Los primeros pasos de Trump hacia un gobierno dictatorial
(Esta es la segunda de dos partes. La primera se encuentra en la Parte I.)
Por Argiris Malapanis, Duane Stilwell y Francisco Picado
Una semana después de indultar a los que participaron en una turba el 6 de enero de 2021, Trump firmó otra orden ejecutiva que bloquea la financiación de programas federales ya aprobados por el Congreso de Estados Unidos. A pesar de que la Casa Blanca rescindió más tarde este bloqueo general de fondos cuando un juez estadounidense detuvo temporalmente su implementación, otras directivas que bloquean el financiamiento de proyectos previamente aprobados por mayorías bipartidistas, como la reciente ley de infraestructura, siguen vigentes.
El bloqueo de miles de millones de dólares ya asignados por el Congreso refleja la opinión de Trump de que el presidente no sólo puede vetar cualquier decisión del Congreso con la que no esté de acuerdo, sino que puede usurpar poderes legislativos “revisando” las decisiones del Congreso que no le gustan y alterándolas para adecuarlas a sus metas.
La misma actitud fue evidente en la decisión de Trump de no eliminar la aplicación de redes sociales TikTok, a pesar de que el Congreso votó por prohibirla, decisión que fue confirmada por la Corte Suprema. La prohibición, en sí, puede crear un precedente para restringir la libertad de expresión, pero es igualmente peligroso el que Trump la revoque alegando que tiene un poder ejecutivo ilimitado.
ANÁLISIS DE NOTICIAS
A finales de enero, no habia duda sobre la dirección en que se encamina el segundo mandato de Trump en la Casa Blanca.
Trump está expandiendo rápidamente el uso del poder ejecutivo — que ya ha sido una tendencia en la política estadounidense durante décadas — pero de una manera cualitativamente nueva. Ha logrado una conformidad sin precedentes en el Congreso y cuenta con que en el futuro los fallos de la Corte Suprema le sean favorables. Mientras tanto, sigue actuando como si tuviera poderes ilimitados.
El 7 de febrero dio otro paso que tiene una importancia simbólica. Trump anunció que despediría a varios miembros de la junta directiva del Centro Kennedy para las Artes Escénicas y se instalaría él mismo como presidente. A los pocos días, Trump se convirtió en el nuevo presidente del Centro Kennedy. Sería un error desestimar, o minimizar, esta toma de control de una institución cultural. El propósito fue anunciar dramáticamente el establecimiento del gobierno de un solo hombre en todos los ámbitos de la vida de la nación.

Los intentos, liderados por Musk, de despedir a decenas de miles de trabajadores federales y eliminar departamentos gubernamentales que sólo el Congreso tiene la autoridad de establecer o eliminar — reemplazándolos con gente leal a Trump — tienen como objetivo allanar el camino hacia ese gobierno de un solo hombre.
En un importante ataque contra el pueblo trabajador, el gobierno de Trump ha tratado de obligar a decenas de miles de trabajadores federales a renunciar a sus empleos mientras anuncia el despido masivo de otros. El 2 de febrero, Trump también declaró nulos todos los contratos que los sindicatos de trabajadores federales habían firmado con el gobierno durante el último mes de la administración Biden.
Ha comenzado una cacería de brujas
Mientras tanto, bajo el pretexto de “combatir el antisemitismo”, Trump ha iniciado un peligroso asalto contra los derechos democráticos al emitir otra orden ejecutiva que hace blanco de cualquiera que se oponga a la guerra de Israel contra el pueblo palestino. Al mismo tiempo Trump inventa excusas para disfrazar el antisemitismo abierto de sus partidarios más reaccionarios.

Esa orden recibió menos atención de los medios debido a la avalancha de los ataques contra todo lo relacionado con el concepto denominado “Diversidad, Equidad e Inclusión” o DEI. En este ámbito, la cacería de brujas ya está en marcha.
“Un grupo derechista sin fines de lucro que ha publicado una ‘Lista para vigilar el DEI’ que identifica a los empleados federales que supuestamente ‘impulsan iniciativas radicales de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI)’ está financiado por fundaciones de familias adineradas y grupos de derecha cuyos orígenes a menudo quedan ocultos tras una red de acuerdos financieros que encubren a los donantes originales”, informó The Guardian el 9 de febrero.
