Editorial

La guerra contra Irán le propina un golpe humillante al imperialismo estadounidense

Una noticia muy positiva para los trabajadores y los oprimidos de todo el mundo



El Memorándum de Entendimiento firmado por Washington y Teherán el 17 de junio de 2026 — en el que se declara “el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano” — representa un importante revés para el imperialismo estadounidense en la guerra contra Irán, una guerra que los ejércitos de Estados Unidos e Israel iniciaron conjuntamente el 28 de febrero.

La Administración Trump no logró ninguno de sus objetivos declarados. Uno de ellos era derrocar al régimen iraní y sustituirlo por otro que fuera del agrado de Washington. La Casa Blanca también había declarado que eliminaría la capacidad de Irán de producir y lanzar misiles balísticos y de apoyar a las milicias aliadas en el Medio Oriente. Además, proyectaba la destrucción total del arsenal iraní de misiles y drones.

Irán se comprometió a no producir ni adquirir nunca armas nucleares, pero esta es una promesa que Teherán lleva haciendo desde hace décadas. Al mismo tiempo, Irán no ha renunciado a su derecho a enriquecer uranio con fines pacíficos — para la generación de energía nuclear. Las negociaciones sobre cómo gestionar las reservas de combustible nuclear ya enriquecido por Teherán se han relegado a una segunda fase de las conversaciones de paz. Está previsto que estas duren 60 días, pero pueden prorrogarse y, en realidad, podrían prolongarse durante meses o años, como demuestra la experiencia pasada.

La gente pasea por la plaza Tajrish, en el norte de Teherán, el lunes 15 de junio de 2026, dos días antes de que los Gobiernos de Estados Unidos e Irán firmaran el Memorándum de Entendimiento. (Foto: Vahid Salemi / AP)

La guerra tampoco logró el principal objetivo tácito de los gobernantes de Estados Unidos: aumentar su control sobre los enormes recursos naturales de Irán —especialmente el petróleo y el gas natural—, lo que situaría al ejército de Estados Unidos en una mejor posición para afrontar una futura guerra con China, el principal contrincante de Washington.


EDITORIAL


Lo que sí logró la maquinaria bélica de Estados Unidos e Israel fue lo siguiente: mató o mutiló a decenas de miles de personas y destruyó amplias zonas de edificios residenciales y comerciales, infraestructuras y capacidad productiva.

Las víctimas en Irán ascienden a 3,500 muertos — 1,700 de ellos civiles y más de 300 niños — y más de 25 mil heridos. Resultaron dañadas o destruidas en todo el país más de 100 mil viviendas, así como más de 100 escuelas y 50 centros médicos, además de autopistas, plantas de tratamiento de agua, instalaciones de almacenamiento y plantas industriales.

Mapa de los lugares en Irán que fueron atacados durante la guerra de Estados Unidos e Israel contra ese país, que duró más de 100 días.

El Líbano ha sufrido una mortandad y una destrucción comparables, si no mayores, con al menos 4 mil muertos y 12 mil heridos — en su mayoría civiles — y 1.2 millones de desplazados. Gran parte del sur del país, ocupado por tropas israelíes, ha quedado arrasado por los bombardeos y las demoliciones israelíes.

Cientos de personas también resultaron muertas o heridas en Israel/Palestina, Irak, Siria, Jordania, Kuwait, Baréin, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar y Omán. Y 13 soldados estadounidenses murieron por el petróleo y defendiendo los beneficios de los superricos ante el altar del Pentágono, en una guerra que, según Moody’s Analytics, ha costado hasta ahora más de 130 mil millones de dólares.

A pesar del inmenso poder de fuego de los atacantes, Irán se enfrentó al ejército más poderoso del mundo y a su principal aliado en el Medio Oriente en esta guerra altamente asimétrica. El ejército iraní infligió daños significativos a los activos militares estadounidenses y a las instalaciones petroleras y de otros tipos en los países del Golfo que son aliados de Washington.

