Administración Trump podría considerar aceptable para convertirse en el próximo líder de Cuba”.

El Times informó de que el viceministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Carlos R. Fernández de Cossío, calificó de “calumnias” las acusaciones contra Rodríguez Castro relacionadas con una red de tráfico de personas. Esto fue en respuesta a las acusaciones infundadas sobre la implicación de Rodríguez Castro en dicha red, repetidas de forma destacada en el artículo del Times y formuladas por personas condenadas por delitos en Estados Unidos.

Refiriéndose al artículo de USA Today, Torres Corona señaló que el periodista que realizó la entrevista describió el estilo de vida de Rodríguez Castro, que incluía “ropa de diseño, maletín de lujo, vinos exclusivos y cenas en restaurantes”. Un estilo de vida que, según lamentó Rodríguez Castro, la mayoría de los cubanos no compartía, aunque desearía que pudieran hacerlo, y afirmó que aspiraba a hacer realidad esa aspiración.

Este estilo de vida contrasta con la situación desesperada en la que vive hoy la gran mayoría del pueblo cubano, ya que Washington ha intensificado su guerra económica, que se prolonga desde hace décadas, con un bloqueo petrolero y restricciones más recientes que amenazan el suministro de alimentos del país.

El Gobierno de Estados Unidos está intentando derrocar la Revolución Cubana privando al pueblo del país no solo de combustible —y de todo lo que depende de él, como la electricidad y el agua corriente—, sino también de alimentos.

Un agricultor cubano ara un campo con bueyes, que ahora se utilizan ampliamente para el cultivo del suelo y el transporte en el campo cubano, ya que el bloqueo petrolero de Washington ha provocado la escasez de gasóleo y ha paralizado la mayoría de los tractores y demás maquinaria agrícola. Las sanciones estadounidenses, cada vez más estrictas, amenazan ahora el suministro alimentario de la nación isleña. (Foto: Progreso Semanal)

“Los privilegios son los sepultureros de los derechos colectivos”, señaló Torres Corona. “Allí donde florecen, la obra de las revoluciones se ve carcomida”.

Esto recuerda a los comentarios de Ernesto “Che” Guevara, uno de los líderes más conocidos de la Revolución Cubana. En una carta de 1965 dirigida a Fidel Castro, justo antes de que Guevara abandonara Cuba para emprender misiones internacionalistas, el Che escribió lo siguiente sobre la conducta que se esperaba de los miembros del Partido Comunista de Cuba y del gobierno revolucionario:

“El Partido y cada uno de sus miembros deben actuar como vanguardia, lo que significa que su conducta debe aproximarse al ideal comunista. Su nivel de vida… nunca debe superar al de sus compañeros. La moralidad de un comunista es su bien más preciado, su verdadera arma, por lo que debe ser atesorada, incluso en su vida privada… naturalmente, no hay lugar en el Partido para ladrones, oportunistas o fariseos, independientemente de sus méritos pasados”.[2]

La columna de Torres Corona es significativa, sobre todo porque hasta ahora no ha habido ninguna respuesta oficial pública a esta polémica por parte del Gobierno cubano ni de los medios de comunicación estatales.

Otro comentario público relacionado con este debate adoptó un enfoque diferente al de Torres Corona. Procedía de Elier Ramírez Cañedo, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de la Asamblea Nacional del país. En una publicación de Facebook del 8 de julio, Ramírez Cañedo defendió la participación de Rodríguez Castro en las conversaciones con Washington y afirmó que Rodríguez Castro había sido objeto de una “campaña de desprestigio” en los medios de comunicación estadounidenses.

Por otra parte, Enrique Ubieta Gómez, editor de Cuba Socialista, la revista teórica del Partido Comunista de Cuba, publicó un artículo el 28 de julio en el que se refería a la entrevista de USA Today de forma similar a Torres Corona.

“Se ofrece una entrevista/perfil manipulado de Raúl Guillermo… con una ingenuidad política extrema y que revela sus verdaderas debilidades”, escribió Ubieta Gómez. “Como era de esperar, esto último generó repulsa y protestas legítimas por parte de los revolucionarios; pero también llevó a los contrarrevolucionarios y a los reformistas/autonomistas del siglo XXI a aprovechar esta actuación para señalar la existencia de individuos que traicionan los ideales socialistas”.