“Una lista reciente creada por la American Accountability Foundation (AAF) incluye los nombres de personas, en su mayoría negras, que tienen algún rol gubernamental en el área de la salud y que supuestamente tienen vínculos con iniciativas de diversidad. Otro se dirige a los empleados del departamento de educación, y otro hace blanco de los ‘burócratas de inmigración más subversivos’.
“Las listas aparecen en medio de la agitación en el gobierno de Estados Unidos, ya que la administración de Donald Trump… con la ayuda de Elon Musk, el hombre más rico del mundo, ha tratado de despedir a grandes franjas del gobierno federal y purgarlo de DEI y otras iniciativas, como la lucha contra el cambio climático, que Trump ha denominado como ‘woke'”.[1]
La ofensiva derechista contra el concepto “DEI” encaja con el antisemitismo clásico y lo refuerza. Como lo expresó un artículo del 16 de febrero publicado en Substack: “En el contexto estadounidense, este racializado ataque [anti-DEI] contra el liberalismo a menudo pinta a los funcionarios, políticos y miembros del ejército que son negros como parásitos indignos, que toman el lugar de los blancos calificados. La estructura de su visión del mundo es la misma [que el antisemitismo clásico]: existe una camarilla egoísta que controla la sociedad de forma parasítica, y todas sus invocaciones de universalismo, etc., son mentiras y manipulaciones para su propio beneficio. Este es el famoso ‘socialismo de los tontos'”.[2]
La constante demagogia derechista también busca fomentar el apoyo a la cacería de brujas anti-DEI.
El 1 de febrero, por ejemplo, Trump afirmó falsamente que la causa del accidente aéreo que mató a 67 personas en Washington, D.C., un día antes fue que la Administración Federal de Aviación había adoptado, bajo la administración Biden, prácticas de contratar a personas con discapacidades, y había hecho otros esfuerzos para diversificar la fuerza laboral de los controladores de tráfico aéreo. Afirmaciones falsas y conspirativas como esta sirven para disfrazar y ofuscar el enorme peligro de sus acciones, y para movilizar a la base de Trump, que tiene muchos adeptos entre las clases medias y algunos segmentos desorientados entre los trabajadores.

La cacería de brujas que lanzó el gobierno después de la Segunda Guerra Mundial tenía como blanco a los “comunistas”. Hoy la cacería de brujas de tiene como blanco a todos aquellos que los derechistas definen como partidarios de las políticas “woke”. En la práctica, algunos de los que promueven esas políticas han socavado los derechos democráticos y debilitado la lucha contra el racismo y la intolerancia. Igualmente, hace décadas, ciertas políticas supuestamente “comunistas” debilitaron el movimiento obrero. Pero la persecución generalizada, ahora como en ese entonces, no es más que una cacería de brujas.
Hoy, detrás de todo esto, está la falsa aseveración de que las medidas denominadas como acción afirmativa — medidas que buscan rectificar décadas de discriminación contra los negros, los latinos, los pueblos nativos de Norteamérica, las mujeres y otros — no son más que “racismo a la inversa” y deben ser rechazadas. Además argumenta, falsamente, que la discriminación racista y sexista es cosa del pasado. O como les dice hoy Musk a los neonazis en Alemania, no hay nada de qué disculparse.
La ultraderecha tiene viento en sus velas
Estas medidas, por drásticas que sean, pueden no ser suficientes para Trump.
Uno de los rasgos distintivos de un movimiento fascista es la promoción y el uso de tropas de choque extralegales que intimidan y aplastan violentamente cualquier resistencia.
Hoy los principales candidatos para este papel son las milicias ultraderechistas como los Proud Boys y los Oath Keepers, que lideraron el asalto al Capitolio de Estados Unidos hace cuatro años. Otro ejemplo es Blood Tribe, un grupo nazi que orquestó ataques contra inmigrantes haitianos y sus partidarios en Springfield, Ohio el año pasado, ayudando a Trump y a sus aliados a transformar a los inmigrantes en chivos expiatorios. El reciente programa del republicano Bruce Blakeman, ejecutivo del condado de Nassau en Nueva York — que propone designar una “milicia ciudadana” compuesta de policías retirados y ex miembros de las fuerzas armadas para respaldar a la policía local durante emergencias — también es parte de esta peligrosa trayectoria.