Lugares atacados por Irán en represalia por los bombardeos de Estados Unidos e Israel. Entre ellos se incluyen activos militares estadounidenses e instalaciones petroleras y de otros tipos en los países del Golfo aliados con Washington.

Como resultado, la confianza que tenían las monarquías del Golfo en que podían contar con la protección de Washington se vio sacudida. La guerra también llevó a muchos otros aliados de Estados Unidos a distanciarse de la Casa Blanca. Francia, Italia, España y Turquía limitaron el acceso a sus bases, negándose a verse arrastradas al conflicto.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su Secretario de Guerra, Pete Hegseth, están embelesados con el poderío militar de Estados Unidos. Se comportan como si pudieran hacer cualquier cosa que quieran y saldrán victoriosos. Irán acaba de demostrar que eso es falso. Para dominar a Irán, Washington tendría que estar dispuesto a invadir con un gran número de tropas de infantería, además de aviones de combate de alta tecnología, portaaviones y otro material militar sofisticado. Pero ni siquiera eso garantizaría el éxito y pondría en riesgo el apoyo de la base de Trump, además de generar una oposición mucho más amplia.

El “síndrome de Vietnam”[1] sigue vivo.

Tras el asesinato del antiguo líder supremo de Irán, Alí Jamenei, y de muchos otros altos funcionarios del Gobierno y del ejército, el régimen iraní salió fortalecido. Ahora se basa en líderes más jóvenes, muchos de los cuales están directamente vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán — el núcleo del ejército iraní. Quizá sea menos teocrático. Y tiene más confianza en su capacidad para defender los intereses de la clase capitalista de Irán.

Y lo más importante es que las acciones de Irán en el estrecho de Ormuz — como el tendido de minas y otras amenazas a la navegación — redujeron drásticamente el tráfico de petroleros y asfixiaron el comercio de petróleo y gas natural que atraviesa el golfo Pérsico. Aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y casi el 20% del comercio mundial de gas natural licuado pasaban diariamente por el estrecho antes de que comenzara la guerra, además de cantidades importantes de amoníaco, helio, azufre y aluminio.

La guerra llevó al mundo al precipicio de una “catástrofe económica”

Teherán demostró que tiene una gran influencia y lleva la ventaja, gracias a su capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz detonando el caos en la economía mundial.

Trump, reacio a admitir la derrota en cualquier conflicto por su narcisismo y arrogancia imperial, parecía intimidado tras firmar el memorando de entendimiento.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la cumbre del G7 celebrada en Versalles, Francia, el 17 de junio. Parecía intimidado tras firmar el acuerdo con Irán. (Foto: Bastien Ohier / Hans Lucas / AFP)

En mayo, los periodistas le habían preguntado si le preocupaba el impacto de la guerra sobre el aumento de los precios del gas y la inflación. “No pienso en la situación financiera de los estadounidenses”, respondió Trump con frialdad en aquel momento. “No pienso en nadie”.

Sin embargo, en la cumbre del G7 en Francia, tras firmar el acuerdo de paz con Irán, cambió de discurso. “No quería que se produjera una catástrofe económica”, declaró Trump a los medios de comunicación. Añadió que no quería que lo compararan con Herbert Hoover, quien fue presidente de Estados Unidos durante el crack bursátil de 1929 que condujo a la Gran Depresión.

En el memorando de entendimiento, Irán acordó permitir el paso, libre de peaje, por el estrecho “solo durante 60 días”. Esto significa que Irán se reserva el derecho a imponer cuotas de paso, probablemente en colaboración con Omán, al tráfico comercial que atraviese Ormuz dentro de dos meses.

Además, Irán obtuvo más concesiones financieras del imperio yanqui a cambio de vagas promesas de negociaciones sobre su programa nuclear. Esto comienza con una exención inmediata de las sanciones, lo que le permite a Irán vender su petróleo en todo el mundo. Y podría ampliarse hasta incluir el levantamiento total de las sanciones y el acceso a un fondo de 300 mil millones de dólares creado por los Estados árabes del Golfo para la reconstrucción de Irán en la posguerra.