Publicamos el siguiente artículo para información de nuestros lectores. El titular y el texto que aparece a continuación son del original. Los subtítulos, las notas y las fotos, son de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

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El cangrejo y el vampiro

09/07/2026

Miguel Torres Corona (Foto de su página de Facebook)

Por Michel Torres Corona (*)

Asumo que empezó siendo un restaurante de aquellos que en los 90 se dedicaba a vender en divisas “frutos del mar”: pescados, mariscos y otras delicias que, con el Periodo Especial[3] y las concesiones que debió hacer la Revolución para sobrevivir, cada vez se alejaban más de la “mesa sin mantel”. Desconozco su historia, debo confesar, y apenas si entré ahí dos veces, mientras cursaba estudios universitarios: la primera, cuando invité a una muchacha de la que estaba enamorado a un concierto de Kelvis Ochoa (no me sabía una sola de sus canciones); y la segunda —y última— cuando un grupo de amigos terminamos ahí la noche, luego de haber hecho un tour por bares de mala muerte y tener acopio etílico más que suficiente para tener al hígado bien ocupado sin tener que “consumir” los “cariñosos” tragos que allí servían. En ambas ocasiones me sentí en un ambiente ajeno, al que no pertenecía.

Don Cangrejo se llamaba el lugar: ubicado en la costa, su diseño emulaba el de un barco, con alarde de madera. Era bonito y espacioso. Del restaurante asumido pasó a ser el epicentro de las noches de cierta farándula pudiente que podía pagar el cover de 5 o 10 CUC, nuestra comuñanga y aplatanada versión del dólar creada por el Banco Central de Cuba como segunda moneda nacional equivalente a la divisa y que desapareció con la Tarea Ordenamiento.[4]

Alguien debiera escribir los ires y venires de nuestra historia económica reciente, tan curiosa como frustrante, pero no seré yo.

Desigualdad social

El caso es que en Don Cangrejo se empezó a nuclear una protoburguesía, que asistía con regularidad, en sentido contrario a la “bohemia” que ocupaba masivamente la calle G, en el Vedado.[5] Era el buque proa de una naciente clase social, que tenía más ingresos que la media. La desigualdad, prácticamente inexistente en la década del 80, comenzaba a consolidarse como una amenaza social pero todavía era tolerable. Si no tenías dinero, podías sentarte en cualquier parterre de G con una botella de ron y pasar la noche ahí, con una guitarra o escuchando la música propia o la que traía cualquiera de los cientos de jóvenes que ahí confluían. En definitiva, allí estaba la mayoría, en toda su heterogeneidad, y eso reconfortaba. Muchas veces, los “protoburgueses cangrejeros” se sentían también imantados por esa dinámica.

Comenzó la reforma, a finales de la primera década de este siglo y principios de la segunda, por entonces llamada “actualización del modelo económico”, y la competencia de Don Cangrejo empezó a aflorar en el sector privado, llamado —por obra y gracia de nuestra tradición eufemística— “cuentapropista”. La protoburguesía se esparció en pequeños nichos y bares-discotecas y aquel buque proa de la farándula tomó la senda del declive. En paralelo, la cultura de la burbuja (que es consustancial al desarrollo capitalista y antecede, aunque no lo parezca, a las burbujas y cámaras de eco propiciadas por el ciberespacio y la virtualidad) fue erosionando la horizontalidad bohemia de la calle G, que empezó también a despoblarse.

Pero Don Cangrejo permaneció un tiempo en el imaginario popular como el símbolo de la farándula pudiente, esa que gustaba vestir con las marcas de moda, usar cadenas o prendas ostentosas, imitar las maneras del Norte metalizado. Pero ya no necesitaban de ese espacio, un establecimiento estatal para colmo. La cultura de la protoburguesía habanera, que irradiaba al resto del país, comenzó a volverse una con la de cierto sector de nuestros migrantes en Estados Unidos, aun antes de que el Internet y su tardío pero frenético auge convirtiera en una sola comunidad digital a Miami y Cuba.

Y fue precisamente gracias a Internet que vi por primera vez aquel video: un hombre blanco, no mucho mayor que yo, bailando en un concierto de Gente de Zona, popular agrupación de reguetón cubana. Movía la cabeza, imitando un baile que esos artistas popularizaron, y se echaba agua encima. Traía puesta una camisa de los New York Yankees, el equipo de béisbol más famoso de las Grandes Ligas estadounidenses, y al dorso, personalizada, traía puesta las letras: “EL CANGREJO”.