Queda por verse si van a desatar de lleno estas bandas violentas, pero la ultraderecha tiene el viento en sus velas. Muchos de sus líderes están ansiosos por rebasar todos los límites tan rápido como sea posible.
En este clima se está convirtiendo en una insignia de honor para esta gente el proclamar sus credenciales reaccionarias. El rapero Kanye West, también conocido como Ye, tuiteó el 7 de febrero: “Amo a Hitler”, “Soy un nazi” y “Tengo dominio sobre mi esposa”. También hizo declaraciones en las que pregonaba su odio contra los judíos. Ye fue invitado a la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump. En agosto de 2024, durante una entrevista realizada por un videojugador de derechas, Trump declaró que el rapero es “un tipo realmente agradable… Tiene un buen corazón”.

Otros derechistas de este tipo forman parte de las operaciones de Trump y de Musk. Marko Elez, un exempleado de SpaceX y de X que se había unido al personal de DOGE que lidera Musk renunció recientemente, después de que el Wall Street Journal revelara que en las redes sociales había afirmado, bajo un seudónimo, que “Yo era racista antes de que fuera chévere” y “Hay que normalizar el odio hacia los indios”. El 7 de febrero, Trump y Vance pidieron que el empleado de 25 años fuera reincorporado. Musk accedió y volvió a contratar inmediatamente a Elez.
Toda la trayectoria de la administración Trump, incluso el jactarse del número de redadas diarias de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) que detienen a inmigrantes para las deportaciones masivas, tiene como objetivo infundir miedo, lo que puede resultar en parálisis.
Demagogia derechista
La fábrica de propaganda de Trump está repleta de dosis diarias de demagogia derechista diseñada para confundir a millones de personas.
Durante un evento de prensa el 11 de febrero en la Oficina Oval, Musk, con Trump a su lado, afirmó demagógicamente que DOGE, el grupo de trabajo que él lidera para remodelar las agencias federales, está llevando a cabo la voluntad de los votantes que eligieron a Trump. “De eso se trata la democracia”, proclamó.
Musk y Vance también han emprendido una campaña internacional para promover organizaciones ultraderechistas en todo el mundo. ¡Y lo hacen en nombre de “apoyar la democracia”! Esta farándula estuvo al centro del reciente viaje del vicepresidente de Estados Unidos a Europa.
Dirigiéndose a los políticos europeos en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero, Vance los regañó por no defender cabalmente los valores democráticos, y le brindó a la extrema derecha europea lo que equivale al respaldo político de la Casa Blanca. Vance instó a los políticos europeos a que abandonaran su oposición a los partidos ultranacionalistas y antiinmigrantes como la AfD. Afirmó que el esfuerzo por marginar a estos partidos y sus ideas es un acto antidemocrático. Bajo el pretexto de “apoyar la democracia”, Vance acogió de todo corazón a los partidos derechistas que promueven el nacionalismo burgués reaccionario, la xenofobia, y el expansionismo imperial por la fuerza y la violencia.
Lo que Vance en realidad les dijo a los miembros europeos de la OTAN es que tal vez ya no son aliados de Washington, sino sus adversarios, a menos, por supuesto, que la ultraderecha tome el poder en suficientes capitales europeas. Su discurso en Múnich, apareado con la campaña de Trump diciendo que Estados Unidos debe apoderarse de Groenlandia, son indicios de que la alianza militar transatlántica, tal y como la conocemos, puede dejar de existir en un futuro no muy lejano.
Al día siguiente de este discurso, que se convirtió en el punto culminante de su primer viaje internacional como vicepresidente de Estados Unidos, Vance se reunió en privado con Alice Weidel, copresidenta de la AfD, aunque se negó a reunirse con el canciller alemán Olaf Scholz. Por su parte, Scholz denunció la reunión de Vance con Weidel como una injerencia inaceptable en los asuntos internos de Alemania.
El 7 de febrero en Madrid, en una cumbre de partidos afines llamados Patriotas por Europa, y anticipando el respaldo público de los nuevos ocupantes de la Casa Blanca, el primer ministro ultraderechista de Hungría, Viktor Orbán, declaró: “En solo unas pocas semanas el tornado de Trump ha transformado el mundo. Una era ha terminado. Ayer éramos herejes, pero hoy somos la corriente principal”.

¿El fascismo incipiente o un modelo diferente de la reacción?