Una imagen por satélite de la isla de Kharg, un centro petrolero crucial para Irán. El acuerdo le concede a Irán exenciones para comenzar a exportar su petróleo incluso antes de la negociación de un acuerdo definitivo sobre su programa nuclear. (Foto: Planet Labs Pbc)

Washington también se vio obligado a reconocer la soberanía y la integridad territorial de Irán y se comprometió a abstenerse de interferir en los asuntos internos del país. Además, el acuerdo exige que las fuerzas de Estados Unidos se retiren de las “proximidades” de Irán en un plazo de 30 días, lo que le permite a Teherán afirmar que ha expulsado a la Armada de Estados Unidos de la región. La reapertura del estrecho de Ormuz y el fin del bloqueo naval de los petroleros iraníes por Estados Unidos, estipulados en el memorando de entendimiento, no harían más que restablecer la situación que había antes de la guerra.

Los principales líderes de Israel, especialmente la extrema derecha firmemente arraigada en el Gobierno de Benjamin Netanyahu, reaccionaron con conmoción y consternación. El editor del Times of Israel, David Horovitz, calificó el acuerdo — en cuya negociación Israel no participó — como una “capitulación catastrófica”.

Funcionarios del Gobierno israelí y comentaristas políticos protestaron, alegando que el memorando de entendimiento limita la presencia militar de Israel en el Líbano al exigir que Israel retire sus fuerzas de ese país. Al mismo tiempo, las agencias de inteligencia estadounidenses informaron que es probable que Israel continúe con sus ataques militares en el Líbano, haciendo caso omiso del acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

Las zonas cercanas a la ciudad de Nabatieh, en el sur del Líbano, fueron objeto de fuego israelí el sábado 20 de junio de 2026. (Foto: Reuters)

Esto provocó críticas inusualmente duras hacia el Gobierno de Israel por parte de Trump y su vicepresidente, J. D. Vance. “Donald J. Trump es el único jefe de Estado de todo el mundo que simpatiza con la nación de Israel en este momento”, declaró Vance a los medios de comunicación durante una rueda de prensa en la Casa Blanca el 18 de junio. “Si yo formara parte del gabinete del Gobierno israelí, quizá no estaría atacando al único aliado poderoso que me queda en todo el mundo”.

Esta aparente ruptura demuestra que los intereses de Estados Unidos e Israel no son idénticos. El imperialismo de Estados Unidos ha buscado y seguirá persiguiendo sus propios objetivos de política exterior en el Medio Oriente y más allá, lo que puede entrar en conflicto con los objetivos de Israel, como parece ser el caso ahora.

El peligro de las teorías conspirativas antisemitas

Sin embargo, esta ruptura no supone un motivo de celebración para la clase trabajadora. En recientes editoriales y análisis de actualidad, hemos señalado que, si la guerra no fuera a salir bien para la Casa Blanca — y no ha salido bien —, las teorías conspirativas antisemitas impulsadas por la ultraderecha, como el excomentarista de Fox News Tucker Carlson, podrían pasar a ocupar un lugar central en la política de Estados Unidos.

“Los fascistas y los ultraderechistas siempre revierten al odio contra los judíos, una de las teorías de conspiración más antiguas del mundo”, señalaba el artículo de Panorama-Mundial Irán frustra la guerra iniciada por EEUU e Israel. “La falsa afirmación hecha por el liderazgo israelí de que habla y actúa en nombre de todos los judíos ayuda a permitirlo. Para aquellos que exigen el fin de la guerra contra Irán por Estados Unidos e Israel, es esencial ver que Carlson y compañía no son nuestros aliados. Son nuestros enemigos mortales”.

La derrota de Washington en su asalto imperialista contra Irán supone un cierto alivio para los trabajadores de todo el mundo, cuyos medios de vida se han visto trastornados por la subida de los precios y la escasez que han sido provocadas por la guerra entre Estados Unidos e Israel — especialmente en África y Asia. El revés de Estados Unidos también puede darle un respiro a Cuba revolucionaria, asediada por un bloqueo estadounidense cada vez más intenso y amenazada por un ataque militar, aunque es imposible predecir lo que Trump pueda hacer a continuación.