El video era el típico material que mostraba las ridiculeces de un protoburgués cubano, aficionado a los bares faranduleros y con la habitual estética vasalla del nuevo rico, cercano a los “artistas del momento”, pero se había hecho viral por una cualidad de su protagonista: aquel Cangrejo era el nieto del General de Ejército, Raúl Castro Ruz. Fotos suyas en entornos similares, de displicente vanidad, circulaban por las redes digitales, pero los revolucionarios y los militantes hicimos caso omiso. Cuestionar su estilo de vida era, por transitividad, cuestionar a la dirección de la Revolución, y esos cuestionamientos solo alimentaban el morbo de nuestros enemigos, de aquellos que lucraban (y lucran) con cualquier atisbo de fraccionamiento.

Sandro Castro, ‘el Vampiro’

Tampoco es que fuera el peor de los vástagos: hay hijos de legendarios comandantes de la Revolución que han abrazado sin pudor el discurso y la agenda de la más rancia ultraderecha miamense, de lo que podemos catalogar como la gusanera clásica.[6] Y, en los últimos años, ha ocupado el lugar de los reflectores un nieto de Fidel, el infame Sandro Castro, que se convirtió en uno de los cretinos más mediáticos de nuestro mediocre ecosistema de “influencers”.

Sandro decidió “hacerse viral” en redes, subiendo videos carentes de gracia en los que, con acento de reguetonero afentanilado, decía ser un vampiro que tomaba cerveza en vez de sangre. “Una Cristach para el Vampirach”, repetía cual mantra, haciendo alusión a “la preferida de Cuba”, la cerveza Cristal. Lo único que lo convertía en trending topic era el desparpajo con el que su identidad y su discurso colisionaban con la imagen de Fidel que tienen los revolucionarios y, más aún, sus enemigos. Nadie admira más a Fidel que sus enemigos, por mucho que se retuerzan al pronunciar su nombre, y no hay mejor prueba de esa admiración que la ira con la que solían comentar cada nuevo video del “Vampiro”.

Hasta hace poco, Sandro nunca “se interesó por la política”. Se limitaba a subir sus videos alucinados, o a mostrarse en autos modernos como bon vivant, pero sin inmiscuirse demasiado en polémicas asociadas al gobierno… claro que, incluso si no era consciente de ello, todo en su actitud era político y subversivo en tanto se convertía en “munición semiótica” no tanto contra el gobierno cubano sino contra lo más importante, contra lo sagrado: el proyecto revolucionario. Porque la Revolución había apostado por el “hombre nuevo”, por que fuéramos como el Che, y el cibervampiro era cualquier cosa menos eso.

Líderes revolucionarios cubanos Raúl Castro (arriba a la izquierda), Ernesto “Ché” Guevara (al centro), y Juan Almeida (al lado izquierdo del Ché) a principios de los 1960s. “La Revolución había apostado por el ‘hombre nuevo’, por que fuéramos como el Che, y el cibervampiro era cualquier cosa menos eso”.

Precisamente por ser nieto de Fidel y por su irreverente desparpajo, la CNN llegó hasta su casa alumbrada en medio del tradicional apagón nocturno, que sumía en tinieblas todo a su alrededor. Patrick Oppman, el corresponsal de ese medio en Cuba, lo grabó en su hábitat natural —como quien filma a un animalito del bosque— y le dio “pie para la décima”. Y Sandro, con su desparpajo cretino, respondió pregunta tras pregunta, diciendo que él no tenía ventajas o prebendas, que él solo estaba tratando de salir adelante, que sus videos eran una forma de divertirse… pero tocó hablar de política y el Vampiro, entusiasmado, no frenó. Criticó al gobierno y se declaró capitalista, como “la mayoría de los cubanos” (según censo que celebrara en su párvula mente).

La entrevista con ‘El Cangrejo’ en USA Today

La prensa estadounidense parece haberle agarrado el gusto a los nietos de los líderes revolucionarios. USA Today viajó recientemente hasta La Habana no para entrevistar al presidente Miguel Díaz-Canel, legítimo representante del pueblo cubano, sino para realizar un perfil de Raúl Guillermo, alias El Cangrejo.