Una base social de masas, la promoción y el uso de tropas de choque extralegales, la promoción de una cacería de brujas, los esfuerzos por construir un movimiento de derecha radical en el país y en el extranjero, todo al servicio de las multimillonarias familias gobernantes pero envuelto en el manto de un movimiento plebeyo, todas son características del fascismo incipiente.
Como señaló Novack en su libro Democracia y Revolución,[3] “El fascismo difiere en un aspecto decisivamente importante de otras expresiones políticas de la reacción. Es un movimiento de masas basado en la actividad de una fuerza social particular, la pequeña burguesía desposeída y desesperada. A diferencia de las dictaduras bonapartistas y militares que se imponen desde arriba, el movimiento fascista surge desde abajo. Tiene una composición, un ímpetu y un liderazgo plebeyos.

“El fascismo atrae a su bandera a los elementos más descontentos de las capas intermedias, maltrechas y magulladas, de la sociedad burguesa. Sus seguidores incluyen a comerciantes, profesionales, administradores, pequeños artesanos y funcionarios en las ciudades y pueblos, así como pequeños propietarios de tierras en el campo. Recluta a sus tropas de choque entre el lumpenproletariado, los desocupados y los trabajadores más desmoralizados y atrasados. Puede hacer llamados convincentes a los veteranos de guerra patrioteros que se sienten fuera de lugar y que no han sido recompensados en la vida civil, a los jóvenes desorientados y a los pensionistas alarmados que se ven acosados por la inflación y la inseguridad.
“Por sí solos los capitalistas no pueden aplastar a los trabajadores y destrozar el sistema parlamentario. Requieren los servicios de una fuerza de masas mucho más formidable y organizada, y de un movimiento político popular, para que actúe como el mazo. El fascismo les brinda esa potencialidad. Por medio de la colusión con sus principales dirigentes, a menudo sin que las bases lo sepan, se apoderan de este movimiento social en ebullición, que exige cambios radicales y tiene un impulso y objetivos propios, y terminan doblegándolo a sus propósitos.
“Estas dos características opuestas del fascismo — una base popular y un propósito plutocrático — están inextricablemente entrelazadas. La dualidad le confiere a esta formación un carácter demagógico de dos filos. Opera en dos planos al mismo tiempo, presentándose como un movimiento plebeyo y radical, mientras actúa como algo muy distinto, como un instrumento de la gran burguesía en contra de los trabajadores. Como los camisas negras de Mussolini en sus primeros días, las bandas fascistas pueden fungir como rompehuelgas y como guardaespaldas para los jefes, mientras que sus publicistas maldicen a la plutocracia”.
No es posible predecir hoy día si la iniciativa Make America Great Again (MAGA) (Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande) de Trump puede transformarse en un movimiento fascista incipiente, o eventualmente en un movimiento fascista completamente desarrollado, como los nazis de Hitler en Alemania o los Camisas Negras de Mussolini en Italia en las décadas de 1920 y 1930, o si va a engendrar otra forma de gobierno dictatorial. Pero la dirección es clara.
El marxismo no es un dogma, sino la generalización de las experiencias de los trabajadores. Puede ser que el análisis que Novack y otros líderes socialistas esbozaron hace décadas no nos dé una base suficiente para poder adivinar con la mayor precisión posible, y sin ninguna grandilocuencia o exageración, la magnitud de lo que se está gestando hoy día. Es posible que el “trumpismo” de lugar a una forma de gobierno dictatorial que nadie ha visto hasta el momento.
Solamente podemos interpretar los acontecimientos del momento utilizando los instrumentos y los métodos disponibles, dentro de los límites de nuestros recursos y capacidades. Si en el futuro aparece evidencia que demuestre que estamos equivocados, con gusto revisaremos nuestra evaluación.
Aún hay tiempo para que los trabajadores, y todos los partidarios de la democracia, se pongan de pie
Sin embargo, podemos estar seguros de esto: la democracia burguesa, siempre preferible a cualquier tipo de dictadura, aún no ha sido destruida. Todavía hay tiempo para que los trabajadores y todos los que están a favor de la democracia se organicen y detengan a las fuerzas de la reacción. Como dijo Cannon, “la cuestión se decidirá en la lucha”.
¿Qué es lo que hay que hacer?