Celebrar el revés yanqui no significa de ningún modo concederle un apoyo político al régimen clerical de Irán. Como explicamos en nuestro último editorial:

“Para la consternación del imperialismo estadounidense, las reservas de petróleo de Irán han estado fuera de su alcance desde que el Shah Mohammad Reza Pahlavi fue depuesto por un auge revolucionario de los trabajadores y los campesinos iraníes, así como de estudiantes y otros jóvenes, en 1979. Desde ese momento… Irán ha sido una espina en el costado de Washington”.

La clase trabajadora en Irán logró avances significativos durante los primeros años de la revolución iraní. Pero la ausencia de un partido revolucionario — compuesto en su mayoría por trabajadores y campesinos, con experiencia en las luchas de los oprimidos y explotados, y que gozara del respeto de las masas — permitió que las fuerzas burguesas en torno al ayatolá Ruhollah Jomeiní acabaran por establecer un régimen capitalista estable. Durante décadas ese régimen autoritario ha avivado las llamas del odio hacia los judíos en Oriente Medio, y ha desatado una represión letal contra el pueblo iraní cada vez que este ha organizado protestas masivas en defensa de los derechos democráticos y de otros tipos — como ocurrió el pasado mes de enero.

También es importante reconocer que el golpe que Teherán le asestó a Washington en la reciente guerra — otra señal del declive del imperialismo estadounidense — no disminuye el peligro letal que representan las fuerzas militares de Estados Unidos desplegadas en el Medio Oriente y en el mundo entero. Un imperio en declive sigue siendo letal incluso cuando fracasan sus aventuras militares, como millones de personas aprendieron en Irán. La armada de Estados Unidos sigue frente a las costas de Irán y en aguas internacionales cercanas. Bases militares de Estados Unidos, con miles de soldados, se encuentran desparramadas por todo el Medio Oriente.

El actual alto el fuego, esbozado en el memorando de entendimiento, es, en el mejor de los casos, frágil. Así quedó demostrado apenas tres días después de la firma del acuerdo, cuando Israel reanudó los intensos bombardeos sobre ciudades libanesas e Irán anunció que como respuesta había cerrado el estrecho de Ormuz.

El puerto de Qaboos, en Mascate (Omán), cerca del estrecho de Ormuz, el viernes 19 de junio de 2026. Cientos de buques mercantes permanecen anclados allí. (Foto: Elke Scholiers / Getty Images)

Mientras la segunda fase de las conversaciones de paz entre Washington y Teherán daba comienzo en Suiza el 21 de junio, funcionarios iraníes declaraban a los periodistas que “poner fin a los combates en el Líbano era el punto más importante de la agenda de la delegación iraní”, una exigencia a la que Israel no parece dispuesto a acceder.

En estas circunstancias, es imperativo que los trabajadores, los jóvenes, y todos los que se opongan a las guerras imperialistas de Washington exijan: ¡Estados Unidos Fuera del Medio Oriente! ¡Israel Fuera del Líbano!


NOTAS

[1] El “síndrome de Vietnam” se refiere a la pérdida de confianza de la clase dominante de Estados Unidos y de los altos mandos del Pentágono a la hora de desplegar un gran número de tropas terrestres para alcanzar los objetivos imperialistas de Estados Unidos en todo el mundo. Se originó a raíz de la primera gran derrota militar de Washington en la guerra de Vietnam en 1975. Para más información, vea “¡Fuera ya!” – Lecciones del movimiento contra la guerra de Estados Unidos en Vietnam. Aunque durante las últimas tres décadas Washington llevó a cabo intervenciones militares masivas con un gran número de fuerzas terrestres en Irak y Afganistán, sus reveses en esas aventuras militares han perpetuado el síndrome de Vietnam.


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