Y el momento para publicarlo no pudo ser mejor escogido: un día antes del debate extraordinario que solicitara y protagonizara otro representante legítimo de nuestro pueblo, el canciller Bruno Rodríguez,[7] en la Asamblea General de las Naciones Unidas, para denunciar el bloqueo genocida recrudecido por Donald Trump, Marco Rubio y el resto de la camarilla fascistoide que dirige ese imperio decadente y enfermo que conocemos por Estados Unidos; y el mismo día en que se producía la enésima caída del Sistema Electroenergético Nacional, dejando a todo el país sin electricidad.

En medio del apagón generalizado y con algún retazo de cobertura logré leer la entrevista, en la que El Cangrejo —al igual que su primo vampiresco— se arrogaba el derecho de hablar por los cubanos, de incluso “postularse” para negociar con cualquiera, incluso con el emperador de turno, Mr. Trump. Como el muchachito de las “Cristach”, El Cangrejo decía que la política no le interesaba mucho PERO… si había que dar el paso al frente, ahí estaría. Y para completar el gesto de ampulosa demagogia, similar a la de un candidato de cualquier show electorero, afirmó que le dolía que la gente, que el pueblo no viviera como él. Para eso, para que pudiéramos vivir como él, se levantaba todos los días.

Apenas pude contener las lágrimas mientras leía aquella altruista confesión, o cuando mostró el grueso y áureo collar donde exhibía las siglas de los nombres de su abuelo y de su tío abuelo (Raúl y Fidel Castro Ruz, respectivamente, por si cabía alguna duda).

La periodista enviada no desaprovechó su oportunidad y nos dio un bosquejo de la vida a la que podíamos aspirar, si en definitiva El Cangrejo cumplía su sueño de que todos fuéramos como él: ropa de marca, maletín de lujo, vino fuera de carta, cenas en paladares y almuerzos de trabajo con el General de Ejército, después de haber leído cualquier cantidad de documentos secretos.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro posa para USA Today frente a la foto de su abuelo, Raúl Castro (izquierda) y Fidel Castro el otrora líder central de la Revolución Cubana. Esta foto fue ampliamente diseminada en los principales medios de Estados Unidos. (Foto: Romina Ruiz-Goiriena, la reportera de USA Today que entrevistó a Rodríguez Castro en La Habana)

Nunca los vi ahí (en las dos veces que estuve… de las cuales puedo recordar con nitidez una) pero estoy casi seguro de que tanto el Vampiro como su primo frecuentaban Don Cangrejo o lugares similares. Las puertas se abrían de par en par ante personajes de tanto pedigrí.

Su ética y su estética no eran las de la Revolución pero los revolucionarios y los militantes hacíamos caso omiso, mutis absoluta, porque decir algo era atentar contra la unidad, atentar contra el proyecto.

Pero el ruido que provocan ya es ensordecedor, y no hay arenga o reclamo que calme la indignación que provocan esos frutos del nepotismo “sociolista”: ¿qué justifica su impunidad?

Usurpar las funciones del gobierno, asumir un rol público para el que nadie te eligió, autoproclamarte vocero de medidas o de nuevos derroteros para el país… ¿se le permitiría a alguien más? Ir por ahí burlándose de los funcionarios, de los hombres y mujeres que cada día se sacrifican por mantener en pie el país, coqueteando con los enemigos de este proyecto tan lleno de sombras pero también de luces… ¿se le permitiría a alguien más?

Los privilegios son los sepultureros de los derechos colectivos

Los privilegios son los sepultureros de los derechos colectivos. Allí donde florecen, carcomen la obra de las revoluciones. Ha sido así siempre. Cuando esos privilegios se enarbolan de forma impúdica, laceran los consensos que sostienen cualquier resistencia, dinamitan el pacto social que da sentido a un proyecto contrahegemónico. Y cuando hay personas que se valen de sus apellidos para secuestrar la voz de una nación, ya sea en el escarceo infantil con la prensa o en los oscuros pasillos del aparato estatal, se resiente el legado de aquellos que se hicieron de un nombre con sacrificio y virtud.

El pueblo cubano, cuya identidad se forjó —se forja aún— al calor de la Revolución como proceso histórico de lucha por la justicia social y la soberanía verdadera, sabe identificar a falsos ídolos, sean de los que acopian likes o de los que posan para los magacines. Solo sigue a líderes que, como han cantado nuestros juglares y poetas, dirijan la carga siendo los primeros en cabalgar al frente con el machete en la mano; solo reconoce la autoridad moral del que está dispuesto a ser el último en comer y el primero en morir.