En primer lugar tenemos que explicar, con paciencia y en cada rincón, el peligro que representa el ascenso del fascismo incipiente, evidenciado por las acciones de la administración Trump. La mayoría de las personas de clase media y trabajadora, incluso muchas que se oponen a algunas de las medidas de Trump, aún no entienden, ni siquiera perciben, la posibilidad de tal peligro.
Al escribir sobre una movilización pública de un pequeño grupo neofascista en Francia en la década de 1970, cuando el fascismo aún no se había puesto en marcha en ese país, el líder socialista Joseph Hansen señaló: “Cuando el fascismo avanza las fuerzas sociales involucradas son de un peso colosal, no son fácilmente identificables como fascismo por amplios sectores de la población, [énfasis en negritas añadido] y para aplastarlas se requieren movilizaciones de un peso comparable”.
Movilizaciones callejeras para oponerse a los ataques que el triunvirato Trump-Vance-Musk plantean contra los derechos sindicales y democráticos, y contra-movilizaciones para oponerse a cualquier asalto de los racistas o los ultraderechistas, deben estar a la orden del día.
Hoy una minoría no insignificante de trabajadores está votando por unirse a los sindicatos, está liderando huelgas exitosas y le está haciendo frente a la injusticia en sus lugares de trabajo. Es probable que estos trabajadores tomen la iniciativa para hacerle frente al “tornado de Trump”. Esta es otra razón más por lo cual es necesario extender la solidaridad y el apoyo material y de otros tipos a cada esfuerzo de organización sindical, y a cualquier otra lucha laboral, y por lo cual necesitamos identificarnos con todos aquellos que luchan contra la opresión y la explotación en todo el mundo.

También debemos tratar de ganar a nuestro lado a la mayor cantidad posible de trabajadores para que rechacen la perspectiva de “Estados Unidos primero”, que defienden por igual los republicanos y los demócratas. En cambio, nuestro lema debería ser “Primero los trabajadores y agricultores del mundo”. Una clase obrera unida es el único muro eficaz contra la carrera de los multimillonarios hacia el abismo. La clase trabajadora es la única clase que puede aliarse con otros productores explotados, como los pequeños agricultores, para rescatar al mundo de las guerras sangrientas y la competencia despiadada del sistema de ganancias.
Para el movimiento obrero estadounidense, eso significa lidiar con el hecho innegable de que es imposible proteger los “empleos estadounidenses” si al mismo tiempo ignoramos la difícil situación de nuestros hermanos y hermanas en otros países.
Es igual de importante entender que la inmigración fortalece a la clase trabajadora, y que la mayoría de los inmigrantes no son los culpables de los delitos menores ni del crimen organizado.
Y podemos explicarle a cualquier persona que desee escucharnos por qué debemos romper con los demócratas y los republicanos, y porqué debemos empezar a actuar en el ámbito político nosotros mismos, en defensa de nuestros propios intereses como clase trabajadora, e independientemente de los partidos de los ricos.
(Esta fue la segunda de dos partes. La primera se encuentra en la Parte I.)
NOTAS
[1] La palabra “woke” se deriva de la palabra en inglés awake, que significa despierto. Tiene sus orígenes en el dialecto del pueblo afronorteamericano. Su uso original era para designar a las personas que son conscientes de la injusticia y la desigualdad racial, y que tienen opiniones políticas progresistas. Cobró amplia aceptación durante 2014 cuando las amplias protestas contra la brutalidad policial en Estados Unidos se extendieron por todo el país. Hoy la palabra se usa también por la derecha de modo despectivo, para acusar a aquellos que son anti-racistas de discriminar contra los blancos o de albergar ideologías extremas.
[2] “El antisemitismo es el socialismo de los tontos” es una frase que denuncia la noción ultraderechista de que la “riqueza” o el “poder” judío es la raíz de la injusticia social. Según el historiador británico Richard Evans, la frase probablemente fue acuñada por el político liberal de izquierda austriaco Ferdinand Kronawetter, pero a menudo se le atribuye al socialdemócrata alemán August Bebel y ocasionalmente a Karl Marx. En la década de 1890, la expresión fue ampliamente utilizada por los socialdemócratas alemanes.
[3] Democracia y Revolución: de los griegos a nuestros días por George Novack, editorial Fontamara, o Democracia y Revolución por George Novack, edición PDF gratis. Ver páginas 116-131, capítulo 9 sobre “Bonapartismo, dictadura militar y fascismo”.
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Categories: Política en Estados Unidos, Política Mundial
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