Y en el pueblo, por supuesto, se hallan todas las claves para la victoria o para su oscuro reverso.

La unidad no se construye desde la acrítica sumisión ni desde ese lugar común de la retórica que acusa a la ligera de “dar armas al enemigo”. La unidad se construye, como diría Fidel, contra anexionistas y vendepatrias y, sobre todo, contra los corruptos. Hay muchas formas de corromperse, hay muchas formas de corromper un ideal. Ante la amenaza consuetudinaria del imperialismo, corrompido hasta la médula por su egoísmo y su ambición, nuestro frente unido debe articularse alrededor de valores que son antagónicos: la vergüenza, el honor, la decencia, el altruismo, la rectitud, la solidaridad, el decoro.

La Revolución está en peligro; la tenemos que salvar nosotros

La Revolución, lo sabemos todos, está en peligro. Y no la van a salvar los vástagos corrompidos por la estulticia y la frivolidad: la tenemos que salvar nosotros, los que militamos en el bando de los inconformes con o sin carné, los que padecemos la realidad sin maquillaje ni bálsamo alguno, los que no tenemos que hacer abstracción mental para entender el terrible costo de seguir resistiendo un cerco tan brutal.

Una mujer cruza una calle durante un apagón en La Habana, Cuba, el 10 de junio de 2026. El bloqueo petrolero estadounidense ha empujado a la isla a su peor crisis energética de la historia, con apagones masivos que duran casi todo el día. “La Revolución, lo sabemos todos, está en peligro”, dijo Torres Corona. “Y no la van a salvar los vástagos corrompidos por la estulticia y la frivolidad: la tenemos que salvar nosotros… los que padecemos la realidad sin maquillaje ni bálsamo alguno, los que no tenemos que hacer abstracción mental para entender el terrible costo de seguir resistiendo un cerco tan brutal”. (Foto: Norlys Pérez / Reuters)

Y en tanto el gobierno de la República y el Partido estén a la altura de ese sacrificio cotidiano tendrán nuestro apoyo, y continuarán siendo los polos de articulación para el frente unido, patriótico y comunista, que ha de oponerse a las apetencias imperialistas.

En ese frente no caben los bon vivant y los príncipes, no cabe aristocracia alguna: solo un proyecto radical, por los humildes y para los humildes, puede darle sentido y validez a la proeza que ha sido y será vencer en condiciones tan desventajosas.

Como los cerdos de Orwell,[8] hay quienes repudiarán su herencia revolucionaria (con mayor o menor sutileza), y buscarán vestir los ropajes del explotador y sentarse a la mesa de los poderosos. Son las señales del aburguesamiento, de la idea liberal de prosperidad; son señales degenerativas.

No podemos seguir haciendo caso omiso de esas señales, no puede seguir habiendo impunidad ni condescendencia. La hora es de urgencia y se ha de sacudir con fuerza telúrica la trinchera, para que lo podrido caiga a tierra. Corremos el riesgo de que los vampiros nos desangren y que los cangrejos se tornen cáncer. Dejarlos ser sí que sería darle la mejor de las armas al enemigo.


NOTAS

[1] Raúl Castro, de 95 años, es un líder vitalicio de la Revolución Cubana. Se desempeñó como Comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba de 1959 a 2008, y como presidente del país de 2008 a 2018 (convirtiéndose en presidente interino en 2006). Ostenta el título de General del Ejército, el cargo militar más alto de Cuba. El 20 de mayo de 2026 Castro fue acusado por el Departamento de Justicia de Estados bajo cargos falsos de asesinato y conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, derivados de un incidente en 1996 sobre aguas territoriales cubanas.

[2] Ernesto “Che” Guevara, argentino de nacimiento, fue comandante de las fuerzas guerrilleras durante la Revolución Cubana y líder del nuevo gobierno revolucionario de Cuba, encabezando las campañas de reforma agraria y alfabetización además de otros cargos. Inspirado por las posibilidades revolucionarias en África y América Latina, Guevara partió de Cuba en 1965 para realizar misiones internacionalistas. Fue capturado y ejecutado en Bolivia por fuerzas asistidas por la CIA en 1967.

Fidel Castro fue el líder central de la revolución cubana. Encabezó el Movimiento 26 de Julio, la principal organización que lideró la lucha guerrillera que en 1959 derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista respaldada por Estados Unidos. Se desempeñó como primer ministro de Cuba de 1959 a 1976 y como presidente del país desde 1976 hasta su jubilación en 2008. Falleció en 2016.

La carta del Che a Fidel en 1965 puede encontrarse en Te abraza con todo fervor revolucionario; Epistolario de un tiempo 1947-1967 de Ernesto Che Guevara y Aleida Guevara [en la sección titulada “Cartas como líder del gobierno revolucionario (1959-1965).”] Consulte también la reseña de Panorama-Mundial sobre este libro tan esclarecedor.

[3] Durante la década de 1990, tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), Cuba enfrentó su primera crisis económica grave desde la victoria de la revolución en 1959. Frente a la eliminación del comercio a precios justos con la antigua Unión Soviética, Cuba enfrentó repentinamente una caída del 35% en la producción económica (igual o mayor que la caída de la Gran Depresión en Estados Unidos en los años 30). A esos años se les llama el “Período Especial en Tiempos de Paz”.

Al mismo tiempo, Washington intensificó su guerra económica contra Cuba mientras la Revolución intentaba encontrar nuevos socios comerciales y fuentes de capital. Los enemigos de la Revolución en todas partes predijeron el colapso “inminente” de la república obrera y campesina. Sin embargo, los trabajadores revolucionarios en Cuba defendieron su revolución socialista ante estas dificultades, demostrando que el gobierno cubano seguía siendo su gobierno. Y continuaron acercándose a los oprimidos y explotados en todo el mundo, apoyando luchas antiimperialistas y de liberación nacional.

[4] El CUC (Peso Cubano Convertible) fue una de las dos monedas oficiales en Cuba que se usaron desde 1994 hasta su retirada el 1 de enero de 2021. La Tarea de Reordenación fue una reforma económica llevada a cabo durante la pandemia de Covid-19 con el objetivo de retirar la moneda convertible, entre otros objetivos. Vinculado 1:1 al dólar estadounidense, el CUC se usó como sustituto de la moneda extranjera, y durante años los trabajadores cubanos intercambiaron sus pesos por CUC para comprar una variedad de alimentos y bienes de consumo en las tiendas estatales “CUC”, así como por bienes y servicios en el sector turístico y de negocios extranjeros. Estas tiendas eran conocidas oficialmente como tiendas de recaudación de divisas convertibles.

[5] Vedado es un distrito residencial y de negocios en La Habana, Cuba, ubicado a pocos kilómetros al oeste de La Habana Vieja. Limita al este con el centro de La Habana, al oeste con el río Almendares y al norte con el malecón.

[6] En un contexto político e histórico, “Gusano” es un término despectivo que los revolucionarios cubanos usaron inicialmente para describir a los cubanos de derecha que huyeron de la isla después de la revolución de 1959. Más tarde se usó como insulto para describir a cualquiera que saliera de Cuba (especialmente durante los años 80), porque salir del país era ampliamente percibido como una traición a la Revolución, y también para describir a cubanos anticomunistas, vivieran o no en el extranjero. Muchos cubanos ahora rechazan el uso de este término, ya que es ampliamente aceptado que puedes criticar al gobierno sin necesariamente ser anticomunista. Es un término extremadamente cargado que la mayoría de los cubanos no usan a la ligera.

[7] Ver ‘¡Tarjeta roja para Estados Unidos en la ONU!’ El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba denuncia la hipocresía de las afirmaciones de Estados Unidos sobre el bloqueo publicado por Panorama-Mundial el 12 de julio de 2026.

[8] Esto es una referencia al libro de George Orwell Rebelión en la granja (publicado en 1945). Es una novela alegórica — una sátira mordaz de la marcha ciega de una sociedad oprimida hacia el totalitarismo. Una granja es tomada por sus animales sobrecargados de trabajo y maltratados. Con idealismo ardiente y consignas inspiradoras, se propusieron crear un paraíso de progreso, justicia e igualdad. Así, el escenario está listo para una de las fábulas más satíricas jamás escritas: un cuento de hadas afilado, para adultos, que narra la evolución de la revolución contra la tiranía hacia un totalitarismo igual de terrible. Los cerdos son los animales de la granja que se convierten en dictadores. “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, como dice la fábula refiriéndose a los cerdos. La novela se considera una crítica alegórica a la traición de la Revolución Rusa de 1917 por la contrarrevolución de la burocracia estalinista.


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